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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl 7 de febrero pasado el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, dijo que “estamos entrando en la era del caos”, y agregó que el mundo actúa como “una peligrosa ley de la selva donde reina la total impunidad”. Denunció la crisis climática desbocada, la inteligencia artificial sin regulación y las desigualdades cada vez peores. Dijo también que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas nunca estuvo tan mal y que las instituciones financieras internacionales favorecen a los países ricos que las diseñaron. Guterres recordó las guerras en curso, los discursos de odio, racismo, intolerancia. Dijo que los gobiernos se olvidan de rendir cuentas, de respetar los derechos humanos, haciendo que la gente pierda la confianza en los sistemas políticos. Agregó que al fin de este año los países más pobres deberán más plata en deuda externa que todo lo que gastan en salud, sanidad e infraestructura.
Estamos de acuerdo con el secretario general. Es más, las organizaciones populares y los gobiernos progresistas lo sabemos y denunciamos desde hace tiempo. La novedad es que él, desde su posición, ha sentido la necesidad de decirlo de forma excepcional, con un lenguaje muy fuerte, señal de que realmente la situación está fuera de control. Es sorprendente oír de la boca de alguien que dirige la organización más universal sobre el planeta críticas tan claras y directas a quienes tienen el poder real en la ONU, un puñado de países poderosos.
¿Por qué estamos en esta situación? ¿Por qué la competencia entre países es más frecuente que la cooperación? Al fin de la Segunda Guerra Mundial, con 50 millones de muertos de todos lados se creó la ONU. Ya se sabía que para evitar las guerras era necesario tener sociedades libres, con trabajo digno, con solidaridad, con cooperación para desarrollar economías capaces de satisfacer las necesidades básicas de la gente, no para llenar los bolsillos de unos pocos. Guterres afirmó que si los países cumplieran las obligaciones que les impone la Carta de la ONU, todas las personas del planeta vivirían en paz y dignidad.
Los grandes problemas son globales, como el cambio climático, el crecimiento de la desigualdad. Necesitamos la ONU, otra ONU. Esta “era de caos” pide orden, pero no cualquier orden. La crisis es muy profunda, y por lo tanto la oportunidad es muy grande. Es el momento de intentar establecer una gobernanza internacional sobre bases más justas. ¿Por qué quedaron en el viento los deseos de una humanidad cansada de conflictos e injusticias? ¿Por qué no se cumple la Carta de las ONU que habla de la igualdad de justicia, la libertad, la prosperidad? La respuesta es que la Carta de la ONU empieza con una mentira.
Sus primeras palabras, escritas en 1945, dicen: “Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas…”, y al final firman 50 gobiernos, la mayoría de los cuales no representan a sus pueblos, sino a oligarquías dominantes. Desde entonces, 193 Estados han firmado la Carta, casi todos los países del planeta, pero pocos representan a sus pueblos. Lo que para algunos es un ejercicio de hipocresía diplomática que nunca cumplirán, para los pueblos es un ideal que comparten cientos de millones de ciudadanos del mundo. Para hacer realidad las promesas de la Carta de la ONU y la posterior Declaración Universal de los Derechos Humanos es necesario poner a los pueblos en marcha y movilizar multitudes. Estamos en tiempos excepcionales. Es necesario juntar fuerzas, empezando por nuestra región, y mirar hacia un futuro que tenemos que hacer posible. Tenemos que apoyar masivamente a los gobiernos que estén dispuestos a hacerla cumplir y forzar a los demás, desde la calle y por todos los medios si es necesario, porque es una lucha en legítima defensa. Tenemos derecho a hacerlo. Quienes firmaron la Carta en nombre nuestro la hicieron ley internacional obligatoria. Nos da derecho a vivir en paz, a tener un trabajo digno, a avanzar en la igualdad, la justicia y en un desarrollo sustentable. Hacer verdad la Carta de la ONU es una tarea para nosotros mismos.
Pongámonos de acuerdo para hacerlo, llevemos la consigna por todo el continente de manera de sumar fuerzas. Unámonos bajo nuestras reivindicaciones básicas, locales y universales, saliendo del caos hacia un nuevo orden.
Una meta concreta para los próximos meses:
En su desesperación, el secretario general de la ONU llamó a los jefes de Gobierno y de Estado del mundo entero a reunirse el próximo 22 y 23 de setiembre en Nueva York para “forjar un nuevo consenso internacional a fin de mejorar el presente y salvaguardar el futuro”; lo llama la “Cumbre del Futuro”. En la agenda hay temas como hacer que el Consejo de Seguridad sea mas representativo y quizá modificar las reglas del veto; modificar el sistema financiero internacional para satisfacer los intereses de los más pobres; reforzar los compromisos tantas veces firmados para que se cumplan haciendo un “Pacto para el Futuro”.
Todo esto no va a servir para nada. Firmarán un lindísimo pacto que tratará de hacernos creer que el cambio es posible. Pero todo va a seguir como está. El dinero irá para la nueva carrera armamentista y no para resolver los problemas sociales. Los términos del pacto se están negociando en secreto y un puñado de diplomáticos profesionales son todo lo que queda de “Nosotros los pueblos…”. Este pacto estará vacío si no se siente la verdadera voz y fuerza de los pueblos.
Tenemos que hacerles ver que no hay cumbres, ni del futuro ni ninguna otra, cuando no hay montañas. Y las montañas son los partidos políticos, las organizaciones populares y estudiantiles, las asociaciones de la sociedad civil que luchan por los derechos, el pueblo movilizado. Que crezcan las montañas y que solo lleguen a las cumbres quienes sean capaces de cumplir. Esa es nuestra tarea.
Tenemos que mover multitudes que transformen en verdad esa primera frase del Preámbulo del Acta que creó la ONU y que dio tantas esperanzas en 1945. Es decir que “Nosotros los Pueblos”… seamos realmente parte decisiva del proceso.
Nuestro acto de lucha regional debe ser un ejemplo para el mundo. Podemos hacerlo. La ley de la selva está bien para los animales salvajes. Pero nosotros no somos animales salvajes. La ley de la civilización es la cooperación y la solidaridad de los pueblos, por una sociedad más justa.
Todos juntos, podemos.
Leo Arari