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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáImpactantes las recientes manifestaciones de los agricultores europeos (y el tamaño de los tractores): Francia, España, Alemania, Bélgica…
Más allá del espectáculo, dan mucho que pensar. ¿Qué exige esa gente? Pues, básicamente, protección.
Que los protejan de la competencia externa y de la burocracia interna. Mirado del revés, que les saquen la pata de encima con tantas exigencias, medioambientales, sanitarias y demás (que se pasaron de rosca: ya dejaron de proteger a los agricultores europeos frente al resto del mundo, para pisarse la manguera unos a otros) y que directamente impidan la importación desde países que producen más (mucho más) barato.
¿Qué podemos aprender de este fenómeno? Mucho.
1. Olvidémonos del Tratado Mercosur-UE. Por si todavía quedaba alguna duda.
2. Que los argumentos (truchos) de Macron y otros, que no podrían firmar porque había países del Mercosur que no cumplían con sus requisitos medioambientales, terminó reventándoles en la cara: los agricultores europeos no quieren esas imposiciones, saben que son un fenomenal encarecimiento inútil.
3. Pero también reflexionemos en que lo que exigen los tractoristas es, a todas luces, irreal: no pueden pretender que les compren lo que producen cuando cuesta muchísimo más que en el resto del mundo. Por más que hoy tengan una cierta razón, en cuanto a que la UE les carga con altísimos costos (que fueron funcionales a su protección), el sector agropecuario europeo es minoritario, tanto en términos de producto como de población: la cola no puede mover al perro.
4. Lo cual lleva a la siguiente reflexión: querer atajar la realidad protegiendo y excluyendo, como viene haciendo la UE en materia agrícola, tiene un límite. Peor, es una política destinada a causar daño y dolor y cuanto más se prolongue, más dura se torna.
Más tarde o más temprano, los consumidores se avivarán de que son ellos quienes financian los tractorazos.
5. La realidad económica, en el mundo, va cambiando a lo largo de los años y no es posible atajarla, no a la larga, no sin costos crecientes. Europa se está quedando atrás en productividad y producción.
Y eso no solo es cierto en materia de producción. Vale también para temas como el trabajo, el retiro y la educación, o el tratar de seguir produciendo cosas obsoletas o fuera de precio. Tratar de aferrarse a las agujas del reloj o a precios ficticios produce costos, que alguien paga, y termina por derrumbarse igual.
Europa está mostrando una serie de problemas. Le resulta cada vez más difícil aferrarse a su estándar de vida, a sus recuerdos geopolíticos. La realidad le está planteando exigencias que le resultan muy duras de aceptar.
¿No les suena familiar?
Volviendo a los tractoristas, y para terminar, queda en evidencia que la protección, reclamada por décadas, ha pasado los límites de la realidad tolerable. En el fondo, los agricultores franceses, belgas, alemanes, españoles y demás son víctimas de su propio éxito. Del tamaño de sus tractores.
Ignacio De Posadas