N° 2029 - 17 al 23 de Julio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHay tangos que han sido una aventura desde su nacimiento, tal vez inestable, pasando por su posterior éxito estentóreo y el camino seguido hasta el presente.
Uno, en particular, reúne cantidad de circunstancias inusuales.
Cierta noche, el escritor, bohemio irredimible y respetado bailarín Ricardo Güiraldes estaba en el mítico cabaré Tabarís cuando escuchó por primera vez un tango que lo conmovió: llamó al director de la orquesta y preguntó el título. Al ser informado, exclamó:
—¡Gaucho tenía que ser para ser tan bueno…!
Ese tango, creado en 1923, fue la razón de una comedia musical lujosa y de varios espectáculos teatrales de gran resonancia ya en la década de 1940, en los cuales se usó para iluminar algunas de las escenas, por primera vez en el Río de la Plata, la hoy llamada “luz negra”.
Ese tango, precisamente para su presentación en escenarios de categoría, generó otros dos temas como continuación de su historia —Los ojos más lindos del mundo y Milonga de los perros—, además de un pericón, un malambo, el primero que dio fama al zapateador conocido como el Chúcaro, y a una murga.
Ese tango es Sentimiento gaucho y nació instrumental, y compuesto en dos partes, de la inspiración de un par de uruguayos, los maragatos Francisco y Rafael Canaro. Recién cuatro años después Juan Andrés Caruso escribiría su recordada letra:
—En un viejo almacén del Paseo Colón, / donde van los que tienen perdida la fe, / todo sucio, harapiento una tarde encontré / a un borracho sentado en oscuro rincón…
Sentimiento gaucho ganó el primer concurso de tangos organizado en 1924 por la firma Max Glücksmann, representante del sello Odeón. Fueron siete los concursos, dos de ellos realizados en el Teatro Urquiza de Montevideo. La pieza, entonces aún sin letra, fue ejecutada por la orquesta de Roberto Firpo en el Grand Splendid de Buenos Aires, con un éxito inmediato. El tango fue llevado al disco muchísimas veces, sobre todo a partir de la incorporación de los versos de Caruso: el propio Canaro lo grabó instrumental en 1925 y con letra en 1927, 1930 y 1940, con la voz de Ada Falcón; en 1947 con Nelly Omar y, finalmente, en 1951, con el cantor Alberto Arenas.
Hay otro dato curioso. En la versión de Nelly Omar el texto de Sentimiento gaucho sufre varias modificaciones; por ejemplo:
—Entre sombras de pena una noche encontré, / a un paisano sentado en oscuro rincón.
Fue, en realidad, una decisión que Canaro asumió como prevención por la censura de la dictadura militar del general Ramírez que sobrevivía, aunque inocua en los hechos, al inicio del primer gobierno de Perón.
Sentimiento gaucho fue el nombre de una comedia musical que Canaro, con la colaboración de Ivo Pelay, presentó casi 20 años después del estreno del tango, destacándose, hasta en el programa impreso, las actuaciones del pianista Marianito Mores y el maestro del bandoneón —otro uruguayo— Minotto di Cicco. Al día siguiente, Noticias Gráficas publicó una crítica severa: “Se ha diluido esta vez el escueto asunto que espiritualiza la música expresiva y de auténtico sabor rioplatense de Sentimiento gaucho y se ha hecho con oficio, de telón adentro, aunque sin vencer totalmente las dificultades de convertir en una obra teatral a una simple letra de tango, por más fuerza emotiva que esta tenga”.
El tango se tocó, además, en la película Ídolos de la radio, dirigida por el creador de los videoclips de Gardel, Eduardo Morera.
Entre las innumerables grabaciones de la obra de los hermanos Canaro y Caruso vale destacar, sumadas a las de la orquesta y el quinteto del director nacido en San José de Mayo, las de Gardel con guitarras, Héctor Mauré, Astor Piazzolla con orquesta —incluida en el disco La historia del tango— y la muy moderna versión de Raúl Garello al frente de la Orquesta de la Ciudad de Buenos Aires.
En tiempos de su estreno, Sentimiento gaucho no pudo huir de la picardía del por pocos años famoso Trío Gedeón, integrado por los humoristas y músicos Caprara, Belvedere y Guerrico, que cambió la letra y llegó a grabar su “atrevimiento”:
—En un viejo almacén del Paseo Colón, / donde van los que comen mollejas con ají, / todo sucio y roñoso una tarde encontré / a un borracho que venía caminando con los pies (…) Yo no sé qué pasó, pasará, pasará, / pero el último quedará dentro de la cocina. / Yo no quiero cocaína, quiero torta pascualina. / Y si no te gusta el pescado dale a los claveles mendocinos.