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    jueves 06 de junio de 2024

    Suma cero y suma positiva

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    Sr. Director:

    Uno de los problemas más serios del sistema democrático es el siguiente.

    Los mecanismos de acceso al gobierno mediante elecciones constituyen lo que la teoría de juegos, una rama muy importante de las matemáticas inventada en el siglo XX, ha definido como un juego de suma cero.

    Un juego de este tipo es una competencia por un recurso limitado que incluye a dos o más actores y en el cual solamente se puede obtener un beneficio si el rival o rivales se perjudican. El ejemplo más frecuente es el del reparto de una torta, en el cual si el pedazo que yo consigo es más grande, el de los que corresponden al resto debe necesariamente ser menor.

    En la pelea por el poder mediante elecciones sucede lo mismo. Si un actor gana más poder, los demás pierden o ganan menos. El que gana el gobierno, ya sea un partido o una coalición, se apropia de los principales mecanismos del Estado e idealmente los utilizará para aplicar su programa, y los que pierden se constituyen en oposición y tratan de impedir que se lleven adelante las iniciativas del gobierno.

    El problema se da porque en un plazo más o menos breve habrá otra elección, y la manera más directa de que la oposición logre triunfar en ella es que al gobierno le vaya mal, muy mal o lo peor posible; el viejo dicho de “cuanto peor, mejor”, y la suma cero llevada a su extremo.

    La teoría de juegos fue inventada por el matemático John von Neumann, y desarrollada por él y por discípulos de los cuales el más famoso es el premio Nobel John Nash, protagonista de la película Una mente brillante. Establecieron que había varios tipos de juegos o interacciones que podían expresarse mediante fórmulas matemáticas, por lo cual se transformaron en problemas científicos, y a partir de allí la teoría de juegos se empezó a usar en muchas áreas. Una de ellas fue la de los innumerables conflictos de la Guerra Fría, donde había que calcular el resultado de ejercicios mentales del tipo: “Yo pienso que tú piensas que yo pienso que tú piensas” complicadísimos y de un resultado muy incierto que podía significar el fin de la humanidad.

    Descubrieron también que había otro tipo de juegos opuesto al de suma cero que llamaron “juego de suma positiva”. Este se da cuando varios actores se coordinan para realizar una acción que en solitario no podrían llevar a cabo, y de esa acción surge un beneficio que de otra forma no podría existir, y que puede repartirse luego entre todos los actores (o permanecer como bien colectivo). Un ejemplo es el de la caza de los humanos prehistóricos, que coordinaban sus acciones para que las presas tuvieran pocas probabilidades de escapar. Por ejemplo, un solo hombre sería incapaz de conducir a un mamut a un despeñadero, mientras que cincuenta podrían lograrlo fácilmente y luego habría carne para todos.

    Algunas sociedades avanzadas han logrado implementar mecanismos de suma positiva que contrarrestan el efecto de suma cero de la política. Un ejemplo de ello se dio en España a partir de 1976, cuando el acuerdo de los partidos políticos sobre algunas cuestiones posibilitó la transición a la democracia, superando las consecuencias del juego de suma cero que había sido la Guerra Civil, que terminó con el triunfo absoluto de uno de los dos actores. Otro ejemplo de aún mayor dimensión es el de la Unión Europea, y resulta curioso que estos fenómenos que implican acuerdos muy delicados y complejos puedan lograrse solamente luego de grandes períodos de destrucción; pareciera que lo natural es pelearse y recién después de mucho sufrimiento se accede a la felicidad, como en un parto.

    Un problema aledaño es que un arma muy útil para la política de suma cero es la lucha ideológica. La verdad se convierte en este terreno en un bien escaso, y los contendores tienden a actuar según el axioma de “yo tengo toda la razón y por lo tanto tú no tienes ninguna”, y en este escenario las cosas se vuelven cada vez más difíciles, ya que las disputas y desencuentros devienen más graves e irresolubles. Una consecuencia muy negativa se da cuando se descubre un acto de corrupción económico o ético de alguien cercano al gobierno, y la oposición trata de usar esto en su propio beneficio sosteniendo que la mayoría del gobierno está implicado, que el presidente lo permitió, que todos lo sabían y son cómplices, etc.

    A la vez, el gobierno intenta quitar hierro al asunto, encapsularlo y delimitarlo como un tema que solo le compete a la Justicia y acusa a la oposición de tratar de valerse del hecho en cuestión para obtener ilegítimamente ventajas políticas.

    Lo mismo vale que el gobierno sea de un signo o de otro, todos están presos del juego de suma cero y necesitan estas conductas para mejorar sus posiciones. Todas las ideas y opiniones que se emiten respecto a estos hechos están teñidas idológicamente, y tener una visión objetiva se vuelve casi imposible. Lo mejor que podemos tener es nuestra razón y lo que nos dicen algunos periodistas y medios de prensa que intentan honestamente aproximarse a la verdad.

    El Uruguay ha logrado tener unos contrapesos bastante eficientes y conseguir en algunos temas, pocos pero muy importantes, acuerdos que se mantienen a través de los distintos gobiernos, y eso le ha dado al país status y prestigio en la región y en el mundo. Pero muchos sostienen que ahora esta característica está decayendo y que la convivencia política se está degradando aceleradamente.

    En consecuencia, sería bueno que los actores políticos y la sociedad en general cobraran más conciencia de que el país y la población en su conjunto pueden ser muy perjudicados por esta situación, e individual y colectivamente traten de implementar medidas que sirvan como antídoto.

    Un ejemplo puede ser la educación intensiva en ciencia de los niños y jóvenes, que así podrían aprender que la sociedad cada vez dispone de mejores instrumentos científicos eficientes para visualizar y resolver sus problemas, y que las adhesiones incondicionales a ideas y personas no son buenas. Podemos tener opiniones y convicciones, pero siempre con un ojo puesto en la racionalidad.

    Alberto Magnone

    Cartas al director
    2023-05-10T19:44:00