N° 1767 - 05 al 11 de Junio de 2014
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas elecciones al Parlamento europeo produjeron en España un terremoto político. En solo tres meses el partido “Podemos”, liderado por Pablo Iglesias, un profesor universitario de Ciencias Políticas de 36 años, se convirtió en la cuarta fuerza política y provocó en otros una implosión que acompasó más tarde la abdicación del rey Juan Carlos, desacreditado como jefe de Estado y con un fuerte reclamo republicano en la calle.
Cuando el 15 de mayo de 2011 miles de personas (“los indignados”) surgieron como hongos en calles y plazas reclamando “democracia real”, a los partidos —“la casta”, dice “Podemos”— la soberbia les impidió ver con claridad el futuro. Aquellos militantes del “15 M” son una de las bases del nuevo partido que aspira a crear un Frente Amplio, como en Uruguay.
¿Qué originó el terremoto? Una brutal crisis económica, desempleo de 26%, cero transparencia política, desgaste de la monarquía y falta de respuestas rápidas de la justicia a la corrupción. En consecuencia: desconfianza en el gobernante Partido Popular (PP) y en el mayor de la oposición, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), alternados en el poder desde 1982. Muchos de sus gobernantes y ex gobernantes están involucrados en investigaciones de corrupción.
La desconfianza en la justicia es clave. En España se tramitan 1.700 expedientes con el doble o el triple de indagados de todos los partidos. Se investiga además a dirigentes sindicales, empresariales y cúpulas de “cajas bancarias” digitadas por los partidos. Hasta hace poco todo esto le era ajeno al ciudadano; disfrutaba en la isla de la fantasía de un bienestar económico ficticio.
Un estudio de la Universidad de Las Palmas dice que el costo económico social de la corrupción asciende a miles de millones de euros. Es imposible detallarlo con certeza porque todos los días aparece una nueva “mordida”.
La lenta respuesta judicial se debe, en parte, a que España tiene una tasa de apenas 10,22 jueces cada 100.000 habitantes. En Uruguay es de 14,6. Se agrava con la partidización para designar las cúpulas y a varios jueces y fiscales: hay siete gremios de magistrados de diversa ideología. También incide que una de las investigadas es Cristina, hija del futuro ex rey, casada con uno de los mayores corruptos, Iñaki Urdangarín. Además está involucrado el secretario de las hijas de Juan Carlos.
Los investigados entran y salen de los juzgados y dirigentes de sus partidos formulan discursos exculpatorios frente a coches de alta gama, enfundados en trajes y vestidos de marca y el respaldo de cuentas clandestinas en Suiza. El bolsillo de los españoles adelgaza, crecen los embargos y aumentan los desalojos, mientras los partidos juegan al Gran Bonete del reproche recíproco.
De corrupción, impunidad, salarios clandestinos de políticos, oscura financiación de partidos, lentitud judicial y discursos huecos se nutrió “Podemos”. El PP y el PSOE sufren una pesadilla: preocupa perder la hegemonía y las decisiones entre cuatro paredes.
“Es el marxismo”, “Volvieron los rojos”, “Se apoyan en Cuba y Venezuela”, advierten algunos. Otros recuerdan “el ascenso político de Hitler”. Una ensalada como la política española: escaso sustento y poco respeto por las instituciones, el voto y el ciudadano.
“Podemos” les quita votos a todos. Para el ex presidente Felipe González (PSOE) es el apocalipsis: “Una alternativa bolivariana para España y para Europa, una catástrofe sin paliativos”. Iglesias le recordó que como político integra el directorio de Gas Natural. Similar trabajo cumple como lobbista en otras empresas el ex presidente José María Aznar (PP).
El sociólogo Pedro Arriola, asesor del presidente Mariano Rajoy y un vocero calificado, ningunea a “Podemos”: “todos los frikis del mundo terminan sobrevolando Madrid”. Para Rosa Diez, líder del centro izquierdista Unión Progreso y Democracia (UPyD), el nuevo partido se parece al “ultraderechista Frente Nacional de Marie Le Pen” de Francia. Pero nadie asume responsabilidades ni promete cambiar, sanear, transparentar ni expulsar a los corruptos. Les temen porque todos tienen cartas marcadas.
En estas elecciones de escasa participación, como todas, el PP tuvo 26%, el PSOE 23% (en total, 49%) Izquierda Unida 10%, Podemos 8% y la UPyD 6,5%. Históricamente, en las elecciones europeas y generales el PP y el PSOE han oscilado, en conjunto, en 70%. ¿Hay mejor proyección electoral que esta?
Íñigo Errejón, uno de los fundadores de “Podemos”, dice: “Queremos ser la llave para la construcción de un frente amplio como el de Uruguay, un punto de encuentro entre partidos y movimientos sociales que nos permita reinventar la democracia y crear un proceso constituyente”.
Desde Izquierda Unida y otros sectores menores celebran el éxito de “Podemos” y no descartan un acuerdo que los haría poderosos.
En el programa del nuevo partido hay fantasías irrealizables y utopías; también hay propuestas para electores descontentos con el bolsillo roto y la ilusión perdida.
Si con este terremoto los partidos no asumen cambios radicales y la justicia no da mensajes claros, el resultado de las elecciones generales de España del 20 de diciembre de 2015, cuando se renovarán 350 bancas de Diputados y 208 del Senado, es una incógnita. Tanto como el bipartidismo.
“The New York Times” comenta este suceso. Dice que el nuevo partido “tendrá que demostrar que está capacitado para dar solución a los ‘problemas de una generación perdida’”. Si no maneja bien la situación, advierte, “podría darse un buen golpe contra la realidad”. Solo el tiempo y las urnas lo dirán.