N° 2027 - 04 al 10 de Julio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáExactamente 20 años después de que comenzaran las negociaciones, el viernes 28 de junio se firmó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea para liberalizar en el tiempo (al cabo de entre 10 y 15 años, según los casos) la mayor parte del flujo comercial entre ambos bloques.
Todavía restan varias etapas para que el acuerdo comience efectivamente a funcionar. Entre otras cosas, requiere que sea aprobado por los Parlamentos de los países del Mercosur (lo que se descuenta), como por los 28 de la Unión Europea así como el Parlamento de ese bloque continental (algo que podría ser más complicado). De todas maneras, es un hito relevante que, en caso de concretarse, abriría enormes posibilidades de desarrollo tanto para Uruguay como para el resto de la región. Y ello sería así no tanto por el acceso al mercado en sí, sino porque obligaría a profundas reformas a todo nivel en el funcionamiento de nuestras economías, si es que queremos tener chances de aprovechar el eventual mejor acceso a los mercados del viejo continente, así como a otros que potencialmente puedan abrirse.
En última instancia, el acceso a los mercados en condiciones más favorables que permiten obtener los acuerdos comerciales constituye un incentivo adicional para que los países realicen las reformas internas que potencien su competitividad y productividad, tanto de corto como de mediano y largo plazo.
En este sentido, para nuestro país el momento en que se completaron las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea resulta más que interesante, ya que coincidió con la definición de las candidaturas presidenciales que van a competir en las elecciones de octubre/noviembre para establecer quién será el encargado de gobernar a partir del 1º de marzo de 2020. Y sobre todo teniendo en cuenta las múltiples dificultades que venimos enfrentando desde hace muchos trimestres en materia de nivel de actividad y de empleo, caída de la inversión, situación fiscal y dinámica de la deuda pública, altos costos domésticos y pérdida de rentabilidad y competitividad en las empresas locales y caída en la confianza de los empresarios y los consumidores, entre otros.
Los enormes desafíos que tendrá el próximo gobierno no van a variar porque se haya firmado el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Tampoco debería cambiar la búsqueda de un escenario del estilo “zona de libre comercio” en el relacionamiento de Uruguay con el resto de los socios regionales para poder firmar acuerdos con muchos más países que no demoren 20 años. Pero sin duda el cierre de la negociación con Europa debería dar un incentivo adicional para hacer lo que de todas maneras va a tener que hacerse.
Las urgencias de corto plazo seguirán siendo devolverles rápidamente competitividad y rentabilidad a los sectores productivos para que con el tiempo se reactiven la inversión, el crecimiento y el empleo, y volver a poner la situación fiscal y de deuda pública en un sendero sostenible. Habrá que apelar a una gran austeridad en el gasto público y a algún ajuste en la política cambiaria el año que viene para apuntar en ese sentido. También será necesaria la confección de un presupuesto que asegure que el gasto seguirá bajando en los próximos cinco años (para poder continuar reduciendo impuestos y tarifas públicas), y una reforma del sistema de seguridad social a todo nivel.
Parece claro también que en la confección del próximo presupuesto, y dentro de un marco de reducción global del gasto total, habrá que reasignar partidas para la educación y la seguridad interna para que, junto con un cambio global de gestión, se comiencen a revertir los desastres que se vienen produciendo en ambas áreas.
Las relaciones laborales son otro capítulo en el que habría que apuntar a cambios significativos, particularmente en lo que tiene que ver con el tema de la ocupación como extensión del derecho de huelga, y la negociación salarial por empresa en lugar de por rama de actividad.
Volver a crecer a ritmos importantes y de manera sostenida no será nada fácil, independientemente de la buena noticia del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Hay muchas cosas a arreglar primero para aprovechar una mayor y mejor inserción internacional del país.
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