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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl primer recuerdo que tengo del argumento es habérselo escuchado a la Sra. Marina Arismendi: cuando los uruguayos protestan por la insuficiencia de recursos destinados a cosas como la niñez o la investigación, deben recordar que, como sociedad, optamos sistemáticamente por gastar en favor del pasado. Es así, el grueso de nuestro gasto público se lo llevan las pasividades y las actividades estatales rutinarias.
No debemos sorprendernos, entonces, si el país tiene, sistemáticamente (estructuralmente), bajas tasas de crecimiento.
Hay mucho verso en los discursos sobre las pasividades. No es allí donde se concentran los peores niveles de pobreza de nuestro país: es en la niñez. Claro, los niños no votan y los pasivos son cientos de miles de votos.
Hay otro factor, parecido al anterior, que contribuye a que las partidas destinadas al futuro sean insuficientes: en nuestro sistema democrático-estatal, cuando alguien exige que se destinen recursos a algo nuevo, fantástico, no incluye en su propuesta que se sacrifique gasto existente —relativamente menos valioso— para financiar el futuro. Todo lo que se quiera hacer de nuevo tiene que superponerse, además de todo lo que ya se está gastando (que es monstruoso). El resultado siempre es aumentar la carga.
Porque, además, el Uruguay es el país de los velorios sin entierros. Terminar con algo, por más obsoleto que sea, por más fortuna que se pierda, es imposible. Ahí está Fancap, que no me deja mentir: meta portland y sigamos perdiendo fortunas.
No se requiere ser economista para captar que un país, con sus prioridades en la nuca, difícilmente progresará.
Estos son algunos de los motivos por los cuales debe evitarse que prospere el intento de reforma constitucional promovido por el FA-PIT. Aparte de otras —y aún más poderosas— razones, para combatirlo, está lo que acabamos de ver: potenciará enormemente esos dos grandes defectos en el uso de los recursos, es decir, gastarlos en el pasado y seguir sumando sobre la carga total.
Por lo menos enlentezcamos el incremento de pasivos, que, en nuestro país, es una realidad con tendencia natural a aumentar.
A propósito de la reforma planteada, me parece inaceptable la manganeta que pretende hacer el Frente, de la mano de su presidente: dejar en libertad. Es lavarse las manos. No estamos ante una disyuntiva de libertad, sino de tomar posición sobre un tema real que la mayoría de los dirigentes frentistas perciben como catastrófico. Un partido político debe pronunciarse y, si tiene miedo a hacerlo por la presión de su ala sindical, como mínimo debe decirle a la ciudadanía la verdad: que es una barbaridad pero que no se animan a aplicar la fórmula —democrática— de la mayoría por temor a un grupo de presión que no funciona democráticamente.
Se puede dejar en libertad cuando el asunto en cuestión es dudoso o, a lo sumo, si es intrascendente, pero no en este caso. Aquí no hay un tema de libertad: es pura cobardía.
Tomen nota, compatriotas: si algún día el Frente gana las elecciones, quien llegará al poder será el PIT-CNT.
Ignacio De Posadas