La vida privada de figuras célebres de otros siglos guarda ese halo de misterio que continúa alimentando la imaginación hasta el día de hoy. Esa intriga se multiplica, por supuesto, cuando de historias de amor se trata.
Grandes cartas de amor y Extrañas parejas: dos libros que, a su manera, revelan el lugar que ocupó el amor para varios de los personajes más importantes de los últimos siglos
La vida privada de figuras célebres de otros siglos guarda ese halo de misterio que continúa alimentando la imaginación hasta el día de hoy. Esa intriga se multiplica, por supuesto, cuando de historias de amor se trata.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHijas de un tiempo libre de inmediatez, de paparazzis a la orden del día y de redes sociales que logran propagar rumores a lo largo y ancho del mundo en un minuto, aquellas historias continúan dando origen a una infinidad de novelas, documentales, películas, obras de teatro; muchas de ellas son puramente ficticias, mientras que otras surgen de testimonios tan reales como irrepetibles en los tiempos que corren.
Recientemente se publicó la segunda edición de Grandes cartas de amor, un libro editado por Elizabete Agostinho que reúne más de 50 misivas emitidas por reyes, esclavos, novelistas, comerciantes, militares, poetas, científicos y artistas.
¿Cómo amaban Beethoven, Karl Marx, Napoleón y la reina Victoria? Puede que sus cartas no sean una respuesta exacta a esta pregunta, pero revelan mucho sobre el lugar que el amor ocupó en sus vidas.
Por otro lado, en Extrañas parejas (2025), la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi sumerge a los lectores en relatos cotidianos que desvelan los secretos y las contradicciones de las relaciones amorosas de varias de las mayores celebridades del siglo pasado, como las turbulencias entre Katharine Hepburn y Spencer Tracy, los encuentros entre Marilyn Monroe y Simone Signoret y la cuestionable amistad entre Lewis Carroll y Alice Liddell.
Son dos libros que, a su manera, ofician de testimonio de todo aquello que ni la tecnología ha podido cambiar: el amor nos sigue atravesando a todos más o menos por igual.
Sigmund Freud era tan apasionado como celoso e inseguro. Eso, al menos, es lo que revelan las más de mil cartas que envió a Martha Bernays, su esposa durante 53 años y madre de sus seis hijos.
La continua correspondencia entre ambos ha sido, en su mayoría, fruto de sus cuatro años de noviazgo. “Mi preciosa y adorada niña: Sabía que solo después de que te marcharas entendería mi felicidad en toda su extensión y, ¡ay de mí!, también el grado de mi pérdida (…). Cuando regreses, querida niña, habré dominado la timidez y torpeza que, hasta ahora, me ha hecho inhibirme en tu presencia”, escribió el padre del psicoanálisis en una de sus tantas cartas.
Por su parte, el sufrimiento que provocó en Ludwig van Beethoven su relación con la “amada inmortal” fue tal que sirvió de estímulo para componer varias de las mayores piezas en la historia de la música clásica. Esta mujer que en sus cartas nunca nombró es uno de los mayores misterios detrás de la vida del compositor. “¿Puede nuestro amor sobrevivir sino a través de los sacrificios, y no reclamando todo del otro? ¿Acaso puedes cambiar el no ser del todo mía, y que no sea yo enteramente tuyo? (…) Si estuviéramos completamente unidos, sentirías este dolor tanto como yo (…). Ay, nunca dejes de amarme, no dudes jamás del fiel corazón de tu amado”, expresó Beethoven a su misteriosa destinataria.
Las cartas de amor incluyen a aquellos prohibidos, platónicos, no correspondidos y, también, a las rupturas y despedidas.
”Si estuviéramos completamente unidos, sentirías este dolor tanto como yo (…). Ay, nunca dejes de amarme, no dudes jamás del fiel corazón de tu amado”, expresó Beethoven a su misteriosa destinataria.
Si bien Virginia Woolf prefería las relaciones amorosas con mujeres y confesó no sentir ningún tipo de atracción por su marido, su matrimonio fue el germen de algunas de sus cartas más intensas y desgarradoras, entre ellas, la de despedida que cita este libro. “Tengo la absoluta certeza de estar enloqueciendo otra vez: no creo que podamos soportar de nuevo pasar por uno de estos terribles períodos. Tú me has dado la mayor felicidad posible. Has sido para mí lo que ninguna otra persona hubiera podido ser (…). No puedo luchar más. No puedo seguir arruinándote la vida por más tiempo”, le escribió en 1841 a quien estaba a punto de convertirse en su exesposo.
Es sabido que el artista Francis Bacon tuvo una vida amorosa trágica, marcada por relaciones destructivas que influyeron en su arte.
Peri Rossi se atreve a entrar en la intimidad del artista, más precisamente, a su apartamento, en el momento en que conoció a George Dyer, un hombre varios años menor que un día entró a robarle a su apartamento sin saber que se convertiría en musa y amante del artista. “Te haré rico, si quieres, pero no toques nada de la casa”, le dijo Bacon a Dyer luego de mantener relaciones sexuales y justo antes de hacerlo posar para dedicarse a retratarlo durante toda una mañana.
La uruguaya también se sumerge en los primeros diálogos entre Katherine Hepburn y Spencer Tracy, uno de los romances más famosos y duraderos de Hollywood. “Me parece, señor Tracy, que usted es demasiado bajito para mí”, le dijo Hepburn a quien sería su pareja en la ficción y en la vida real. Tracy la conquistó con un chocolate y su humor irónico. Hepburn lo cautivó con su inteligencia y serenidad. “Quizás no soy tan viril como las mujeres imaginan”, le dijo él a ella, confesando su torpeza en la intimidad. “Nunca creí que lo fueras”, le respondió la actriz, hábil hasta para romper el caparazón de un galán.