En 2010, buena parte de la cultura parecía girar alrededor de la exposición: redes sociales en expansión, estéticas desprolijas pero cuidadas de los hipsters y adolescentes aprendiendo a mostrarse frente a las redes.
La española Inma Rubiales empezó a los ocho años y hoy, con 24, es referente de la literatura romántica juvenil; en su paso por Uruguay presentó una nueva versión de la novela Un amigo gratis
En 2010, buena parte de la cultura parecía girar alrededor de la exposición: redes sociales en expansión, estéticas desprolijas pero cuidadas de los hipsters y adolescentes aprendiendo a mostrarse frente a las redes.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn Almendralejo, un municipio de Badajoz, Inmaculada tenía ocho años y prefería ocupar un lugar en una biblioteca. Mientras el mundo se volvía cada vez más ruidoso, ella encontraba en los libros un espacio propio y lo que sería la pasión de su vida: la escritura.
Los padres de Inmaculada la incentivaban para que practicara varias disciplinas, ya que era una niña muy introvertida. En un momento la inscribieron en violín, pero a la niña no le gustaba, por lo que se escapaba a profundizar en lo que sí le gustaba. Inmaculada esperaba en la puerta del conservatorio a que su madre se fuera para escaparse; no era lo suyo.
Entonces, decidió escribir algo. Pasaron los años y la niña dejó de ser Inmaculada para convertirse en Inma, una chica que escribía historias en secreto en Wattpad. Con su primera novela (a los 14 años) llegó el éxito y alcanzó el medio millón de lecturas en esa plataforma. Con semejante repercusión a la Inma niña no le quedó otra que confesar: “Fue ahí cuando esto se me empezó a ir de las manos y me di cuenta de que tenía que decírselo a mis padres”. Según dijo en entrevista con Galería, le daba pudor que se supiera que era ella quien estaba detrás de sus escritos, por lo que firmaba con un seudónimo: Emma. La conversación fue primero con su madre, en la cocina, y el resultado no fue bueno: “Me castigó: sin Wattpad y sin redes sociales”.
El problema no era la novela (Un amigo gratis), a la que la escritora calificó de “muy inocente”, el inconveniente era su exposición a una edad tan temprana. Pero su pasión no mermó y sus padres, después del impacto inicial, la apoyaron, algo que hacen hasta el día de hoy. Inma dijo a Galería que su padre, informático, es su gran seguidor y publica en sus redes todo lo que sale en los medios de comunicación sobre ella.
La madre de Inma, psicóloga de profesión, también está a su lado y contribuye para que la escritora pueda tratar temas delicados, como el suicidio. De hecho, en la gira por América Latina —que incluyó Argentina, Chile y Uruguay— la acompañó su mamá, que también se llama Inmaculada.
En su paso por Uruguay Inma presentó una nueva versión de Un amigo gratis, publicada por Editorial Planeta. Este es el relato de Nash, un chico que “se odia a sí mismo” por su timidez y gran altura. Todo cambia en su vida cuando conoce a Eleonor, presidenta de Un Amigo Gratis, la asociación a la que acuden todos los alumnos que, como él, sienten que no encajan. Eleonor sonríe todo el tiempo y se propone enseñar a Nash a disfrutar de la vida. La autora aseguró que se trata de una historia muy blanca en la que los personajes se relacionan de manera más inocente porque aún están en secundaria.
En 2025, Rubiales publicó Nuestro lugar en el mundo, una novela de casi 600 páginas que cuenta la vida y el romance entre Nora y Luka, dos jóvenes adultos que por cuestiones económicas se ven obligados a compartir departamento. El texto está ambientado en Finlandia y los protagonistas ya aparecieron en otra novela: Todos los lugares que mantuvimos en secreto. Por esto se puede hablar de un universo Rubiales: “Las lectoras son tan apasionadas que quieren entender hasta las minirreferencias, y recomiendan los libros como si fueran una saga”.
Si bien sus textos son autoconclusivos, sus fanáticas aseguran que para saber cada detalle hay que leerlos todos y en un determinado orden.
La primera historia ambientada en el país europeo fue Todos los lugares que mantuvimos en secreto, y hasta ese momento la autora no lo había visitado. Buscaba fotos en internet de lugares con nieve y lagos para ubicar la historia de una chica que lo deja todo atrás en búsqueda de su felicidad. “No encontraba ninguno que encajara con la idea que yo tenía en la cabeza. Un día, estaba tomando algo con una amiga y le conté que estaba muy frustrada, que no podía empezar a escribir porque no tenía el lugar”. Esa amiga fue la que le mencionó Finlandia: “Yo pensé: ‘Finlandia, pero si en Finlandia no hay nada interesante. Está la casa de Papá Noel, hace frío, pero, aparte de eso, ¿qué hay?’. Esa noche estaba en la cama, agarré el móvil y entré en Google Maps. Por pura curiosidad puse el muñequito de forma aleatoria en el mapa y cayó en Särkola, un pueblo de 300-400 habitantes. Me mostró una casa que tenía al lado un lago congelado, con un un muelle, y un bosque”. Y ese paisaje le encantó.
A la hora de escribir Nuestro lugar en el mundo ya había visitado varias veces Finlandia. En la novela de 2025, Nora tiene características que comparte con Inma: su pasión por el mundo editorial, su concepto de lo que es el amor y el pelo. Sobre su cabello, sostuvo que durante años se negó a describir mujeres con rulos oscuros. “Darle a una protagonista el pelo rizado era algo que tenía en mi lista de cosas que no iba a hacer, porque me daba mucho miedo que la gente me dijera que estaba escribiendo sobre mí. Pero luego me encontré con muchas chicas con el pelo rizado que me dan las gracias porque hay una representación de ellas en los libros de romances”, dijo.
Además, Inma y Nora coinciden en su definición sobre el amor y en su gusto por la música. En el primer caso, la clave está en el texto. En Nuestro lugar en el mundo Nora declara: “Siempre he creído que el amor consiste justo en eso. En la rutina. En los detalles. En los pequeños momentos cotidianos”. Consultada sobre esta definición, Rubiales aseguró estar cien por ciento de acuerdo.
Muchos de los escritos para adolescentes romantizan las relaciones tóxicas, algo con lo que Inma no coincide. “Yo no podría escribir una novela en la que se romantizan los celos, la manipulación, la posesividad, porque para mí eso no es amor. Dicho esto, aunque no me ponga ningún filtro, sí soy muy consciente de que me lee mucha gente joven, de que es muy probable que esas adolescentes no hayan tenido una experiencia romántica y que vivan el amor por primera vez a través del arte. (…) El otro día en Argentina dije: ‘Un novio tiene que escucharte hablar de libros. Igual que tú tienes que escuchar a tu novio hablar de fútbol o de lo que sea que le guste, porque no hay nada más bonito que ver a la persona a la que quieres apasionándose por cosas’. Y si tu pareja, o el chico que te gusta, o incluso tus amigas no te escuchan hablar de lo que te mueve, entonces, tienes que plantearte dónde estás”, reflexionó.
Otra de las pasiones que comparte con el personaje es su gusto por la música. En España escribe escuchando canciones que la inspiran. “Soy de ponerme una canción en bucle si esa canción me recuerda a una escena. Si no encuentro la canción perfecta no puedo escribir, es como tener bloqueadas todas las palabras”.
Sobre su manera de escribir, Inma explica que suele dejar que la “lleven” sus personajes, aunque antes de iniciar sabe, por ejemplo, si van a terminar juntos y qué va a pasar a grandes rasgos. Como en sus novelas hay varias historias paralelas, para no perderse desarrolló un sistema de post-it que pega en su armario: “Pongo capítulo 1, capítulo 2, capítulo 3, y ahí voy por colores repartiendo las escenas. Tengo, por ejemplo, el rosa para las escenas románticas, el azul para las escenas de la familia, y voy viendo si hay mucho rosa o mucho azul. Además, pego fotografías para inspirarme e ir balanceando un poco el texto”. “Parece como una escena de crimen. Como en el FBI”, describió. La idea es que el lector no pierda el hilo de la trama romántica y que no quede sobresaturado por las otras tramas.
A pesar de su corta edad, Inma tiene muy en claro qué es lo que quiere transmitir y cómo la percibe el público. En general, existe un prejuicio sobre las novelas románticas, en especial cuando están dirigidas a adolescentes o jóvenes adultos. La española encuentra que este comportamiento es “paternalista”, pues todo lo que les gusta a las mujeres jóvenes está “mal visto”. “Es bien sabido que todo lo que gusta a las chicas adolescentes es automáticamente categorizado como algo malo. No pasa solamente con la literatura, pasa también con la música. Fíjate en Taylor Swift, Justin Bieber o One Direction. Esta música es calificada como una mierda, porque ‘los adolescentes no tienen criterio’”, opina.
Otra característica de los libros románticos son las escenas de sexo. Nuestro lugar en el mundo no hace esperar a las lectoras: inicia cuando los protagonistas “se enrollan”. Sobre este pasaje aseveró: “Siempre fue pensado para que llegaran a la casa de ella por la noche después de una fiesta y que pasara algo; lo que tuve que decidir era qué: se van a liar o no se van a liar. Al final decidí que pasara algo, para que luego, cuando se mudaran juntos, hubiera una tensión que resolver”.
Según dice, cada vez le cuesta menos redactar los pasajes sexuales, pero lo hace con “mucha insinuación”. Mi intención no es que sea desagradable para el lector en ningún momento, y meto esas escenas si realmente siento que encajan con el tono de la historia”, aclara.
Como a Nora, la protagonista de Nuestro lugar en el mundo, a Inma le gusta que se note que los libros pasaron por sus manos. “Hubo una época en la que era muy tiquismiquis. Era de esas que pensaban que los libros no se tocan, que no se doblan, no se escriben ni se subrayaban. Ahora es todo lo contrario. Yo quiero que el día de mañana, cuando yo no esté en este mundo, la gente pueda tener mis libros y verme a mí en esas páginas”.