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A 25 años de los atentados del 11 de setiembre, el expresidente de Estados Unidos George W. Bush mostró la que posiblemente sea su faceta menos conocida: tras dejar la Casa Blanca, se alejó de la política y pasó a dedicarse casi exclusivamente a la pintura.
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Con la fecha como excusa y dos meses después de cumplir 80 años, el exmandatario presentó una exposición de 15 lienzos inspirados en sus recuerdos de los ataques que dejaron 2.977 muertos. “Estas y otras pinturas son mis reflejos de este solemne aniversario y estarán en exhibición todo el mes en The George W. Bush Presidential Center. Que siempre honremos las preciosas vidas robadas, y que Dios bendiga a toda América”, escribió en la publicación de sus redes sociales en la que comparte algunas imágenes de las pinturas.
La exposición se titula Recordando el 11 de setiembre y está abierta al público —aunque no de forma gratuita— en su museo presidencial en Dallas, inaugurado en 2013.
Consultada por The Japan Times, una estudiante de 17 años transmitió la sensación que le dejó la exposición: “Su pintura es tan cruda; carece de esa estructura rígida y no es realismo. Capta las emociones que creo que él siente y, a veces, logra canalizarlas mejor que si estuviéramos viendo una película”.
Pintadas al óleo y acrílico, las obras son sorprendentemente coloridas y no buscan recrear el miedo, sino el instinto de unión y ayuda mutua de los ciudadanos durante aquel día.
Una de las obras más impactantes muestra el sur de Manhattan cubierto de humo gris tras la caída de las Torres Gemelas.
En la mitad de los lienzos Bush se autorretrató reviviendo momentos clave de aquellos días: el instante en que su jefe de gabinete le susurra al oído que un segundo avión había impactado en el World Trade Center; el momento en el que pronunció su discurso en la Catedral Nacional de Washington; un momento íntimo tomando la mano de su padre, el también expresidente George H. W. Bush, y escenas en las que se lo ve rodeado de bomberos y consolando a madres y familias en pleno duelo.
En uno de los cuadros, la bandera de Estados Unidos se despliega completamente sobre el Pentágono, impactado ese día por uno de los aviones.
Más allá de los autorretratos, una de las obras más impactantes muestra el sur de Manhattan cubierto de humo gris tras la caída de las Torres Gemelas. Por otro lado, la bandera de Estados Unidos es una constante en toda la muestra. En uno de los cuadros, por ejemplo, se despliega completamente sobre el Pentágono, impactado por uno de los aviones. El expresidente llevaba ocho meses en la presidencia el día que ocurrieron los atentados.
“25 años después, (George W. Bush) ha vuelto a ese momento decisivo de la historia de Estados Unidos con pincel y lienzo, pintando los símbolos, las personas y los abrazos que se le han quedado grabados desde entonces”, señala la exposición.
Del poder político a los pinceles
La imagen de George W. Bush estuvo durante muchos años ligada a la guerra, a la invasión a Irak, a la crisis del 2008. Por eso, su faceta artística fue toda una sorpresa.
Empezó clases de pintura con un profesor particular en 2012, inspirado por un ensayo del ex primer ministro británico Winston Churchill, en el que supo que el político pintaba para relajarse.
Sus pinturas se hicieron públicas por accidente, cuando la cuenta de correo electrónico de su hermana, Dorothy Bush Koch, fuera hackeada, y varias de sus imágenes fuesen publicadas, incluidas algunas sobre avances de las pinturas que Bush había compartido con su hermana, y que revelaron al mundo este pasatiempo posterior a su retiro.
Un año después, Bush se sintió lo suficientemente cómodo con este nuevo hobby como para exponer por primera vez: en 2014 publicó una serie de 24 retratos de líderes mundiales, como el dalái lama, Vladímir Putin y su padre.
Otras de sus pinturas, sin embargo, se alejan del liderazgo y abordan imágenes mucho más sencillas y domésticas, como un retrato de su perro Barney o curiosos autorretratos en la bañera.
Como es de esperar, la crítica nunca se mantuvo ajena a la evolución artística de Bush. Algunos críticos de renombre, como Jerry Saltz, describieron las pinturas del expresidente como “simples, incómodas, pero maravillosamente intensas y desprovistas de autoconciencia”. Saltz destacó, además, que sus obras reflejan a alguien esforzándose al máximo con recursos técnicos limitados.
“Me mantiene activo, así que no estoy en el sofá masticando papas fritas todo el tiempo. Es una de las grandes experiencias de aprendizaje”, dijo Bush en 2017, entrevistado por Matt Lauer en el programa The Today Show.