Faltan pocos días para que los andamios queden cubiertos por carpas y los galpones, ahora vacíos, vuelvan a alojar su característico olor a campo.
Cinco mujeres líderes en distintas áreas del agro uruguayo que se presentan en la Expo Prado hablan de los cambios percibidos en un mundo que sigue siendo predominantemente masculino
Faltan pocos días para que los andamios queden cubiertos por carpas y los galpones, ahora vacíos, vuelvan a alojar su característico olor a campo.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs jueves y todo luce como se espera en la semana previa a inaugurar la Expo Prado. Entre taladros que suenan y camionetas que pasan con diferentes cargamentos llegan ellas: algunas no se conocen en persona, pero se preguntan por sus respectivos nombres y trabajos, y pasan de forma automática a hablar en un mismo idioma. De entrada, ese lenguaje no es necesariamente técnico: “¡Nosotras somos vecinas!”, le comenta Lucía Perdomo a Caroline Clark. Perdomo es directora de Ganadera Inquieta, además de presidenta de la Sociedad de Criadores Hereford del Uruguay. La primera mujer en presidirla en sus 80 años de historia. Clark, por su parte, dirige la cabaña La Milagrosa. Ambos establecimientos están ubicados en el departamento de San José. El diálogo pasa sin escalas a lo familiar: concluyen que el hijo de una es compañero de liceo del de otra, mientras que otra comenta que la hermana de una está casada con su sobrino. “¡Allá viene Sofía!”, exclama una de ellas.
Sofía Dutra es la directora financiera del Escritorio Dutra. Milagros Herrera combina su gerencia en Agroventas con la comunicación en Radio Rural y la organización de País de Guasqueros. Viviana Batalla es la directora de la empresa de tractores y maquinaria agrícola Florencio Hernández.
Aunque vienen desde distintos sectores del mundo agropecuario, las cinco tienen mucho en común: ser mujeres y referentes dentro de este universo las convierte en caras visibles de una presencia que todavía es minoritaria, pero que viene en aumento. Según una estimación de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), en alrededor del 20% de las empresas expositoras de la Expo Prado figura una mujer entre sus titulares, un porcentaje que, aclaran, no alcanza a reflejar toda la presencia femenina; o sea, hay mujeres —y unas cuantas— que ocupan puestos de liderazgo, aunque no figuren como propietarias.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el 2026 como el Año Internacional de la Agricultora. En Uruguay, esta conmemoración —presentada en marzo— se centra en visibilizar el rol fundamental de las mujeres rurales y las productoras familiares, quienes representan un porcentaje clave en los registros de producción familiar agropecuaria.
A algunos les resulta insoportable escuchar un relato de fútbol; para otros, es prácticamente la melodía de una pasión. Sofía Dutra recurre a este paralelismo futbolero para explicar lo que a ella le provocan los remates agrarios. “Sé que puede ser un ruido molesto para otra persona, pero a mí toda la vida me encantó escucharlo. Me encanta”, dice a Galería quien hoy es gerenta financiera de Escritorio Dutra, empresa familiar con 125 años de antigüedad. Jura y perjura, también, que no se ha perdido una sola Expo Prado en su vida. “Desde que tengo uso de razón, siempre estuvo el estand (del escritorio rural). Mi mamá, cuando era chica, nos llevaba a todos. Y después, de más grande, iba con mis amigas”. No sorprende, entonces, que los días del Prado fueran los más esperados en la niñez y en la adolescencia de Dutra, algo que ahora ve en sus hijos, que cuentan los días para que empiece la exposición.
Lucía Perdomo recuerda sus primeras Expo Prado como una fiesta. “Teníamos que saber el lugar donde encontrarnos con mis padres porque andábamos siempre con amigos. Era el lugar de encuentro con gente que a veces no veíamos en todo el año”. Desde 2015 vive cada Rural del Prado como expositora de la empresa que dirige junto con su esposo.
Si hay algo que caracteriza al mundo rural es su fuerte impronta familiar. Es, en cierto sentido, como un árbol genealógico en el que se repiten apellidos y se heredan vocaciones, aunque siempre hay lugar para nuevas ramificaciones. En los relatos aparecen la infancia, las vacaciones en el campo, penitencias que privan de paseos a caballo en lugar de horas de celular o computadora.
Lo que llevó a Milagros Herrera a construirse una carrera en torno al mundo agropecuario fue la nostalgia. “Yo sigo extrañando el campo, sigo extrañando esas épocas de mi niñez en las que iba y venía, pero pasábamos mucho tiempo en el campo”, cuenta para explicar su impulso de buscar una vida “con buenas posibilidades”, pero que la llevara de una u otra forma a sentirse cerca de lo rural.
Empezó esa búsqueda a los 18 años, trabajando junto con Juan Carlos López, Lopecito, en el programa Americando. Después se incorporó a Agroventas, donde hoy se desempeña como encargada de ventas, marketing y comunicación; se sumó como locutora a Radio Rural, donde sigue trabajando; creó, junto con Clementina Sartori, País de Guasqueros, una iniciativa pensada para revalorizar el oficio de la guasquería (el arte en cuero crudo), y fundó, también, junto con Sofía Mata, una plataforma de compraventa de caballos mansos llamada A Caballo. Por si fuera poco, en cada Expo Prado Herrera lleva adelante los móviles para la ARU y entrevista a cada una de las empresas expositoras. “Sí, trato de meterme en algo así como un feedlot de comida un mes antes para no desvanecerme en el Prado”, bromea Herrera, referente por donde se la mire dentro de la industria agrícola.
La incursión de Viviana Batalla en el mundo del agro, como directora, junto con su esposo, de la empresa de tractores Florencio Hernández no fue lineal ni fruto de una pasión heredada. “Fui y vine todos estos años”, relata a Galería. Antes de incorporarse definitivamente a la empresa fundada por su suegro hace más de 50 años, Batalla se dedicó a algo tan ajeno a la maquinaria agrícola como es el maquillaje, lo que la llevó incluso a abrir un local en Maldonado. Pero, entre idas y vueltas, descubrió que en la empresa familiar había espacio para explotar su gusto por la gestión y la organización, la atención al público y a los detalles. Ahora, cuenta con orgullo que este año se cumplen 20 de su primera exposición en el Prado. “Arrancamos en una parte chiquita, en una calle transversal, y al día de hoy estamos frente al ruedo y a uno de los galpones”, detalla.
De las cinco, podría decirse que Caroline Clark es quien representa una nueva ramificación dentro del mundo del agro. No hubo un legado familiar ni una infancia vinculada al campo. La cabaña La Milagrosa fue fundada en el año 2000 por Clark y su esposo, cuando por puro hobby decidieron comprar tierras, se hicieron de sus primeras madres de pedigree y comenzaron a criar caballos. “Arrancamos con cinco madres y un padre en su momento. Y, bueno, cuando nos quisimos acordar, el hobby se había transformado en un trabajo serio”, cuenta Clark, quien al enviudar quedó al frente de la empresa para luego sumar a uno de sus hijos a la gestión y, como la tradición agropecuaria dicta, empezar a construir su propio legado familiar.
Como directora de la empresa, Batalla asume un rol multifuncional: se dedica a la venta de maquinaria, la gestión de repuestos, la atención a los clientes, el armado y la actualización de precios y la gestión de la sucursal ubicada sobre la ruta 101, entre otras cosas. Y, aunque hace 20 años está al frente del estand en la Expo Prado, aún percibe ciertas diferencias en el acercamiento por parte del público. “Si está mi marido, mi hijo o el otro vendedor, pasa que de repente no te preguntan a vos, porque piensan que no sabés. Hasta que te escuchan hablar”, comenta. Este sesgo aparece, justamente, en un rubro como el de la maquinaria agrícola, uno de los que están fuertemente asociados a los hombres dentro del mundo rural. “Ya estoy acostumbrada y no pasa nada. Hoy estoy sola acá en el local, y quien venga va a encontrar una mujer”, subraya.
Sofía Dutra, por su parte, casi revive el enojo que sintió en sus inicios ante un cliente que la desacreditó. “Una vez, hace tiempo, llamó uno al escritorio y dijo: ‘Quiero saber de tal cosa’. Y después me dijo: ‘¿Usted qué sabe si es la secretaria?’. Como si no pudiera saber por ser mujer. Al principio me costó bastante; preferían hablar con otra persona y no conmigo”, recuerda. Cuenta que unas décadas atrás el escritorio no contaba con mujeres en puestos comerciales ni gerenciales. Apasionada desde siempre por los negocios rurales, fue en 1996, en una etapa de transición y reorganización del escritorio familiar, que apareció ese “huequito” que tanto esperaba en la firma. “Y me metí de cabeza. Tenía la edad y ganas de trabajar; siempre me encantó, y sentía que no podía porque el rubro era muy machista. Pero me hicieron un lugarcito, de cadete”, rememora. “Empecé hace 30 años y después hice mi camino. Ahora me encargo de toda la parte de finanzas de la empresa”, subraya.
Dutra llegó a sentir, sobre todo en sus comienzos, que venía “metiendo codazos” para hacerse un lugar, no solo por ser mujer, sino también por ser “hija de…”. “Eso también te quita un poco el mérito, aunque la realidad no fue así, porque entré como cualquier otro”, relata.
Aunque conscientes de que siguen siendo una minoría, Clark, Perdomo y Herrera no identifican a lo largo de sus carreras dificultades particulares asociadas al hecho de ser mujeres.
“La verdad es que nunca tuve ningún problema, jamás; diría que todo lo contrario”, asegura la directora de La Milagrosa. Su cabaña organiza campeonatos de prueba de velocidad de caballos. Este año compiten 77 binomios, solo tres de ellos montados por mujeres. “Yo pongo las reglas, organizo el campeonato, estoy en la pista trabajando, les tomo los tiempos y saben que cuentan conmigo para lo que sea necesario, con confianza y respeto también”.
En la misma línea, Perdomo tampoco cree que su género en algún momento haya sido un obstáculo, incluso siendo la primera mujer en 80 años en presidir la Sociedad de Criadores Hereford del Uruguay. “Sin duda que lo agropecuario básicamente ha sido de hombres, si bien hay cada vez más mujeres. La verdad es que es raro, pero yo no siento que haya tanta diferencia. Puede ser que a ellos les cueste más hablarnos a nosotras, pero creo que todo es un tema de actitud y aptitud”.
Como mujer criada entre cinco hermanos varones, Herrera asegura que moverse en este mundo siempre le resultó natural y cómodo. “Para mí siempre fue normal. A mí me resulta incluso más fácil hacer algo con hombres que con mujeres, porque mi cerebro se adaptó a eso. En este mundo en el que predominan los hombres me siento comodísima, tremendamente respaldada y apoyada”, concluye.
Las mujeres representan el 45% de las personas registradas como productoras familiares. Ellas están —y en buena medida— presentes en las áreas productivas. Pero la cifra cae al observar los puestos de liderazgo: apenas un 26% de las empresas tienen una mujer como referente, según el Censo General Agropecuario. Si bien la cifra aumentó —eran un 19,7% en 2011—, el mundo del agro aún está lejos de alcanzar la paridad, según el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). “Las desigualdades de género en el sector agropecuario se asientan en nudos estructurales cuya revisión requiere de esfuerzos sostenidos y análisis de mediano plazo”, señala el MGAP en el diagnóstico de su Política de Género Agro.
A Sofía Dutra le resulta “increíble” ver mujeres en roles directivos y comerciales, además de hitos como la llegada de Perdomo a la presidencia de Hereford. Sin embargo, en línea con los datos del censo, considera que “es una evolución lenta”. “Hay mucho crecimiento, pero yo miro mi entorno al día de hoy y el 90% de las personas con las que hablo son hombres”, sostiene.
Pese al lento avance, todas coinciden en que posicionarse como líder en el mundo del agro ya no llama la atención, al menos, como cuando empezaron. “Veo más presencia, y es más natural que la mujer tenga lugares de liderazgo”, dice Perdomo. Batalla, por su parte, percibe cada vez menos sorpresa en el cliente al encontrarse con una mujer cuando entra a la sucursal de la empresa de maquinaria.
Y, aunque “ya no llama tanto la atención”, Caroline Clark fue testigo recientemente de un episodio que provocó tanta sorpresa que necesitó ser inmortalizado en una foto: “En uno de los eventos que hacíamos del campeonato, éramos casi todas mujeres trabajando en la pista: fotógrafa, relatora, dos chicas del escritorio. Éramos seis mujeres y dos hombres. Pero los que competían eran todos hombres. Nos sacamos una foto, porque no podíamos creer la cantidad de mujeres que estábamos trabajando en ese momento, en ese lugar”.