Después de la presentación en la librería Feltrinelli, la novela formará parte de la grilla de la Feria Internacional del Libro de Montevideo y en un par de meses cruzará el Río de la Plata para aterrizar en Buenos Aires.
Las lágrimas saben por qué es su cuarto libro. Anteriormente escribió sobre Mahatma Gandhi, ¿por qué ahora escribió una novela?
En Italia empecé a publicar en el 2012, pero los primeros dos libros son ensayos sobre mi mirada personal sobre la no violencia, porque yo viví en la India cuatro años, estudié a Gandhi, soy vegetariano, mis zapatos son veganos; pero en este caso es una novela en la que la no violencia no está explicitada. Incluso, todas mis vacaciones cada seis meses he ido a la India. Abracé el tema, y seguí estudiando; soy un poco un experto del pensamiento de Gandhi.
¿Cuál fue el propósito de escribir este libro, Las lágrimas saben por qué?
La idea nació hace cinco o seis años hablando con mi muy buena amiga Alba Rueda ya que los dos estábamos haciendo el mismo trabajo, ella por el gobierno de Argentina y yo por el italiano, sobre los derechos humanos, en particular los derechos humanos de las personas LGBTIQ+. Tenemos una mirada muy similar sobre muchas cosas y la idea fue escribir una novela que pudiera hablar de temas que para nosotros son muy importantes. La idea es que la novela habla de los temas LGTBIQ+ y sobre la amistad entre los protagonistas, en la que cada uno de nosotros puso su mirada. Si bien la novela habla de una parte de la sociedad, aprovecha dos temas universales. Uno es la no violencia, que no esta explicitada como tal, pero se refiere a la filosofía de Gandhi. Él centró su trabajo contra la ocupación extranjera de su pais y estuvo a favor de los apátridos. Una cosa muy importante de esta novela es que los protagonistas reaccionan a las injusticias que se perciben en la sociedad de ese momento, hace 30 años en Buenos Aires. Ellos sufren la discriminación pero de una manera no violenta.
La segunda cosa es que, en Italia, mis ensayos fueron publicados por una editorial que se centra en el pensamiento del fundador de la psicología analítica Carl Jung. Entonces, en el capítulo 6 el protagonista enfrenta una situación muy difícil en su vida y yo apliqué el principio de Jung, que dice que cuando uno enfrenta mucho riesgo, mucho peligro, tiene mucha posibilidad de salvarse, es algo psicológico. Y ahí empieza una amistad que los ayuda a buscar las energías para imaginar una nueva vida.
Además, se sitúa en un momento determinado de la historia de Argentina, ¿eso fue buscado?
Sí. En ese sentido voy a decir una cosa fantástica, pero no es demagogia. Uruguay, y Argentina también, en las dos partes del Río de la Plata, los temas sociales están muy avanzados. Para mí, ser embajador en Uruguay es un descubrimiento continuo porque Uruguay es de avanzada. Todo el tiempo descubro cosas como que el divorcio es de 1907.
El voto femenino.
También. Y me pasó que en el Teatro de Verano descubrí que la primera mujer afro que publicó en América Latina era uruguaya, un libro de poemas. Estas cosas son extraordinarias.
El último libro de Fabrizio Petri aborda la diversidad y la no violencia.
Mauricio Rodríguez.
¿Su destino como diplomático en la India le cambió la vida?
Uno puede aprender cosas extraordinarias en cada país del mundo. Pero la India tiene una cosa: en el siglo pasado, frente a los totalitarismos comunistas, fascistas, la India fue capaz con Gandhi de dar otra respuesta. Esto fue muy interesante, la no violencia. Después también están Martin Luther King, Václav Havel, (Nelson) Mandela y otros que me inspiraron mucho. Gandhi decía: mi mensaje es mi vida. Por esto en la novela no es explícita la idea de que los dos deciden transformar su vida en una oportunidad de hacer algo. Mi mensaje es mi vida, lo que yo hago tiene un valor.
¿Y desde cuándo conoce a la activista Alba Rueda?, ¿fue difícil escribir de a dos?
Nos conocemos desde 2022 y, cuando recibí la confirmación de mi destino en Montevideo, la llamé para avisarle que estaría muy cerca y le propuse escribir juntos una novela. Ella aceptó. Además tiene una fuerza enorme de escritura. Para escribir juntos utilicé todas mis vacaciones, no viajé; me quedaba en casa y Alba venía o yo iba a Buenos Aires, y después escribíamos de noche, de 8 a 11, con Google Drive. Fue un desafío enorme, a veces estábamos dos días hablando de una sola palabra y a veces escribíamos sin problema. Pero salió bien.
En el libro se refieren al “cuerpo como territorio de resistencia”. ¿Ese concepto fue un consenso entre ustedes?
Es una cosa muy importante. No me gusta hacer un spoiler del libro, pero en ese momento estaba todo el problema del VIH. Hoy todo cambió, si una persona tiene VIH puede tener tratamientos y llevar una vida normal. Pero en esa época se necesitaban más derechos. Era un estigma social, por eso los dos protagonistas tienen un coraje enorme, y de ahí la idea de la no violencia. Porque frente a un desastre tan fuerte, ¿qué hace una persona? Para mí, eso es un valor universal. Cada persona en su vida se enfrenta a dificultades. Yo, como hombre gay, me enfrenté cuando era muy pequeño, doce, trece, catorce años, a una sociedad que percibía como muy difícil. Una persona heterosexual a esa edad no tiene la misma situación, pero cuando va creciendo todos tenemos problemas, se nos muere un familiar, una enfermedad o mil razones. Cuando una persona tiene una experiencia difícil, nadie puede detenerla, pero esta experiencia es un valor, adquiere un valor de sensibilidad. Por esto las comunidades LGTBIQ+ normalmente ponen más atención a los demás, porque tienen una comprensión de la dificultad de la vida y ayudan. La película Pride es una historia verdadera de cómo un grupo de jóvenes LGTBIQ+ en Inglaterra ayudan a los mineros que están en huelga. Es un filme extraordinario porque los mineros no eran muy abiertos mentalmente a las personas homosexuales en los años 80, y al final, en el desfile Pride en Londres —que era pequeño, con algunos cientos de personas—, la policía les dice que no pueden estar allí. Todos los sindicatos los apoyaron como agradecimiento, y entonces los temas de derechos de los homosexuales se pusieron al frente de la política de izquierda; el partido Laborista incluyó en su programa el matrimonio igualitario. Todo esto después de la alianza entre las personas LGTBIQ+ y los sindicatos. Es una historia verdadera de Inglaterra. Todo surge a partir de que las personas tienen que ayudar a los otros que sufren. Las personas LGTBIQ+ tienen esa sensibilidad.
¿Cómo fue su adolescencia?
Nací en Ancona, mi padre era militar y viajaba a distintas ciudades. Viví en Lecce, en Roma, en Ancona viví dos años. Fui a la universidad, después hice la carrera diplomática. Pero yo me siento de Ancona. Mamá era maestra de escuela y yo tenía un hermano gemelo, no idéntico, que falleció hace 12 años; afortunadamente tuve una buena relación con él. Pero es verdad que de joven era más introvertido. Me gustaba mucho leer, leía todo el tiempo. Además, fui descubriendo mi sexualidad sabiendo que no era posible hablar de esto en los años 70 en Italia; en ninguna parte del mundo, pero en Italia menos. Entonces, tenía una vida más introvertida,
Fabrizio Petri y Alba Rueda publicaron Las lágrimas saben por qué.
Mauricio Rodríguez.
¿Y por qué decidió estudiar diplomacia?
Al principio estudié Derecho, porque el mejor amigo de mi padre, en Ancona, era un abogado notario. Hice algunos años de práctica en su estudio, pero después mi padre fue enviado con un programa de cooperación militar a Marruecos y viví con él dos años ahí, a los 18 años. Empecé a entrar en contacto con la realidad diplomática, me gustó la idea y decidí estudiar la carrera.
¿Los prejuicios siguen existiendo o nota un cambio?
Sí, cambió mucho. Pero vivir en un país como Uruguay, que es tan abierto, avanzado, que tiene leyes muy importantes, es mucho más fácil. Hay países en el mundo donde es más difícil; tenemos todavía 70 países donde la homosexualidad es considerada un crimen. Por eso esta idea de escribir para dar una esperanza. Digamos que siempre es un poco difícil ser uno mismo, la diversidad no es tan fácil vivirla aún hoy.
¿Sus padres fueron comprensivos?
Sí, mi padre fue muy abierto, no hubo problema. Hablé con él de más grande y me dijo: “¿cuál es el problema?, es tu vida”. Mi padre fue fantástico. Con mi madre fue un poco más complicado pero al final del día estamos bien. Y mi hermano también fue muy comprensivo, aunque esperé muchos años para hablar con él.
¿En qué sentido su labor diplomática puede ayudar para poner el tema en agenda?
Lo que un diplomático, un embajador, puede mostrar, es la normalidad de la vida. En nuestras sociedades puede ayudar mucho para hacer reflexionar sobre el tema, porque a veces hay un prejuicio o es algo muy sectorial. Se puede vivir de manera muy natural, como se dice, vivir en plain sight, o sea, vivir sin intentar esconderse, enfrente de todos. En ese sentido puede ayudar mucho la labor de un diplomático.
¿Entonces los personajes de la novela, Lautaro y Carolina, simbolizan la lucha frente a las injusticias?
Sí, es un poco la idea, porque en ese momento histórico empieza la parte constructiva, porque en los años sesenta, setenta, había una lucha enorme pero aún no se daba la posibilidad de transformarla en algo positivo, de derechos, de leyes. En ese sentido, en el final de los años 90, se empieza —Buenos Aires fue una de las primeras ciudades del mundo, Uruguay también— a reconocer las parejas del mismo sexo. Ahí empieza todo un recorrido en el cual la lucha se transformó en algo importante para todos.
Lautaro se refiere a la “libertad solitaria”, ¿para ser libre hay que pagar el precio de la soledad?
A veces hay que tomar decisiones que pueden ser, al principio, vistas como egoístas. Pero no son egoístas, son una necesidad vital.
¿Usted ha vivido esa sensación de libertad solitaria?
En algún momento sí, porque cuando una persona decide salir, hablar de su condición —en este caso como hombre gay pero puede ser mil cosas diferentes—, lo positivo es que después de un tiempo se abren nuevas puertas.
Esto no termina aquí. ¿Qué sigue después?
Hay que ver si la novela gusta, si tiene éxito, si los personajes llaman a algo más. A veces me escriben personas que leyeron la novela y me cuentan cosas increíbles sobre sus vidas personales, me comparten cosas muy íntimas, y además me felicitan por lo que estoy haciendo por la comunidad. Pero vamos a ver qué pasa más adelante, de todas maneras para mí esto es un sueño.