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'Flag football': el deporte que busca crecer en Uruguay y sueña con llegar a los Juegos Olímpicos

Con una comunidad cada vez mayor y nuevos proyectos en marcha, el flag football busca ganar espacio en Uruguay y ofrecer a sus jugadores un camino para desarrollarse dentro y fuera del país

Editor de Galería

Una pareja camina por la rambla de Punta Carretas en una tarde soleada de domingo. Al pasar, baja el ritmo y se queda mirando, algo desconcertada. Se dicen unas palabras que no llegan a escucharse y, después de unos segundos, retoman el camino.

La escena se repite una y otra vez, y no es para menos. No es habitual encontrarse con decenas de personas corriendo detrás de una pelota de fútbol americano, tirándose pases milimétricos, arrancando en distintas direcciones y tratando de quitarle al rival las banderas que llevan en la cintura, mientras los gritos del público se mezclan con indicaciones en inglés.

La explicación está en el flag football, una disciplina que combina la adrenalina del fútbol americano, la intensidad del fútbol 5 y la estrategia del ajedrez. Es una versión moderna y sin contacto del fútbol americano, donde en lugar de los tackles físicos, los jugadores deben quitar una de las banderas (flags) que el rival lleva en la cintura para detener la jugada. Se juega generalmente en formatos de cinco contra cinco o siete contra siete, en una cancha más corta que la del fútbol americano tradicional.

No es mainstream, pero tampoco es una novedad. El flag football apareció en Uruguay en 1999, de la mano de la Liga Uruguaya de Football Americano-Flag (LUFA). Aunque durante años dejó de practicarse, en 2023 se retomó bajo la conducción de la actual directiva, encabezada por Gabriel Sánchez.

¿Qué tiene de especial?

A Alejandro, que aparenta unos 40, se le ilumina la cara cuando habla del flag. Comenzó a jugar hace 20 años, cuando eran “unos pocos locos”, y hoy es jugador, entrenador y hasta árbitro. “Es todo muy amateur”, aclara, aunque considera que el deporte está viviendo un “momento de crecimiento exponencial”.

Consultado sobre qué tiene el flag football que no tienen otros deportes, resalta la “importancia del juego en equipo por sobre las individualidades” y la estrategia que existe detrás de cada movimiento: “Se trata de cranear jugadas y adivinar cuál va a ser el siguiente paso del rival”.

A su vez, el flag permite ver en cancha a personas de distintas edades y físicos. La ausencia de contacto y la variedad de posiciones hacen que no todos tengan que cumplir con un único perfil físico. “Además, es un deporte muy versátil: se puede jugar al aire libre, en gimnasios de básquetbol e incluso en la playa”, explica a Galería Sánchez.

Una liga constituida

Tras 40 minutos de acción, recién sobre el final del partido entre Golden Bulls y Albatros creí haber comprendido las reglas. Un cierre épico, con remontada incluida por parte de Albatros, desató un festejo eufórico de un lado y protestas del otro. Todo terminó, sin embargo, en abrazos, una foto conjunta de ambos planteles y un grito aislado que parecía resumirlo todo: “Esto es flag”.

Los planteles de Golden Bulls y Albatros, unidos tras un partido.

Los planteles de Golden Bulls y Albatros, unidos tras un partido.

La liga está integrada por 11 equipos masculinos y cuatro femeninos, con planteles de ocho o nueve jugadores en promedio. La rama masculina disputa un torneo anual con playoffs, mientras que la femenina se divide en Apertura y Clausura, cuyas ganadoras se enfrentan a fin de año para definir a la campeona. El objetivo, según cuenta Sánchez, es sumar nuevos equipos para 2027.

La mayoría de los equipos son filiales de clubes de tackle —el fútbol americano tradicional— que cuentan con planteles para ambas modalidades e incluso con jugadores que participan en las dos.

La competencia se sostiene únicamente con el aporte de los participantes y la colaboración de auspiciantes, que ayudan a cubrir los costos de la cancha, los jueces y los fotógrafos. “Todo lo que ganamos, lo invertimos”, asegura Sánchez.

Desarrollo vs. limitaciones

La LUFA está a un paso de pasar de ser una asociación a convertirse en federación. Eso implicaría quedar bajo la órbita de la Secretaría Nacional del Deporte y, en definitiva, acceder a más herramientas y respaldos para seguir desarrollando el flag football en Uruguay.

Otro de los objetivos pasa por que el deporte llegue a los diferentes rincones del interior, donde solo hay equipos en Paysandú y Rivera. “En Las Piedras hay un proyecto de flag que no ha podido empezar por falta de entrenador y en Maldonado hay también una semillita”, detalla Sánchez.

A su vez, se quiere promover la práctica entre los más jóvenes. “En setiembre vamos a iniciar una liga de menores, con un llamado abierto a adolescentes que quieran jugar y yendo a todos los liceos que podamos”, agrega el directivo.

La idea es formar equipos nuevos sin generar rivalidades. Los chicos entrenarían todos juntos y, al competir, se dividirían en equipos que volverían a mezclarse en cada torneo. Sería una propuesta formativa, pensada para que jueguen y se diviertan. A los 18 años, pasarían a integrarse a los equipos de la liga mediante un sistema similar al draft de la NBA, en el que los clubes que terminen últimos elegirían primero para emparejar la competencia.

De todas formas, este desarrollo está condicionado por la falta de recursos humanos capacitados para acompañar el crecimiento de la disciplina, como jueces y entrenadores. “Vamos a lanzar un curso para árbitros porque hoy solo tenemos dos independientes, el resto son los mismos jugadores­. También queremos capacitar a los veteranos que dejaron de competir para que puedan arrimarse nuevamente y convertirse en entrenadores”, comenta Sánchez.

La falta de jueces genera otro problema: cada partido requiere dos árbitros, por lo que su escasez impide disputar encuentros en simultáneo. Por eso, cada equipo juega un partido cada dos semanas y, si uno se suspende por mal tiempo, puede llegar a jugar apenas uno al mes.

Oportunidad internacional

Por iniciativa propia, Luisiana Villamarín se acercó al flag hace dos años, después de ver una práctica en la rambla. Se integró a Bárbaras, donde se desempeñó en distintas posiciones (receptora, corredora y rusher), y con apenas 18 años se transformó en una de las piezas clave del equipo.

El viernes 4 viajó a Estados Unidos para incorporarse a la Universidad de Northwestern­ Ohio, donde obtuvo una beca deportiva y se convirtió en la primera uruguaya en llegar a jugar flag football universitario en Norteamérica. Además de continuar su carrera deportiva, estudiará Administración y Marketing Deportivo.

A sus 18 años, Luisiana Villamarín fue becada para estudiar y jugar al flag football en la Universidad de Northwestern Ohio, en Estados Unidos.

A sus 18 años, Luisiana Villamarín fue becada para estudiar y jugar al flag football en la Universidad de Northwestern Ohio, en Estados Unidos.

La posibilidad surgió después de que Villamarín comenzara a buscar universidades estadounidenses con equipos de flag. Aplicó a varias instituciones, contactó a sus entrenadores y les envió información y videos de sus partidos. Aunque recibió varias propuestas, fue la coach de Northwestern Ohio quien se puso rápidamente en contacto con ella y terminó ofreciéndole una beca.

“Espero poder alcanzar un mejor nivel deportivo, aprender mucho sobre el deporte, lograr competir al nivel de allá y conseguir la mayor cantidad de títulos posibles con la universidad, al mismo tiempo que realizo mis estudios”, cuenta a Galería. También espera que la experiencia sirva para contribuir al crecimiento del flag football en Uruguay.

Sueño olímpico

Por primera vez, el flag football será deporte olímpico, a partir de los Juegos de Los Ángeles 2028. Uruguay tiene la ilusión de estar presente y para ello tiene una instancia clasificatoria el año próximo, donde deberá enfrentarse a potencias del continente.

La selección masculina ya tuvo una primera experiencia internacional en los Juegos Odesur sub-17, en abril. Aunque la falta de preparación pasó factura, el equipo estuvo a la altura ante rivales como Argentina y Panamá, un país que cuenta con múltiples escuelas de flag.

En el torneo se lucieron Juan Machado, con una velocidad por encima de la media, y Matías Melgar, cuyo juego fue destacado por la International Federation of American Football y el portal de los Juegos Odesur.

Para llegar a Los Ángeles, Uruguay tiene que superar dos barreras: la deportiva y la económica. Primero, deberá ser finalista del torneo continental (masculino y femenino) a disputarse en junio, en una sede a confirmar. Luego pasaría a un repechaje que, de ganar, lo depositaría en los Juegos Olímpicos.

Pero antes de pensar en todo eso, el primer objetivo es reunir los fondos necesarios para presentarse a la primera instancia clasificatoria. Para eso, la asociación solicita la colaboración de empresas y particulares interesados en apoyar la causa.

“En el torneo continental, se juegan tres partidos por día durante cinco días. Requiere una preparación muy compleja, pero queremos estar en los Juegos Olímpicos y vamos a trabajar todo lo posible para lograrlo”, afirma Sánchez.

Emperatrices, últimas campeonas del torneo femenino.

Emperatrices, últimas campeonas del torneo femenino.

Quiero jugar, ¿cómo hago?

El flag no se ve por televisión ni se enseña en las escuelas, por lo que los clubes son el principal lugar de entrada para quienes quieren conocer la disciplina. Allí reciben a los nuevos talentos y les enseñan desde cero. “Si sos deportista o jugaste algún deporte, en dos prácticas lo vas a entender”, concluye Sánchez.

Los interesados pueden escribir a la cuenta de Instagram @lufaflag­.uy­, desde donde se derivará la consulta al responsable de alguno de los clubes. También se invita a acercarse los domingos al Club Champagnat para ver los partidos, a partir de las 10 horas.