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    ¿Le estamos tomando el pulso al Uruguay ovino?

    ¿A quiénes estamos midiendo? Las 146.000 ecografías tampoco son una muestra aleatoria de las casi 2,7 millones de ovejas encarneradas en el país

    Este año el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), con apoyo del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), presentó más de 146.000 ecografías realizadas como una forma de “tomarle el pulso a la parición ovina” del Uruguay.

    Esa afirmación merece ser discutida. La ecografía es una buena herramienta, pero debemos preguntarnos qué información aporta, a quiénes estamos midiendo y qué hacemos con esos datos.

    La ecografía permite identificar melliceras y distinguir entre cabeza y cola de parición, posibilitando un manejo diferencial. Para detectar ovejas falladas, hace 40 años Mario Azzarini demostró que el macho pintado no se equivoca.

    ¿Cuántos mellizos tenemos? La señalada lleva décadas en niveles bajos (menos del 70%) y resulta de multiplicar fertilidad × prolificidad × supervivencia. La fertilidad no es problema: las preñeces son del 90% al 95%. La supervivencia sí presenta pérdidas importantes: del 15% al 30%. La fertilidad es del 90%, la supervivencia es 80% y ningún mellizo ya alcanza un valor superior al promedio histórico.

    Esto plantea una conclusión incómoda: el mellizo, como categoría para modificar el resultado reproductivo, sigue siendo minoritario.

    Claro que existen majadas con una proporción importante de mellizos y allí la ecografía es valiosa. Pero una cosa es utilizar los resultados para mejorar el manejo en esos rebaños y otra es presentar esa población como representativa de la parición ovina nacional.

    ¿A quiénes estamos midiendo? Las 146.000 ecografías tampoco son una muestra aleatoria de las casi 2,7 millones de ovejas encarneradas en el país.

    ¿Qué conocimiento nuevo produjo este esfuerzo y cuánto logró trascender para llegar a un número más grande de productores? La última Encuesta Ganadera Nacional del Ministerio de Ganadería aporta un dato clave: el diagnóstico de gestación era utilizado solo por 6% de los productores. Llevamos 11 años realizando un taller basado en ecografías de una población que no representa a los productores ovinos.

    ¿Estamos tomándole el pulso al Uruguay ovino o estamos tomando la temperatura de los pacientes de la sala vip de un sanatorio privado de la capital y, a partir de ello, pretendemos diagnosticar la salud de la población nacional? El termómetro puede funcionar, la temperatura puede estar bien tomada, pero los pacientes no representan la salud de la población.

    El problema no es que no sepamos medir a los que están en la sala vip. El problema de décadas es que seguimos sin cambiar la salud de toda la población.

    Las demás tecnologías. Un gran universo de productores no incorpora tecnologías validadas desde hace mucho tiempo, y esto trasciende la ecografía.

    El objetivo debería ser aumentar la productividad (kilos de cordero destetado, edad de primer servicio, peso de canal). Para ello hay que mejorar la extensión.

    Pero también se debe mirar críticamente qué estamos haciendo —o dejando de hacer— porteras adentro. La discusión no puede agotarse en costos, tipo de cambio, exportación en pie, industria, abigeato, perros, bichera o frigoríficos.

    Cordero pesado: oportunidad perdida. En 1996 el cordero pesado fue una innovación importante. Además de buscar valorizar la carne, existía también una razón vinculada a la lana: un vellón adicional.

    Su desarrollo abrió una nueva etapa para la producción de carne y fue antecedente de investigaciones en cruzamientos con razas carniceras. Pero una innovación puede haber sido importante y, al mismo tiempo, no haber producido una transformación estructural.

    Luego de 30 años la señalada sigue siendo baja, la incorporación de borregas a la reproducción es tardía y el peso de canal no ha superado los 17 kilos.

    Sería injusto decir que no hubo avances en ovinos. Los hubo, y algunos importantes, en lana: esquila tally-hi y preparto, acondicionamiento, mediciones objetivas, mejoramiento genético.

    Después de 60 años del SUL es legítimo preguntarse cuánto cambió la realidad productiva de todo el sector.

    El contraste con el resto del agro. Mientras tanto, el agro experimentó transformaciones profundas. La soja pasó de poco más de 10.000 hectáreas en 2000 a más de 1 millón en los últimos años. El arroz consolidó un sistema altamente tecnificado y exportador. La forestación alcanzó en 2025 casi 1,2 millones de hectáreas. La ganadería vacuna disminuyó la edad de faena, aumentó el peso de los animales y los corrales adquirieron un papel central.

    Los principales indicadores ovinos siguen en el mismo lugar. Además, perdió 20 millones de cabezas en menos de 30 años. En cualquier actividad, resultados tan persistentes obligarían a revisar estrategias, estructuras y liderazgos. ¿Por qué en Uruguay esa discusión sigue siendo un tabú?