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Quitarse el vello del cuerpo femenino es un ritual estético que se sigue imponiendo desde edades tempranas, generalmente por razones mucho más complejas que la propia voluntad
Emilia tenía 13 años la primera vez que se depiló. Recuerda con total nitidez a la señora desconocida que pasó la cera caliente por sus piernas y arrancó sus pelos de un tirón, mientras su madre le tendía la mano para tornar algo más tolerable aquel dolor. Sofía, su amiga, empezó a depilarse a los 12 años por pura imitación. “Ni siquiera tenía pelos, pero todas las demás lo hacían”, cuenta. No fue el caso de Martina, que hubiera deseado empezar a eliminar sus vellos mucho antes. “Tenía que ir de pollera al liceo y me daba vergüenza”, confiesa hoy, con 33 años.
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También hoy, un día de marzo del 2026, cuatro adolescentes de entre 11 y 12 años cuentan a Galería que se sienten avergonzadas por tener pelos en el bozo o en las axilas porque “los varones se ríen”, sobre todo cuando hacen deporte. Una de ellas recurre a la cera, mientras que otra detalla que optó por la depilación con láser en las axilas y el bozo.
Las cuatro aseguran haber recibido apoyo de sus familias, que se rebuscaron entre todas las opciones y hasta consultaron con médicos antes de elegir entre los diferentes métodos de depilación.
Pero también, dicen, varias de su grupo no se depilan y tampoco parece importarles; el tiempo dirá si se mantendrán ajenas a este hábito en el largo plazo. De hacerlo, serían la excepción a la regla.
Las cifras ayudan a dimensionar lo que parece obvio: según una encuesta global realizada por Philips, el 99,2% de las mujeres afirma depilarse alguna parte del cuerpo. Los porcentajes varían según la zona, siendo los más altos los que corresponden a las piernas, axilas y pubis (cavado).
El tema del depilado responde generalmente a lo social. El vello siempre tiene un efecto protector sobre la piel El tema del depilado responde generalmente a lo social. El vello siempre tiene un efecto protector sobre la piel
Muchos mandatos asociados a la feminidad se han ido revisando de a poco: los tacos se eligen cada vez menos por sobre el calzado cómodo y el maquillaje ya no es un hábito infaltable para salir de casa, sino que es una opción más, al igual que casarse y tener hijos.
Pero el ritual de la depilación trasciende generaciones y se sigue perpetuando con la misma o mayor fuerza. El éxito a la hora de instalar este mandato ha sido tal que muchos incluso hoy lo siguen vinculando con la higiene, el mayor mito de la depilación femenina. “El tema del depilado responde generalmente a lo social. El vello siempre tiene un efecto protector sobre la piel”, apunta la presidenta de la Sociedad de Dermatología del Uruguay (SDU), Agustina Acosta.
Si bien la edad promedio de inicio ronda los 12 años, también se percibe un número creciente de preadolescentes e incluso niñas interesadas en depilarse, lo que se atribuye, en muchos casos, a un adelanto de la pubertad. El motivo, sin embargo, no parece ser únicamente biológico: algunos estudios advierten sobre el impacto de las redes sociales, un nuevo agente que se suma a la presión social para depilarse. La investigación Descubriendo la norma de la depilación, realizada por el Departamento de Psicología de la Universidad Técnica de Medio Oriente, señala que si bien las redes tienen el potencial de visibilizar movimientos que desafían el estándar, en general tienden a reforzar este y muchos otros mandatos de belleza.
Meses atrás, un video de una niña de siete años sometiéndose a una depilación con hilos en su entrecejo fue ampliamente comentado, pero no necesariamente cuestionado. Basta con leer varios de sus primeros comentarios:
—“Se llama aseo personal, nada que ver con la edad” —escribió Samuel.
— “Mi hija tiene cinco años y ya se preocupa por sus pelos” —comentó Ana.
—“Pero ¿no le van a volver a crecer? ¿No es mejor pagar un tratamiento con láser de una? —dijo Darío.
—“Muchas veces no es vanidad, es poner un alto al bullying” —escribió otra mujer.
¿Porque quiero o porque debo?
Querer o no querer. A esas dos palabras parece limitarse la cuestión. Se depila, en teoría, quien quiere. Pero al indagar en las razones que llevan a las mujeres en su pubertad o adolescencia a depilarse, aparece “una imagen más compleja”, según el estudio Descubriendo la norma de la depilación. “Las mujeres comienzan a depilarse por presión social y continúan haciéndolo por razones de atractivo o feminidad”, sostiene el informe. Entonces, la decisión ya no parece tan opcional como la de ponerse o no un brillo labial.
Consultadas por Galería, un grupo de ocho madres de niñas de entre 11 y 12 años detallaron los motivos que giraron alrededor de la primera depilación de sus hijas. “El tema surgió cuando empezó a sentirse incómoda por verse con más vello”, cuenta una de ellas. En otro de los casos, la niña de 11 años “estaba observando mucho a sus compañeras y comparándose”, relata la madre, quien, junto con su hija, decidió que la mejor opción para comenzar sería la decoloración. “Pasado el invierno no quería usar shorts, ¡ni manga corta!”, agrega.
Otra madre cuenta que el detonante para que su hija se depilara las axilas con máquina de afeitar por primera vez fue un concurso de baile. “Sus compañeras más grandes no tenían pelitos. Apoyé la inquietud y buscamos esa solución”.
Dentro de un aparentemente simple “querer o no querer”, en la decisión de depilarse por primera vez entran cuestiones tan sensibles como la comparación, la exposición al bullying o la autoestima, asuntos que en casi todos los casos parecen volverse claves para los padres a la hora de optar con sus hijas por la eliminación del vello visible, no como una opción más, sino prácticamente como la única posible.
Depilación de niñas
La psicóloga Yanela Lima apunta que “en la adolescencia hay fragilidad, porque más importante que la opinión de los padres o de otros adultos es la mirada del grupo de pares. Y si hay una desaprobación, eso va a generar inseguridad por más que la persona sea segura”, sostiene Lima, integrante de la Comisión de Género de la Coordinadora de Psicólogos del Uruguay.
Además, para las madres, la adolescencia de una hija puede remitir a su propia adolescencia y a cómo la vivió; posiblemente, entonces, una decisión como la de acompañar o impulsar la depilación de su hija sea tomada —aunque sea inconscientemente— con base en su propia experiencia. Sobre este punto, la dermatóloga Agustina Acosta agrega que la conversación con las madres es una parte fundamental cuando acuden a la consulta con sus hijas. “Tenemos que charlar sobre su experiencia, ya que uno tiende a transmitir la vivencia de cada uno a sus hijos”.
En ningún caso, no obstante, se recomienda que la decisión sea unilateral; mucho menos tomada solamente por los progenitores sin el consentimiento de sus hijas. A esto se refiere la presidenta de la SDU: “Es fundamental que la adolescente quiera hacerlo. Aunque se requiere el consentimiento de los padres, también necesitamos el del paciente. No es recomendable imponer un tratamiento si la adolescente no lo desea”, sostiene.
Semanas atrás, una entrevista de Infobae a la modelo y diputada Amalia Granata desató la polémica, justamente, debido a sus declaraciones en torno a la depilación de su hija: “Desde los 15 que la hago depilarse con láser. O sea, vos no vas a tener un pelo, a mí no me importa. La llevé de los pelos a hacerse láser”, contó.
Es fundamental que la adolescente quiera hacerlo. Aunque se requiere el consentimiento de los padres, también necesitamos el del paciente. No es recomendable imponer un tratamiento si la adolescente no lo desea Es fundamental que la adolescente quiera hacerlo. Aunque se requiere el consentimiento de los padres, también necesitamos el del paciente. No es recomendable imponer un tratamiento si la adolescente no lo desea
Para Lima, lo de Granata “tiene que ver con alguien que está viéndose a través de esa hija en su propia adolescencia, con una identificación que no es saludable”, ya que no respeta la individualidad de la adolescente. “Cuando se dan ese tipo de reacciones casi siempre tiene que ver con que esa persona está haciendo un viaje a su propia adolescencia y desde un lugar de violencia. Esa mamá está cometiendo negligencia”, enfatiza la psicóloga.
Por su parte, para la artista, abogada, activista y escritora argentina Lala Pasquinelli, el mensaje de la modelo es un claro ejemplo de “control del cuerpo de las mujeres ejercido por otras mujeres, que son las encargadas de introducirlas en modelos de feminidad cada vez más tradicionales, en un contexto en el que parece haber una vuelta a querer vivir como nuestras bisabuelas”. En esa línea, la autora de La estafa de la feminidad también cuestiona la imagen de “buena madre”, que es la que produce una “buena hija”, es decir, “educada en la feminidad sumisa, que acepta el control sobre su cuerpo, sumisamente”. “Muchas madres sienten que fracasaron si sus hijas tienen los cuerpos llenos de pelos, o si son bulleadas en la escuela por tener pelos”, agrega, y hace hincapié en la responsabilidad como adultos de adquirir herramientas para comprender el trasfondo detrás del acto de depilarse. “Una niña no tiene los elementos para comprender las consecuencias a corto y largo plazo de estas decisiones".
Pero aún más importante que tomar la decisión en conjunto, es poner sobre la mesa los verdaderos motivos que están llevando a la adolescente a deshacerse de sus vellos visibles al igual que su madre, abuela, bisabuela, tatarabuela. “Lo más importante es darle un significado, como a otras cuestiones culturales asociadas a la belleza. Se tiene que entender que uno no es más ni menos bello porque tenga o no tenga pelos”, agrega la psicóloga Yanela Lima.
Un estándar tan doloroso como arraigado
Alcanza con buscar en internet “depilación en niñas y adolescentes” para entender cuán profundamente arraigado está este mandato: uno encuentra —al menos, en la primera página de resultados— todos los cómo, pero ningún por qué. ¿Cuándo empezar? ¿Qué método utilizar? ¿Qué trucos hay que tener en cuenta?
Algunos de estos sitios web comienzan hablando del antiguo Egipto, de cómo las mujeres en aquellos tiempos se pasaban ceras naturales para eliminar sus vellos, y cómo la piel depilada se asociaba a la higiene y pureza. Estos mensajes tienen por objetivo, en general, perpetuar este ritual en el entendido de que está lejos de ser un capricho actual. Siempre fue así.
¿Y si contaran que en el antiguo Egipto los hombres también se depilaban con cera, al igual que las mujeres? ¿O por qué, en los últimos siglos, la eliminación de los pelos de diferentes partes del cuerpo pasó a ser un mandato aplicable solo al sexo femenino? Seguramente, cambiarían mucho las respuestas.
Pasquinelli asegura que la identidad femenina se construyó históricamente en torno a la idea de ser “elegidas y aceptadas”. “Si no lo somos, pareciera que fracasamos en la vida. Entonces, cualquier costo hay que pagarlo”, subraya.
A lo largo de los siglos, el cuerpo y la vida de las mujeres ha sido regulado de diversas maneras, física y moralmente, tanto a través del matrimonio obligatorio y la reproducción como a través del dinero y ausencia de independencia económica.
Actualmente, pese a la infinidad de avances en términos de derechos y autonomía en los últimos cien años, la belleza y sus mandatos aparecen “como una forma mucho más sutil, pero también más eficiente, de control sobre el cuerpo de las mujeres”, indica Pasquinelli. “Es una forma muy eficiente de modelar la voluntad, la psiquis y el deseo de las mujeres, a través de estos rituales y consumos, dentro de los que se encuentra la depilación”.
Pasquinelli asegura que la identidad femenina se construyó históricamente en torno a la idea de ser “elegidas y aceptadas”. “Si no lo somos, pareciera que fracasamos en la vida. Entonces, cualquier costo hay que pagarlo”, subraya.
Recientemente, sobre todo a partir del caso del violador y abusador infantil Jeffrey Epstein, se abrió la interrogante acerca del origen de los mandatos impuestos sobre las mujeres asociados a los rasgos infantiles o preadolescentes: piel lisa y suave, rasgos juveniles, ausencia total de vello corporal, cuerpo liviano (o sea, delgadez). Pasquinelli habla, sin tapujos, de una “cultura pedófila” que privilegia estas características. “Las mujeres adultas tenemos vello en todo el cuerpo; sin embargo, la moda actual es la depilación total. Parece difícil unir estos fenómenos, como el caso Epstein, con nuestra vida cotidiana. La depilación funciona como un rito de pasaje hacia un cuerpo que se dispone para ser mirado”, sostiene. En ese sentido, agrega que más allá del método elegido, la depilación “es dolorosa, y es una de las primeras experiencias conscientes de sufrimiento en nombre de la feminidad”.
Para la psicóloga Yanela Lima, resulta fundamental que las niñas desde muy temprano tengan claro que la belleza “no es sacrificada”, sino que “es algo mucho más profundo que lo que vos le vayas a hacer a tu cuerpo de manera artificial”. “Son conversaciones que hay que tener”.
Además del sufrimiento en pos de un ideal estético, el mandato de la depilación trae aparejado algo mucho más complejo, según Pasquinelli, la idea de que ser mujer implica dolor, que hay que “corregirse” y “hay que aceptar la violencia sobre el cuerpo en nombre de la feminidad, para ser miradas y elegidas” o, incluso “no violentadas”, como en el caso del bullying.
Ante todo, consultar
Las madres de niñas de 11 y 12 años consultadas aseguraron que fueron sus hijas quienes decidieron comenzar a depilarse. Los métodos, no obstante, fueron analizados en conjunto. De momento, contaron que recurren a máquinas de afeitar y cremas depilatorias.
Por su trabajo como dermatóloga y desde el rol de presidenta de la Sociedad de Dermatología del Uruguay, Agustina Acosta observa que la depilación en niñas y adolescentes “es una consulta cada vez más frecuente”. Plantea como algo positivo que se acerquen a profesionales como pediatras y dermatólogos —generalmente, junto con sus madres— antes de tomar la decisión. “Esto es real, lo vemos mucho: adolescentes que vienen por control de lunares o por acné y, en la misma consulta, plantean dudas sobre la depilación en general y, específicamente, sobre la depilación láser”, comenta.
Las primeras inquietudes coinciden generalmente con el inicio de la menstruación, aunque se relacionan en casi todos los casos con lo social, cuenta Acosta. “En la escuela primaria quizás no se fijan tanto en el vello, pero al pasar al liceo cambia la maduración emocional y les empieza a molestar un poquito más. Muchas veces el vello ya estaba antes, pero con ese cambio social surgen las preguntas”, apunta.
Como dermatólogos, el rol consiste en orientar, informar y adaptar las recomendaciones a cada caso, priorizando la salud de la piel y el bienestar del paciente, muchas veces cuando la decisión por parte de las niñas y sus padres ya está tomada. “Lo importante es asegurarse de que la decisión no esté mediada por presión externa o malestar no expresado”, dice Acosta, quien también es profesora adjunta en la Unidad Académica de Dermatología, con orientación en dermatología pediátrica.
Las primeras inquietudes coinciden generalmente con el inicio de la menstruación, aunque se relacionan en casi todos los casos con lo social
En la consulta se evalúan todas las opciones, desde las depiladoras eléctricas hasta las cremas, cera, láser y máquinas de afeitar; se evalúa el objetivo, las zonas a depilar, la tolerancia al dolor. “El rasurado suele ser la primera experiencia porque es menos doloroso, aunque no es el método ideal a largo plazo, porque puede favorecer la foliculitis. A veces lo utilizamos como algo transitorio”, explica.
Con respecto a la depilación láser, dice que “no hay una contraindicación absoluta” en niños o adolescentes. Incluso, en casos de patologías como la hipertricosis —crecimiento excesivo de vello en alguna parte del cuerpo— puede indicarse en edades tempranas.
Cuando es exclusivamente cosmético, hay que tener en cuenta que si se realiza antes de la menarca, los cambios hormonales engrosan el pelo y facilitan su crecimiento. “Puede no ser tan definitivo, por eso recomendamos que hayan pasado uno o dos años desde la primera menstruación”, sostiene.
Lo recomendable, en general, es que el comienzo sea gradual. La decoloración, por ejemplo, suele ser un método sugerido hasta que la paciente decida si quiere o no depilarse, y bajo qué método.
En cualquier caso, entender cómo opera este estándar para tomar una decisión consciente, cualquiera sea, es, quizás, el mejor punto de partida.