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Cristina Lustemberg: “Siento que llegué a la política para ejercer el poder, no para transitar”
La ministra de Salud Pública tiene una forma de trabajar basada en la escucha, los consensos, la información y la empatía; priorizando temas de infancia y de la mujer, y buscando reducir la brecha de desigualdad también en la salud
La ministra de Salud Pública considera que la carga de cuidados de las mujeres es uno de los principales impedimentos para acceder a espacios de poder.
Cada paso que da Cristina Lustemberg está sustentado en evidencias y datos. Estudia, pregunta y escucha. Arma una carpeta con información para cada tema. Incluso esta entrevista la preparó como si fuera un examen de facultad. Su vocación se despertó a los cinco años, según recuerda su tía, pero la personalidad sensible, empática, pasional y trabajadora se fue forjando en libertad gracias a referentes familiares, de la medicina y la política.
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La pediatría es su vida. Ayudar a las familias y acompañarlas en el crecimiento de sus hijos ha sido su cometido como médica. Sin embargo, una charla con el expresidente José Mujica la convenció de dejar la práctica profesional y transitar el camino de la política para generar acciones gubernamentales transformadoras. En dos décadas en la arena política, fue referente del Área de Niñez y Adolescencia de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), coordinó el programa Uruguay Crece Contigo de Presidencia de la República, fue subsecretaria de Salud Pública y diputada, e integró diversas comisiones de salud. En octubre de 2024 resultó electa senadora y el 7 de marzo asumió como ministra de Salud Pública con el objetivo de fortalecer el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) y reducir las desigualdades.
En los 12 años de exilio en Cuba, aprendió sobre solidaridad, generosidad y a construir lazos; creció sin privilegios, añorando regresar a Juan Lacaze, donde están sus raíces y las de su esposo, Gustavo, gran apoyo en su crecimiento profesional y político. Siempre supo que quería ser madre de seis o siete hijos, pero por momentos la maternidad le fue esquiva, hasta que un diagnóstico temprano le permitió completar tres embarazos.
Considera que el rol de cuidados de las mujeres es uno de los principales impedimentos para acceder a espacios de poder, por lo que terminan siendo expulsadas del sistema. Pero está convencida de que una mayor competencia de mujeres en política uruguaya fortalecería la democracia. En este momento, Lustemberg siente que tiene mucho más para dar en política y apuesta a una nueva forma de trabajar, con consensos que solucionen los problemas reales de la ciudadanía. En las próximas elecciones, anhela que cada partido político alcance la madurez suficiente para presentar una candidata mujer a la presidencia de la República. Y, en lo personal, tiene la convicción de que no va a parar hasta que todo sea como lo sueña.
Desde los cinco años mostró vocación por la medicina, ¿de dónde surgió?
Fue naciendo, pero es verdad que siempre tuve muy marcada mi vocación. Una de mis tías siempre recuerda que yo decía que quería ser médica para atender niños. Mi madre es maestra, psicopedagoga jubilada, y mi padre es trabajador de la industria del medicamento, pero mi tío, el doctor José Lustemberg, influyó mucho en mí. Nunca cambié, desde muy chica siempre quise ser médica para atender niños. En esta oficina, tengo ese mural con fotos de niños que me recuerdan la verdadera esencia de por qué elegí estar en las políticas públicas y después dar el paso a la inserción política. En la formación de pediatría siempre deseaba que llegara un curso vinculado a la salud de las mujeres y de los niños, y siendo estudiante aprendí mucho cuando trabajé en el INAU (Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay) como cuidadora especial en el centro con mamás adolescentes o viendo partos con mi tío médico y el doctor Laborde. Mi tío siempre me decía que había que escuchar a las enfermeras porque uno trabaja en equipo. Eso quizás es lo que más me costó dejar al integrarme a la política; me encanta el consultorio, la ambulancia, y estar detrás de cada situación. Pero, bueno, un día entendí que en la política uno logra esa herramienta transformadora de hacer cosas por el otro. Entonces, sí, la pediatría es mi vocación total, me siento muy cercana con la medicina familiar y comunitaria. No concibo estar en estos lugares sin tener empatía, sin pensar en lo que está pasando a esa familia y me duele cada niño que fallece de una forma evitable. Me han dicho que no tengo que ser tan sensible pero, por el contrario, la extrema sensibilidad de las mujeres no nos hace perder la firmeza para tomar decisiones.
¿Qué otras experiencias recuerda de su infancia antes del exilio?
Soy oriunda de Juan Lacaze, pero nací en Montevideo, y mis vecinos de La Blanqueada recuerdan que dejaba los zapatos en la puerta del edificio y jugaba descalza en la vereda. Ahí viví hasta los ocho años, y recuerdo ser muy cuidada por mis abuelos en una etapa de mucha inestabilidad política en la que mis padres estaban muy comprometidos. Con mi hermana Ana, cinco años menor, íbamos a jugar con mis primos en Juan Lacaze, y mis abuelos paternos nos cuidaban mucho.
Después me recuerdo desde muy chica asumiendo responsabilidades cuando nos fuimos del país. Mi madre era maestra de escuelas de contexto de mucha vulnerabilidad social y cada tanto venían niños a quedarse a mi casa o compartíamos esas experiencias de conocer la playa por primera vez. Entendía que no todos los niños teníamos las mismas oportunidades ni posibilidades y eso siempre me fue marcando.
Llegaron a Cuba a sus ocho años, ¿cómo le afectó dejar la familia?
Fue una etapa dura para todos los exiliados, te sumergías desarraigándote de tu país, de tu familia, y sin saber si podías volver. Pero también fue una etapa, no me refiero a la situación política ni coyuntural, de mucha generosidad y solidaridad de los cubanos que nos ayudaron a adaptarnos. Cuba fue una etapa donde hice muchas amigas y a mi hermana y a mí nos marcó muchísimo.
Hasta aprendió a bailar salsa, ¿es buena bailarina?
Cuando llegué me costaba, pero aprendí a bailar. Ahí la música se siente, se contagia. Me gusta mucho bailar, pero mi hermana es la que mejor baila.
¿Qué sintió al recibir de regalo su primer par de jeans de Alberto Couriel?
Y bueno, pasé a tener los mejores jeans de toda la isla. Mis dos padres nos criaron muy vinculados a la realidad cubana de no tener beneficios por ser extranjeros. Y una vez, cuando Alberto y Clarita fueron a la isla, no podían creer que no tuviera vaqueros, entonces, al regresar me regalaron dos. Ese regalo siempre lo recordamos a nivel familiar y de mis amigas.
Cristina Lustemberg
Adrián Echeverriaga
Después de haber crecido sin privilegios, ¿cómo encararon con su esposo la crianza de sus tres hijas?
Y bueno, son sociedades totalmente diferentes y no comparables. Mis hijas se criaron con unos padres que no fueron directamente muy privilegiados, pero sí privilegiados en educación, afectos y valores. Ellas se criaron con valores, teniendo lo necesario y sabiendo que lo material no es lo más importante. Mis hijas valoran lo que tienen, lo que hemos logrado como familia, son muy sensibles a lo que les pasa a los otros; eso es muy importante para mí.
¿La maternidad fue buscada por largo tiempo?
Sí, mi hermana siempre decía que si alguien quería elegir la maternidad esa era yo. Perdí varios embarazos antes de tener a mi primera hija. Di con un ginecólogo que encontró que tenía una falla hormonal, pero mis hijas no son de tratamientos de alta especialidad. Para mí la maternidad era muy importante. Las mujeres tienen que tener la posibilidad de elegir y por eso creo en los derechos en salud sexual y reproductiva. Tiene que ser algo consensuado en la pareja, y el Estado también tiene que estar presente, porque la carga de cuidados después limita muchísimo tu crecimiento personal, profesional. En mi caso, si no hubiera tenido el apoyo de toda una red familiar, de amigos, de vecinos y con recursos económicos, hubiera sido difícil llegar hasta acá. Para mí la maternidad era mi proyecto de vida; es más, quería tener cinco, siete hijos; pero hoy no sabría cómo compatibilizar todos los roles. La llegada de mis tres hijas fue muy importante, la última la tuve a los 38, realmente fue muy buscada.
¿Cómo manejaban la angustia cuando no quedaba embarazada?
Eso es muy difícil, pero en mi caso, cuando tuve la segunda o tercera consulta, ya supe que era un problema corregible. Cada pérdida es un momento angustiante, doloroso, que atravesé en diferentes etapas, pero no te olvidás. Por eso entiendo a quienes tienen problemas de esterilidad o infertilidad complejas. La Ley de Reproducción Humana Asistida ha sido un hito muy importante. Si bien tenemos un tema con los copagos, estamos revisando cómo tener mejor acceso, pero fue un salto cualitativo.
Una de sus hijas sigue medicina, ¿está feliz?
Sí, terminó segundo año de medicina, pero con mi esposo, neurólogo ya jubilado, tratamos de ser cautos y que no se sientan presionadas por los padres. Tratamos de mantenernos al margen y que sean decisiones totalmente elegidas.
¿Cuándo se conocieron con su esposo?
En enero del 86. Llegamos a Uruguay el 23 de diciembre del 85 y fuimos directamente a Juan Lacaze, donde estaba toda la familia. A mi esposo lo conocí a semanas de llegar a Juan Lacaze porque un primo me presentaba a medio Colonia con tal de que generara arraigo y no me volviera. Él estudiaba medicina, dos generaciones mayores que yo, y ahí se fue dando el vínculo afectivo, fue una atracción paulatina, nos casamos en el 91 y estamos juntos hasta el día de hoy.
Al ser médicos, ¿cómo compatibilizaban sus guardias con la familia?
Fueron decisiones conversadas de compartir los cuidados. Además, recibimos el apoyo de nuestras familias, amigos, y tuvimos la posibilidad de pagar a personas que también nos ayudaron. Nosotros compartimos esos roles pero, cuando lo llevo a nivel político, la baja participación de las mujeres en diferentes ámbitos es una debilidad de esta democracia. Leí la entrevista en Galería a Carmen Correa (CEO de ProMujer), y decía que solo el 15% de las mujeres son CEO en América Latina, o sea, no pasa solamente en Uruguay. Fui diputada en dos períodos, hoy soy senadora electa en funciones de ministra de Salud Pública, y en esta legislatura, de 129 legisladores, no llegábamos a ser 38 mujeres electas. Las mujeres que trabajamos sabemos las dificultades que pasamos para estar en lugares de decisión. Hace poco leí un libro, El síndrome Borgen de Nuria Varela, en donde se ven las inequidades y las desigualdades que tenemos las mujeres al atravesar diferentes roles. Entonces, la carga de cuidados de los hijos, de personas dependientes y con discapacidad ocupa dos tercios de nuestro trabajo no remunerado, a diferencia de los hombres. Y la actividad política no está pensada para la participación de las mujeres, las decisiones se toman en horarios nocturnos o extensivos, donde es muy difícil compatibilizar.
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¿Por qué continúan las barreras?
Porque son muchísimas. Me gustaría hacer énfasis en que las mujeres hemos sido históricamente relegadas en los espacios de poder. Por ejemplo, la Universidad de la República nunca tuvo una rectora. En el sistema político avanzamos con la cuota, pero ahora con la ley de paridad hay una discusión en la que no hemos avanzado. ¿Por qué en Uruguay no se puede dar la posibilidad de tener una presidenta mujer? Somos de los pocos países en América Latina que no hemos tomado esa decisión, de cualquier partido político, no estoy hablando solamente desde mi fuerza política. Para las mujeres una de las limitantes muy importantes es la carga de cuidados, pero también tenemos que avanzar en otros aspectos. Yo soy muy coqueta, siempre lo fui, y dentro de mis posibilidades me gusta mucho el autocuidado, acabo de cumplir 60 años, y estoy con el tema del envejecimiento y los efectos del climaterio. Incluso cuando hacía guardias, mientras algunos salían a tomar café, a mí me gustaba maquillarme para sentirme un poco más viva. El otro día, una amiga me preguntó qué me iba a poner para la entrevista con Galería. Cuando veo a mujeres en el ámbito científico, sindical, empresarial, a ustedes como periodistas, veo que los espacios de poder en nuestro país son ámbitos muy masculinizados. Entonces tenemos que dar un salto cualitativo en la participación de las mujeres en ámbitos de decisión.
¿Debería funcionar nuevamente la bancada bicameral femenina para luchar por una agenda común de las mujeres?
Ellas fueron pioneras. Cuando fui diputada intentamos darle fuerza, porque fue una coyuntura muy importante con Margarita Percovich, Glenda Rondán, Beatriz Argimón, Mónica Xavier. Hoy creo que ese casi 30% de mujeres a nivel parlamentario tiene herramientas para manejarse en el Parlamento. Los ámbitos que nos unen a las mujeres son ámbitos donde se ponen determinados temas en la agenda, pero también hay que convocar a más varones. La agenda de los derechos no puede ser una agenda que reclamemos solamente las mujeres. Porque, cuando una mujer llega a un espacio de poder, llegamos muchísimas más. Pero ¿por qué las mujeres ganamos menos que los varones en la misma tarea remunerada? No nos estamos victimizando, pero las mujeres tenemos dificultades reales. Como médica pediatra me presenté a un trabajo y, teniendo más méritos quizás que otros dos colegas, eligieron a un varón porque no se iba a embarazar, ni tener licencia maternal. Sin embargo, en los ámbitos académicos el 52% son egresadas universitarias y pocas llegan a ser grado 5. Bueno, lo mismo pasa en la participación política. El Frente Amplio tiene la paridad muy construida en su fuerza política, pero debería ser un desafío para todos los partidos. Así como en su momento funcionó la bancada bicameral femenina, hoy tenemos que avanzar en una ley de paridad, porque las mujeres tenemos que hacer más esfuerzo, demostrar nuestra validez, tenés que ser cuidadosa de tu carácter y cómo te puedan evaluar. Entonces, el rol de la bancada bicameral fue pionero y quizás hay que retomarlo con más fuerza, pero involucrando a los varones. Cuando trabajé la ley de infancia (Garantías para la Primera Infancia, Infancia y Adolescencia), durante siete años en el Parlamento logramos trabajar con todos los partidos, con mucha escucha y alcanzando los consensos necesarios para que saliera adelante. El Uruguay va a ser más democrático cuando haya más mujeres en los diferentes espacios de decisión.
Usted es una mujer política que no se ha masculinizado.
La política te lleva a tener ese biotipo duro. Hace años me hicieron una nota que titularon La política que llora y he tenido conversaciones con mujeres como (Michelle) Bachelet o María Julia Muñoz, que saben que yo soy muy sensible ante la música, ante la lectura, ante alguien que me está contando lo que le pasa, y eso no me hace más débil. Pero parece que en política las mujeres tenemos que tener un rol de más dureza, de ocultar los sentimientos para no parecer débiles. Y estoy totalmente en contra, no es que ande llorando por todos lados, pero en situaciones de fallecimiento, acompañando a pacientes en etapas terminales o cuando hacía la ambulancia yo sufría a la par de esas familias, y eso no me hacía ni más débil ni incapaz de tomar decisiones con firmeza y rigurosidad desde el punto de vista profesional. Siento que la gente está cansada de cómo es la política en líneas generales. Yo formo parte de una política que no debe ser autorreferencial, porque hoy está llena de gente que se autorreferencia constantemente, hace un show y la mediatiza. Con las redes hay que cuidar las formas; podemos disentir, pero las mujeres lo sufrimos especialmente cuando somos atravesadas por una inequidad de género, con juicios y valoraciones de nuestras opiniones. Pero me niego a que haya que adoptar ese biotipo más masculino del poder. Por suerte las generaciones más jóvenes comparten los cuidados y tienen roles más respetuosos en lo que es la igualdad de género. Nosotras queremos igualdad, paridad, pero no voy a perder mi esencia.
Cristina Lustemberg
Adrián Echeverriaga
Pero a los hombres no los mandan a lavar los platos…
No, pero a las mujeres también les digo que no seamos tan duras con nosotras mismas, porque a veces me dicen que repetí una chaqueta o que tenía cara de cansada, esas cosas que a ningún varón se le cuestiona. Nosotras tenemos muchas cargas, pasa en el tránsito, en las discusiones por redes, esas son algunas de las razones por las que las mujeres se alejan de la participación política. Por eso me gustaría que más mujeres jóvenes se acerquen a la política como una herramienta de transformación colectiva.
Ya en el primer año del gobierno de Yamandú Orsi, es la ministra mejor valorada por la gente, a pesar de que los temas en los que ha trabajado (infancia y mujeres) no tienen rédito político. ¿En qué situación se encuentran las enfermedades con sesgo de género, mal o subdiagnosticadas?
Sí, históricamente la mayoría de las investigaciones se hacen en varones y hay poca inversión en la ciencia vinculada a las mujeres. Cuando empezamos a trabajar en el Parlamento escuchamos a colectivos de mujeres, y hoy podemos decir que vamos a comunicar acciones concretas para mujeres que cursan estas enfermedades invisibilizadas o estigmatizadas. También vamos a reglamentar la fibromialgia, y trabajamos en otros problemas que tienen que ver con desigualdades intergeneracionales, inequidades territoriales en indicadores de salud, mortalidad infantil, en el embarazo de niñas y adolescentes, desigualdad étnico-racial, pero la desigualdad de género es muy marcada. Continuaremos con capacitaciones con el equipo de nutrición y el de salud sexual y reproductiva dirigidas a mujeres en el parto y en el puerperio, para detectar situaciones de depresión puerperal y dificultades en el área de salud mental. Pero también vamos a fortalecer la capacitación y la detección en violencia basada en género. Se reconvocó a la Comisión Asesora en Derechos en Salud Sexual y Reproductiva para determinar las brechas del sistema de salud en el acceso a esa canasta básica para poder elegir qué anticoncepción usar o saber qué derechos tenemos en la maternidad y la paternidad. Hoy estamos fortaleciendo nuestros equipos de salud porque cuando los escuchamos detectamos desigualdades hasta en las enfermedades cardiovasculares.
¿Qué pasa con ese tema?
Los infartos y las enfermedades cardiovasculares son las causas más frecuentes por la cual fallecemos y nos enfermamos las mujeres. Las enfermedades oncológicas ocupan un lugar importante, pero es más frecuente infartar y pasar desapercibido o subestimado por parte de los equipos de salud.
¿Cuáles son los síntomas?
Me acuerdo de haber ido a atender a un niño y la madre me consultó por un malestar digestivo y con un dolor raro, que por momentos se le iba al cuello o al brazo izquierdo, se sentía rara. Cuando pedí apoyo al médico de adultos porque podía estar cursando un infarto, lo primero que pasó fue que subestimaron mi capacidad médica y me dijeron: “Cristina dedicate a ver al niño, mirá si esa mujer joven va a tener un infarto”; y de hecho tenía un infarto. Entonces esas cosas pasan a diario, por eso la campaña Nos Vestimos de Rojo, de la Sociedad de Cardiología, visibiliza los cuidados que disminuyen ese factor de riesgo como no fumar, alimentación saludable, hacer actividad física. Hay síntomas similares a los hombres y otros que no: si hay malestar, arritmia, se debe consultar con la cardióloga, controlar la presión arterial, hacer un perfil lipídico.
¿Qué otras acciones se implementarán este año?
En el Ministerio de Salud Pública trabajamos en todos los temas de diversidad. A mí me desvela asegurar servicios de salud de calidad, con acceso a la salud de las mujeres con un enfoque integral, interseccional y amigable. Nuestro sistema nacional invierte casi el 10% del PBI (Producto Bruti Interno) de nuestro país, con una alta carga del gasto público social, es de los que mayor invierte en América Latina, pero tenemos que dar un salto cualitativo. Los temas de salud mental son de las prioridades más grandes de este gobierno. Uruguay tiene una alta tasa de suicidios, por lo que destaco la conformación en el Parlamento de una comisión bicameral vinculada a estos temas. También trabajamos en una estrategia nacional para fortalecer los servicios y equipos de atención, con licenciados en psicología, enfermería, trabajadores sociales, y en este primer semestre vamos a comunicar acciones sustantivas, como ya hemos hecho en otras áreas. La agenda de género, a la que nos comprometimos el 8 de marzo pasado, junto con las políticas de infancia y adolescencia son un eje sustantivo en el ministerio. Y me interesa que las prioridades queden claras para la ciudadanía. Desde el 2018 teníamos un atraso en el acceso a procedimientos y medicamentos a través de las mutualistas, de ASSE y los financiados por el Fondo Nacional de Recursos. Desde diciembre pasado, la cirugía laparoscópica de la apendicitis es gratuita, ningún prestador la puede cobrar, y seguiremos incorporando otras cirugías laparoscópicas.
Además, incorporamos un ticket regulado de medicamentos para los anticoagulantes orales directos, tres medicamentos de altísimo consumo para prevenir trombosis venosas profundas, que se cobraban hasta 12.500 pesos y hoy pagan 260, 270 pesos. También incorporamos un dispositivo nuevo para el control de la insulina en niños con una inestabilidad metabólica muy importante. Desde ahora los protectores solares los puede indicar cualquier médico. ¡Qué cosa absurda y limitante que solo lo pudiera indicar el dermatólogo!; y para llegar a uno había que tener un pase a especialista, me costaba mucho entenderlo. También trabajamos en los tiempos de espera en procedimientos quirúrgicos en oftalmología, que en ASSE había más de 300 niños en espera y hoy ya casi los resolvimos en un 100%. Los tiempos de espera en líneas generales mejoraron un 15%, un 6 % en las listas de cirugías, pero todavía estamos muy lejos de lo que debemos alcanzar.
Pero en este año de transición, de muy poca disponibilidad presupuestal, logramos trabajar lo máximo que pudimos. Creo en la conducción política con una gestión altamente profesionalizada, con una planificación en 10 prioridades, con 128 indicadores de resultados; estamos fortaleciendo los sistemas de información, incluyendo la perspectiva de una inversión en infraestructura en todo el SNIS, con centros de referencia de alta tecnología y una disponibilidad de las tecnologías de la información que permita disponer de información en tiempo real.
Entonces las mejoras del sistema no implican solamente fondos, ¿se necesitaba planificación en la gestión?
En todas las áreas de la salud se precisan recursos económicos, pero no todo se resuelve con eso, se necesita la decisión de una planificación en la gestión organizada, basada en resultados, y que los problemas se identifiquen de forma transversal para que después cada uno haga lo que tenga que hacer. De hecho, ese es el rol que nosotros asumimos en el ministerio, primero reordenarlo, porque tenía áreas que no se conectaban entre sí, con sistemas de información dispersos.
Soy ministra de todos los ciudadanos del país, de los que nos votaron y los que no. Por eso trabajamos fuertemente en la modernización del SNIS, fortaleciendo los nodos de atención por telemedicina y los ejes de atención en el país, pero mis desvelos más grandes son achicar las brechas de desigualdad. Quiero que la gente se sienta cerca de un Ministerio de Salud Pública que soluciona sus problemas reales, donde haya complementación entre las instituciones públicas y privadas, porque no concibo que alguien del norte del país venga a hacerse una tomografía a Montevideo. El año pasado en ASSE se inauguraron cinco tomógrafos y al terminar el 2027 habrá tomógrafos en todos los departamentos y los resonadores se van a complementar con la red de prestadores privados. El eje central es resolver los temas de salud de la ciudadanía.
En todos los partidos hay muchas mujeres militando, pero los problemas comienzan cuando deciden competir por un lugar en la lista, ¿por qué?
Cuando competimos es cuando somos molestas. De hecho, Carmen Correa lo decía en esa nota, pero también Verónica Pérez, Niki Johnson, investigadoras, politólogas que estudian la baja participación de las uruguayas, que también tiene que ver con el menor financiamiento para las mujeres políticas. La política fue pensada sin mujeres en el centro, por más que haya gran participación de mujeres, y pienso en (Alba) Roballo, en Paulina Luisi, en Julia Arévalo, en esas mujeres de la bancada bicameral femenina o las mujeres jóvenes que hoy son parlamentarias. Porque históricamente la política está hecha y basada en trayectorias masculinas. Entonces a veces nos tenemos que masculinizar y tener una disponibilidad total con horarios extensos porque las negociaciones muchas veces son nocturnas.
La ley de cuotas ha sido un paso importante, pero las mujeres estamos en el tercer lugar, somos suplentes o después nos sustituyen por varones con acuerdos que nos fragilizan. Entonces, ser mujer en política no es solo competir electoralmente. Siento que llegué a la política para ejercer el poder, no para solamente transitar.
Por lo tanto el expresidente José Mujica tenía razón cuando le dijo que ingresara a la política para transformar la sociedad. ¿Al principio no le creía?
Eso fue una de las primeras cosas que me dijo Mujica, y después también Tabaré Vázquez. Yo lideraba el espacio de infancia y adolescencia de ASSE, después pasé al programa que él mismo creó, Uruguay Crece Contigo, y Mujica me dijo: “Doctora, usted es muy técnica, hay que meterse al sistema político para lograr las transformaciones. Sé que es duro para las mujeres”. Estoy muy agradecida con los que confiaron y votaron. Y hoy tengo ese lugar de aceptación que a mí me gustaría que sea cuando termine la función para que la gente no se sienta defraudada.
Su tarea en el ministerio será cumplir con lo prometido, pero ¿habrá esperanzas de tener una candidata a la presidencia de la República en las próximas elecciones?
Creo que sí, que hay que apostar por las mujeres, y esto nunca es un nombre en particular, hay muchas mujeres en todos los partidos y sería muy importante. Cuando uno visibiliza a una mujer en la ciencia, en el periodismo, una emprendedora, a las mujeres que llegaron a determinados lugares de poder, nos da mucha fuerza porque en un país como el nuestro, con el 52% de mujeres, llegamos a pocos lugares de poder. Por eso reivindico que haya candidatas en todos los partidos políticos y que en el país se dé esa transformación cultural, porque le va a hacer mucho bien a la democracia. Y, con respecto a mí hoy, lo que quiero dejar claro: nada me desvela más en mi día a día que mi función dada por el presidente de la República como ministra de Salud Pública. Mis 24 horas del día, menos mis seis, ocho, cuatro horas de sueño, están dedicadas a resolver los temas de salud de la gente. Mi equipo lo sabe, trabajamos mucho, y antes de asumir les dije: “Descansen porque desde ahora vamos a trabajar el triple”. Recorremos los lugares, yo me aparezco de madrugada, sin ningún tipo de aviso ni de difusión, a hablar con la gente en una sala de espera, a escuchar al personal de salud y a los usuarios.
¿Cuándo recarga energía?
Tengo un espacio en Punta Negra, que por suerte es mi refugio. La lectura y escuchar música también, pero mi función también me exige estar disponible las 24 horas. A mí nadie me saca de la cabeza que el Uruguay puede estar 10 veces mejor, somos un país que tiene todo, con una historia muy buena; en esos años de exilio mis padres me enseñaron a valorar el país.
En la pandemia traté de apoyar mucho al gobierno anterior para que el país tomara las mejores decisiones, aun estando en la oposición. Creo en la política del diálogo, de los consensos, creo que los buenos no estamos todos de un lado ni del otro.
Hoy nuestro tiempo está dedicado a resolver problemas. El otro día una persona dejó una cartita en mi casa en Capurro porque hacía meses que estaba en la lista de espera de cataratas en el Hospital de Ojos, y, otra vez, un padre me tocó timbre para contarme la situación de estrabismo gravísimo de su hijita que estaba en lista de espera desde 2021. Y ahí, con el equipo del Hospital Pereira Rossell, del Clínicas y el presidente de ASSE, dimensionamos esa lista de espera.
¿Atiende a todos los que se comunican?
Acá atendemos todas esas situaciones que llegan a nuestras vías de comunicación, a la oficina de atención al usuario, a mi mail o teléfono personal porque entiendo que para esas personas es su prioridad. Hay cosas que no se pueden evitar en la medicina, y nosotros estamos preparados para acompañar a las familias en la muerte y en las etapas más duras, pero lo que no puedo es acostumbrarme a que el dolor me sea indiferente. Como ministra entiendo que la responsabilidad hay que llevarla sin soberbia, acumulando saberes y pensando siempre que en el centro están las personas y nosotros estamos de forma transitoria para resolver sus problemas.