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La siesta en tiempos de hiperproductividad: ¿pereza o necesidad biológica?

Cada 11 de marzo se celebra el Día Mundial de la Siesta, una práctica ancestral que provoca debate a pesar de sus numerosos beneficios

La Real Academia Española la define doblemente como “el tiempo después del mediodía, cuando el calor aprieta más”, y “el tiempo destinado a dormir o descansar tras el almuerzo”.

Cada 11 de marzo se celebra el Día Mundial de la Siesta, una práctica ancestral que provoca debate en tiempos de hiperproductividad.

Hacer una pausa para dormir en medio del día es visto casi como un acto de pereza o falta de disciplina en una cultura que valora el hecho de estar siempre activo, disponible y produciendo. Sin embargo, los estudios confirman que esta visión contemporánea ignora por completo el verdadero funcionamiento del cuerpo. El primer factor que favorece el descanso es, sencillamente, el reloj biológico: “Estamos fisiológicamente predispuestos a la siesta”, explica la cronobióloga española María Ángeles Bonmatí. La conocida “bajada de energía” de primera hora de la tarde no es una debilidad cultural, sino una consecuencia del ritmo circadiano, ya que a esa hora del día “suele bajar”, añade.

Si coincide con el momento posterior a la comida, “esa somnolencia suele potenciarse debido al proceso de digestión”, aclara la investigadora.

La verdadera pregunta es cuánto y cómo. Bonmatí lo resume con claridad: “Se recomienda que la siesta no dure más de 30 minutos”, ya que siestas más largas “podrían interferir con el sueño nocturno”. Su explicación es gráfica: “La siesta le da la vuelta momentáneamente al reloj de arena y reduce de manera transitoria esa necesidad por dormir”.

Siesta
En sociedades donde la productividad es constante, parar a descansar puede ocasionar culpa.

En sociedades donde la productividad es constante, parar a descansar puede ocasionar culpa.

Un estudio de la Nasa, realizado con pilotos militares y tripulaciones de vuelos de larga distancia, reveló que 26 minutos de siesta mejoran el rendimiento laboral en un 34% y el estado de alerta en un 54% en comparación con quienes no duermen siesta.

Desde la medicina del sueño, el doctor Javier Albares insiste en que no se trata de un remedio improvisado. “La siesta no debería entenderse como un parche, sino como una herramienta fisiológica”.

El ser humano, recuerda, “tiene una tendencia natural bifásica al sueño: un gran bloque nocturno y un pequeño descenso de alerta tras la comida”. Incluso quienes duermen bien pueden beneficiarse de una siesta breve porque mejora la memoria y el rendimiento cognitivo.

Por el contrario, advierte que “la necesidad de una siesta larga” puede ser síntoma de una patología del sueño, una explicación con la que coincide el neurólogo Alejandro Iranzo, quien indica que cuando se “alarga demasiado la siesta, dos o tres horas”, es porque “se ha dormido poco y de mala calidad”.

Entre el estereotipo y la organización del tiempo

Para el investigador Xavier Medina, la siesta es “una respuesta fisiológica y corresponde a una adaptación cultural en relación con situaciones climáticas concretas”. Más que una identidad nacional, sostiene, “siempre ha sido un estereotipo, algo utilizado en nuestra contra”.

La paradoja es evidente: lo que durante décadas se caricaturizó como símbolo de atraso, hoy se vende en el norte como estrategia de productividad. Bajo el nombre de strategic napping, grandes empresas tecnológicas han incorporado salas de descanso tras comprobar que el rendimiento cae por la tarde.

Un estudio de la Nasa, realizado con pilotos militares y tripulaciones de vuelos de larga distancia, reveló que 26 minutos de siesta mejoran el rendimiento laboral en un 34% y el estado de alerta en un 54% en comparación con quienes no duermen siesta.

El sociólogo Manuel Javier Callejo lo resume así: “La siesta la hace quien puede”. Para él, no se trata tanto de tradición como de horarios. “La gente no duerme una siesta por identidad”, explica, sino porque madruga y “la jornada se hace larguísima”.

En sociedades donde la productividad es constante, parar a descansar puede ocasionar culpa. “Si decides conscientemente echarte la siesta, no estás perdiendo el tiempo, estás ocupándolo de manera significativa”, afirma la investigadora Josefa Ros Velasco. “Tu tiempo es tuyo”, enfatiza.

Si hubiera que resumir la siesta en una recomendación práctica, la fórmula es sencilla: breve, de entre 20 y 30 minutos, y lo bastante temprana para no robarle tiempo a la noche. Más allá de estereotipos, la evidencia científica coincide en que el rendimiento baja a primera hora de la tarde; en la práctica, hacerlo o no depende de cada persona.

FUENTE:A partir de Efe

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