La noche no invita a salir y con mi pareja estamos hartos de scrollear en silencio. Agotamos el catálogo de Netflix, los juegos de caja necesitan de tres o más participantes y la líbido no está en su punto más alto.
Los videojuegos colaborativos pueden ser un buen plan para divertirse en pareja y, de paso, aliviar tensiones, fortalecer la comunicación y redescubrir la relación
La noche no invita a salir y con mi pareja estamos hartos de scrollear en silencio. Agotamos el catálogo de Netflix, los juegos de caja necesitan de tres o más participantes y la líbido no está en su punto más alto.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAhí me acuerdo de Martín —mi amigo gamer— que en una de nuestras largas charlas mencionó la existencia de los videojuegos colaborativos, en los que los jugadores trabajan en equipo para alcanzar un objetivo en común.
Los hay de todo tipo: de resolución de acertijos, estrategia, disparos, simulación, de rol y hasta para niños. Algunos de ellos no están pensados para jugar con amigos o en línea con desconocidos, sino que son perfectos para compartir con esa persona especial, tanto así que psicólogos y terapeutas de pareja los recomiendan.
Un estudio de Greitemeyer y Osswald (2010), publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, demostró que jugar videojuegos cooperativos puede aumentar la empatía y fomentar conductas prosociales, lo que puede trasladarse positivamente a la dinámica de pareja al promover mayor apoyo mutuo y comprensión. En esa misma línea, una investigación de 2015, publicada en Games for Health Journal, reveló que estos juegos fortalecen la conexión emocional en parejas bajo estrés, como aquellas con enfermedades crónicas.
Por requerir coordinación, planificación y toma de decisiones, se cree que los videojuegos colaborativos ayudan a desarrollar habilidades de escucha activa y expresión emocional, a la vez que refuerzan el sentido de equipo. Las actividades lúdicas también liberan dopamina y reducen el cortisol, lo que puede aliviar tensiones acumuladas. Por último, pero no menos importante, al enfrentarse a retos en el juego, las parejas practican el manejo de frustraciones y aprenden a resolver problemas en conjunto.
Sin ninguna crisis en puerta, aunque con ganas de poner a prueba estos supuestos beneficios, programé con mi pareja una noche de videojuegos. Dos copas de vino, un par de joysticks y cero certezas. ¿Podría una partida ayudarnos a conectar mejor?
Cuando les conté a mis amigos mis intenciones, todos —sin excepción— me recomendaron el mismo juego: It Takes Two (Se necesitan dos, en español). ¡Y vaya si tenían razón!
El juego deja clara su trama desde el inicio: Cody y May, una pareja al borde del divorcio, son transformados en muñecos por una magia provocada por el deseo de su hija Rose, quien solo quiere que sus padres vuelvan a llevarse bien. Para volver a ser humanos, deben colaborar en un mundo fantástico lleno de desafíos, redescubriendo su relación a lo largo del camino.
Al principio, la historia nos pareció ridícula, pero la jugabilidad y el universo del juego son tan buenos que, en cuestión de minutos, ya estábamos en la piel de los personajes. Nos comprometimos con cada situación, discutiendo, cooperando y riendo como si de verdad dependiera de nosotros salvar su relación.
It Takes Two no requiere de experiencia alguna en videojuegos, aunque sí de paciencia. Si uno tiene más horas invertidas en la Play que el otro, tendrá que convertirse en un maestro zen y aguantarse los comentarios destructivos. Sin embargo, entre risas y mimos, recibí algún que otro “esperame, gil” (cuando mi personaje corría y dejaba atrás al otro) o “callate, boludo” (cuando caía en un mansplaining accidental). No fui menos y, sumido en el hartazgo, solté una frase de la que no estoy orgulloso:
—Gorda, ¿me estás tomando el pelo? Tenés que apretar dos veces la equis y una el cuadrado. ¡No es tan difícil!
—¿Por qué me tenés que cuestionar todo? —fue la respuesta... y el golpe de knockout.
No me quedó otra que bajar la cabeza, ya que el juego está diseñado para que ambos jugadores se necesiten mutuamente y no puedan progresar sin la ayuda del otro. Es un pequeño golpe al ego que nos recuerda que, por momentos, todos somos igual de inútiles (y que no está mal pedir ayuda).
Más allá de estas pequeñas rispideces, en la primera hora y media de juego reímos como niños, olvidándonos por completo de nuestros problemas; lo único que importaba era destruir a una aspiradora homicida y salvar del óxido a una caja de herramientas. Por más absurdo que pareciera, nuestro compromiso con la tarea era absoluto.
En un momento clave, nos quedamos atorados. May pidió ayuda y yo, como Cody, reaccioné rápido. Clavé un clavo gigante en la pared, mientras ella, con un martillo, se enganchó en él para deslizarse hasta una plataforma. Desde ahí, me tendió un puente que nos permitió seguir adelante. Nos necesitamos como clavo y martillo: uno sin el otro no funciona, y eso es justo lo que pide el juego.
Pero, ya entrada la medianoche, el cansancio jugó su partido, la paciencia se agotó y la cooperación desapareció por completo. Ante mi primer reclamo, mi tierna novia me atornilló contra el piso con un martillo gigante, y mi venganza no tardó en llegar. Fue ahí cuando nos dimos cuenta de que había llegado la hora de dormir.
Lo volveremos a jugar y, sin dudas, lo recomiendo como una cita diferente y lúdica. Quizás el joystick no reemplace al terapeuta, pero invita a algo igual de importante: volver a jugar juntos. Y en tiempos de vínculos distraídos, eso también puede ser una forma de cuidarse.
It Takes Two es solo una de las muchas opciones dentro del creciente universo de los videojuegos colaborativos. Este título, reconocido como Juego del año en The Game Awards 2021, fue desarrollado por el estudio sueco-libanés Hazelight, liderado por Josef Fares. Antes de este éxito, el estudio ya había sorprendido con A Way Out, una intensa aventura narrativa que sigue a dos prisioneros obligados a colaborar para escapar y sobrevivir a múltiples peligros.
Mientras It Takes Two y A Way Out apuestan a historias intensas y emocionales, Overcooked (y su secuela Overcooked 2) llevan el trabajo en equipo a un escenario mucho más cotidiano: la cocina. Allí la pareja debe preparar platos a toda velocidad mientras enfrenta obstáculos, como incendios, cocinas que se parten a la mitad o ratones que roban ingredientes. La clave está en coordinar tareas bajo presión sin prender fuego todo en el intento; es una especie de terapia de pareja con cuchillos, ollas y mucho arroz quemado.
Pero para quienes ya tienen suficiente caos en su vida cotidiana, existen opciones más ligeras, como We Were Here y Unravel Two. El primero pertenece a una saga de juegos cooperativos de aventura y misterio, en la que dos jugadores deben comunicarse constantemente para resolver acertijos en un castillo abandonado. Cada jugador tiene información diferente, por lo que la clave está en la comunicación y la confianza mutua. Resulta ideal para parejas que disfrutan de desafíos mentales y un poco de suspenso.
Por su parte, Unravel Two es un juego de plataformas, con una estética encantadora, protagonizado por dos pequeños personajes hechos de hilo que deben avanzar juntos. La jugabilidad es relajada, perfecta para parejas que buscan una experiencia cooperativa más tranquila, sin la presión del tiempo o la competencia.