Los libros sobre fútbol suelen estar enfocados en un futbolista, en un club, en un torneo o en una campaña histórica. En la frondosa futboteca uruguaya hay decenas de tomos sobre los orígenes del balompié oriental, sobre Maracaná, Sudáfrica 2010, Fernando Morena, Fabián O’Neill o el Nacional Rey de Copas de 1988. Sin embargo, Los elegidos propone un camino diferente de contar la historia. Lo hace a través de los protagonistas. Los 100 jugadores más trascendentes de la historia de Nacional es el subtítulo que eligió Andrés Reyes, el responsable de este libro publicado días atrás, que tiene como principal antecedente el enciclopédico Historia de Nacional (Aguilar, 2009). Este nuevo trabajo —editado por el sello independiente Todo por la Misma Plata (TPLMP)— consiste en una lista (un ranking) de 100 futbolistas ordenados del 100 al 1 según un criterio cuantificable diseñado por el autor. Y, como toda lista, es discutible. Es —será, con toda seguridad— carne de controversia.
Los elegidos cuenta con muy buenos atributos. Cada uno de los 100 jugadores tiene dos páginas: una con una imagen a cuadro completo y otra con un perfil. Con Reyes, colaboran como autores de los textos bolsos ilustres, como Ricardo Alarcón, Luis Fernando Iglesias, Jaime Clara y Martín García, además de la periodista deportiva Silvia Pérez y el político Daniel Olesker. Las imágenes están muy bien editadas con herramientas digitales que permiten apreciar de modo óptimo especialmente las más antiguas. La escritura es ágil, concisa y elocuente, y la edición gráfica es impecable.
Resulta muy lógico y procedente que la lista tenga en cuenta el enorme caudal histórico y que se haya establecido un criterio para “normalizar” las performances de los jugadores de la era previa a las copas Libertadores e Intercontinental (antes de 1960) con respecto a la época moderna, que comienza con la aparición de esos grandes torneos internacionales.
Entonces, entre los 100 elegidos aparecen decenas de futbolistas que pocos contemporáneos recuerdan, pero que, a juzgar por las métricas utilizadas, merecen estar ahí. Y lógicamente aparecen leyendas, como Atilio García (el primer puesto), Víctor Espárrago, Héctor Scarone, Cascarilla Morales, el Manco Castro, Ángel Romano, Aníbal Paz, Aníbal Ciocca y Julio Montero Castillo, por citar solo algunos de los que figuran en los primeros puestos de la lista.
Para establecer el ranking, Reyes tuvo en cuenta a los 461 futbolistas que jugaron al menos 50 partidos en Nacional, un mínimo arbitrario elegido por el autor. La fórmula diseñada por Reyes incluye entre sus variables los partidos jugados, partidos ganados, goles totales, goles clásicos, saldo de clásicos ganados y perdidos, títulos ganados (nacionales e internacionales), títulos de máximo goleador en una temporada y goles en finales internacionales.
El gran ausente
El autor sostiene que se basó en “una serie de parámetros racionalmente construida”, pero es consciente de que se expone al juicio del lector. Incluso invita a los lectores a que le hagan saber si entienden que algún nombre “brilla por su ausencia”. Pues bien, aquí vamos.
03. Julio César Morales
Julio César Cascarilla Morales.
TPLMP
Si bien el número uno es, como era de esperar, para el gigante Atilio, máximo goleador histórico (467 goles) y máximo artillero en los clásicos (35), al hojear las páginas en un primer vistazo, la polémica está servida: no está Luis Suárez. Lo primero que hace un lector —bolsilludo o hincha de otro cuadro— es buscar a Suárez. Es, sin discusión alguna, el jugador más importante de las últimas décadas en el fútbol uruguayo, es el goleador histórico de la selección uruguaya y es el protagonista de un regreso inédito en la historia moderna del fútbol uruguayo. Para no pocos hinchas apasionados, es el mejor jugador de la historia del fútbol uruguayo. Y para los más racionales, es sin dudas el jugador más trascendente del fútbol uruguayo en los últimos 30 o 40 años. Al menos, como mínimo, tras el retiro del triple campeón de América Enzo Francescoli.
Reyes explica en el propio libro que la selección está rigurosamente respaldada en un método, en un criterio explícito. Y resulta que, según esos criterios, muy bien detallados en el libro, Suárez puntúa menos que los 100 elegidos. Ahora bien, antes de pasar a describir el trabajo, es preciso señalar que en una lista de los 100 jugadores tricolores de la historia, la ausencia de un ídolo de las dimensiones legendarias del salteño rompe los ojos. Si se elige el criterio que sea y Suárez queda afuera de los 100, hay algo que está mal en ese algoritmo de criterios utilizado.
Otras ausencias echan más leña al fuego de la polémica: Fabián O’Neill, Diego Godín, Sebastián Loco Abreu y el histórico José Sanfilippo tampoco engalanan estas bellas páginas. También contribuyen algunas presencias, como la de Gabriel Álvez (delantero) o la de Martín del Campo (defensa). Que Sebastián Fernández figure más arriba en la lista que un prócer campeón de América y del Mundo como Santiago Ostolaza resulta bastante inexplicable.
En el capítulo introductorio de Los elegidos, titulado Fundamento de la obra, Reyes establece su propósito de determinar “del modo menos subjetivo posible” los 100 jugadores “más trascendentes”. Y allí radica el pecado original de la obra. Nada más subjetivo que la trascendencia. Si la lista hubiera sido “los más ganadores” o “los más goleadores” o “los que más jugaron” o “los que más copas ganaron”, bueno, hubiera sido más sencillo alcanzar la ansiada objetividad. Pero la trascendencia, justamente, se saltea olímpicamente los números y apunta a la importancia, a lo determinante.
Seguramente entre los jugadores más trascendentes del proceso de Óscar Tabárez en la selección hay que situar —junto con Forlán, Suárez, Cavani, Lugano y el Ruso Pérez— sí o sí al Loco Abreu. No fue el que más partidos jugó, no fue el goleador ni el que mejor jugó. Pero hizo el gol ante Costa Rica para clasificar al Mundial y picó el penal ante Ghana para clasificar a semifinales de un Mundial después de 40 años. Ergo, fue ultra-, mega-, hipertrascendente.
Y hablando de Abreu, resulta inverosímil —más allá de cualquier fórmula matemática— que un jugador como el minuano, con ocho goles en ocho clásicos disputados (es el máximo goleador clásico de Nacional en el siglo XXI) y con 56 goles convertidos en 100 partidos jugados en sus varias épocas con la casaca tricolor, no haya quedado en este centenar de elegidos.
De nuevo, si el Loco, dos veces campeón uruguayo con el Bolso, y que incluso renunció a un contrato más provechoso para venir por primera vez a Nacional, en 2001, no entra entre los 100 más trascendentes, hay algo mal en esos números. Lo mismo se puede decir del caso de Fabián O’Neill, quien jugó 136 partidos con la blanca, marcó 34 goles y ganó un campeonato uruguayo.
Reyes sostiene que “resulta inevitable cometer injusticia” y que por eso decidió aplicar “criterios medibles que pusieran al producto final al resguardo de las críticas más radicales”. No parece haber quedado al resguardo de la crítica primordial: entre los 100 mejores tricolores no está Lucho.
La razón fundamental de la ausencia de Suárez es que el autor decidió, en pleno uso de su subjetividad, tener en cuenta a jugadores que hayan disputado un mínimo de 50 partidos. Suárez, ganador de tres campeonatos uruguayos, el último de ellos (2022) por obra y gracia suya, con gol clásico incluido, se puso 48 veces la casaca blanca con vivos azules y rojos. Si hubiera sido 40 el piso (una temporada completa anda por ahí), Lucho tenía su página.
Algunos criterios complementarios de la fórmula parecen muy bien cuantificables, como las bonificaciones por ser capitán ganador de la Libertadores, por los hat tricks (tres goles) clásicos o por haber sido además de jugador, un destacado director técnico tricolor. Como Hugo de León, por ejemplo.
Pero en un ejercicio nada objetivo, sino completamente emocional, se penaliza con quita de puntos a quienes hayan jugado en Peñarol. Resulta lógica y de recibo esta regla. Pues bien, del mismo modo se podría premiar con una suma considerable de unidades, por caso, al jugador que regrese de ser campeón en una liga europea derecho a Nacional. En ese caso, Lucho estaría en el libro.
Si bien Los elegidos resulta una lectura recomendable porque reúne un cúmulo considerable de glorias tricolores, falla en su intento por cuantificar y jerarquizar matemáticamente atributos que en muchos casos pertenecen al orden espiritual, irracional y profundamente emocional. Todo lo que es Nacional.