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    ¿Qué va a instalar Antel en su nuevo centro de cómputos?

    Cuando Antel anuncia un centro de cómputos para inteligencia artificial, lo que está anunciando es: “vamos a vender tókenes emitidos desde esta instalación”

    Somos consumidores de inteligencia artificial (IA). ¿Pero qué estamos consumiendo exactamente? La mejor forma de verlo: electrones y tókenes. Los tókenes son la moneda de consumo de IA. Si el lector trabaja en tecnología, es ya un concepto básico. Si no lo es, conviene ir acostumbrándose. Mientras más IA se consuma (ejemplo: enviar uno, cinco, 10 prompts a ChatGPT), más tókenes se intercambian con el modelo. Cuando Antel anuncia un centro de cómputos para IA, lo que está anunciando es: “vamos a vender tókenes emitidos desde esta instalación”.

    Estamos en plena germinación del consumo global de tókenes: aumenta constantemente. En el popular concentrador OpenRouter, el total de tókenes consumidos la semana que se redactó esta columna fue seis veces mayor al de seis meses antes. En la jerga más extrema del sector de las tecnologías de la información se habla de tokenmaxxing: no dejar tókenes sobre la mesa. Si se tiene acceso a una cuota fija de tókenes (por ejemplo, por estar suscrito a ChatGPT), es un desperdicio dejar que “venzan” sin aplicarlos a un uso productivo.

    Todos los países, Uruguay incluido, van a consumir grandes cantidades de tókenes en un horizonte indefinido. Quizás permanente. Si los tókenes van a ser consumidos, de algún lado tienen que salir. Generar tókenes en el propio país, aun si no se suscribe al pensamiento estatista o socialista, puede constituir infraestructura crítica para el desarrollo. Quizás sea más conveniente que sea propiedad privada, mixta, o que las manos del Estado sean adecuadas. Lo que es casi seguro es que un centro de cómputos como el que acaba de anunciar Antel, bien ejecutado, será rentable porque toda su capacidad ociosa se podrá exportar ininterrumpidamente.

    Esto nos lleva a los electrones. Los centros de cómputos contienen máquinas, que dejamos para el final de esta nota, que transforman la electricidad en tókenes. Por tanto, para generar una gran cantidad de cómputos propios, hay que tener una red energética formidable. Uruguay tiene un posicionamiento envidiable: abastece toda la demanda nacional con excedente para exportación (7% el día que se redactó el artículo) y con tasas récord mundial de generación renovable (96%). Seguir aumentando la oferta para empatar nueva demanda —como el centro de cómputos— es crítico pero difícil. Incluso en Estados Unidos el principal cuello de botella para la expansión vertiginosa que se busca en cómputos es la electricidad.

    Asumamos que efectivamente el suministro energético está. ¿Qué procesadores instalará Antel en su centro de cómputos para transformar electrones en tókenes? Hay pocas opciones. La elección será difícil porque se cruza con uno de los temas más ásperos de la geopolítica.

    Los procesadores que realizan dicha transformación son aceleradores especializados. El actor dominante en la industria es Nvidia, la empresa de los billones. Nvidia domina en calidad: nadie discute la idoneidad de sus productos tanto para entrenar modelos de IA como para servir los tókenes en respuesta a los pedidos de los usuarios, el proceso llamado inferencia. Nvidia también domina en cantidad: esos gigantescos centros de cómputos que construyen Meta, Amazon, xAI y otras empresas tienen dentro miles de GPU (Graphic Processing Units) de Nvidia fabricados en Taiwán.

    Para Antel es lógico buscar productos de Nvidia, pero eso implica costos altos y ponerse al fondo de una fila que tiene muchos actores de inmenso peso. Obtener GPU de Nvidia es prioridad crítica para empresas y Estados con mucho mayor poder que Uruguay. Los contactos y avances ya existen, pero no hay anunciado nada oficial.

    Si no fuera Nvidia, ¿qué será? Mencionaré dos. Google tiene su propio acelerador especializado para IA: los Tensor Processing Units o TPU. Los centros de cómputos de Google, el entrenamiento y la inferencia de Gemini: todo corre en esos TPU, los cuales tienen un inmenso prestigio en los círculos especializados. Sin embargo, Google no vende los TPU. ¿Empezaría con Uruguay? Muy poco probable.

    Queda uno más. Huawei es la única empresa en el mundo que tiene una posibilidad realista de competir a escala con Nvidia. Tiene el talento técnico, la infraestructura, el ecosistema y la experiencia como para hacerlo. Huawei fabrica NPU (Neural Processing Units) que poco a poco están empezando a hacerse presentes en forma de supernodos. En la propia China siguen prefiriendo GPU de Nvidia, pero ante las sanciones de Washington y la propia Beijing, comienza a expandirse el entrenamiento e inferencia desde NPU de Huawei.

    Uruguay seguramente podría obtener volúmenes interesantes de NPU Huawei a costos ventajosos. Pero estas decisiones no existen en un vacío. Cualquier avance en ese sentido se encontraría con una política declarada de Washington de obstaculizar, con medidas de peso, cualquier intento de países por orientarse hacia la tecnología china en IA.

    Por tanto: para generar tókenes de IA desde Uruguay, Antel podrá instalar Nvidia, Huawei, una mezcla, o alguna alternativa menos estándar (¿AMD?). La decisión deberá ser tomada pronto y con sólidos fundamentos técnicos, geopolíticos y diplomáticos. Constituye un asunto crítico para Uruguay.