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Heidi Lender: “Me gusta el anonimato de ser extranjera”

Edad: 59 • Ocupación: Fotógrafa y escritora • Señas particulares: Es introvertida, tiene una habitación para rituales espirituales, vivió ocho años en India, está escribiendo su primera novela

Editora de Galería

¿Hay algo que la gente normalmente asuma sobre usted cuando la conocen como “la estadounidense que vive en Garzón”?

Todo. La gente, en general, hace muchas suposiciones. Asumen por qué estoy acá, que vine por tal o cual razón. No saben, por ejemplo, que compré el campo con mi exnovio, que vinimos juntos, casi por un flechazo. Nos enamoramos rápido y también compramos este lugar muy rápido. Vine con alguien y con muchos planes. Entonces creo que la gente se imagina historias que no son ciertas, porque cuando cuento mi historia, siempre hay un shock. Vivo sola acá desde hace mucho tiempo y para muchos es difícil de entender. Me preguntan: “¿qué hacés todo el día?”. Y lo que hago es lo mismo que haría en cualquier lado.

Cuando llegó, ¿qué fue lo más difícil de entender de los uruguayos?

He vivido en otros países donde las cosas tampoco funcionan tan rápido como en Estados Unidos. Pero hubo dos cosas que me parecieron curiosas. Una fue la burocracia, que mi nombre estuviera escrito en un cuaderno, sin computadoras, como si los sistemas fueran de otra época. El proceso de inmigración llevó muchísimo tiempo. Ir de una oficina a otra, el escribano, los papeles. Era frustrante y al mismo tiempo encantador. Amo este país por su tranquilidad y su ritmo, por eso estoy acá, pero también hubo frustraciones. Lo otro fue la sensibilidad de la gente. Cuando estaba construyendo mi casa, venía con esa mentalidad de hacer las cosas, de organizar. Si alguien decía que venía a tal hora y no venía, yo decía: “pero dijiste que ibas a venir”. Pero había tanta sensibilidad alrededor de eso que me hizo suavizarme, ser más consciente de con quién estoy hablando y cómo digo las cosas.

¿Cambió su personalidad?

Totalmente. Tengo mucha energía, pero estoy más tranquila. Mi vida exterior acá se reflejó en mi mundo interior. También me siento más en paz después de cerrar Campo. Si esta entrevista hubiera sido el año pasado, sería completamente distinta.

¿En qué lugares o situaciones no se siente cómoda?

No me gustan las fiestas grandes donde no conozco a nadie. Soy mucho mejor uno a uno o en grupos pequeños. La sensación de entrar a una fiesta y no conocer a nadie es uno de mis lugares más inseguros, pero soy muy buena ocultándolo. La gente cree que soy extrovertida, pero es una actuación. Soy introvertida, cien por ciento.

Ahora vive sola, con su perro Mimo. ¿Cree que podría convivir con alguien a futuro?

Necesito mucho mi espacio. Nunca digo nunca, pero tendría que ser con muchísimo respeto por el espacio del otro. Necesito silencio para recargarme, y antes pensaba que eso era algo malo en mí. Hoy sé que es necesario y no me disculpo por eso. Me encanta salir, estar con personas, pero sé que necesito ese tiempo de silencio.

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Heidi Lender y su perro, Mimo.

Heidi Lender y su perro, Mimo.

¿Se lleva bien con la soledad?

Sí, estoy superbién estando sola. Necesito estar sola. Nunca me aburro. Tengo millones de ideas. A veces pienso que estaría bueno tener a alguien para decirle: “miremos una película” o algo así, pero no tan seguido.

Está por cumplir 60. ¿Cómo vive el cambio de década? El número asusta, pero me siento muy entusiasmada y agradecida de estar donde estoy, y de las decisiones que tomé que me trajeron hasta acá. Siento que estoy volviendo a ser artista. Nunca fui artista a tiempo completo, así que eso es muy inspirador. Siento libertad, más claridad sobre la vida, sobre mí misma, lo que quiero y me hace feliz. Además, el tiempo que te queda en la Tierra se siente más corto. Entonces es como: bueno, mejor hago lo que quiero hacer y no pierdo tiempo.

¿Qué le queda de la Heidi niña?

Todas las heridas siguen ahí. Pero las cuido. Y sigue viva esa chispa, esa alegría por la vida. En mis 30, escalaba montañas, corría maratones. Siempre tuve esa mentalidad de “me puedo morir mañana”. Y todavía la tengo. La diferencia es que antes quizás hacía lo que otros querían que hiciera, complacía a los demás. Ahora siento que me complazco a mí misma. Y ese es un gran cambio. Tengo la misma chispa que tenía antes, pero ahora conozco mejor­ esa parte de mí, esa niña creativa que antes no dejaba salir, y ahora está afuera.

La gente cree que soy extrovertida, pero es una actuación. Soy introvertida, cien por ciento. La gente cree que soy extrovertida, pero es una actuación. Soy introvertida, cien por ciento.

Tiene un cuarto para rituales espirituales, ¿de qué tipo?

Tengo un altar, leo tarot todos los días, medito, escribo. Tengo una rutina de mañana muy estructurada. Eso me mantiene en equilibrio.

¿Se considera disciplinada?

Sí. Me ayuda a estar bien y a concretar. Soy muy resolutiva, también creo que eso viene de mi familia y de mi carta astral. Soy tauro, así que soy muy terrenal. Creo que lo desordenado es mi cabeza, no puedo callar mi mente, por eso necesito estructura. También la necesito para estar cuerda, para mantener mi salud mental y estar feliz.

¿Qué cosas le irritan de usted y de los demás?

Lo que me molesta es cuando estoy molesta. No me gusta sentirme mal nunca. Entonces, si eso pasa, ya estoy molesta, y después me molesta estar molesta. Son como capas de molestia que van escalando. Después, la deshonestidad me irrita, es muy difícil para mí. Soy perceptiva, y notarla es difícil.

¿Se siente uruguaya en algún punto?

Cuando estoy viajando, definitivamente prefiero decir que soy uruguaya, pero igual nadie me cree (risas­). Me siento estadounidense porque es donde crecí, lo que conozco, es cómodo. Pero me identifico más como expatriada. Me gusta el anonimato de ser extranjera. Y creo que el lugar donde vivo es el más mágico del planeta.