Edad: 59 • Ocupación: Director del Planetario de Montevideo desde 2004 • Señas particulares: Es ateo; de niño se subía al 125 disfrazado de astronauta; es fanático de El Señor de los Anillos; les dice “amigotes“ a sus amigos y tiene con ellos un grupo de WhatsApp que se llama pongan fecha
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Se considera un poco raro? Soy bastante nerd, pero no solamente en los temas astronómicos. Soy firme convencido de que la ciencia es un área de la cultura humana fundamental. Además soy admirador de la obra literaria de Tolkien. Me gustan la fantasía, la ciencia ficción, la que se basa fuertemente en lo que el conocimiento científico avala, pero también la más volada.
¿Qué tan insoportable es cuando alguien dice algo incorrecto sobre el espacio? Cero. Todo el universo de La guerra de las galaxias tiene errores, el más grande es el sonido de las explosiones. En el espacio no hay sonido porque es vacío, pero no me indigno por eso. Imagínate una batalla espacial sin explosiones. Son licencias artísticas. Para indignarse hay cosas mucho más terribles. El arte tiene que ser libre, otra cosa es que te guste o no. Y, si no tenés la capacidad de dejarla pasar para creerte la historia, no pagues la entrada.
¿Hay algo de su historia que explique por qué terminó dirigiendo un planetario? La situación económica de mi familia no era buena. Mi padre era obrero frigorífico de La Teja, mi madre peluquera del Cerro, y vivíamos en Belvedere. No había plata para el cine. Tampoco había streaming, no existía internet, entonces el entretenimiento en verano era subir a la azotea, poner unas mantas para sentarnos y ver dibujos en las estrellas. Eso de jugar de noche con las estrellas y de día con las nubes me despertó la curiosidad. Y empecé a hacer tantas preguntas que mis pobres padres tuvieron que comprar libros. Otra cosa que me impactó fue el Apolo 11, yo tenía tres años recién cumplidos cuando lo vi por televisión. Todavía conservo un álbum de recortes de prensa de aquel momento que armó mi tía paterna.
¿Cuándo fue la última vez que miró el cielo sin pensar en el trabajo? Una cosa es pensar en el trabajo y otra es pensar en temas astronómicos. Uno puede ver el cielo desde muchos puntos de vista; yo tengo que conocerlo por el trabajo, pero eso no quita que pueda maravillarme. El cielo te da humildad. Cuanto más conoces el cielo, más humildad te tendría que recubrir.
¿Qué le obsesiona más: lo que sabemos o lo que no? Como todo, no hay cosas puras, sino matices. Me maravilla la capacidad humana de tener curiosidad e intentar explicar las cosas. Es maravilla más que obsesión. Me encantaría conocer cosas que no conozco, aunque es imposible conocer todas las cosas que uno quisiera. Me gustaría hablar bastantes más idiomas de los que chapurreo. Me gustaría antes de morir despertarme con la noticia de que se confirmó vida en otro planeta.
¿Cree en la vida extraterrestre? Estoy convencido de que la vida se ha dado, se da y se dará en múltiples lugares en el universo. Porque la vida en la Tierra, desde una simple bacteria hasta el o la genio más grande de la humanidad, la mujer o el hombre más bello del mundo, todos estamos hechos con los elementos más sencillos del universo: carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Entonces, si estamos hechos con ladrillos tan comunes, tiene que haberse formado vida en un montón de lugares y en diversos tiempos en el universo. Otra cosa bien distinta es que haya vida inteligente y decir que han venido. En eso soy muy escéptico; para afirmaciones extraordinarias, pruebas extraordinarias. Hay que tener en cuenta que el cerebro es maravilloso, pero nos hace muchas trampas. Yo nunca vi nada, pero cualquier cosa en la vuelta que el observador no pueda explicar no necesariamente es un ovni.
¿Alguna vez arruinó una cita? Todas menos una (risas). Estoy con Carmen desde el año 95, ella era agente de viajes y nos conocimos a través de la astronomía. Es mi compañera de vida, la madre de mi hijo. Y hay muchos libros de autoayuda para padres, pero no hay manuales, entonces juntos pasamos un montón de aprehensiones. Ya para empezar durante el parto un accidente hizo que Facundo aspirara líquido amniótico y estuviera 21 días en CTI. Alarma por daños neuronales que al final y afortunadamente no sucedieron. Nunca sabés cómo te van a salir las cosas, entonces, que seamos dos y nos hayamos ocupado de los cuidados de modo equitativo es invaluable. Las cosas que mejor me salen las hago yo y las que mejor hace Carmen las hace ella.
¿Hay algo del universo que le siga dando miedo? Si le diéramos una conciencia al universo, sería profundamente indiferente hacia nosotros. A mí me asustan muchas cosas de la humanidad. Las armas nucleares me asustan, la ciencia aplicada así, y las personas que, con un grado de desequilibrio importante, tienen la capacidad de destruir varias veces a toda la humanidad. Las armas nucleares me asustan. Me asusta el sistema en el que vivimos, donde la vida humana no es un valor. Una guerra destruye infraestructura que luego hay que reconstruir. Se venden armas y después se reconstruye lo destruido: para ciertos sectores es un negocio perfecto. Eso me da miedo. El mayor peligro que tenemos somos nosotros mismos. Después, bueno, el Sol se va a acabar dentro de 3.500 millones de años. No lo va a ver nadie cercano a nosotros.