En una ciudad asociada al sol, las playas y el cielo azul, la lluvia también tiene su lugar. En Río de Janeiro los chaparrones tropicales son frecuentes durante el verano, con varios días de precipitaciones cada mes. Este 2026 no fue la excepción.
A través de miradores, museos y cafés, la ciudad invita a descubrir su historia y cultura y demuestra que no es solo playas
En una ciudad asociada al sol, las playas y el cielo azul, la lluvia también tiene su lugar. En Río de Janeiro los chaparrones tropicales son frecuentes durante el verano, con varios días de precipitaciones cada mes. Este 2026 no fue la excepción.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAunque para Semana de Turismo se espera un mejor clima, ni siquiera la “ciudad maravillosa” está completamente a salvo de alguna nube pasajera. La buena noticia es que Río tiene mucho más para ofrecer que sus playas: museos, centros culturales, miradores, cafés y experiencias urbanas que permiten disfrutarla también cuando el tiempo no acompaña.
Un día gris puede ser la excusa perfecta para descubrir otra cara de Río de Janeiro. Aquí, algunos planes para seguir disfrutando la ciudad más allá de sus postales más conocidas.
En la zona céntrica se encuentra el Real Gabinete Portugués de Lectura, un palacio neogótico que deslumbra con sus estanterías labradas, cúpulas y vitrales, donde más de 350.000 volúmenes —muchos raros y antiguos— narran siglos de literatura e historia portuguesa. Caminar por sus salas es como viajar en el tiempo, rodeado de un ambiente de erudición y exquisitez arquitectónica.
Cruzando la bahía hacia Niterói, el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) se erige como un ícono futurista diseñado por Óscar Niemeyer: su estructura en forma de platillo volador, suspendida sobre la bahía de Guanabara, integra paisaje y arquitectura, ofrece vistas panorámicas impresionantes y, en su interior, despliega lo más audaz del arte contemporáneo brasileño en exposiciones que dialogan con la forma curva y ligera del edificio.
De regreso en la zona portuaria de Río, el Museo del Mañana, obra de Santiago Calatrava, sorprende con su estructura blanca que parece flotar sobre el agua. Su diseño futurista y sostenido por pilares móviles no solo es un espectáculo visual, sino también un reflejo de su misión: explorar la relación entre el ser humano y el planeta a través de exhibiciones interactivas que combinan ciencia, tecnología y arte, invitando a los visitantes a reflexionar sobre el futuro de la humanidad mientras se disfruta de la revitalizada zona del puerto.
El Parque Lage, al pie del Cristo Redentor, es un espacio para recorrer y disfrutar de la naturaleza en plena metrópolis. Sus senderos rodeados de vegetación, esculturas y zonas de pícnic permiten pasear y descansar en contacto con el entorno. Aunque el edificio principal, que alberga la Escuela de Artes Visuales y una cafetería, está actualmente cerrado al público por obras de restauración, los jardines y áreas exteriores permanecen abiertos.
El Jardín Botánico, por su parte, es otro espacio destacado para el disfrute familiar. Con más de 137 hectáreas, más de 6.000 especies de plantas, lagunas e invernaderos, permite recorrer distintos ecosistemas, observar aves y explorar rincones tranquilos en pleno contacto con la naturaleza. En sus áreas forestales, incluso es posible ver monos que habitan libremente en el jardín.
Los más chicos también tienen su espacio en Río de Janeiro, con opciones que combinan juego, exploración y aprendizaje. Una buena manera de comenzar es en el Parque das Crianças, en Flamengo, donde los pequeños pueden recorrer senderos, participar en actividades al aire libre y disfrutar de amplios espacios verdes mientras los padres se relajan.
Desde allí, el paseo puede continuar hacia el AquaRio, el acuario más grande de Sudamérica, que permite a toda la familia observar más de 8.000 animales de 350 especies diferentes y pasar a través de túneles submarinos que muestran la biodiversidad marina brasileña.
Para cerrar la jornada, el BioParque de Río permite un contacto cercano con la fauna terrestre, con más de 300 animales que viven en hábitats amplios y cuidadosamente diseñados para su bienestar. Las actividades guiadas, además, enseñan sobre comportamiento y conservación.
La ciudad cuenta con varios espacios destacados por su arquitectura y relevancia histórica. La Catedral Metropolitana, con su forma cónica de 75 metros de altura y sus vitrales que representan escenas bíblicas, es sede de misas y eventos religiosos que atraen tanto a fieles como a visitantes.
El Palacio Tiradentes, sede de la Asamblea Legislativa del Estado, permite conocer salas y colecciones que narran la evolución política de Brasil desde la época imperial hasta hoy.
En el centro urbano se puede combinar la visita al Teatro Municipal, inaugurado en 1909 y con funciones de ópera, ballet y conciertos, con un recorrido por la Biblioteca Nacional, que, con más de 9 millones de documentos, ofrece exposiciones temporales, salas de lectura y colecciones de manuscritos, libros antiguos y mapas históricos y muestra la riqueza del patrimonio documental brasileño.
Comer en el hotel Copacabana Palace y en la Confitería Colombo es mucho más que un almuerzo o una merienda: es saborear la historia de Río de Janeiro. En el Copacabana Palace, cada plato se disfruta en un entorno art déco que, desde 1923, recibió a realeza, estrellas de cine y líderes mundiales, donde los mármoles, los salones con candelabros y los frescos elegantes mantienen viva la grandeza de la Belle Époque.
En la Confitería Colombo, fundada en 1894 y ubicada en el corazón del centro histórico de Río de Janeiro, degustar un dulce o un café es viajar al siglo XIX, entre vitrales, espejos y maderas talladas, en un ambiente que evoca a los intelectuales brasileños que solían reunirse allí.
Río de Janeiro guarda rincones cargados de historia que revelan siglos de tradiciones y acontecimientos clave. El Monasterio de San Benito, fundado en el siglo XVI, sigue activo como centro religioso y cultural. Además de sus misas con cantos gregorianos, alberga una biblioteca con manuscritos históricos y documentos valiosos que reflejan siglos de tradición monástica.
El Palacio de Catete, antigua residencia presidencial hasta 1960, funciona hoy como Museo de la República, con salas que relatan la historia política de Brasil, exhibiciones de objetos, fotografías y mobiliario original de distintas presidencias.
Por su parte, la isla Fiscal, con su palacio neogótico, es famosa por haber sido el escenario del último gran baile del Imperio en 1889. Hoy se puede pasear por la isla a través de visitas guiadas en barco desde la bahía de Guanabara, conocer su historia como punto de control aduanero y admirar sus vistas sobre la ciudad.
Para los inquietos que disfrutan del deporte incluso en vacaciones, Río ofrece un sinfín de alternativas. Pedalear alrededor de la laguna Rodrigo de Freitas permite un paseo seguro y panorámico, mientras que en Arpoador se puede correr o caminar disfrutando de las vistas al océano. Los más aventureros pueden ascender al Corcovado y admirar la selva tropical desde la cima.
Para quienes sienten pasión por el deporte desde otro ángulo, una visita al estadio Maracaná y su museo, escenario del histórico maracanazo de 1950, no deja indiferente a ningún uruguayo.