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Zeballos arde en su propio pasado: el anticipo crudo y cinematográfico de ‘Amor fiado’
Con Cuando escribía Asimetría, el artista uruguayo Agustín Zeballos lanza el primer adelanto de su próximo álbum y convierte su historia en una pieza audiovisual impactante, cargada de referencias, duelo y un diálogo entre arte e industria
Zeballos y Juan Minujín durante el rodaje de Cuando escribía Asimetría.
El artista uruguayo Zeballos presentó el primer adelanto de su próximo álbum, Amor fiado. La canción elegida para abrir esta nueva etapa se titula Cuando escribía Asimetría, un nombre que no es casual: remite directamente al momento en que compuso el disco que marcó su verdadero punto de inflexión, el trabajo que lo despegó de su etapa más amateur y lo posicionó en la escena internacional de habla hispana.
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Pero si la canción es un repaso, el videoclip —dirigido por José Fogwill— es una declaración estética. En él, Zeballos aparece prendido fuego, mordido por un perro, rodeado de disparos y sangre. Una narrativa intensa, violenta, que acompaña la crudeza del relato personal. La producción, una de las más ambiciosas que ha realizado hasta el momento, cuenta además con la participación del reconocido actor argentino Juan Minujín, lo que eleva aún más la dimensión cinematográfica de la obra.
La canción funciona como una revisión íntima de su carrera. Quienes lo conocen desde sus primeros videos rapeando sobre instrumentales gratis de YouTube encontrarán múltiples capas y referencias cruzadas: menciones a canciones anteriores, guiños internos y momentos personales que quizás el oyente más reciente no llegue a decodificar del todo.
Entre esas referencias, aparece la muerte del artista y amigo cercano Nano, quien además colaboró en Inconformistas, uno de los temas de Asimetría. También emerge la tensión entre el Zeballos apasionado por la música como forma pura de expresión y el Zeballos convertido en artista profesional, con una carrera consolidada y responsabilidades que van más allá del impulso creativo. Habla de todo lo que fue conquistando con los años —reconocimiento, público, escenarios cada vez más grandes—, pero también de todo lo que quedó en el camino: la inocencia del comienzo, la libertad de crear sin expectativas, ciertas personas, ciertos momentos. De lo que el éxito le dio y de lo que inevitablemente le fue quitando.
El tema dialoga con esa dualidad: hacer lo que quiere, como en sus comienzos, pero entendiendo que hoy también forma parte de un producto de una industria que miles de personas consumen. Esa presión se traduce en versos que revelan desgaste emocional: “Quedó en un segundo plano el bienestar”, “Aceptas esa ansiedad a modo de vivir”.
Zeballos prendido fuego
Zeballos se prende fuego durante el rodaje de Cuando escribía Asimetría.
En varias oportunidades, el artista ha hablado de lo difícil que le resulta procesar los mensajes que recibe a diario en Instagram, donde seguidores le cuentan historias personales y le agradecen por cómo sus letras los ayudaron. Ese vínculo directo con su audiencia, tan genuino como abrumador, también atraviesa la canción, al igual que expresa en su tema Condena cuando escribió “Anoche me escribió un hincha pidiendo consejos, me contó que vive en rojo, lo mierda que es su viejo, que tiene ganas de irse, que el cielo no es tan lejos, y solo encuentra consuelo en los temas que hice. No es la primera vez, tengo mil cuentos de esos, y es un huevo mantener la calma entre mis sesos. ¿Cómo doy tanto calor si sigo viendo todo frío? Tengo que aceptar que esto ya no es solo mío”. Una frase que refuerza la idea de que aquello que comenzó siendo él y su cuaderno, escribiendo para sí mismo, terminó convirtiéndose en una obra que trascendió lo íntimo: hoy es un producto, sí, pero también un refugio emocional que llega y toca profundamente a miles de personas.
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El videoclip refuerza esta idea de revisión y fe en su propio camino. La aparición de un caballo no parece casual y puede que remita a Cuernos de ángel, en la que dice: “Dame el caballo perdedor del establo; voy a hacerlo dar la vuelta sin pedir nada a cambio”. Una metáfora que hoy cobra otro sentido si se la mira en retrospectiva.
A pesar de la superproducción, el sello Zeballos se mantiene intacto: letras simples pero complejas en significado, humildad sin complacencia, frontalidad sin máscara. Con este adelanto, deja la vara alta y despierta enormes expectativas sobre lo que traerá Amor fiado. Lo hace desde un lugar coherente con su recorrido: el de un artista que creció, evolucionó y amplió su alcance sin abandonar su esencia. Y que, como dijo el rapero argentino Duki en uno de sus conciertos, sigue siendo para muchos “la mejor pluma de Uruguay”.