Anécdotas y curiosidades de la Copa América, el torneo de fútbol más antiguo del mundo

El campeonato es protagonista y testigo de más de un siglo de cambios deportivos, tecnológicos y sociales

Cuando el British Home Championship­ se dejó de jugar en 1984, la Copa América­ se transformó en el torneo de selecciones de fútbol más antiguo del mundo. No valía pensar otra cosa. Es cierto que el fútbol tal como lo conocemos hoy nació en las islas británicas, por lo que no podía ser otro que aquel viejo torneo anual entre naciones del Reino Unido, iniciado en 1883, la competencia más vieja de este tipo. Pero fue en este rincón del mundo que el fútbol fue elevado a la categoría de arte. Así, la primera edición de la Copa América, llamada originaria y acertadamente­ en un principio Campeonato Sudamericano de Selecciones, se disputó en Buenos Aires, Argentina, en 1916. No hay al día de hoy en el mundo torneo más antiguo en el deporte más popular. La que comience a jugarse el 20 de junio en Estados Unidos será su edición número 48.

Uruguay ganó esa primera edición, en la que compitieron los cuatro países fundadores de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), Brasil y Chile más el anfitrión y el campeón. Uruguay es, junto con Argentina, el mayor ganador de la Copa América, con 15 ediciones en el bolsillo cada uno. Brasil, con todo lo que significa en el planeta fútbol, tiene “apenas” nueve títulos. Es un torneo que se hizo continental de a poco: Paraguay lo disputó por primera vez en 1921, Bolivia en 1926, Perú en 1927, Ecuador en 1939, Colombia en 1945 y, finalmente, Venezuela en 1975. Esta última edición, la primera de las tres que no tuvieron sede fija, fue la primera en la que participaron los 10 afiliados a la Conmebol. Recién en 1993, con la inclusión de México­ y Estados­ Unidos, por invitación, comenzó a transformarse en un torneo verdaderamente continental.

Es un campeonato más que centenario y, como tal, acompasó los cambios reglamentarios en el fútbol, pero también los tecnológicos y —sobre todo— los sociales. Vale este repaso por episodios históricos que no tienen tanto que ver con una pelota rodando, sino con el mundo que rodea al deporte y a un continente apasionado, desigual y convulsionado.

Africanos, no. El primer campeonato se jugó entre el 2 y el 17 de julio de 1916 en Buenos­ Aires. Jugaron las cuatro selecciones que entonces integraban la naciente Conmebol y el régimen usado fue el de todos contra todos, que sería el mismo formato que se usaría hasta la edición número 29, en Montevideo, en 1967. Y más allá de la histórica victoria celeste, fue toda una pintura de época, para bien y para mal.

El primer sorbo a la Copa América fue la goleada 4 a 0 de Uruguay sobre Chile. Ese partido inaugural ya causó problemas. Los directivos de la asociación chilena pidieron la anulación del partido argumentando que la Celeste jugó con “dos africanos”. Se trataba de Isabelino Gradín (autor de dos goles ese día y tres en el total de la competencia) y Juan Delgado. El reclamo fue desestimado. Uruguay, que por esa época era un país de avanzada en lo social, ya incluía jugadores de raza negra en sus equipos. En Brasil, la tierra que luego alumbraría a Pelé, el fútbol en sus orígenes era sumamente elitista (en su variante racista), lo que llevó en un momento a prohibir por disposición gubernamental la incorporación de jugadores negros a la selección; muchos de ellos en sus equipos incluso debían apelar al llamado “polvo­ de arroz” para aclararse la piel y evitarse aún más discriminación.

La selección argentina de 1916.

La selección argentina de 1916.

El fútbol en esos tiempos era tan amateur que, minutos antes del partido contra Brasil, Argentina solo tenía 10 jugadores disponibles. Alberto Ohaco, titular indiscutible, no estaba con sus compañeros. No existía tal cosa como un plantel definido previamente, ni cambios, ni suplentes ni nada. Si un jugador tenía que ausentarse de un partido (así sea con su selección) porque debía ganarse el jornal­, porque estaba lejos y no llegaba, o por lo que fuera, no había caso. Despesperados, los dirigentes vieron que en la tribuna del estadio de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires­, donde se jugó casi todo el torneo, estaba José Laguna, delantero de Huracán, uno de los equipos más fuertes de la liga local. Convocado de urgencia, pasó de hincha a jugador, y tan bien lo hizo que fue el autor del gol de su equipo en el empate 1 a 1. ¿Otras postales de época? El técnico chileno y un jugador brasileño debieron actuar como árbitros.

Ese estadio, con tablones de madera y capacidad para 18.000 personas, enorme para la época, estaba previsto para albergar todos los partidos. Sin embargo, el partido decisivo del 16 de julio, entre Argentina y Uruguay, debió suspenderse a los cinco minutos. El coloso resultó no ser tanto para la expectativa y la pasión que generaba en el público y los desbordes causaron destrozos (incendios) en las tribunas. La violencia en el fútbol no es hija de estos tiempos, aunque no se hablara de barras bravas. El partido debió completarse al día siguiente en el estadio de Racing de Avellaneda­, terminó 0 a 0 y Uruguay resultó campeón.

Una odisea y un mártir. A principios del siglo XX, el mundo era realmente ancho y ajeno. Hoy, un vuelo entre Santiago y Río de Janeiro se completa en unas cuatro horas. Pero para el Campeonato Sudamericano de 1919, que se jugó en la entonces capital de Brasil, el plantel de Chile viajó durante 13 días (tres en tren, en la escala hasta Montevideo, y de ahí en barco) para llegar a destino. Como solía ocurrir por entonces, Chile era vapuleado por todos sus rivales y terminaba último. Peor fue el regreso: 48 días de viaje. Un prolongado temporal de nieve en la cordillera que impedía el pasaje ferroviario los tuvo semanas varados en Argentina. Decididos como fuera a llegar a sus casas, hicieron tramos a pie, en mula y en trenes de carga.

Brasil y Uruguay se enfrentaron en la final de 1919.

Brasil y Uruguay se enfrentaron en la final de 1919.

En ese torneo murió el arquero uruguayo Roberto Chery a causa del estrangulamiento de una hernia tras una gran atajada. Pese a ser internado, no logró recuperarse y falleció 13 días después en un hospital carioca. No se conoce otro caso de un jugador celeste muerto —literalmente— por la camiseta.

Fue el primer torneo ganado por Brasil luego de una necesaria final con Uruguay, ya que ambos habían terminado empatados en puntos. Ese fue el partido más largo de la historia de la competencia: requirió dos alargues de 30 minutos cada uno; 150 minutos en total. Brasil ganó 1 a 0. Quizá desilusionado por el resultado, Chery moría al día siguiente.

Paraguay siendo local de visitante. Aún con la llegada del profesionalismo, en la década del 30, los torneos sudamericanos hacían gala de fallas organizativas impensables hoy en día. Había equipos que se ausentaban por razones políticas o deportivas, o sin razón alguna, de determinadas ediciones. Había una periodicidad irregular que hacía que incluso se jugaran dos torneos un mismo año (como en 1959). La irregularidad en el tiempo entre una copa y otra se mantiene hasta hoy: las últimas Copas se jugaron sucesivamente en 2021 (Brasil­), 2019 (Brasil), 2016 (Estados Unidos), 2015 (Chile), 2011 (Argentina), ufff... Esta (más la ausencia de eliminatorias) es la mayor diferencia con la Eurocopa, que desde su primera edición en 1960 se ha disputado puntualmente cada cuatro años.

El Parque Central fue única sede en 1924.

El Parque Central fue única sede en 1924.

Incluso hubo organizadores que debieron montar el torneo en otros países. En 1924, cuando todavía se intentaba jugar un campeonato por año, el torneo se disputó en Montevideo, Uruguay, con el Parque Central como única sede. En 1953 la lucha fue en Lima, Perú, jugándose todos los partidos en el Estadio Nacional. Curiosamente, en ambos casos la Copa fue organizada por Paraguay, que se hizo cargo de los gastos y las ganancias. Eso se debió a que en ese país no había todavía una estructura adecuada para oficiar como anfitrión. Recién con el dinero obtenido en ese último torneo, que además ganó Paraguay (en el de 1924 el campeón fue Uruguay), se pudo remodelar el estadio Defensores del Chaco, de Asunción, por entonces conocido como Puerto Sajonia.

Una selección democrática. Argentina prepara su equipo para el Sudamericano de 1947, que se iba a disputar en Ecuador, con una preocupación tremenda: a quién dejaba afuera del plantel. Es que tenía tantos y tan buenos jugadores que nadie quería tomar esa decisión. Así, los directivos decidieron someter a plebiscito popular la conformación del equipo. Nunca hubo ni seguramente habrá un seleccionado tan democrático.

Y como se suele decir, Vox populi, vox Dei. Argentina salió campeón del torneo, y como había vencido en 1945 y 1946 se transformó en el, hasta ese momento, único tricampeón de América.

Peñarol chévere. Venezuela fue la última selección de la Conmebol en sumarse a la competencia. Por años fue el equipo más débil. Si bien nunca ganó la Copa América (“mérito” compartido con Ecuador) y nunca clasificó a una Copa del Mundo (único combinado en Sudamérica con tal mácula), al menos con el tiempo le supo meter fuerza a los rivales. En 2007 organizó el torneo y en Argentina 2011 terminó cuarta, por encima de los locales y de Brasil. Pero para el certamen que se celebró en Uruguay en 1967, su debut, la única duda era saber por cuánto perderían.

Venezuela se vistió con camisetas de Peñarol.

Venezuela se vistió con camisetas de Peñarol.

El 18 de enero de aquel año, solo siete mil personas fueron al Centenario a asistir al primer partido copero de Venezuela ante Chile. Nuevamente vale insistir que la organización de la Copa América por entonces era risible (al punto que el Brasil de Pelé no quiso participar), que apenas compitieron seis selecciones y que el respeto que muchas de ellas le daban al campeonato era dudoso, lo que se traducía en que no era frecuente que tuvieran indumentaria alternativa. En este caso, Chile y Venezuela tenían camisetas en tonos rojos muy similares. Como un sorteo determinó que los venezolanos debían cambiar de indumentaria, se buscó la solución más a mano. Esta fue un montón de casacas de Peñarol que había en las entrañas del estadio.

En ese momento, Peñarol era campeón de América y del mundo, pero no le trajo suerte a los visitantes. Chile les ganó 2 a 0 en su debut continental. La actual vinotinto nació aurinegra­.

La copa fría. La Copa América pasó a llamarse oficialmente como tal en la edición de 1975. Curiosamente, para entonces vivía su peor momento. La instancia anterior se había jugado en Montevideo, en 1967, ocho largos años antes. La Copa Libertadores, el torneo continental de clubes, la había superado mucho en popularidad. Ninguno de los afiliados a la Conmebol estaba por demás interesado en oficiar de anfitrión. En un intento para reflotar el interés por el torneo, se decidió jugarla sin sede fija, a lo largo de toda Sudamérica, en grupos, como por entonces se jugaban las eliminatorias a los mundiales. Dadas las distancias y los viajes, se previó que el torneo se desarrollara a lo largo de tres meses.

Verónica Salinas fue la responsable de que Perú pasara a la semifinal en 1975.

Verónica Salinas fue la responsable de que Perú pasara a la semifinal en 1975.

La idea cuajó. Tanto que por primera vez participaron las 10 selecciones afiliadas. Se dispusieron tres grupos de tres países, a dos ruedas, partido y revancha. Los ganadores de cada grupo, más el campéon de la edición anterior (Uruguay, en este caso) disputarían las semifinales, también en ida y vuelta. Y de ahí se jugaría la final, la primera final propiamente dicha. Este formato persistiría para las ediciones de 1979 y 1983.

Pero la impericia organizativa seguía al firme. En una de las semifinales, Perú le ganó a Brasil 3 a 1 en Belo Horizonte y la canarinha devolvió­ el favor ganando 2 a 0 en Lima. Estaban empatados en puntos y goles. Ante tamaña igualdad, el reglamento no contemplaba alargues, penales, partidos de desempate ni goles de visitante. Lo que estaba estipulado era un sorteo, como si fuera una kermesse.

Selección de Perú 1979.

Selección de Perú 1979.

El sorteo se realizó en la sede de la Conmebol­ que entonces estaba en Lima. Los nombres de los dos países se escribieron en un papel y se colocaron dentro de sendas bolillas en una copa de vidrio. Una niña de 14 años debía escoger la ganadora. Y escogió la que indicaba Perú. La niña se llamaba Verónica Salinas y era la hija del presidente de la Conmebol­, Teófilo Salinas, peruano. Desde entonces corre la leyenda­ —jamás comprobada, jamás desmentida— de que una de las bolillas había pasado un tiempo prudencial en una heladera y que la chica recibió la sugerencia “agarrá la bolilla que esté fría” antes de meter mano en la copa. Perú fue finalmente el campeón, tras vencer en la final a Colombia.

La primera mascota. En Argentina 1987, la Copa América volvió a tener una sede fija, costumbre que no se ha perdido hasta ahora. También fue la primera vez que este torneo tuvo una mascota. En este primer caso fue Gardelito, que no era otra cosa que un Carlos Gardel niño, con una enorme sonrisa, peinado a la gomina, camisa y bufanda con los colores argentinos, pantalón y zapatos oscuros bien tangueros y pelota al pie. Dada la conocida disputa por el origen del Zorzal, Uruguay se vengó saliendo campeón de ese torneo pese a apenas jugar y ganar dos partidos (incluyendo la semifinal ante los locales), desacierto organizativo y resabio del formato de disputa anterior que por bien de la competencia se cambió.

Gardelito, la mascota de Argentina de 1987.

Gardelito, la mascota de Argentina de 1987.

¿Algo más? La mascota oficial de la próxima Copa América es un águila llamada Capitán. Cuando el torneo se celebró por última vez en Uruguay, en 1995, le tocó a un torito llamado Pepe, cuya popularidad duró tanto (o tan poco) como la canción oficial Todos goleando del Pájaro Canzani. Es un hecho que por este lado del mundo estas cosas no calan hondo.

La mano del diablo y no de Dios. Está claro que el VAR no es la panacea, pero fallos groseros de antaño hoy no tendrían lugar. Uno de los más evidentes fue en el partido de cuartos de final de la Copa América de Uruguay 1995, que, en la ciudad de Rivera, disputaron Brasil y Argentina. Para muchos fue una final anticipada: la década de 1990 no fue próspera para la Celeste y no eran muchos los que confiaban en su éxito.

Volviendo a ese partido, Argentina ganaba 2 a 1 y quedaban pocos minutos. En un desesperado ataque brasileño, un centro de Jorginho fue bajado con el brazo (algo notorio hasta para un ciego) por el centrodelantero Tulio, que fusiló al arquero rival. Cuando todo el mundo esperaba la sanción, la anulación y el tiro libre, el árbitro peruano Alfredo Tejada marcó el centro del campo, decretando el empate. Los argentinos lo querían matar, mucho más cuando Brasil se terminó imponiendo por penales.

Enzo Francescoli en 1995.

Enzo Francescoli en 1995.

Según publicó la revista deportiva argentina El Gráfico, Tejada se convirtió en algo así como el enemigo público número 1 de los argentinos (distinción para la que, en los años 90, había muchos personajes para escoger), y enumeró todas sus peripecias inmediatas. El entonces presidente de la Asociación del Fútbol­ Argentino, Julio Grondona, fue a insultarlo y golpearle la puerta del vestuario (en realidad, lo que quería golpear era la cara del peruano); el presidente argentino, Carlos Menem, calificó el episodio de “robo monumental”; el árbitro debió cambiar de hotel en el que se alojaba, su nombre (se registró con un seudónimo) y hasta el pasaje de regreso a su país, ya que tenía una escala en Buenos Aires.

Contra la mayoría de los pronósticos, Uruguay salió campeón de esa Copa. Aún hoy es el único anfitrión invicto en la más que centenaria historia del torneo. Tejada, médico de profesión, siguió arbitrando unos años y luego incursionó en la política.

Ausencia argentina por terrorismo. Para 2001 las cosas habían cambiado. Se había vuelto al formato de sede única, con varias subsedes en el país organizador (desde 1987) y aumentado a 12 los participantes (desde 1993). Pero había cosas que no habían y no han cambiado, como la convulsión crónica que sufre el subcontinente.

Colombia albergaba la primera Copa América del siglo XXI, su 40a edición y esperaba recibir a todos los seleccionados de la Conmebol­, más la invitación a Costa Rica y México. En ese año, el proceso de paz con la guerrilla colombiana vivía puntos bajos, con tres grandes atentados de las FARC en Medellín, Cali y Bogotá, con más de 10 muertos y 150 heridos, y el secuestro del dirigente deportivo Hernán Mejía Campuzano, justamente uno de los cerebros de la organización del evento.

En lugar de Argentina, llegó invitada Honduras como sustituto de última hora en 2001.

En lugar de Argentina, llegó invitada Honduras como sustituto de última hora en 2001.

Pese a ese escenario, los patrocinantes y la televisión presionaron para que el torneo se jugara de todas maneras, lo que fue ratificado por la Conmebol muy poco antes del inicio. Sin embargo, Argentina desistió de participar. Una amenaza a la delegación llegada al consulado argentino en Bogotá fue el argumento definitivo. Fue un golpe grande a la Copa, ya que por entonces Argentina, dirigida por Marcelo Bielsa, era la mejor selección del continente y lideraba cómodamente las eliminatorias para el Mundial de Corea y Japón de 2002.

En lugar de Argentina llegó invitada Honduras, como sustituto de última hora. Quienes entraron por la ventana obtuvieron un sorprendente tercer lugar y dieron un batacazo enorme al vencer 2 a 0 a Brasil en cuartos de final. Colombia ganó la Copa América por primera y única vez.

Espantoso subcampeón. El formato impuesto desde Ecuador 1993, que combina una fase inicial de grupos con una segunda fase eliminatoria, ha permitido algunos sucesos curiosos. En Paraguay 1999, por caso, logrando una victoria y dos derrotas en su grupo, apenas clasificando como mejor tercero, y empatando y venciendo luego por penales en cuartos y semis, una selección uruguaya compuesta por jugadores del medio local, sin sus principales figuras, alcanzó a disputar la final. Claro, la agarró un Brasil con Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho, Roberto Carlos y Cafú —o sea, lo mejor que tenía— y le ganó casi sin despeinarse: 3-0.

Uruguay salió campeón por última vez en 2011

Uruguay salió campeón por última vez en 2011

Pero nadie esperaba que pasara algo como lo de Paraguay en la Copa América de 2011, en Argentina, que llegó a la final sin ganar un solo partido. Sí: los albirrojos clasificaron a la fase eliminatoria luego de empatar los tres partidos de su grupo (0-0 con Ecuador, 2-2 con Brasil y 3-3 con Venezuela), eliminar luego por penales a Brasil en cuartos y a Venezuela en semifinales. Habiendo en sí empatado todos los partidos, consiguió el derecho a jugar el encuentro decisivo. Como el fútbol, por lo general, es justo, Uruguay lo goleó 3-0 y ganó la que hasta ahora es su última Copa América.

Campeones y récords

- Con 15 títulos cada uno, Uruguay y Argentina son los países que han ganado más veces la Copa América. Brasil, con nueve, está tercero lejano. Más lejanos están los demás: Paraguay, Perú y Chile­ tienen dos títulos, Bolivia y Colombia poseen uno.

- Solo Ecuador y Venezuela no han salido campeones entre los combinados de la Conmebol. Tampoco han ganado una Copa América ninguna de las selecciones invitadas, aunque México fue finalista en Ecuador 1993 y Colombia 2001.

- La mayor goleada de la historia de este torneo fue un Argentina 12-Ecuador 0, en el Campeonato Sudamericano de 1942, que se disputó en Montevideo.

- El argentino Lionel Messi y el chileno Sergio Livingstone son los jugadores que más partidos han jugado por la Copa­ América. Livingstone, arquero, las disputó entre 1941 y 1953, sin salir campeón. De Messi —que ganó la última, en Brasil 2021— ya no hace falta hablar.

- También es compartido el título de máximo goleador histórico: Norberto Méndez, argentino, y Zizinho, brasileño, anotaron 17 goles. El primero ganó tres títulos y el segundo, uno.

- El uruguayo que más jugó por la Copa América es Ángel Romano, que disputó 23 partidos entre las ediciones de 1916 y 1926. El máximo artillero uruguayo es Héctor Scarone, que anotó 13 goles entre los torneos de 1917 y 1929.

- Romano, además, es el jugador que ganó más ediciones de la Copa América: seis en total.

- Pelé y Diego Maradona nunca ganaron la Copa América. El brasileño jugó una sola, la de 1959 en Argentina, donde como consuelo resultó goleador y elegido Mejor jugador. El astro argentino jugó tres, las de 1979 (sin sede fija), 1987 (en Argentina) y 1989 (en Brasil).

- La de Uruguay es la selección que más partidos jugó por Copa América y que más ediciones jugó: 206 y 45, respectivamente. Solo se ausentó en dos torneos (1925 en Argentina y 1963 en Bolivia).

- Argentina es la selección con más partidos ganados y más goles anotados: 127 y 474, respectivamente, en 43 participaciones.

- Chile es el país con más partidos perdidos: 87. Jugó 40 ediciones.

- Ecuador es el equipo más goleado: le hicieron 327 tantos en 29 torneos.