Foto: Anabella Aparicio Sobera
La monarquía según los británicos. “Estabilidad”,
“identidad”, “patriotismo”, “orgullo”, son las palabras que se repiten al
preguntarles a los británicos qué representa para ellos la realeza.
La esperanza
y simpatía hacia el nuevo rey radica en su trabajo por la sustentabilidad y la
promoción del cuidado del medio ambiente. Pero también ven con buenos ojos el
papel de relevancia que se les dio a las organizaciones sociales y a la tarea
del voluntario. Todos los consultados coinciden en que a pesar del gasto que
genera, la monarquía es una fuente de ingresos para el Reino Unido como
atracción turística y para intermediar ante problemas políticos.
Camilla vs. Diana. La polémica vida amorosa del ahora
rey fue uno de los hechos que provocó más polémica mediática y varios dolores
de cabeza para su madre, Elizabeth. Su matrimonio y posterior separación de la
princesa Diana, tras el conocido amorío de Charles con la ahora reina Camilla,
separó a la opinión pública en dos en aquel entonces, algo que se potenció con
la muerte de Lady Di en 1997.
En 2005 Charles y Camilla finalmente se casaron. Pasaron más de 20 años
de estas tormentas que rodearon a la familia real, y la población parece haber
sanado también esa herida.
“Camilla fue siempre la uno, el amor verdadero. A él se lo ve feliz.
Desde un primer momento deberían haberlos dejado casarse”, dijo Joanna. Ella y
su hermana Lucy llegaron desde Wales disfrazadas del matrimonio real y
despertaron el pedido de cientos de selfies. “Hoy somos celebridades,
mañana volvemos a ser nadie”, dijo entre risas Lucy.
“No me gusta Camilla. No acepto a las personas que cometen adulterio y
creo que fue muy duro para los hijos (Harry y William) verla convertirse en
reina. Pero yo ahora esperaré, le abriré mi corazón y le daré una oportunidad
para ver qué ocurre”, dijo por el contrario Jackeline, otra de las consultadas.
Los recién coronados reyes volvieron al palacio en su carruaje de oro. Foto: Marco Bertorello, AFP
Cuenta regresiva. Viernes a la noche, en algunas
zonas de camping suena Our house, de la banda Madness. Mientras que en
otro lado puede oírse Get back de The Beatles. El ambiente invita a
seguir los festejos, pero a las 12 de la noche el personal de seguridad
solicitó apagar la música y respetar el horario de descanso. Había que recargar
energías para el gran día.
A las 6 de la mañana del sábado comenzó el desarme de carpas. Muchos
directamente tiraron todo a la basura para no ocupar espacio. Poco después se
pidió también cerrar las sillas. A las nueve de la mañana ya se había cerrado
el ingreso, pues la capacidad en la avenida The Mall estaba colmada.
La
preservación del lugar era sagrado para cada persona, que, con respeto, lo
cuidaba celosamente. Todos querían tener la foto de los reyes saludando desde
la carroza de oro. Y muchos incluso subían a postes a escondidas de los
guardias de seguridad para tener una mejor óptica.
“Es Lady Di desde los cielos”, comentó una joven refiriéndose a la
lluvia, que comenzó sobre las nueve de la mañana y no dio tregua en todo el
día.
Cada
movimiento que había en la avenida generaba la mirada de todos, los nervios
eran cada vez más. A las 10 de la mañana la Guardia Real se formó a lo largo de
la avenida y todos levantaban sus celulares para capturar a estos
característicos soldados de sombrero negro y traje rojo.
Las pantallas gigantes y los altoparlantes instalados a los lados de la
avenida permitieron seguir la transmisión de la ceremonia a través de la cadena
estatal BBC.
Con la reconocida puntualidad inglesa, se entreveía en las pantallas que
había partido el carruaje real a las 10.20 del Palacio de Buckingham rumbo a
Westminster, tal como estaba previsto.
Comenzaban a flamear las banderas a pesar de estar ensopadas por la
lluvia. Todos preparaban sus cámaras para obtener la mejor foto del momento, se
visualizaban cada vez más cerca los caballos blancos que escoltaban el carruaje
y las lágrimas de cientos de personas se mezclaban en sus rostros con las gotas
de lluvia.
El príncipe de Gales, primero en la línea de sucesión del trono, con Kate, a su regreso de la Abadía de Westminster. Foto: Odd Andersen, AFP
Aya, una argentina de 32 años que viajó especialmente a Inglaterra para
la ceremonia, fue una de esas personas. Ella no se explica cómo puede sentir
tanta felicidad y emoción por alguien que no conoce. “Ver a alguien que tuvo
que afrontar tanta crítica. Camilla soportó tanto desprecio y después de tanto
trabajar su imagen pudo llegar ahí. Ver eso finalmente pasar, cuando seguís a
la realeza por años, fue hermoso y emocionante”, comentó esta especialista en
temas de realeza que comparte sus conocimientos en su Instagram.
El paso de la carroza duró unos 20 segundos, y la adrenalina colectiva
estaba en su punto máximo. Poco importaba el mal tiempo. Ahora lo importante
era cómo seguir la ceremonia y no perder el lugar para ver pasar la carroza de vuelta
y llegar lo más cerca posible al palacio para el saludo desde el balcón.
Bajo paraguas y con celulares o tablets, así fue como muchos
eligieron seguir la misa.
“Fue una
sorpresa muy grata que transmitieran el servicio por altoparlante”, dijo John,
de 68 años, quien llegó a las seis de la mañana pero solo pudo ver la parte
superior de la carroza. Luego permaneció horas sentado en su banco plegable y
preservándose de la lluvia con un poncho de nylon. Pero no le molestó el
esfuerzo. “Sé que en mi casa podría verlo más cómodo, pero es muy lindo vivir
la atmósfera que se siente aquí”, comentó.
Otra señora aprovechó los minutos sin lluvia para avanzar en su tejido de
un pequeño mantel de crochet blanco. Luego tomó un descanso, preparó un té con
leche hincada en el piso y lo acompañó con gomitas dulces y galletas saladas
mientras seguía el audio de la misa. Había que recargar energías para el resto
del día.
Foto: Anabella Aparicio Sobera
En primera fila. “Me levanté a las cuatro de la
mañana y a las seis ya estaba en la puerta de Westminster”, relató Geoff, el
historiador. Fue uno de los 20 primeros en llegar a la abadía y, por lo tanto,
uno de los primeros en entrar al sagrado templo. “Pregunté dónde debía sentarme
y me dijeron que podía elegir cualquier lugar. Así que fui a la primera fila y
de pronto estaba tan cerca del rey y la familia real como si fueran cualesquier
otras personas comunes y corrientes”, agregó.
No solo él estuvo emocionado durante toda la jornada, su familia y sus
amigos del museo, al verlo en la televisión, sentían que estaban representados
a través de su persona.
“El servicio fue muy hermoso y movilizador. Sé que nunca voy a
experimentar algo así en mi vida. Vi a todos los integrantes de la realeza,
jefes de Estado y famosos. Fui abrumado con todo ese esplendor y aún no puedo
creer que yo, una persona común, fui uno de los 2.000 que estuvo ahí”, agregó.
Terminó la ceremonia y detrás del rey, junto a miles de celebridades,
salió Geoffrey de la Abadía aún atónito por lo que había presenciado. Regresó a
su casa en la ciudad de Chester, al norte de Inglaterra, con la noticia del
triunfo del Liverpool por 1-0 contra Bretford. La alegría fue completa.
La de Charles III fue la segunda coronación en ser televisada desde
dentro de Westminster. La primera había sido la de su madre, la reina Elizabeth
II, en 1953, en una era donde pocos hogares tenían acceso a una televisión.
“Nuestros padres contaban que todo el vecindario se reunió en una casa para ver
la transmisión. Y ahora yo tengo la posibilidad de estar acá. Son cosas que se
viven una vez en la vida”, contó Sue, una de las británicas que quisieron ser
parte de los festejos.
Joan, de 74 años, puede decir que vivió dos coronaciones y en esta
oportunidad pudo llegar a Londres para verla de cerca. Llegó desde Manchester a
pasar la noche del viernes junto a su hijo, tan solo con una silla y comida
para pasar las horas, y lució una réplica en crochet de la corona de St.
Edward, una de las dos que lució Charles III en la ceremonia.
Los atuendos de la multitud que acompañó los festejos fueron en extremo patrióticos; hubo desde prendas con la bandera hecha de lentejuelas hasta coronas tejidas en croché. Foto: Anabella Aparicio Sobera
El regreso. “God save the King”, se oyó
por el altoparlante, y un cañón emitió un disparo que, al oírse en la avenida
The Mall, despertó los gritos de festejo de los miles de presentes. En minutos
estaría de vuelta el rey en su carruaje de oro.
Esta vez el paso duró unos segundos más y todos, entre la emoción, la
ansiedad y el afán de sacar fotos, intentaban identificar quiénes iban en el
resto de los carruajes. Finalmente llegaron al palacio y minutos después se
habilitó el ingreso de la gente a la avenida para acercarse a saludar al rey.
La masividad impidió un orden para que todos pudieran ver apropiadamente
y Lisa, quien estuvo cinco días acampando para este evento, no pudo ver el
saludo del rey desde el balcón del palacio, pues cuando se habilitó el ingreso
a la calle un manifestante causó disturbios, fue detenido y se cortó el paso a
quienes estaban allí.
Aya tampoco pudo ver nada, era demasiada la cantidad de gente, pero
consiguió seguirlo a pocos metros, por la pantalla gigante, y eso fue
suficiente.
En Hyde Park se vivía un clima totalmente diferente, festejos pero con
calma y espacio para disfrutar de la transmisión y ver en primera plana el
saludo de los nuevos reyes. En el espacio donde se montó una de las pantallas
gigantes se esperaba con expectativa el desfile aeronáutico que comenzaría por
ese punto de la ciudad y claramente pudieron contemplarse los aviones que
representaron en el aire los colores de la bandera de Reino Unido.
Con algo de sueño y curiosidad, los príncipes Louis y George miraron desde el carruaje a la vuelta de la coronación de su abuelo como rey. Foto: Oli Scarff, AFP
Harry y el príncipe Andrew fueron los invitados incómodos de la celebración. Foto: AFP
“No es mi rey”. Sobre las ocho de la mañana, pocos
metros antes de llegar a Trafalgar Square, Kyle y su madre, Jane, fueron
interceptados por la policía por segunda vez en su camino al centro. Ambos
lucían remeras amarillas y carteles con la inscripción: “No es mi rey”, y
“Abolir la monarquía”. Esa fue la consigna de las protestas pacíficas
realizadas en la histórica plaza, a metros de donde pasó la procesión real.
“Están preocupados de que vayamos a hacer algo. ¿Te parece que puedo
desatar algún incidente?”, dijo Jane, señalando con su mirada el caminador que
la ayuda a movilizarse. Ellos forman parte de una organización que reclama la
abolición de la monarquía al considerar que la realeza “es una organización
selecta de personas que concentran el poder. Y en esta era, la democracia no
debería pagar los gastos de esto teniendo en cuenta la crisis que atraviesa el
país”, indicó Kyle.
Por su parte, Aisha y Marlon, dos jóvenes veinteañeros, se manifestaron
en apoyo al reclamo de India, quien exige a Charles III la devolución del
diamante Koh-i-Noor, proveniente de ese país, tomado por la monarquía en la era
colonial y utilizado en la corona real.
Ambos elaboraron una corona con materiales que se encuentran en Reino
Unido tales como arcilla, minerales o ladrillos, y de esa forma reclaman que la
corona devuelva las piedras preciosas extraídas de otros países siglos atrás.
“Que aún se preserven estas piedras es una reafirmación del pasado colonial.
Los países tienen derecho a recuperar sus patrimonios”, indicó Aisha.
Katy Perry tuvo un lugar estelar en el Concierto de la Coronación, el primer evento de esta índole que se celebra en el Castillo de Windsor, al que asistieron unas 20.000 personas. Foto: Chris Jackson, AFP
Sin descanso. El sábado,
Jackeline y Roseline empezaron el día 2.45 de la madrugada para tener un buen
lugar desde donde ver la procesión en The Mall. El domingo a las 10 de la
mañana estaban de vuelta en el mismo lugar, con su pícnic preparado para el
Gran Almuerzo y también en busca de un buen lugar para ver la transmisión por
pantalla gigante del Concierto de la Coronación. Estos dos eventos
fueron la tónica del domingo, que convocó a la población a compartir la comida
como forma de seguir las celebraciones.
Para las amigas no hubo cansancio, no importaron las pocas horas de sueño
y disfrutaban a pleno el sol primaveral que se hizo presente durante toda la
jornada. “Sentí la conexión de todos los países, de quienes vinieron desde
otras parte del mundo para celebrar con nosotros. Estoy muy orgullosa y
emocionada, fue muy lindo pues la monarquía es como tener una familia
extendida, no podría vivir sin ellos”, indicó Jackeline.
Al día siguiente de la coronación se organizó el Gran Almuerzo en Downing Street, que tuvo como anfitrión al primer ministro británico, Rishi Sunak. Foto: Odd Andersen, AFP
El quiche de la coronación, una receta difundida por los reyes
para cocinar ese fin de semana, que contiene espinacas, habas y estragón, fue
el plato predilecto del día.
“El rey nos quiere ver juntos. Charles trae paz para todos, para que
estemos hermanados”, indicó Jane. Ella y su hija Christine vivieron de forma
muy especial el fin de semana.
Christine
trabaja en la asociación North Staffordshire Carers, dedicada a ayudar a
adultos mayores o personas con discapacidad. Durante todo el mes estuvieron
preparando los festejos para el fin de semana y por eso trajo desde su ciudad
las bandas de cabello adornadas en crochet con los colores de la bandera
británica. “A pesar de la crisis y todo lo que estamos pasando, fue lindo poner
nuestra atención en estos preparativos y unirnos para celebrar”, agregó.
La realeza también cantó y agitó sus banderas al ritmo de la música en el concierto. Foto: Stefan Rousseau, AFP
Sobre las 19 horas era difícil encontrar lugar en el St. James Park para
ver el concierto en el castillo de Windsor. Las mantas, botellas, comida,
banderas y gorros con los colores de la bandera británica coparon el lugar.
El descorche de botellas de espumante o champagne no paraba en la espera
del inicio del recital. Sobre las 20.20 aparecieron los reyes en la pantalla y
la ovación fue generalizada.
Una
noche de música de primer nivel, un clima primaveral propicio para la ocasión y
el cierre de festejos que reafirmaron la predominancia de una monarquía que
mantiene un núcleo fuerte y fiel de adeptos, a pesar de vivir en la era
moderna.