Ciudad Universitaria: el coliving que hospeda a estudiantes del interior

Un nuevo modelo de residencia para jóvenes que vienen a estudiar a la capital; nació de una vieja idea de Jorge Larrañaga y el edificio lleva su nombre

Las despedidas, los nervios, las inseguridades, la satisfacción de poder decir “llegué”, así como el darse cuenta de que ahora todo depende de ellos mismos. Ivanna, Marcia y Santiago son unos de los primeros becarios que se instalaron en Ciudad Universitaria, el nuevo programa desarrollado por el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y el Instituto Nacional de la Juventud (Inju), en lo que alguna vez supo ser el hotel Los Ángeles, sobre la avenida 18 de Julio, entre las calles Río Branco y Julio Herrera y Obes.

Marcia es de Vergara (Treinta y Tres), a casi 350 kilómetros de Montevideo. Estudia en la Facultad de Agronomía, y después de vivir un tiempo con una familia amiga de la capital —y adaptarse a otras costumbres y ritmos de vida muy diferentes a los suyos—, su madre le acercó la propuesta de Inju para entrar a la Ciudad Universitaria.

Santiago tiene su casa en Playa Hermosa. Viajaba todos los días hasta la capital para cursar sus primeros años de Medicina, hasta que un poco más avanzado en la carrera prefirió instalarse en Montevideo para no perder más tiempo de estudio entre tanto ómnibus.

Ivanna López es de Mercedes, tiene 18 años y está estudiando la carrera de Contador Público. Este es su primer año, y desde marzo está viviendo en la capital por iniciativa propia. Primero estuvo en una residencia femenina en Parque Rodó y ahora está dentro del programa. Además de catalogarlo como “tremenda oportunidad’’, para Ivanna el cambio de su casa a la residencia, y ahora al edificio fue notable: desde las comodidades y su espacio personal hasta tener que cocinar y organizarse los tiempos para poder estudiar. En definitiva, crecer.

Marcia Ramos, estudiante de la Facultad de Agronomía. Foto: Sofía Torres

Marcia Ramos, estudiante de la Facultad de Agronomía. Foto: Sofía Torres

Nuevo proyecto, vieja idea. Por el año 2000 se aprobó dentro del presupuesto nacional la construcción de una Ciudad Universitaria en la excárcel de Miguelete con capacidad para más de 1.000 estudiantes, propósito del por aquel entonces senador de la República Jorge Larrañaga. Pero el proyecto nunca llegó a concretarse. “Este proyecto no es específicamente aquel, pero sentimos que de alguna manera viene a responder la misma demanda histórica”, explicó a Galería el director del Inju, Felipe Paullier. El edificio lleva ahora el nombre de Jorge Larrañaga por decisión del ministro de Desarrollo, Martín Lema. Este nuevo coliving universitario —inaugurado el lunes 24 con la presencia del presidente de la República— tiene seis pisos de habitaciones compartidas con baños privados, un escritorio y armario por cuarto, además de las áreas comunes para estudio.

El director del Instituto Nacional de la Juventud (INJU), Felipe Paullier, y el director de Descentralización y Territorio de INJU, Federico Delgado. Foto: Sofía Torres

El director del Instituto Nacional de la Juventud (INJU), Felipe Paullier, y el director de Descentralización y Territorio de INJU, Federico Delgado. Foto: Sofía Torres

Todo el edificio recibe muy buena luz natural y los corredores están cubiertos de pinturas modernas y coloridas. Hay además un comedor compartido equipado con cocinas eléctricas y heladeras nuevas, y una habitación destinada a la lavandería con lavarropas industriales.

El diseño de los espacios más todo lo referido al hospedaje está gestionado por Grupo Zag, “un grupo que hace una gran apuesta por la vida en comunidad”, opinó Paullier.

Foto: Sofía Torres

Foto: Sofía Torres

Gracias a una inversión de alrededor de 108 millones de pesos, esta “ciudad” alojará 180 becarios de entre 18 y 24 años —hoy ya están viviendo 70—, de distintos departamentos, que se encuentren cursando una carrera terciaria en la capital. Los jóvenes estarán acompañados por un equipo multidisciplinario fijo de técnicos del Inju, formado por educadores, trabajadores sociales y psicólogos. “No es un te doy alojamiento y se terminó, es buscar la contención, el seguimiento y el acompañamiento en el cumplimiento de los proyectos personales de esos muchachos”, señaló Federico Delgado, director de Descentralización y Territorio en el Inju.

El ingreso de la totalidad de los becarios se dará entre finales de este año y principios de 2023. El Congreso de Intendentes fue el encargado de la selección de los estudiantes becados, canalizando las solicitudes recibidas a través de las 18 intendencias departamentales. Los cupos se repartieron por intendencia, llevándose más cantidad los departamentos del norte del país por estar a una mayor distancia.

Eso sí, existen algunos requisitos. Además de la franja etaria, debe ser la primera vez que el estudiante viene a instalarse y estudiar en Montevideo. Otro de los requerimientos es estar becado por el Fondo de Solidaridad o por Bienestar Universitario, y que el ingreso del núcleo familiar del estudiante no sea mayor a 4 BPC per cápita (unos 20.000 pesos). Quien accede a las becas de Ciudad Universitaria automáticamente tiene acceso a la beca del Fondo, para “darle una solución más integral a su estadía”, explica Paullier, que no solo contemple el alojamiento sino también la alimentación y los boletos.

Lo que tampoco se descuida es el rendimiento de cada estudiante. Después de un año, para renovar el alojamiento del siguiente —las becas son por tres años— tiene que haber un determinado porcentaje de asignaturas asistidas y otro de asignaturas rendidas.

Mucho en común. Pero crecer siempre viene acompañado de miles de incertidumbres, así como venir del interior a la capital. “Me preguntaba cómo iba a ser convivir con otras personas, porque yo no estaba acostumbrado”, dice Santiago, que, confiesa, sentía algo de miedo que se disipó apenas cayó en la cuenta de que estaba rodeado de personas que estudiaban como él y con las que tenía muchísimo en común. “Aunque veníamos de contextos distintos está bueno ver cómo en un mismo lugar se concentran las mismas aspiraciones”.

Para Ivanna fueron nervios y emoción multiplicados a la décima potencia. “Pensaba que no le iba a hablar a nadie, pero no. El primer día ya nos llevamos muy bien entre todos, hicimos pizza, fuimos un ratito a la plaza…”.

A Marcia, por su parte, no le pareció tan difícil “despegarse”. Sus dos hermanas mayores ya habían tenido que mudarse a la capital y transitar por el mismo camino que ella, así que tenía dos ejemplos bien cercanos. Hoy está muy agradecida por la oportunidad de estudiar. “Estoy muy orgullosa de haber venido de un pueblo chico y decir ‘llegué’. Mucha gente de mi ciudad no pudo hacerlo”, contó. Pero la mejor parte es poder estudiar junto a personas con las que comparte el mismo “lenguaje”. “Yo soy muy nocturna, entonces suelo estudiar de noche. Con ellos (Ivanna y Santiago) compartimos eso, entonces aunque no estudiemos lo mismo nos pusimos horarios para hacerlo juntos, con recreos de cinco o 10 minutos, a veces un poco más (risas)”.

Foto: Sofía Torres

Foto: Sofía Torres

Crear comunidad. El programa apunta a un acompañamiento socioeducativo. El equipo a cargo sabe de dónde viene cada estudiante, quién es su familia, cuál es su realidad. La recepción de becarios se hizo progresivamente; semana a semana fueron ingresando por piso. Ivanna, Marcia y Santiago fueron de los primeros en llegar al piso 1, y ellos, junto con algunos pocos compañeros más, organizaron el recibimiento de la siguiente “camada”, y así hasta completar todos los pisos.

Cada piso tiene un delegado designado por votación. A ellos se les hacen los diferentes anuncios desde el área de Comunicación para que compartan la información con los demás. Si bien en el edificio siempre hay algún responsable presente, los delegados son los encargados de llamar a los coordinadores si hay algún inconveniente y de hacer cumplir el protocolo para situaciones graves. De todas formas, existe un teléfono de guardia activo las 24 horas con diferentes técnicos y coordinadores encargados de cada turno

El equipo de Inju, además, motiva actividades de integración, recreación y acceso a la cultura, sin mencionar el esfuerzo por fomentar el vínculo con Casa Inju. Desde allí se impartirán algunos talleres vinculados a la adaptación a la vida terciaria-universitaria, a fomentar el emprendedurismo y las competencias laborales.

Pero entre “pizzadas” y “guitarreadas” de bienvenida, también hay reglas que cumplir. Para ingresar al edificio los chicos tienen una llave de ingreso que funciona como un token en el cual se registran las salidas y los ingresos de lunes a jueves. Si en tres días el becario no marcó ningún ingreso, constituye una falta y la acumulación de varias puede significar el fin de la beca. “Nos parece bien, porque está pensado realmente para la necesidad. Si yo en un mes duermo seis noches afuera es porque tengo un lugar donde estar, entonces no necesito la beca”, opinó Marcia.

Si viajan para ver a su familia, tienen que avisar y llenar un formulario con el día de regreso. Al mes se pueden tener hasta seis faltas con aviso. Además, si bien pueden venir compañeros de facultad de los becarios a estudiar en las áreas comunes, que una persona ajena al programa ingrese a la habitación constituye una falta grave.

Por otro lado, los becarios pueden utilizar Slack, una aplicación para gestionar la comunicación en comunidad. Junto al nombre y foto de perfil, figura el número de habitación. Eso sirve para que el personal de servicio reconozca inmediatamente cuál es el aire acondicionado que se rompió o la puerta que no abre. Además la aplicación permite crear diferentes canales que agrupan los temas de conversación, desde uno exclusivo para comunicados hasta otro para pedir o prestar café, sal o encontrar un tupper perdido. 

FUENTE: nota.texto7