Cómo los vínculos traumáticos pueden terminar en tragedia

Relaciones violentas, la cultura del silencio, la falta de políticas públicas fuertes que ataquen la violencia de género y cifras que estremecen: causas y consecuencias de una epidemia que crece y que el año pasado se cobró una vida cada 10 días

Los últimos días han sidode duelo nacional. De leer y releer las noticias, indignarse, tratar de entender lo inentendible. Las redes sociales, termómetro de lo que aflige o hace vibrar a la sociedad, se llenaron de juicios prematuros, de descargos, de preguntas sin respuesta y de explicaciones erróneas, de desinformación.

¿Cómo no lo dejó? ¿Cómo aceptó volver a verlo? Son algunas interrogantes que se repiten con cada femicidio en que la víctima había acordado ver a su agresor. Las respuestas no son simples, pero sí tienen una lógica ligada directamente a un vínculo traumático, en el que el miembro manipulador genera tal dependencia emocional en la víctima que, una vez que está involucrada, resulta muy difícil escapar. Términos como refuerzo intermitente y disonancia cognitiva tienen que ver con la perpetuación de estas relaciones.

“El vínculo traumático es lo que mejor explica por qué una víctima no se escapa de su agresor. Porque además está el tema de la manipulación. Estas personalidades son expertas en ver las vulnerabilidades y heridas del otro para conquistarlo primero y usarlas en su contra después”, explica la psicóloga Mariana Álvez, directora del centro Psicología Positiva Uruguay. “Las personas sanas tienen mucha empatía, y el abusador la usa en tu contra cuando se hace la víctima, viene llorando, pide perdón y te dice mentira tras mentira. Y vos caés, porque querés creerle”.

Según datos del Ministerio del Interior, entre enero y octubre de 2022 murieron asesinadas 42 mujeres, 10 más que el año anterior; 67% de ellas en un contexto de violencia doméstica y violencia basada en género, y 37% había denunciado previamente a su agresor.

Otra cosa que se ha escuchado en estos días desde las voceras del feminismo es que hay una sensación de fracaso y un convencimiento de que la violencia de género no es prioridad para las autoridades. “Es un tema que nos pone como principales protagonistas, víctimas, a las mujeres, y creo que por eso el núcleo más fuertemente machista de la sociedad, que se reproduce en todos los estamentos y en el sistema político también, lleva a que haya una especie de desvalorización de la problemática de la violencia, una mirada de que es un problema puertas adentro, de la intimidad”, dijo Andrea Tuana, trabajadora social, investigadora y docente feminista uruguaya, magíster en Políticas Públicas de Igualdad y coordinadora académica del Diploma sobre Violencia Basada en Género de Flacso Uruguay. “Si bien toda nuestra legislación y nosotras desde nuestras organizaciones venimos peleando por decir: ‘Este es un problema de derechos humanos’, no es ese el pensamiento de quienes hoy están en el sistema político; más allá de que haya mujeres adentro haciendo mucha fuerza para que eso cambie”. Según Tuana, el fútbol es un tema más eje en la vida del país que la violencia contra las mujeres: alcanza con ver “el lugar, la presencia que tienen y las prioridades que se le dan”.

En los primeros 10 meses de 2022, cada 9 días se mató o se intentó matar a una mujer por su condición de tal.

¿Por qué se quedan? Es la pregunta que muchos se hacen cuando se sabe que otra mujer fue asesinada por su pareja (o expareja) en un encuentro pactado entre ambos. Hace falta conocer las dinámicas internas de esta clase de vínculos para entender el porqué de ciertos comportamientos.

Los vínculos traumáticos no tienen edad, pero sí es cierto que la parte manipuladora de la pareja encuentra tierra fértil para sus estrategias en la vulnerabilidad o inocencia del otro, cualidades bien propias de la adolescencia.

El ciclo de la violencia, según Álvez, comienza con el llamado bombardeo de amor. En esta fase es cuando el agresor hace todo por hacer sentir a la víctima la persona más especial del mundo a través de regalos, mensajes de amor, atenciones excesivas. “Es la etapa en que el abusador le va a dar a la víctima lo que la víctima necesita”, explica la psicóloga.

Justo cuando la víctima empezó a habituarse a esas demostraciones, y a necesitarlas, viene la fase de la devaluación. “Después de que te dije que sos la criatura más especial del planeta Tierra empiezo a encontrarte los defectos, a desvalorizarte. Las críticas pueden ir variando de acuerdo a la persona: pueden ir por la belleza, la inteligencia, la capacidad o por ningunear tu profesión en caso de que la tengas”. Pueden partir de alguna vulnerabilidad de la víctima o de algo totalmente inventado, pero el fin es siempre el mismo: minar su autoestima.

Lo que sigue se llama descarte y empieza sembrando inseguridad en la víctima. “Empiezan a seducir a compañeras de trabajo, de liceo, a meter a otras personas en el vínculo. No necesariamente van a ser infieles, pero te dan a entender que tienen muchas posibilidades, que son personas deseables”. “Cuidame”, parece ser el mensaje que envían. Eso es lo que llaman triangulación, que algunas veces termina, efectivamente, en el descarte, el abandono. “Ahí la víctima se siente totalmente desolada”.

En el 90% de los casos, dice la psicóloga, el agresor vuelve, y lo hace con una nueva estrategia: el hoovering (de aspirar); reaparece dispuesto a retomar contacto y manipular para recomponer la relación. “Con ese hoovering —una fase a la que otros autores llaman luna de miel— lo que hacen es atraerte de nuevo con todas las promesas: ‘Voy a cambiar, te voy a ser fiel, te voy a respetar”. Y así se completa el ciclo, que puede repetirse indefinidamente. Esto produce un vínculo traumático entre la víctima y su abusador, que casi siempre, según Álvez, encaja en un perfil de personalidad psicopática, del trastorno antisocial o narcisista.

Este tipo de relación se sostiene mucho en la dependencia emocional, y ahí se explica por qué las víctimas no pueden (o les cuesta mucho) alejarse. “Es como una adicción: ‘no puedo dejar este objeto de amor, no puedo soltarlo, lo necesito para vivir’. Lo que ata mucho es esa promesa de amor y también la sexualidad: “Utilizan el sexo como un arma. Incluso a veces te premian o te castigan con el sexo: te lo dan o te lo quitan”. A tal extremo llega a veces esa necesidad de las víctimas que pueden caer en la depresión o sufrir ataques de pánico si sienten que pierden al otro.

Trampas mentales. Al parecer hay tres trampas mentales básicas que las víctimas de estos vínculos se juegan de forma inconsciente. Una de ellas es la negación. “Es un mecanismo psicológico de defensa de nuestra mente, pero llega a tal extremo que se llama amnesia perversa. Este tipo te pegó el mes pasado y vos te olvidaste, o lo empezás a minimizar o a justificar. Es un alejamiento de la realidad”, explica Álvez.

La disonancia cognitiva también entra en la ecuación. “Se da cuando tenemos dos pensamientos diferentes, opuestos, que entran en conflicto. Si hoy mi novio me trajo flores y chocolates y me hizo pasar la mejor tarde, mi mente traduce: hombre bueno. Ahora, si mañana este novio me tiró al piso o me dijo ‘sos una estúpida’ o ‘no servís para nada’, mi mente piensa: hombre malo. ¿Y qué pasa? Que el cerebro se marea, bueno, malo, bueno, malo, y empieza a entrar en conflicto”. Es entonces cuando se activa la disonancia cognitiva, que hace que la persona no pueda entender cuál es la realidad.

Otra trampa mental que ayuda a sostener este vínculo traumático es el refuerzo intermitente. En general, cuando hacemos algo positivo podemos obtener una recompensa, y cuando un comportamiento tiene una recompensa positiva, el cerebro busca repetir esa conducta. “Si hoy mi novio me dijo que me amaba, hay una recompensa positiva. Mi cerebro constantemente va a estar buscando que vuelva a ocurrir, pero como no importa lo que vos, víctima, hagas, el comportamiento del abusador siempre va a ser errático, la mente entra, otra vez, en conflicto”. No importa lo que la víctima haga o sus cualidades, porque el otro puede un día premiar y otro día castigar la misma actitud. Esto es lo que se llama refuerzo intermitente.

La psicóloga advierte que esta dinámica se da también en una escala menor (pero bastante frecuente) en relaciones tóxicas que no alcanzan un desenlace trágico.

Lo peor del amor romántico. Entre la generación Z y la Alfa se ubican quienes hoy transitan la adolescencia. Aunque por lógica se tendería a pensar que son versiones más evolucionadas en cuestiones de género que sus antecesores, la generación X y los millennials, en los hechos no es tan así. “Cuando los gurises se enamoran empiezan a quedar atrapados en esas nociones que están tan naturalizadas que ni uno se da cuenta”, explica Tuana. “Es como la maternidad, que cuando tenés un bebé se aprieta un botón y la culpa te aparece. Por más reflexión feminista que tengas, eso está ahí, casi que en el ADN. Bueno, en el amor romántico pasa lo mismo”.

Si bien el cómo se es varón y cómo se crece varón es un mandato que ha cambiado en algunas actitudes —hoy se ve a más padres participando en la crianza de sus hijos, la limpieza de la casa, cocinando—, no se ha transformado demasiado en su núcleo más duro, opina Tuana. “Se sigue reproduciendo esta idea de que un varón tiene que demostrar que es una persona fuerte, que nadie lo puede herir en su honor, que de alguna manera tiene que defender su hombría. Entonces, ‘¿cómo puede ser que te pongas ese escote donde se te ve todo para salir conmigo? Te estás regalando, me querés dejar como un pelotudo’. Y ahí empezamos”. La magíster en Políticas Públicas de Igualdad, que participó como tallerista en la campaña “Nunca más a mi lado” —que organiza hace más de 10 años la banda No Te Va Gustar, la Bancada Bicameral Femenina y la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual—, conversó en esas instancias con adolescentes sobre relaciones de pareja libres de violencia y confirmó que muchos de ellos estaban reproduciendo en sus vínculos todas estas lógicas de control, de celos. “Ahí aparece lo de la prueba de amor: si confiamos el uno en el otro, nos tenemos que compartir todo, la contraseña de las redes, el celular; me tenés que mostrar a quién le diste like, a quién no”, cuenta Tuana, y advierte que ese tipo de comportamiento es bastante recíproco, porque también se ve en las mujeres: “Dentro de su mandato también tienen que cuidar que no venga ‘la otra’, rival, a sacarle el novio. Eso es también muy de la socialización de género de las mujeres. La otra es mi rival, no nos enseñan la sororidad”. La diferencia es que las mujeres no se ponen en un rol de imposición, dominación, control, amenaza y hostilidad si el otro no sigue sus órdenes; “eso es bien del mandato masculino”.

Estas pequeñas señales de alerta son las que trabaja Tuana en los talleres, además de otros temas, como el consentimiento sexual. “En un taller un gurí nos decía que a él nadie le había hablado de consentimiento sexual, ni sus padres, ni sus amigos”.

Tanto Álvez como Tuana hicieron referencia a la cultura del silencio, del “no hacer nada”. “No ser soplón, no ser alcahuete, cubrir siempre; los amigos se cubren. Entonces, de repente un amigo ve que otro está en cualquiera pero no lo va a quemar. Hay tantas puntas que empezás a desmenuzar y te das cuenta de que estamos a años luz en este tema”.

Política de estado. ¿Por dónde atacar un tema tan enraizado en la sociedad y que se agrava año a año? Según Tuana, jerarquizarlo es la cuestión. “Cuando lo jerarquizás lo que hacés es transversalizar el tema en todos los ámbitos, entonces lo colocás en el turismo, en la salud, en la seguridad, en la educación”. En este último punto es donde tal vez pone más fichas. Convencida de que no alcanza con algunas campañas puntuales (desde 2017 InMujeres y Mides llevan adelante “Noviazgos libres de violencia”, una campaña anual que busca promover a través de actividades las relaciones no violentas en la adolescencia y juventud en 50 días de reflexión), visualiza un futuro en el que una materia —que podría titularse Educación Sexual Integral— acompañe a los niños desde inicial y durante toda la Primaria con contenidos adaptados a cada edad. “En esa materia vas a estar trabajando en los derechos humanos, la relación en igualdad de género, ayudás a los chiquilines a realmente vivenciar esto de que los colores no tienen género, los juguetes no tienen género, no hay más fuertes o menos fuertes; que cada persona puede elegir y ser libre dentro de sus posibilidades, pero en sus proyecciones, en sus deseos. Me parece que hay un mundo de cosas que hay que trabajar —bullying, discriminación homofóbica, transfóbica, racismo— que tienen que ver con los derechos humanos y la construccion de sociedades en igualdad”. Si se aplicara un plan de este estilo, Tuana está convencida de que en 10 años se podría cambiar la mirada de esas nuevas generaciones.

Según datos del Ministerio del Interior presentados en noviembre de 2022, de enero a octubre de ese año se registraron 33.350 denuncias por violencia doméstica, 110 al día, una cada 13 minutos. De esas denuncias, 64% fueron contra parejas, exparejas o personas con quienes las víctimas (75% mujeres) mantenían un vínculo afectivo-sexual (75,5% de los indagados fueron varones).

“Hace tiempo que venimos hablando de que necesitamos un Ministerio de Igualdad para jerarquizar este tema, para sentarse en la mesa con el presidente de la República y los subsecretarios, y colocar el tema como eje en la vida del país”, dice Tuana. “Mis padres luchaban con un escarbadientes diciéndome que no fumara. Lo que se hizo con el tabaco no fue solo una campaña, fue una política de Estado antitabaco, y realmente hoy, si vos querés fumar, tenés que hacer un esfuerzo importante”. En su opinión, para erradicar la violencia de género hace falta mucho más que una campaña, hace falta una política de Estado.

Las banderas rojas. A escala micro, hay cosas por hacer en cuanto a los vínculos que se vuelven traumáticos en adolescentes. Siempre conviene estar atento a algunas banderas rojas, y lo mismo como padres, existen también llamadores a los que prestar atención. “Hay que acercarse a los gurises no desde un lugar de soberbia, sino bajar, hablar con el corazón y prestar atención a lo que está pasando”, sugiere Álvez. También es importante dejar de normalizar cosas que duelen. “Si a vos te duele que tu novio le puso un me gusta a una chica en bikini, es válido, entonces tenés que poner un límite ahí. Porque aunque lo haga todo el mundo, si a vos te duele, no está bueno. Si alguien rompe tu primer límite, capaz que no es el lugar sano para estar”. Según la experta, a veces somos demasiado comprensivos con conductas que después nos terminan jugando en contra. Su recomendación es bajar la tolerancia con las cosas que duelen. Y como padres, estar alertas, aunque aclara que estos vínculos se pueden dar a cualquier edad y en cualquier persona.

En caso de estar atravesando una situación de violencia doméstica, se puede llamar al 0800 4141, un servicio de orientación telefónica para mujeres gratuito, confidencial y de alcance nacional que atiende los 365 días del año, las 24 horas del día.