El relato que hace Neiba Pacheco, maestra de la escuela Nº 75 de Cuchilla
de Vichadero, de San José, en una carta dirigida a Carmen Albana Sanz, ayuda a
visualizar el impacto que la educación emocional puede tener en la infancia.
Pacheco cuenta que uno de sus alumnos, a quien se refiere como “el niño que se
sentía azul y negro”, no paraba de hablar, era inquieto y se negaba a aprender.
Ante cualquier pregunta respondía: “no sé”. La maestra veía en él unos ojos
tristes que entendía le estaban pidiendo ayuda. Y se tomó el tiempo de dársela.
Le propuso a toda la clase un juego: pintar un bollón de un color que reflejara
lo que sentían en ese momento. “Mae, yo estoy azul y negro. ¿Podemos hablar
afuera?”, le dijo el niño. “Ese día fue el primero de muchos, él se abrió de
tal forma que pude comprender cada una de sus actitudes, empaticé de tal forma
con él y su historia de vida que ambos lloramos un rato hasta que logramos
volver a la calma”, cuenta la maestra. “Ese día comprendí que (...) si un niño
no logra poner en palabras algo tan personal e íntimo como son sus emociones,
cómo puedo creer que le puedo enseñar lengua, geometría, física. Educar al niño
emocionalmente es tan importante y necesario como enseñarle a leer y escribir”.
El objetivo
de la ley es establecer un marco legal que garantice la implementación de la
educación emocional, posibilitando la formación en educación emocional de los
docentes en actividad. La educación emocional ilumina la vida, sostienen los
impulsores de la ley. Según el encargado de Comunicación de la comisión de
apoyo, Fernando Vallejo, “si las niñas y los niños uruguayos brillan, brillamos
todos”.
¿Qué es exactamente la educación emocional? “Es una acción
continua, sistemática, en la cual los docentes logran introducir en las aulas
una serie de actividades que están planificadas, secuenciadas, temporalizadas y
evaluadas; trabajan con los alumnos y logran construir en ellos una serie de
habilidades emocionales que les servirán para su vida en relación con el aula y
la sociedad”, explica Sanz.
¿En qué ayuda al niño? “Lo que
buscamos es que nuestros niños sean competentes emocional y socialmente para
que todos los uruguayos podamos vivir con un cierto grado de armonía”, explica
Sanz. “Esto, que a veces parece una utopía, tiene que ser una realidad. Tenemos
que educar para ser felices y, sobre todo, para estar bien en los lugares en
los que estamos. Por eso es importante que, a pesar de los pesares, a pesar de
las circunstancias que cada niño vive en su casa, de los medios en los que se
encuentra, él sepa que es importante”. La educación emocional los lleva a
conocerse a sí mismos, a saber regular sus emociones y a cultivar la empatía,
mientras desarrollan su autoestima y amor propio.
¿En qué ayuda a la sociedad entera? “Todas las
evidencias que nos han llegado de alguna manera reducen comportamientos de
riesgo social, como la violencia, las faltas de respeto, el bullying, el
cyberbullying, el coqueteo con sustancias nocivas, los embarazos
precoces, las depresión, la ansiedad, el suicidio”, dice Sanz. Las
investigaciones demuestran que existe un estrecho vínculo entre la reducción de
comportamientos de riesgo y el aumento de actividades de educación emocional.
¿Por qué es necesaria? “Cuando uno
habla con el mundo adulto, nos encontramos con altos índices de depresión, de
violencia, de siniestralidad en el tránsito. No es la solución de todos los
problemas, porque los problemas son mucho más complejos, pero la educación
emocional es un buen paso para mirarlos y encaminarlos desde otro lugar”, dice
Magela Grisoni, codirectora de la Escuela de Psicología Social e integrante de
la comisión de apoyo de la ley.
Aunque todos nos consideremos empáticos, lo cierto es que no es tan así.
“¿Cuántos padres se están tomando hoy los tiempos adecuados para realmente
escuchar a sus hijos”, se pregunta el director de Queen’s School. “Es un tema
de alfabetización emocional que tampoco los adultos tenemos, acelerado por los
procesos que la tecnología impone, cuando hay tanto adolescente que maneja
recursos y herramientas y accede a información que el adulto desconoce por
completo. Están manejándose en universos paralelos, porque el padre no se
sienta al lado del hijo, y cuando el hijo, al ser adolescente, quiere
diferenciarse, el adulto le dice algo como: ‘estás en la edad de la bobera’, y
eso en vez de mostrar empatía y comprensión hacia su hijo, pone más distancia.
Tenemos cada vez más niños y adolescentes solos, deprimiéndose, y ya estamos
viendo los resultados con cifras de intentos de autoeliminación que son
espeluznantes. ¿Por qué? Por padres que no tuvieron la capacidad de desarrollar
ese concepto que todos creemos tener, de ser empáticos; porque no estuvo esa
posibilidad de alfabetizarse emocionalmente. Por eso la importancia de generar
espacios para que las generaciones venideras sean más saludables”.
Desde la comisión de apoyo a la ley les pidieron a niños y niñas que dibujaran el sol de la bandera nacional. Lo que devolvieron terminó siendo el emblema de la campaña para impulsar la ley.
El rol de los maestros. Para que estas
actividades tengan un sitio dentro de la escuela se necesitan profesores
formados. “No podemos tomar a la ligera el concepto de educar en las emociones.
Partimos desde un supuesto pedagógico que queremos introducir en el ADN de la
educación y que comporta una serie de beneficios que van a ayudar a nuestro
país y, sobre todo, a estos jóvenes que muchas veces son vulnerables y que los
puede ayudar inclusive a la vinculación con el sistema educativo”, dice Sanz.
Por entender que sin el convencimiento de los educadores la ley, incluso
promulgada, puede no llevarse a la práctica, el intercambio con los docentes es
fundamental. En 2019, cuando la ley todavía no estaba sobre el papel, empezaron
a hacerse experiencias capacitando a casi 800 maestros de escuelas públicas y
privadas, de centros formales y no formales del país, con un alcance de más de
10.000 niños. “Hay una cosa que es clara: cuando un maestro cierra la puerta
del aula, hace lo que está convencido de hacer”, asegura la experta, “por eso
comenzamos a sensibilizar las bases y luego, desde arriba, vino el anteproyecto
para anclarse”.
Puertas adentro. Desde la comisión enfatizan que la
idea no es darles más trabajo a los docentes. “Es probable que se pueda
malinterpretar, y que los maestros puedan pensar: ‘ahora resulta que somos los
responsables de los males de la sociedad y tenemos que ponerle una solución’.
Nosotros intentamos trabajar desde un paradigma positivo. A veces los maestros
pierden mucho tiempo pedagógico en solucionar problemas en las aulas para poder
generar un clima adecuado de aprendizaje. Actualmente se están apagando
pequeños fueguitos, pero la idea es trabajar desde la prevención. Los maestros
no son psicólogos, esto tiene que ver con el ámbito pedagógico”, afirma Sanz.
Según Grisoni, “un maestro que está preparado para dar educación
emocional es un maestro que está más liviano en el aula, en el buen sentido. Se
para desde otro lugar, está más fortalecido y puede gestionar con habilidad los
conflictos que naturalmente se suscitan en cualquier ámbito educativo. Muchos
maestros se sienten agobiados porque no tienen las herramientas para resolver
los conflictos en el aula”.
Sin sesgo político ni religioso. La ley se
pensó para ser implementada “en el ámbito educativo formal y no formal, público
y privado, laico y confesional, de la capital y del interior, en todos los
niveles (inicial, primaria, media y terciaria)”.
Hasta el momento, el anteproyecto ha sido bien recibido por líderes de
distintos partidos políticos, explica la escribana pública Érika Palacios,
miembro de la comisión. “No se impone una manera de pensar. Acá no hablamos de
religión ni de política, solo del hecho de generar habilidades expresas. No les
vamos a decir a los padres cómo educar a sus hijos, ni a los docentes cómo
educar a los estudiantes”, asegura.
Casos de éxito en Uruguay. En este
momento Sanz está terminando una tesis doctoral que consiste en una
investigación con base en una experiencia sistematizada que viene realizándose
hace dos años en la escuela Nº 350 del barrio Borro, Unidad Casavalle,una
primera aproximación a aplicar la educación emocional en una escuela concreta.
“Los datos nos están mostrando que la educación emocional genera una relación
con la escuela, una vinculación con el sistema; los niños faltan menos”.
Otro ejemplo de institución en el que actualmente la educación emocional
es parte del currículo es el Queen’s School. “Hace varios años que tenemos un
currículum transversal que va desde inicial hasta secundaria y se trabaja
específicamente en esto, con diferentes actividades que se implementan”, relata
su director, y recuerda que la educación emocional se sustenta inevitablemente
en tres patas: los estudiantes, las familias y el equipo docente.
La ley en el mundo. De aprobarse el anteproyecto de ley
de educación emocional en Uruguay, sería el primer país de Latinoamérica en
conseguir ese logro. Sin embargo, aunque no a nivel país, sí hay ejemplos de
legislación en el tema en provincias de Argentina como Corrientes, Misiones y
Jujuy. Un caso similar es el de España. Chile está en una situación comparable
a la de Uruguay, con una ley en proceso. Solo el Reino Unido y Malta tienen
actualmente la educación emocional como ley.
Viabilidad
en Uruguay. A apenas dos
meses de iniciadas las clases y de implementada la tan discutida reforma
educativa, los impulsores del anteproyecto de ley afirman que de alguna manera
la competencia emocional está contemplada en el marco de esta transformación
educativa en al menos seis de las 10 competencias de las dos dimensiones
establecidas: la intrapersonal y la interpersonal. “Nada más afín a la
educación emocional que el desarrollo de habilidades y competencias
interpersonales e intrapersonales”, asegura Morrone. Se deduce entonces que la
eventual puesta en marcha de la ley no supondría grandes alteraciones a la
normativa actual.
Primeros
pasos. “Fuimos
recibidos por la Comisión de Educación de ambas cámaras, que tiene
representación de todos los partidos políticos, y los interlocutores, tanto del
gobierno como de oposición, nos han dado su apoyo, por ahora, a nivel moral”,
cuenta Morrone. “Creemos que estamos en vísperas de que algunos legisladores terminen
presentando en breve el anteproyecto para que sea analizado por las cámaras, y
ver las modificaciones eventuales que tendría esa redacción”. Según Grisoni,
“este es un anteproyecto para conversar, para trabajar. Es poner el tema en la
cancha”.
En los
últimos días la comisión mantuvo una reunión oficial con el presidente de
Codicen, Robert Silva, señal de que ANEP está abierta al planteo. Se han
reunido también con el senador de Cabildo Abierto Guido Manini Ríos y está
previsto para estos días un encuentro con la senadora del Partido Nacional
Graciela Bianchi. La meta es, reunión a reunión, obtener el apoyo de todos los
partidos.
La
comisión es optimista en cuanto a los resultados, y también en cuanto a la
celeridad de la posible aprobación de la ley. De ser así, será, sin dudas, un
antes y un después para los niños y futuros adultos del país.