Además de
la coordinadora técnica y el pediatra, el equipo está compuesto por una
maestra, dos maestras psicopedagogas y una psicóloga. “Cuando armamos y
diseñamos profesionalmente el programa, no podíamos concebirlo de otra manera
(que no fuera interdisciplinario) porque la población que nosotros atendemos
tiene una complejidad en su abordaje, que lograr el objetivo de
enseñanza-aprendizaje de otra manera era prácticamente imposible”, señala
Leibovici. De hecho, en lo que va de 2023, el 74% de los niños atendidos
provienen de contexto crítico.
Aula hospitalaria. En
febrero de 2022, cuando llegaron al Pereira Rossell, el hospital no contaba con
un espacio para ofrecerles, por eso debieron comenzar a dar clases en los
pasillos y en una habitación que compartían con el ateneo de cirugía. “El
espacio no estaba acondicionado, no había color, pero nosotros teníamos mucha
energía y los chiquilines aprendían igual”, recuerda Leibovici. Como el
programa fue creciendo y tuvo una respuesta mayor a la esperada, para este año
la dirección del hospital les adjudicó para ellos solos ese espacio del ateneo
de cirugía, ubicado en el segundo piso, que pudieron acondicionar para
asemejarlo a un salón de clase. Allí es donde trabajan hoy, sin embargo, este
no es el lugar definitivo. El “crecimiento exponencial” llevó a que les
otorgaran un nuevo espacio más grande en el sexto piso. “Estamos en un proyecto
para armar un aula hospitalaria acorde a nuestras necesidades, en la que haya
espacios de aprendizajes, donde los chicos tengan mayor alcance a las
herramientas que necesitan y sientan que el lugar los invita a quedarse y
aprender”, dijo la coordinadora técnica. La inauguración está prevista para
noviembre.
Actualmente,
el programa tiene cupo para unos 15 niños, un número que puede variar según la
situación de los alumnos y la modalidad de trabajo. Si bien en un primer
momento Sanamos Aprendiendo fue pensado para niños en situación de enfermedad,
la realidad del hospital llevó a incluir también a los pacientes sociales que
se encuentran internados allí. Se trata de niños con sus derechos vulnerados a
causa de abusos, maltratos, etc. “Son pacientes con historias muy fuertes, que
muchas veces llegan sin una continuidad escolar desde hace tiempo”, contó a Galería
Natalia Cronembold, maestra y psicopedagoga del programa. Hoy la mitad de los
chicos que atienden son pacientes sociales.
Los niños
se enteran del programa a través de médicos, enfermeras, jefes de Sala,
cuidadoras e incluso a través de sus propios compañeros de habitación. Sin
embargo, para poder ingresar deben pasar por una serie de pasos. Primero los ve
y revisa Lorenzo, el pediatra, quien además se informa del caso con el médico a
cargo del niño. Una vez que tiene un panorama completo de la situación, Lorenzo
lo conversa con el resto del equipo de Sanamos Aprendiendo y deciden si se lo
toma o no. En caso de que se lo ingrese, se le realiza un screening
psicopedagógico, con el objetivo de conocer el perfil de aprendizaje del niño y
establecer la estrategia de trabajo con él. “En general, casi todos los niños
tienen un espacio psicopedagógico y otro con la maestra. Aparte del trabajo que
hace Lucía, que es la psicóloga”, dijo Cronembold.
“Una de las
cosas que nos caracteriza es que es un programa hecho a medida. Esto significa
que tenemos que entender bien qué es lo que el niño necesita en el contexto en
el que se encuentra y cuál era su realidad antes de la hospitalización”, apuntó
Leibovici. De allí que también sea importante el contacto con su escuela, de
modo de conocer la situación desde el punto de vista del aprendizaje y desde la
socialización. “Esa es otra misión del programa. No es que la maestra se
desentienda del proceso. Para nosotros, es muy importante que ella siga
sintiendo que tiene un alumno internado, pero que mientras ella no esté, hay un
equipo multidisciplinario que lo está atendiendo, de acuerdo a los objetivos
que fijó con ellos”, explicó.
En este
sentido, María Laura Baladán, maestra y psicopedagoga, destacó la buena
disposición y receptividad de las escuelas. “Se puede hacer mucha alianza con
las maestras y eso es bueno porque los niños se sienten protagonistas. Hay
maestras que incluso vienen a visitarlos”. Por su parte, Leibovici señaló que
como parte de los objetivos del programa tiene que ver con la socialización del
niño, buscan también acercarlo lo más posible a “su mundo”, es decir sus amigos
y compañeros. “Los ayudamos desde un mensaje o una videollamada. Esto tiene un
gran valor para su situación médica”, aseguró.
Inclusión educativa. Cuando
el niño ingresa al programa, se le entrega una mochila con útiles. “A la
escuela no se puede ir sin materiales, por eso la entrega de la mochila
significa mucho más que seguir estudiando, significa que el sistema contiene a
ese niño”, opinó la coordinadora. Su modalidad de trabajo dependerá de lo que
haya considerado más conveniente el equipo de profesionales del programa.
Hay niños
que reciben las clases en la misma habitación, dado que no se pueden trasladar.
Otros concurren al aula y pueden tener las clases de manera individual, si
necesitan una atención más personalizada, o grupal, en caso de que tengan edades
o perfiles de aprendizaje similares. “Por lo general, estamos en el aula dos de
nosotras y tenemos clases de tres o cuatro niños. Una atiende en una mesa y
otra en la otra. A veces, también están los niños que no se quieren ir,
entonces se quedan por acá y siguen trabajando solos”, comentó la maestra
Natalia Churi.
Las clases
se dan de lunes a viernes, de 13 a 17 horas, dado que en la mañana los niños
reciben visitas médicas. “Las tardes se les hacen muy largas. Los médicos
terminan a las 12 horas y hasta las ocho de la mañana del día siguiente no ven
a nadie. A veces, el único momento en el que les sacás una sonrisa es cuando
vienen acá”, señaló Lorenzo.
Por su
parte, Conembold destacó los logros a los que llegan sus alumnos. “Son niños
que vienen de contextos muy vulnerables y con dificultades de aprendizaje. Sin
embargo, el poder trabajar con ellos desde una mirada interdisciplinaria y con
un trabajo sistemático, los ayuda a alcanzar avances muy grandes”, señaló.
Muchas veces llegan niños de 10 u 11 años, que están en cuarto o quinto año y
no saben leer o escribir. “No conocen las letras y les da vergüenza. Trabajamos
con ellos de forma individualizada y terminan diciendo que quieren aprender a
leer y realmente aprenden. Ellos se dan cuenta de la oportunidad que tienen y
nos piden para venir más veces por día o se quedan trabajando solos”,
manifestó. También suelen quedarse conversando entre ellos. “Está bueno porque
se juntan, se cuentan sus realidades, se escuchan y se hacen amigos”, señaló
Lucía Rossi, psicóloga.
Cada día
los niños se van de clase con deberes para el día siguiente. “Se quedan
felices” porque tienen algo para hacer en sus largas horas libres. Muchas veces
son también un factor de integración. “A veces, cuando vas a buscar a otros
pacientes, los ves en los pasillos haciendo juntos las tareas”, contó Baladán.
El equipo de Sanamos Aprendiendo: María Laura Baladán, Galia Leibovici, Natalia Churi, Natalia Cronembold, Julio Lorenzo y Lucía Rossi.
Pero el
trabajo de los profesionales de Sanamos Aprendiendo no termina aquí. Tienen
casos en que el alumno es dado de alta, pero no por ello puede ir a la escuela
y el equipo continúa su atención a través de clases y contactos virtuales. “El
programa tiene una fuerte impronta de política de inclusión educativa.
Entonces, tenemos que buscar todas las herramientas para que nuestro programa
termine cuando ellos vuelven a la escuela”, explicó Leibovici. “En este
momento, por una cuestión de recursos, lo hacemos a través de diferentes
plataformas de comunicación o videollamadas. Nos reunimos todos los días, la
maestra de su escuela se comunica con nosotros y a partir de eso, le damos la
clase virtual”, agregó.
Más cupos, más apoyo. El
programa, que cuenta con el aval de la Administración de Servicios de Salud del
Estado (ASSE) y fue declarado de interés público por el Ministerio de Educación
y Cultura (MEC) y la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), ha
sido tan bien recibido dentro del Pereira Rossell que actualmente hay muchos
padres de los alumnos o incluso liceales internados que también aspiran a ser parte
del programa. Sin embargo, por el momento no los pueden recibir porque el
proyecto está habilitado por ANEP y MEC para niños de Primaria, desde los cinco
años hasta sexto de escuela.
“Hay mamás
que no saben leer. Entonces, dos por tres nos pasa que si dejamos la puerta
abierta, la madre espera afuera, y cuando le hacemos preguntas a los niños, la
madre responde desde el pasillo. Ella también está aprendiendo”, contó Churi.
En cuanto a los liceales, Leibovici manifestó que la demanda los ha obligado a generar
espacios de tutorías, que funcionan como nexo con el liceo. “El liceo les sube
material a la plataforma educativa y nosotros los acompañamos en el sistema de
tutorías”, explicó.
Esto no
solo les pasa con los padres y con los liceales, también quedan un montón de
niños que no pueden ingresar debido a la falta de cupo. “Nos es muy difícil
decir que no. Tratamos de priorizar, pero nos damos cuenta de que todos tienen
prioridad”, aseguró Cronembold.
Actualmente
el programa se financia únicamente con donaciones de empresas y de
particulares. Por esta razón, la fundación llevará a cabo este jueves 28 un
encuentro de recaudación de fondos en el hotel Hyatt Centric. “El evento tiene
dos objetivos: agradecer a las instituciones amigas e invitar a nuevos colaboradores,
dado que hay mucho por hacer. En la bandeja de salida tenemos programas que
implican ampliar la población a la que atendemos”, adelantó la coordinadora.
Cuestión de derechos. En Uruguay, la Ley General de Educación establece que la educación es un derecho
humano fundamental, a lo largo de toda la vida, por lo que se debe garantizar
su continuidad sin discriminación. Sin embargo, hoy no existe en el país ningún
programa oficial que preserve la continuidad educativa de los niños
hospitalizados, algo que sí funciona en otros países.
Las clases se dan de lunes a viernes, de 13 a 17 horas, dado que en la mañana los niños reciben visitas médicas.
“Cuando
empezamos, me puse a estudiar y me di cuenta de que en otros países estos
programas existen por ley. El niño tiene derecho a la educación y el Estado lo
tiene que cumplir”, comentó Lorenzo. No obstante, dijo que lo más común es que
estos proyectos estén a cargo únicamente de maestras, no de un equipo
multidisciplinario como el de Sanamos Aprendiendo.
“Nada
iguala lo que se genera en el niño cuando está aprendiendo. Porque una cosa es
divertirse, que es algo muy importante cuando está en situación de
hospitalización, pero si a eso le sumás el sentirse parte de un sistema, el
aprender algo que no le salía y que le ayudó a proyectar el día en que salga
del hospital, lo que se genera es mucho mayor”, remató Leibovici.