El principio
del fin del dodo, cuyo nombre científico es Raphus cucullatus y su denominación
más digna es dronte, fue en 1581. En ese año otros aventureros, en este caso
españoles, llevaron un ejemplar a Europa. El espécimen llamó la atención. Su
carne, según quedó registrado, no era particularmente sabrosa; incluso ha sido
descrita como “nauseabunda” o “repugnante” en algunas anotaciones
neerlandesas. Pero sus plumas y sus huevos grandes sí eran más apetecibles.
En una fecha
imprecisa entre 1662 y 1690 los dodos o drontes ya se habían extinguido. En
ello jugó la caza indiscriminada y la recolección de huevos; estas aves hacían
sus nidos en el piso, por lo que hacerse de ellos era tarea facilísima, ¿por
qué habrían estos bichos de hacerlos en otro lado si no tenían enemigos
naturales? También influyó la llegada a Mauricio de varias de esas delicias que
los hombres llevan consigo: desde enfermedades traídas por las gallinas que
ellos mismos introdujeron hasta depredadores desconocidos en la isla, como
ratas o perros. El desenlace es fácil de imaginar: lo único que quedó de este
animal fueron ejemplares disecados como los que aún hay en el Museo de Historia
Natural de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido. La acción humana había
obrado de forma rápida y letal.
Un modelo del dodo se exhibe en el Museo de Historia Natural de Londres.
Cabe decir
que en el siglo XVII palabras como sustentabilidad, ecología y conservacionismo
eran desconocidas. La creencia general es que Dios, en tanto creador, no iba a
permitir la extinción de ninguna de sus criaturas, por lo que seguramente
—concluyeron— habría dodos en otras partes. Charles Darwin y sus ideas raras
sobre evolución y adaptación no calaron hondo hasta dos siglos después. El
concepto de extinción recién comenzó a usarse en 1796 por el científico
francés Georges Cuvier.
Quizá por
algo parecido a la culpa, la cultura le dio mucho espacio al dodo y no solo por
su presencia en la bandera de Mauricio. El clásico de Lewis Carroll Alicia
en el País de las Maravillas (1865) tiene al dodo como personaje en sus
capítulos dos y tres. Es quien dirige la llamada “carrera loca” (caucus race)
en la que no hay ganadores, perdedores, inicio o final. Por supuesto, también
apareció en sus sucesivas versiones fílmicas, ya sea la animada de Disney de
1951 como la de Tim Burton de 2010.
En La era
del hielo (2002), fantástica película de animación digital de los Blue Sky
Studios, es particularmente descacharrante la escena en la que se describe su
extinción. También tiene su dosis de crueldad: porque son presentados como unos
animales profundamente estúpidos que prácticamente se matan solos.
El filósofo
alemán Arthur Schopenhauer también lo menciona en su obra Sobre la voluntad
en la naturaleza (1836) como un ejemplo de lo que no debe hacer un animal
para sobrevivir: básicamente, no adaptarse a los cambios en su hábitat, aunque
ese cambio sea algo tan dramático como la llegada del hombre. Mucho más acá en
el tiempo, J. K. Rowling, la creadora de Harry Potter, lo incluyó en su Animales
fantásticos y dónde encontrarlos (2001); ella es mucho más amable con él:
según el texto, en realidad el dodo es capaz de desaparecer en un estallido de
plumas por lo que no estaría extinto sino escondido, pronto para reaparecer
cuando la ocasión sea propicia.
Esta quizá
sea la ocasión.
Genética
de ayer y de hoy. ¿Qué tienen en común la socialite
Paris Hilton, el empresario cinematográfico Thomas Tull, que estuvo detrás de Jurassic
World y la resurrección de Godzilla, y los financistas multimillonarios
Cameron y Tyler Winklevoss, que estuvieron en los primeros tiempos de
Facebook? Que todos invirtieron en Colossal Biosciences, una empresa fundada en
2021 por el emprendedor Ben Lamm, creador de exitosas startups, que con
el destacado genetista George Church se embarcó en un nuevo modelo de negocios:
la desextinción.
“Me apasionan mucho los temas del cambio climático y la
biología sintética. Pienso que esta segunda herramienta, con la ingeniería
genética, se puede utilizar para solucionar algunos de los enormes problemas
que tenemos. Hace unos años contacté a George Church, que es posiblemente el
padre de este campo, y le empecé a hacer preguntas sobre cómo podríamos
combinar inteligencia artificial y biología sintética. Después de eso, le
pregunté en qué estaba trabajando en ese momento. Me respondió que estaba
investigando tecnologías de desextinción. Estaba viendo formas de traer al mamut
lanudo de nuevo a la vida para reintegrarlo en el ecosistema ártico y después
quería emplear esas tecnologías para la conservación ambiental. Quedé
fascinado. Estaba completamente enamorado de la idea y dejé los otros proyectos
que tenía para dedicarme a esto”, dijo Lamm a El País de Madrid en una
entrevista publicada el 5 de mayo de este año.
El mamut
lanudo, un enorme antepasado del elefante con colmillos curvos de hasta cuatro
metros de altura y 12 toneladas de peso, extinto hace 12.000 años, es un objetivo
de Colossal a mediano plazo. A corto, está el dodo.
Hace casi un
año, en enero de 2023, Colossal había anunciado sus intenciones de
desextinguir al dodo. Se hablaba de que iba a ser necesaria una inversión de
150 millones de dólares. Pero recién en las últimas semanas se conocieron
datos de cómo lo harían.
Según informó CNN, la paleogenetista principal de Colossal, Beth
Shapiro, secuenció el genoma completo del dodo. La compañía también tiene la
misma información de otros dos pájaros, uno extinto y uno vivo, muy cercanos al
dodo. El primero es el solitario de Rodrigues, llamado así por la isla de ese
mismo nombre hoy bajo órbita de Mauricio; la segunda, todavía actual, es la
paloma de Nicobar, un ave de Indonesia que es el pariente más cercano del otrora
dueño de isla Mauricio. Siempre de acuerdo con esta cadena, los científicos de
Colossal descubrieron que las células germinales primordiales (PGC, por la
sigla en inglés) de esta última pueden desarrollarse en un embrión de pollo.
“Este es un paso vital en la creación de animales híbridos
mediante la reproducción. Los científicos ya habían introducido PGC para crear
un pollo engendrado por un pato, para lo cual se inyectaron PGC de pollo a un
embrión de pato, lo que produjo un pato adulto con esperma de gallo. Luego se
cruzó con una gallina, que dio a luz a un polluelo”, explicó CNN el 2 de
diciembre.
Eso
es coincidente con la mayoría de los programas de resurrección biológica, que
se basan en modificar el genoma de una especie viva y cercana para replicar el
del animal extinto a través de ingeniería genética.
Con
esta compleja metodología, Colossal quiere hacer lo mismo con el dodo. Lo que
había imaginado Michael Crichton en Parque Jurásico (1989), en el que se
completaba la genética de los dinosaurios con la de ranas, se volvería
realidad. El dodo resultante no sería exactamente el mismo bicho que vivía en
Mauricio antes de la llegada del hombre, pero sí sería lo más parecido posible,
si cabe la analogía.
Tan
avanzada está la idea que la empresa de Lamm se contactó con la Mauritian
Wildlife Foundation (Fundación para la Vida Salvaje de Mauricio) para buscar
un buen lugar para reinsertar al dodo.
Esto
está en sintonía con lo que Lamm había dicho en la citada entrevista en El
País de Madrid cuando se le consultó sobre las consecuencias negativas de
traer un animal extinto a un mundo que no es el mismo que conoció. “Lo que queremos hacer
es devolver la estabilidad a los ecosistemas con la desextinción. La
introducción por parte de los humanos de especies invasoras, como monos o
reptiles, fue lo que destruyó el ecosistema del dodo. Cuando llegue el momento,
trabajaremos con los gobiernos para determinar la forma correcta de
reintroducirlo. Les garantizo que el medio ambiente se puede beneficiar si se
reintroducen especies que fueron eliminadas por culpa de la influencia humana”.
No
todos están tan de acuerdo.
¿Para qué? El portal de la
revista Global de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
advirtió que la resurrección de un animal conlleva preocupaciones que van más
allá de la genética. Si la clonación, sintetizada en la oveja Dolly de 1996,
provocó debates grandes, traer de nuevo una especie desaparecida al mundo es
otra cosa.
“Muchos animales tienen comportamientos que son una
combinación de instintos genéticos y aprendizaje social. En el caso de especies
sociales, como el dodo, este aprendizaje es vital. Sin un grupo de su especie
para aprender, ¿es realmente posible que un dodo ‘recreado’ actúe y viva como
un dodo natural?”, se preguntaron los científicos de esa casa en marzo. “Además,
el mundo de hoy difiere drásticamente del que conocía. La reintroducción de
esta ave a su antiguo ecosistema, ahora alterado, presenta innumerables
incertidumbres”, agregó.
Solo
en los últimos ocho años se rompió varias veces el récord al año más caluroso
desde que se tiene registros. Y se tiene registros desde 1880, dos siglos
después de que el dodo dejara de lucir su torpeza en Mauricio.
Esta posibilidad de desextinguir una especie tuvo
repercusiones en todas partes del mundo. El filósofo Ronald Sandler, director
del Instituto de Ética de la Universidad Northeastern de Boston, en Estados
Unidos, apuntó al cimbronazo que puede provocar resurgir una especie
desaparecida en las políticas implementadas para la conservación de las ya
existentes. En un mundo en el que, según la National Geographic, el 20%
de las 7,7 millones de especies animales están en peligro de extinción, ¿para
qué seguir con una lucha que parece perdida si todo se resuelve con genética?
“Se corre el riesgo de perder de vista cuál es el verdadero problema que hay
que resolver”, advirtió este experto a la revista de ciencia y tecnología Wired.
En todo caso, más allá de la injusticia histórica con el
dodo, más allá de lavar las culpas de lo que generaciones atrás de seres
humanos más preocupados por la conquista que por el conservacionismo hicieron,
más allá de que después se puedan desextinguir animales desaparecidos por una
glaciación o un asteroide, ¿para qué hacer eso? ¿Vale la pena invertir tiempo,
recursos humanos, esfuerzo y millones de dólares? Y en todo caso, ¿por qué el
dodo y no el quagga? Son muchas las preguntas por ahora sin respuesta.