La ciclista holandesa Annemiek Van Vleuten se coronó campeona en el Mundial de ruta

A punto de cumplir 40 y a un año de su anunciado retiro en 2023, este logro es el broche de oro a una temporada de varias victorias.

Empapada, con la boca abierta y la mirada al piso, Annemiek Van Vleuten solo piensa en el final. Fueron 164 kilómetros de subir, bajar y sufrir pedaleando por las calles de Wollongong, Australia. Ya lleva más de cuatro horas arriba de su bicicleta.

Quedan 300 metros. El piso solo le devuelve el aguacero que la tormenta volcó ahí unos minutos antes. Annemiek ya no trabaja para su compañera Marianne Vos como casi todo el día. Ahora lucha por su supervivencia.

Quedan 200. Al borde de los 40 años, Annemiek está a punto de firmar su última obra maestra. Mira sus pedales, mentón al pecho aprovechando cada ayuda de su casco aerodinámico.

Últimos 100. Annemiek tiene el Campeonato del Mundo al alcance de unas pocas pedaleadas más. Excepto por alguna breve mirada para calcular la distancia a meta, la cabeza sigue gacha, pidiendo a sus cansadas piernas un último esfuerzo. Es un duelo corto e intenso entre sus músculos ahogados en ácido láctico, su mente exigiendo más y su corazón a un ritmo endemoniado.

Annemiek, por fin, levanta la cabeza. Exhausta, detiene el potenciómetro y festeja, aunque no pueda levantar los brazos. Acaba de ver la línea de meta pasar por debajo de sus pedales.

Hace 300 metros que casi no mira hacia delante. Hace casi un kilómetro que no mira atrás. Una vez más, Annemiek ganó. Una vez más, sin mirar atrás.

La carrera. Firme candidata a mejor ciclista de la historia, la holandesa no era, por primera vez en mucho tiempo, la máxima favorita a ganar una de las principales carreras del año. Sin embargo, sí lo era hasta unos días antes de largar, después de haber ganado en un año las versiones femeninas del Giro de Italia (Giro Donne), el Tour de Francia (Tour de France Femmes) y la Vuelta a España (Ceratizit Challenge by La Vuelta).

Estos tres eventos son más cortos y menos exigentes que las versiones masculinas, cada una de ellas con 21 etapas distribuidas en tres semanas, por lo que la propia Annemiek se niega a llamarlas Grandes Vueltas, título con el que se conoce a estas tres carreras entre los hombres.

Sin embargo, Annemiek, integrante del equipo español Movistar, compite contra colegas que tampoco hacen esas 21 etapas, por lo que su logro no deja de ser histórico. Tan histórico que nunca antes una persona, hombre o mujer, había ganado esas tres pruebas el mismo año. Tan histórico que solo siete hombres han logrado ganar esas tres pruebas a lo largo de sus carreras (vale aclarar que la francesa Catherine Marsal ganó en 1990 el Giro, el Tour, el Mundial y la prestigiosa Tour de l’Aude, pero no era La Vuelta).

Esos siete hombres integran el Olimpo del ciclismo profesional: Jacques Anquetil, Felice Gimondi, Eddy Merckx, Bernard Hinault, Alberto Contador, Vincenzo Nibali y Chris Froome. Solo tres de ellos además ganaron el Campeonato del Mundo.

Annemiek ganó los cuatro títulos en la misma temporada. A los 39 años. Además se llevó todas las vueltas por etapas en las que se presentó durante 2022 y siete de las ocho en las que participó en los últimos dos años.

La holandesa gana por aplastamiento, atacando en montañas, pequeños repechos o incluso en rectas, siempre con un ritmo demoledor, imposible de seguir para sus rivales.

Lo hace desde que debutó, más tarde que la mayoría de sus colegas, a los 26 años. Catorce años después tiene cuatro Campeonatos del Mundo (dos en contrarreloj y dos en ruta), tres Giros de Italia, dos Vueltas Flandes, dos Lieja-Bastoña-Lieja, el oro olímpico contrarreloj en los JJ. OO. de Tokio, un Tour de Francia y una Challenge La Vuelta.

“Cuanto más difícil, mejor para mí. Es lo que me ha enseñado la experiencia”, dijo este año después de ganar Lieja, otra de las grandes etapas del calendario.

Annemiek no es dinamita, no gana haciendo explotar todo por los aires. Es un martillo pesado, rítmico, incansable. Es un pequeño ataque y la constancia de pedalear sin desfallecer mientras el resto la persigue resignadas. Como en Yorkshire 2019, cuando ganó su primer mundial atacando a sus rivales a 105 kilómetros del final. Más de 100 kilómetros sola contra todas y les ganó por más de dos minutos.

Aún así, esta vez, no era la favorita. Incluso, había dudas de su participación hasta horas antes de la largada. Tres días antes, menos de un minuto después de empezar su esfuerzo en la contrarreloj mixta por equipos (su selección, Países Bajos, era de las máximas candidatas al título), su rueda delantera hizo un movimiento súbito y extraño y Annemiek terminó en el suelo. En el hospital se confirmó que tenía una lesión grave en el codo derecho (algunos dicen fisura, otros hablan de “fractura estable”). No era la primera vez que Van Vleuten terminaba en el hospital. En los Juegos Olímpicos de Río iba escapada sola rumbo a la victoria, cuando una caída le fracturó varias vértebras (su compañera Anna Van der Breggen pensó que estaba muerta cuando pasó a su lado).

EFE, Dean Lewis

EFE, Dean Lewis

Hay más. Dos operaciones de arterias ilíacas, una doble fractura de pubis tras caerse en la París-Roubaix 2021, una rotura de la muñeca en el Giro de 2020 que la obligó a retirarse cuando lo tenía ganado. La lista es eterna, las resurrecciones también.

Un mes después de romperse las vértebras en Río fue la mejor en la primera etapa del Lotto Belgium Tour, carrera que además ganaría. Dos semanas después de la fractura en el Giro fue subcampeona del mundo. Wollongong 2022 sería otra epopeya. Con el codo totalmente vendado y las caravanas que le regaló su padre antes de fallecer en 2008 y que la han acompañado en varias de sus grandes gestas, la ciclista holandesa se presentó a la largada de la prueba de ruta el sábado 24 pensando solamente en ayudar a ganar a su compañera Marianne Vos, otra de las grandes en la historia del pelotón femenino (Países Bajos es, con diferencia, el país más fuerte en este deporte).

Lo hizo. Se pasó más de 150 kilómetros acompañando a Vos o apenas por delante, esperando el ataque de su compañera para llevarla hasta la meta. Incluso perdió el ritmo de las mejores en las dos últimas subidas al repecho que marcaba cada una de las seis vueltas al circuito final de 17 kilómetros.

Descolgada, no hacía más que mirar hacia atrás esperando a Vos. Sin embargo, a menos de 10 kilómetros del final se dio cuenta de que Vos no tenía las piernas para alcanzar al grupo de cinco ciclistas que lideraban la prueba. Van Vleuten, parte de otro grupo de ocho ciclistas que perseguían a las líderes, decidió olvidarse de Vos. Atacó,  junto con otras dos ciclistas, y se fue en busca del quinteto de cabeza. Lo alcanzaron justo debajo de la pancarta que marca el comienzo del último kilómetro. Las cinco que lideraban, seguras de que entre ellas se jugarían la medalla de oro, no paraban de mirarse a ver quién atacaría primero.

La que atacó primero fue Annemiek. Apenas hicieron contacto encendió ese motor único que posee en sus piernas, se abrió a la derecha de la carretera mientras el grupo se volcaba a la izquierda y nunca más miró atrás.

Cuando el resto se dio cuenta de que era la mejor de todas las que acababa de pasar por la derecha, ya era demasiado tarde. Alguna hizo un amague de salir tras ella, pero las dudas crecieron como la sombra de Van Vleuten.

Faltaban 500 metros. 400. 300. Ya no habría batalla. “Pensé: sprintar no puedo porque tengo el codo roto, pero puedo intentarlo y lo di todo. Ha sido un infierno. No podía levantarme del sillín, las piernas parecían que me iban a explotar”, explicaría poco después.

Si hubiese mirado atrás en esos últimos metros, Annemiek habría visto lo mismo que la cámara de TV: al fondo, en medio de un grupo que un minuto antes peleaba por el oro, la cara resignada de la polaca Niewiadoma viendo a Annemiek Van Vleuten ganar otra vez.

Otra vez, como casi siempre para la mejor ciclista de la historia.

Otra vez sin mirar atrás.