La influencia de The Cure en el rock uruguayo

El éxito de ventas de entradas que representó el anuncio del show, en noviembre en el Antel Arena, confirmó que es una banda fundamental y deter minante en la música nacional

En menos de 48 horas volaron las entradas para el recital de The Cure en Uruguay. Fue a fines de junio, mientras que la presentación de los británicos será el 27 de noviembre, como número principal de la onceava edición del festival Primavera 0. Y eso que Robert Smith y compañía actuarán en el Antel Arena, el mayor recinto cerrado del país, con once mil localidades, que promete estar más lleno que nunca.

El sold out para artistas internacionales es un logro que solo consiguieron en Montevideo Paul McCartney (nada menos), en su primera presentación uruguaya de 2012, y Tini (todo un fenómeno pop) en 2022, ambos en el Estadio Centenario. Si se habla de dioses del rock, ni siquiera nombres tan pesados como los Rolling Stones, Roger Waters, Guns N’ Roses, Aerosmith, Phil Collins o el propio Paul en su vuelta de 2014 pudieron agotar aquí las entradas. 

Es cierto que el Centenario es mucho más grande que el Antel Arena. Solo habilitar la Olímpica garantiza 20.000 cupos. Pero la velocidad con que se vendieron los tickets para ver a esta banda casi cincuentenaria, ícono del pospunk y la new wave, dejó en claro un aserto que en el ambiente se considera casi axiomático: si Argentina puede considerarse algo así como una nación Stone (algo que se renueva cada vez que Sus Majestades Satánicas bajan a esta parte del mundo), Uruguay es un lugar donde estos ingleses surgidos en Crawley, en 1976, y llamados The Cure se sentirán locales. De hecho, el rock uruguayo posdictadura —que prácticamente no tuvo vasos comunicantes con sus antecesores previos al quiebre institucional— lo adoptó como uno de sus principales espejos.

Uno de los que sí se sorprendió con que los tickets se vendieran como bidones de agua fue el periodista y productor musical Andrés Torrón. “Uruguay no es un país de fanatismos musicales”, dice a Galería. Sin embargo, el impacto que causó The Cure —sobre todo en discos como Seventeen Seconds (1980), Faith (1981), Pornography (1982) y The Top (1984) y singles como Killing An Arab (1978), Boys Don’t Cry (1979), Let’s Go To Bed (1982), The Walk (1983) y The Lovecats (1983)—, uno de los grupos más destacados de la movida del pospunk en el Reino Unido, es palpable en buena parte del rock nacional.

<em> The Cure fue una de las banderas del rock uruguayo de los 80, primero porque fue cuestionado por la movida musical predominante a escala popular que era el “cantopopu“.  Foto: Vince Bucci, AFP</em>The Cure fue una de las banderas del rock uruguayo de los 80, primero porque fue cuestionado por la movida musical predominante a escala popular que era el “cantopopu“.  Foto: Vince Bucci, AFP

“Es una banda superinfluyente en el rock uruguayo de los 80. Si vos escuchás el primer disco de Los Estómagos, Tango que me hiciste mal (1985), está superinfluenciado por The Cure y toda la movida pospunk”, asegura Torrón. No fueron los únicos, agrega. Zero también abrevó en este manantial, sobre todo en su arista más techno-pop. ADN —integrada por los futuros miembros de La Trampa Carlos Ráfols y Sergio Schellemberg— también tiene a Smith y los suyos como padres musicales. A su vez, se puede ver algo de ellos en Los Traidores, aunque aquí la paternidad es compartida con The Clash (más punk, más combativo, menos melancólico, potencialmente igual de oscuro). Quizá la referencia más explícita, empero, haya sido Zona Prohibida y, más particularmente, su cantante, Gustavo Jack Doorman. 

The Cure fue una de las banderas del rock uruguayo de los 80, primero porque fue cuestionado por la movida musical predominante a escala popular que era el “cantopopu”. Luego porque al no tener una continuidad con el primer rock uruguayo (el que surgió con The Beatles y siguió la estela del blues pesado de Cream y Led Zeppelin), cortado abruptamente por la dictadura, de alguien había que agarrarse. “Fueron cuestionados por no reverenciar a los héroes del rock uruguayo de los 70 (…) y debieron cargar el estigma de ‘foráneos’ por abrir sus oídos más a The Police que a El Kinto, más a The Clash que a Días de Blues, más a Ramones, Pistols o The Cure que a Daniel Viglietti o Los Olimareños”, escribió Mauricio Rodríguez en En La Noche, el rock uruguayo posdictadura.

Lírica y musicalmente, The Cure ofrecía la agresividad del punk, “pero de forma más sofisticada, desencantada y dark, menos violenta”, sintetiza el experto. El desencanto es más interior que exterior, lo que, a criterio de Torrón, “encajaba mejor” con la movida rockera uruguaya de la época. El autor de 111 discos uruguayos y Mediocampo recuerda que eran épocas también de cambios tecnológicos como baterías programadas, máquinas de ritmo y sintetizadores polifónicos que, además, eran ahora más accesibles al público. 

También era algo que parecía encajar con el sentimiento uruguayo: depresivo, existencialista, nihilista… y que se podía bailar. Era una música que se pasaba en las radios, algo nada menor, en momentos en que la información que llegaba de afuera entraba por goteo. Punkies que se permitían tirar unos pasos, punk gótico pero con sensibilidad pop. Si los rockeros fueran marionetas manejadas por directores de cine, detrás de Robert Smith (vocalista, guitarrista, compositor, fundador y único integrante de The Cure que se mantuvo en la banda desde el inicio) estarían las manos de Tim Burton. Algo bien acorde con un país que quería dejar atrás el momento más oscuro de su historia, pero que no se animaba a festejar en exceso. Y las ganas de romper todo eran más declamativas que concretas (Gritar, del ya mencionado primer disco de Los Estómagos, habla de un tipo que está encerrado en su dormitorio, como apunta Torrón). 

“Claramente su estética, sonido y textos básicamente sobre la soledad, porque hasta en sus canciones de amor el final es siempre la soledad y la desesperanza, influenciaron a muchas bandas uruguayas de esa época”, dice a Galería el comunicador y productor Alfonso Carbone, hoy radicado en Chile, pero que al frente de la parte artística del sello Orfeo fue testigo y sobre todo protagonista de esa etapa de rock uruguayo. “The Cure fue original porque nació y creció entre distintas corrientes, punk, new wave, new romantic, pero fueron diferentes por su distintiva onda ‘gótica’. A mí jamás me interesaron los rótulos, la música es lo que importa y en eso tienen una obra tremenda”. 

La banda Los Estómagos, referente del rock uruguayo de los 80, tomó la bandera de la movida pospunk y tuvo a The Cure como principal referente. La banda Los Estómagos, referente del rock uruguayo de los 80, tomó la bandera de la movida pospunk y tuvo a The Cure como principal referente.

A Robert Smith, hoy de 64 años, Carbone lo califica como un artista “íntegro de un enorme talento”, que a su vez “nunca negó querer ser una estrella pop, cosa que logró pese a la desesperante soledad que transmite en prácticamente toda su obra”. El suyo es el placer de unos pocos: los vio en vivo en su mejor momento, cuando vivía en Valencia y Londres.

A quien supo estar detrás de la producción de las principales bandas uruguayas de los 80, lo que le valió amores y odios, no le cierra tanto, eso sí, el concepto de “nación Cure”. Si bien está de acuerdo —no habría cómo no estarlo— en que marcó a toda una generación de rockeros, Carbone siente que Uruguay es un país más “ramonero”, si tuviera que escoger una influencia. “La mayoría de las bandas locales tomaron en general un poco de varios estilos, esencialmente británicos, y no fueron tan cerradamente punks, góticos o new wave-new romantic en casi ningún caso. Uruguay se caracteriza por apostar a lo más dark y sentir una suerte de ‘desprecio’ por el pop, lo que es desde luego un gran error, pero eso no viene al caso ahora”.

“Pero para hacerla corta, sí, la influencia de The Cure fue enorme”, resume. 

Versiones locales. Gustavo Doorman se había ido a vivir a Israel, Estados Unidos y Europa a los 16 años. En 1982, recuerda, tocaba canciones de The Cure en el metro de París. Ahí se hizo amigo de una fotógrafa. “A ella le gustaba la gente que tenía una fachita medio rara, medio new age”, cuenta a Galería. Entonces, le gustaba él. 

Su look de entonces era muy parecido al de Robert Smith. En su momento, difícilmente un uruguayo se haya parecido más al líder de The Cure que él. 

Cuando la banda británica fue a un canal de televisión parisino, en 1985, Gustavo y su amiga, que tenía contactos en esa emisora, se colaron en el estudio. Su relato es el de la noche soñada para un fan: “Cuando todo termina, me pongo cerca de Robert Smith. Se ve que como me vio cara medio de rarete (sic) nos pusimos a charlar. En un momento se nos une Simon Gallup (bajista, el segundo integrante más longevo de la banda, todavía en The Cure), a Porl Thomson (exguitarrista y tecladista, fundador de la banda, a la que dejó definitivamente en 2011) se lo llevaban borracho entre dos personas… La fotógrafa, que no sabía inglés, me usaba de intérprete. Como a los 10 minutos le pido a Robert si no me deja ir de joda con ellos, habla con el manager y me da el okey. Salimos del canal y, como yo también estaba todo pinturrajeado, la gente me pedía autógrafos a mí también. Anduve con ellos por dos discotecas, una de ellas fue Rose Bonbon, alucinante…”. Su amiga, asegura, terminó la noche con el baterista, que en ese entonces era Boris Williams. 

Doorman, quien en 2016 ganó un premio Graffiti a Mejor álbum de música electrónica (por Wet), fue parte en 1986, en un por entonces no definitivo regreso a un Uruguay, de Zona Prohibida. Esta era una banda con tres tecladistas con notoria influencia de Depeche Mode. “Y precisaban un cantante. Ahí caí yo con toda la onda The Cure, Siouxsie And The Banshees, Bahaus. Me uní y juntamos las ideas”. El repertorio incluía un cover de A Forest

El guitarrista de Zero, Daniel Machado, dice que “sin ser algo muy oscuro, The Cure tiene un toque dark. Eso en el rock uruguayo de los 80, que era muy punk, tuvo un peso importante. Había bandas que, sin querer serlo, eran una copia”. El guitarrista de Zero, Daniel Machado, dice que “sin ser algo muy oscuro, The Cure tiene un toque dark. Eso en el rock uruguayo de los 80, que era muy punk, tuvo un peso importante. Había bandas que, sin querer serlo, eran una copia”.

“A The Cure vos los escuchabas en las radios o en los boliches. Seguramente la primera vez que los oí fue en Graffiti, el boliche que Josacho Sassón tenía en Carrasco”, dice a Galería Daniel Machado, guitarrista de Zero. El músico, hoy publicista, dice que en ese momento, en sus distintas barras de amigos, The Cure jugaba un “clásico tipo Nacional-Peñarol” con U2. En su caso particular (él sería un hincha de U2), The Cure influyó “como tantas otras bandas”. Pero sí dice que en sus compañeros de generación “Sin ser algo muy oscuro, The Cure tiene un toque dark. Eso en el rock uruguayo de los 80, que era muy punk, tuvo un peso importante. Había bandas que, sin querer serlo, eran una copia”, agrega. 

Además de ser parte de Zona Prohibida, en 1986 Doorman montó una tienda de ropa new age en Galería Libertador llamada no casualmente Locure. “A esa boutique venían todos, los de Los Estómagos, Traidores, todos los de la movida”, cuenta. 

Tamaña influencia no parecía ser muy apreciada fuera de fronteras. “A nadie le interesa un The Cure uruguayo”, le dijo Herbert Vianna, voz y guitarra de los brasileños Os Paralamas do Sucesso, al suplemento El Día Pop en febrero de 1988, luego de participar en el Montevideo Rock II. Los Traidores, ADN y Los Estómagos también fueron parte del cartel.

Esa influencia no siguió en las generaciones siguientes de rockeros uruguayos, más preocupadas por bucear en lo latino. The Cure tuvo mucho éxito con discos como The Head On The Door (1985, que incluía In Between Days y Close To Me), Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me (1987, Just Like Heaven), Disintegration (1989, Lullaby, Lovesong, Pictures Of You) y Wish (1992, quizá su último álbum considerado un suceso comercial, con Friday I’m In Love como principal caballito de batalla), pero luego de ahí ya comenzó a convertirse en una banda “de clásicos”, de esas que el público va a escuchar las conocidas sin preocuparle sus últimas producciones. 

Machado, de Zero, reconoce que más acá en el tiempo comenzó a apreciar más lo que hizo The Cure. Por supuesto, estará en noviembre en el Antel Arena. “Me parece que merecía un Centenario, un lugar más grande. Por algo volaron tan rápido las entradas”. Como publicista con 34 años de experiencia, le parecen “alucinantes” las fotos de difusión de la banda para esta gira. “Son unas viejas. Un amigo mío comentó que Robert Smith parece (Antonio) Gasalla. Creo que explotan muy bien esa imagen”.