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La policía italiana capturó a Matteo Messina Denaro, Diabolik, el capo de la Cosa Nostra

Pasó la mitad de su vida prófugo y pesan sobre él varias cadenas perpetuas

La frase se le atribuye a él. No se sabe cuándo ni dónde la dijo, aunque se descuenta que fue durante la segunda mitad de su vida, la que pasó en la clandestinidad. “Con i morti che ho ucciso potrei riempire un cimitero” (“con las personas que maté podría llenar un cementerio”), habría dicho Matteo Messina Denaro, de 62 años. Su historial homicida lo comenzó a los 18 años, apenas cuatro después de que aprendiera a empuñar armas de fuego. Y lo siguió haciendo antes y después de 1993, cuando una serie de atentados con bomba en Florencia, Milán, Roma y Laterano mataron a 10 personas e hirieron a 93.

Fue por entonces, cuando ya había caído el capo Salvatore Toto Riina, uno de sus mentores, que este hombre apodado Diabolik, como el nombre de un personaje delictivo audaz y camaleónico de cómics italiano, o U Siccu, “el flaco” en dialecto siciliano, decidió hacerse humo. Y así siguió prófugo durante casi 30 años. Ni siquiera se tenía una foto actualizada suya; todas eran aproximaciones hechas por computadora.

Así estuvo hasta el pasado lunes 16. Ya hacía mucho, al menos desde el arresto de Salvatore Lo Piccolo en noviembre de 2007, que era el capo di tutti capi de la Cosa Nostra. Eso equivale a decir que era la cúspide de la pirámide de la mafia siciliana. También significa que era uno de los prófugos más buscados del mundo. Fue capturado ese día en la clínica La Maddalena de Palermo, capital italiana de la isla y región a la que la mafia hizo tristemente célebre. Vestía un abrigo de lana, un gorro y unos lentes oscuros, tenía documentos que decía que se llamaba Andrea Bonafede, alias bajo el cual hacía un año que se estaba haciendo allí mismo un tratamiento oncológico. Cuando lo vieron, los carabinieri se acercaron y le pidieron que se identificara. “Sono Matteo Messina Denaro”, contestó sin resistirse. Agudo calculador como era y es, sabía que no tenía ningún sentido evitarlo.

El gobierno italiano festejó por todo lo alto. Había caído el hombre más temido de la península, considerado mucho más inteligente (y por eso, más peligroso) que varios de sus tristemente célebres colegas y antecesores, como Toto Riina y Bernardo Provenzano. Algunos transeúntes aplaudieron el paso de la furgoneta policial. Muchos expertos temen el baño de sangre que siempre ocurre, luego de la caída de un mafioso de tal magnitud, entre los interesados en sucederlo.

Al menos había caído preso un hombre extremadamente peligroso, con las manos bañadas en sangre. Esto último es literal y no una metáfora: a muchas de sus víctimas las había estrangulado.

Tras la captura de Messina, la Policía encontró su auto y allanó la casa donde se escondía Tras la captura de Messina, la Policía encontró su auto y allanó la casa donde se escondía

Un romántico. Las ficciones tienen su basamento en la realidad. Si Mario Puzo primero y Francis Ford Coppola después, en la literatura y en el cine, desarrollaron las características de la familia Corleone, es porque en la vida real existieron los Corleonesi. A estos se aliaron los Castelvetrano, liderados por Diabolik Messina, el hijo de Francesco Cicco Messina, el jefe de la mafia de Trápani, ciudad siciliana donde nació el 26 de abril de 1962. Este último murió por causas naturales y fuera de las rejas en 1998, lo que es todo un mérito en este submundo (en cada aniversario aparecía una esquela que lo recordaba en los obituarios del Giornale di Sicilia, financiada desde un lugar desconocido).

Y como la ficción suele ser burlada por la realidad, en una de las viviendas allanadas tras la detención de Messina, se encontró un póster de Marlon Brando como Vito Corleone en El Padrino.

Como suele estar escrito en las leyes no escritas de la mafia, il capo cimentó su poder en tomar las medidas correctas con firmeza, en tejer alianzas firmes donde cada integrante del clan se sienta considerado y en una dureza lindante con la crueldad y la sangre fría. Entre las muertes más horripilantes atribuidas a Messina se encuentran la de un niño de 12 años, hijo de un soplón, y la de una mujer embarazada de tres meses.

Pero al contrario de lo que suele ser habitual en un Don, habitualmente tradicionalistas en lo familiar y de costumbres conservadoras y austeras, Messina gustaba de los relojes caros, de los autos de alta gama (tenía un Porsche y un Alfa Romeo) y de las mujeres. No era un hombre que profesara una devota fe religiosa, ni que se hubiese comprometido ante Dios a amar y a respetar a alguien. Compañía femenina, más o menos estable, más o menos casual, no le faltó en su vida y la abundancia de viagra que se ha encontrado en los búnkeres allanados luego de su detención dan cuenta de lo importante que era esto en su vida.

Un cable de la agencia ANSA hizo una sucinta enumeración, algo así como los highlights, en ese terreno: Andrea Hasleher, una bella austríaca que trabajaba en un hotel de Selinunte, que tuvo la mala suerte de que el dueño del establecimiento se enamorara de ella, y este a su vez tuvo la peor suerte de que el capo se enterara y lo mandara coser a tiros; Francesca Alagna, hermana del contador de uno de sus testaferros (todo quedaba en famiglia), con quien tuvo una hija, Lorenza, hoy de 26 años, a la que nunca conoció y que lo hizo abuelo, y María Mesi, con quien compartían afición por los videojuegos.

Su pasión por María fue una de las causas de su detención. Si Messina pudo manejar los hilos de la Cosa Nostra desde la clandestinidad fue gracias a los pizzini, pequeños papeles donde dejaba por escrito sus instrucciones, escondidos en inmuebles especialmente escogidos o en recónditos puntos clave. Esto es posible, según ha dicho el periodista español especializado en crimen organizado Pablo Muñoz a la radio COPE, “porque la mafia es mafia y tienen un control absoluto del territorio, tienen todos los contactos y han penetrado en las esferas necesarias como para pasar inadvertidos”. Muchas veces él los firmaba con el seudónimo de Alessio.

Pero uno de los papeles interceptados no era una orden para matar a nadie ni para dirigir inversiones o negocios —a Messina le interesan mucho el mundo inmobiliario, el desarrollo de la energía eólica y las apuestas online—, era una carta de amor dedicada a María, también conocida como Mariella o Mari: “Eres lo más hermoso que hay”. Ahí comenzó el cerco al mafioso que duró unos tres años bajo el nombre de operación Tramonto.

Tramonto quiere decir “atardecer”, y es el título del poema que había escrito una niña de seis años, tres días antes de morir por las bombas ordenadas por Diabolik en 1993.

La última foto de Diabolik es de principios de los 90 y se lo buscaba con retratos actualizados por computadora; ahora se vio su verdadero rostro actual La última foto de Diabolik es de principios de los 90 y se lo buscaba con retratos actualizados por computadora; ahora se vio su verdadero rostro actual

Un sanguinario. Si naciste en una ciudad como Trapani, tu padre es un mafioso local, también tu padrino pero a nivel regional, es difícil que no estés predestinado. Sus dos hermanos, Patrizia y Salvatore, sus cuñados y un sobrino también están implicados hasta las manos. Solo su hija, eterno blanco de los papparazzi, madre de un bebé de 18 meses que es el nieto del capo, ha permanecido limpia: que haya pasado toda la vida de ella en la clandestinidad ayudó a eso. Algunas fuentes señalan que el recientemente capturado también tuvo otro hijo, pero no se conoce a ciencia cierta si esto es verdad, ni quién es la madre.

Messina Denaro comenzó a ser visto como un delincuente con vuelo propio y no solo el hijo de un mafiosito local en 1989. Hasta ese momento, su buen nivel como estudiante podía haberle permitido pensar en un rumbo distinto. Pero su participación en la sangrienta guerra contra un clan rival sumada a la muerte de Nicola Consales, ese empresario hotelero que tuvo la pésima puntería de fijarse en su amante y de —además— abrir la boca por demás al jactarse de que tenía “a los mafiosos bajo los pies”, fueron considerados el puntapié inicial de una ascendente carrera criminal que lo llevó a lo más alto.

Su implicación en los atentados con coche bomba a los jueces antimafia Giovanni Falcone, en mayo de 1992, y Paolo Borsellino, dos meses después, aumentaron su estatus y su grado de peligrosidad. La captura en enero de 1993 de Toto Riina, el capo de los Corleonesi, aliado de Diabolik, lo subió hacia la cúspide de la Cosa Nostra. Ese año, el de su ingreso a la clandestinidad, fue movido: mató a Vincenzo Milazzo, del clan rival Alcamo, y a su pareja embarazada de tres meses estrangulándolos con sus propias manos, para luego enterrarlos en alguno de los campos de olivo de la isla. También fue el responsable intelectual de los ataques ya mencionados a importantes ciudades italianas. Entonces se evaporó.

En su ausencia, esos ataques le sirvieron para que fuera condenado a sus primeras cadenas perpetuas, en 2000. Para eso fueron necesarias las confesiones ante la Justicia de exmafiosos arrepentidos, denominados pentiti, realizadas ante la Justicia entre 1994 y 1996, lo que terminó reafirmando su ubicación en la Costa Nostra. Prófugo, no hizo sino sumar más condenas en los años posteriores. Un pentito fue Santino di Matteo y su traición fue castigada de la peor manera: Messina mandó secuestrar a su hijo Giuseppe para obligarlo a detener las delaciones; luego de un cautiverio de 779 días en los cuales el pequeño sufrió torturas, fue estrangulado y su cuerpo disuelto en ácido. Tenía 12 años. Esto fue en 1995. La conmoción que generó este crimen en la opinión pública fue inmensa.

Los expertos en el crimen organizado sostienen que hay una cosa que diferencia a la Cosa Nostra de la Camorra (la mafia napolitana) o la ‘Ndrangheta (la calabresa, a la que pertenece Rocco Morabito, un conocido de estas tierras). Mientras los líderes de estas dos últimas suelen irse lejos cuando la necesidad requiere desaparecer del mapa, los sicilianos se esconden en su propio territorio, en ningún lado se sienten más protegidos. La omertá (el código de silencio) hace el resto. Así pueden explicarse las décadas de clandestinidad de personas como Messina, que no fue el primero ni será el último en evaporarse así de la Justicia.

En abril pasado, un informe al Parlamento lo describió como “la figura criminal más carismática de la Cosa Nostra y, en particular, de la mafia de Trapani”, que pese a seguir oculto continuaba siendo “el principal punto de referencia para tratar las cuestiones más interesantes que afectan a la organización, así como para resolver cualquier disputa en el seno del consorcio o para nombrar a los jefes de las ramas mafiosas”, aunque debido a su prolongada ausencia “ha crecido una insatisfacción progresiva entre algunos afiliados”, según consignó el portal español 20 Minutos.

Más allá de lo que pueda pasar ahora, al último de los padrinos no le queda mucho de vida. Messina se estaba tratando con quimioterapia en La Maddalena por un cáncer de colon que ya habría hecho metástasis en el hígado. De todas formas, a quienes son capaces de levantar un cementerio por sí mismos no habría tiempo que les alcance para reparar el daño causado. 

Otros auténticos capos

La figura del capo di tutti capi está ligada a la mafia siciliana, la Cosa Nostra. Pero por más raro que parezca, en esa isla italiana el concepto se popularizó mucho después de que en Estados Unidos (EE.UU.) los diferentes clanes delictivos de inmigrantes con esa procedencia decidieron que centralizar el poder en un primus inter pares era una mejor manera de enfrentar la ley que hacerlo divididos. En las mafias napolitana y calabresa ha resultado más difícil ponerse de acuerdo para elegir un líder en común que, de cualquier forma, no tendría el poder que en Sicilia.

Así, el primer mafioso considerado como tal fue Giuseppe Morello, que nació el 2 de mayo de 1867 en una localidad siciliana llamada Corleone, que tanto le ha dado al mundo delictivo, a las novelas policiales y a una de las mejores trilogías de la historia del cine. Cuando tenía unos 20 años ya se había radicado en Nueva York (EE.UU.). Tener una mano derecha deformada de nacimiento no impidió que todos los clanes terminaran asumiéndolo como el capo mayor, “cargo” que ejerció entre 1890 y 1910, cuando cayó preso. Su influencia fue perdiéndose hasta que fue asesinado en 1930. Sus siguientes sucesores, Sebastian DiGaetano, Giuseppe Masseria, Salvatore Maranzano y Salvatore Lucania (más conocido como Lucky Luciano), fueron todos inmigrantes sicilianos. Recién en 1976 la mafia italoamericana tendría a un líder nacido en EE.UU.: Paul Castellano.

En Sicilia, donde ese término acabó siendo finalmente adoptado, el primero considerado como tal por los medios fue Calógero Vizzino, nacido en 1877 y muerto en 1954. Entre los más fuertes antes de Matteo Messina están dos de sus antecesores: Salvatore Riina y Bernardo Provenzano. 

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