Tras la captura de Messina, la Policía encontró su auto y allanó la casa donde se escondía
Un
romántico. Las ficciones
tienen su basamento en la realidad. Si Mario Puzo primero y Francis Ford
Coppola después, en la literatura y en el cine, desarrollaron las
características de la familia Corleone, es porque en la vida real existieron
los Corleonesi. A estos se aliaron los Castelvetrano, liderados por Diabolik
Messina, el hijo de Francesco Cicco Messina, el jefe de la mafia de Trápani,
ciudad siciliana donde nació el 26 de abril de 1962. Este último murió por
causas naturales y fuera de las rejas en 1998, lo que es todo un mérito en este
submundo (en cada aniversario aparecía una esquela que lo recordaba en los
obituarios del Giornale di Sicilia, financiada desde un lugar
desconocido).
Y como la ficción suele ser burlada por la realidad, en una de las
viviendas allanadas tras la detención de Messina, se encontró un póster de
Marlon Brando como Vito Corleone en El Padrino.
Como suele estar escrito en las leyes no escritas de la mafia, il capo
cimentó su poder en tomar las medidas correctas con firmeza, en tejer alianzas
firmes donde cada integrante del clan se sienta considerado y en una dureza
lindante con la crueldad y la sangre fría. Entre las muertes más horripilantes
atribuidas a Messina se encuentran la de un niño de 12 años, hijo de un soplón,
y la de una mujer embarazada de tres meses.
Pero al contrario de lo que suele ser habitual en un Don, habitualmente
tradicionalistas en lo familiar y de costumbres conservadoras y austeras,
Messina gustaba de los relojes caros, de los autos de alta gama (tenía un
Porsche y un Alfa Romeo) y de las mujeres. No era un hombre que profesara una
devota fe religiosa, ni que se hubiese comprometido ante Dios a amar y a
respetar a alguien. Compañía femenina, más o menos estable, más o menos casual,
no le faltó en su vida y la abundancia de viagra que se ha encontrado en los
búnkeres allanados luego de su detención dan cuenta de lo importante que era
esto en su vida.
Un cable de la agencia ANSA hizo una sucinta enumeración, algo así
como los highlights, en ese terreno: Andrea Hasleher, una bella
austríaca que trabajaba en un hotel de Selinunte, que tuvo la mala suerte de
que el dueño del establecimiento se enamorara de ella, y este a su vez tuvo la
peor suerte de que el capo se enterara y lo mandara coser a tiros; Francesca
Alagna, hermana del contador de uno de sus testaferros (todo quedaba en famiglia),
con quien tuvo una hija, Lorenza, hoy de 26 años, a la que nunca conoció y que
lo hizo abuelo, y María Mesi, con quien compartían afición por los videojuegos.
Su pasión por María fue una de las causas de su detención. Si Messina
pudo manejar los hilos de la Cosa Nostra desde la clandestinidad fue gracias a
los pizzini, pequeños papeles donde dejaba por escrito sus
instrucciones, escondidos en inmuebles especialmente escogidos o en recónditos
puntos clave. Esto es posible, según ha dicho el periodista español
especializado en crimen organizado Pablo Muñoz a la radio COPE, “porque la
mafia es mafia y tienen un control absoluto del territorio, tienen todos los
contactos y han penetrado en las esferas necesarias como para pasar
inadvertidos”. Muchas veces él los firmaba con el seudónimo de Alessio.
Pero uno de los papeles interceptados no era una orden para matar a nadie
ni para dirigir inversiones o negocios —a Messina le interesan mucho el mundo inmobiliario,
el desarrollo de la energía eólica y las apuestas online—, era una carta
de amor dedicada a María, también conocida como Mariella o Mari: “Eres lo más
hermoso que hay”. Ahí comenzó el cerco al mafioso que duró unos tres años bajo
el nombre de operación Tramonto.
Tramonto quiere decir “atardecer”, y es el título del poema que había escrito una
niña de seis años, tres días antes de morir por las bombas ordenadas por
Diabolik en 1993.
La última foto de Diabolik es de principios de los 90 y se lo buscaba con retratos actualizados por computadora; ahora se vio su verdadero rostro actual
Un sanguinario. Si naciste en una ciudad como
Trapani, tu padre es un mafioso local, también tu padrino pero a nivel
regional, es difícil que no estés predestinado. Sus dos hermanos, Patrizia y
Salvatore, sus cuñados y un sobrino también están implicados hasta las manos.
Solo su hija, eterno blanco de los papparazzi, madre de un bebé de 18
meses que es el nieto del capo, ha permanecido limpia: que haya pasado toda la
vida de ella en la clandestinidad ayudó a eso. Algunas fuentes señalan que el
recientemente capturado también tuvo otro hijo, pero no se conoce a ciencia
cierta si esto es verdad, ni quién es la madre.
Messina Denaro comenzó a ser visto como un delincuente con vuelo propio y
no solo el hijo de un mafiosito local en 1989. Hasta ese momento, su buen nivel
como estudiante podía haberle permitido pensar en un rumbo distinto. Pero su
participación en la sangrienta guerra contra un clan rival sumada a la muerte
de Nicola Consales, ese empresario hotelero que tuvo la pésima puntería de
fijarse en su amante y de —además— abrir la boca por demás al jactarse de que
tenía “a los mafiosos bajo los pies”, fueron considerados el puntapié inicial
de una ascendente carrera criminal que lo llevó a lo más alto.
Su implicación en los atentados con coche bomba a los jueces antimafia
Giovanni Falcone, en mayo de 1992, y Paolo Borsellino, dos meses después,
aumentaron su estatus y su grado de peligrosidad. La captura en enero de 1993
de Toto Riina, el capo de los Corleonesi, aliado de Diabolik, lo subió hacia la
cúspide de la Cosa Nostra. Ese año, el de su ingreso a la clandestinidad, fue
movido: mató a Vincenzo Milazzo, del clan rival Alcamo, y a su pareja
embarazada de tres meses estrangulándolos con sus propias manos, para luego
enterrarlos en alguno de los campos de olivo de la isla. También fue el responsable
intelectual de los ataques ya mencionados a importantes ciudades italianas.
Entonces se evaporó.
En su ausencia, esos ataques le sirvieron para que fuera condenado a sus
primeras cadenas perpetuas, en 2000. Para eso fueron necesarias las confesiones
ante la Justicia de exmafiosos arrepentidos, denominados pentiti,
realizadas ante la Justicia entre 1994 y 1996, lo que terminó reafirmando su
ubicación en la Costa Nostra. Prófugo, no hizo sino sumar más condenas en los
años posteriores. Un pentito fue Santino di Matteo y su traición fue
castigada de la peor manera: Messina mandó secuestrar a su hijo Giuseppe para
obligarlo a detener las delaciones; luego de un cautiverio de 779 días en los
cuales el pequeño sufrió torturas, fue estrangulado y su cuerpo disuelto en
ácido. Tenía 12 años. Esto fue en 1995. La conmoción que generó este crimen en
la opinión pública fue inmensa.
Los expertos en el crimen organizado sostienen que hay una cosa que
diferencia a la Cosa Nostra de la Camorra (la mafia napolitana) o la ‘Ndrangheta
(la calabresa, a la que pertenece Rocco Morabito, un conocido de estas
tierras). Mientras los líderes de estas dos últimas suelen irse lejos cuando la
necesidad requiere desaparecer del mapa, los sicilianos se esconden en su
propio territorio, en ningún lado se sienten más protegidos. La omertá (el
código de silencio) hace el resto. Así pueden explicarse las décadas de
clandestinidad de personas como Messina, que no fue el primero ni será el
último en evaporarse así de la Justicia.
En abril pasado, un informe al Parlamento lo describió como “la figura
criminal más carismática de la Cosa Nostra y, en particular, de la mafia de
Trapani”, que pese a seguir oculto continuaba siendo “el principal punto de
referencia para tratar las cuestiones más interesantes que afectan a la
organización, así como para resolver cualquier disputa en el seno del consorcio
o para nombrar a los jefes de las ramas mafiosas”, aunque debido a su
prolongada ausencia “ha crecido una insatisfacción progresiva entre algunos afiliados”,
según consignó el portal español 20 Minutos.
Más allá de lo que pueda pasar ahora, al último de los padrinos no le
queda mucho de vida. Messina se estaba tratando con quimioterapia en La
Maddalena por un cáncer de colon que ya habría hecho metástasis en el hígado.
De todas formas, a quienes son capaces de levantar un cementerio por sí mismos
no habría tiempo que les alcance para reparar el daño causado.
Otros
auténticos capos
La figura del capo di tutti capi está ligada a la mafia siciliana,
la Cosa Nostra. Pero por más raro que parezca, en esa isla italiana el concepto
se popularizó mucho después de que en Estados Unidos (EE.UU.) los diferentes
clanes delictivos de inmigrantes con esa procedencia decidieron que centralizar
el poder en un primus inter pares era una mejor manera de enfrentar la
ley que hacerlo divididos. En las mafias napolitana y calabresa ha resultado
más difícil ponerse de acuerdo para elegir un líder en común que, de cualquier
forma, no tendría el poder que en Sicilia.
Así, el primer mafioso considerado como tal fue Giuseppe Morello, que
nació el 2 de mayo de 1867 en una localidad siciliana llamada Corleone, que
tanto le ha dado al mundo delictivo, a las novelas policiales y a una de las
mejores trilogías de la historia del cine. Cuando tenía unos 20 años ya se
había radicado en Nueva York (EE.UU.). Tener una mano derecha deformada de
nacimiento no impidió que todos los clanes terminaran asumiéndolo como el capo
mayor, “cargo” que ejerció entre 1890 y 1910, cuando cayó preso. Su influencia
fue perdiéndose hasta que fue asesinado en 1930. Sus siguientes sucesores,
Sebastian DiGaetano, Giuseppe Masseria, Salvatore Maranzano y Salvatore Lucania
(más conocido como Lucky Luciano), fueron todos inmigrantes sicilianos. Recién
en 1976 la mafia italoamericana tendría a un líder nacido en EE.UU.: Paul
Castellano.
En Sicilia, donde ese término acabó siendo finalmente adoptado, el
primero considerado como tal por los medios fue Calógero Vizzino, nacido en
1877 y muerto en 1954. Entre los más fuertes antes de Matteo Messina están dos
de sus antecesores: Salvatore Riina y Bernardo Provenzano.