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Lana de llama y alpaca, una fibra ancestral

Es un material noble con el que se pueden obtener buenas ganancias, pero su producción no es tradicional en Uruguay

En 2009 Fernando Ospitaleche cambió siete caballos por un par de llamas. En 2018 compró cuatro alpacas, más tarde importó 25 de Chile y en 2020 compró unas decenas más. En estos 14 años el rebaño de Fernando creció, en la actualidad tiene 65 llamas y 56 alpacas. Y por tercer año consecutivo las expone en el Prado. En un galpón, entre conejos y cabras, están estos animales que viajaron desde el establecimiento Las Brujas, ubicado en la localidad con el mismo nombre en Canelones.

A pesar de que las llamas y alpacas son americanas, en Uruguay no hay gente que se dedique a su cría, de hecho Fernando es el único productor que tiene las dos especies. “Desde Bolivia hasta Argentina hay en todos lados, solo hay muy pocas en Uruguay y Brasil”, dice, y agrega que esto sucedió porque no llegaron a expandirse en esta región.

“La alpaca es la mejor lana, un buzo llega a costar 2.000 dólares en Europa”, sostiene. Si bien él tiene a los animales para la producción de lana, en otros países se consume su carne, como lo hacemos acá con el cordero.

“Las llamas se usan como animales de carga en la montaña. Acá en Uruguay también se usan para el cuidado de rebaños de ovejas”, porque son animales vigilantes y no dejan entrar perros, zorros, jabalíes o caranchos. “Lo que sucede con las ovejas es que cualquier perro chico las persigue y ellas corren, cosa que no pasa con las llamas, que les hacen frente”.

La producción de estos animales es muy similar al de las ovejas, solo que se esquilan cada dos años. Esto pasa por el clima de Uruguay, en otros países más fríos es una vez al año, siempre en primavera. “En Chile y Perú se esquilan todos los años porque hace frío y les crece más la lana”, asegura el productor. También se desparasitan de la misma manera, solo necesitan dosis mayores porque son más grandes, y requieren las mismas vacunas que los ovinos.

En relación con la rentabilidad, Fernando comentó que al principio lleva tiempo y que es una actividad que tiene que gustar porque pueden pasar cosas — como la mortalidad—, pero a pesar de los vaivenes la cría le resulta rentable. La lana vale entre 80 y 100 dólares el kilo, cuando la de oveja cuesta un dólar y medio o dos. Cada alpaca da dos kilos y medio de lana aproximadamente. Mientras que la esquila de una oveja sale unos 100 pesos por animal, esquilar a una llama o alpaca cuesta 500. La mejor lana es la de la alpaca baby, cuando el animal tiene un año, y es la que llega al precio más alto, de 100 dólares el kilo.

En su establecimiento familiar, Fernando, su esposa, Andrea Molles, e hijos tratan de innovar. Siempre les llamó la atención la producción de animales no tradicionales. “Le buscamos la vuelta para hacer algo distinto”, dice. Hoy, además de los camélidos, cría burros, mini ponys y ponys. También supo tener caballos árabes y perros de varias razas. “Soy perseverante, estamos siempre en esto y no es que lo hagamos como una prueba”.

Luego de la esquila, vende la lana a hilanderas que se encargan de hacer el producto final. Para la próxima primavera espera poder asociarse con una de ellas para completar la cadena y tener parte en el producto final.

Hilando fino. Elena Durán es una artista, hilandera, telera, tapicista y fieltrista que tiene experiencia hilando lana de alpaca. Su amor por el producto nace de la necesidad de usar fibras ancestrales, y al ser originaria de la región la alpaca es de las más nobles. Elena trabaja con este material desde hace un par de años, pero se dedica al arte textil desde hace dos décadas, cuando empezó a tejer en telar. Ella no dedica todo su tiempo a tejer, sino que hace muestras y da talleres para todo el que quiera aprender más sobre su actividad. A su vez, ha realizado intercambios con maestros de Perú, que tejen sobre todo con algodón y alpaca.

Con esta lana, lo que más hace son terminaciones en tapices. La tejedora admitió que las prendas de alpaca no son fáciles de colocar en el mercado, ya que se trata de un hilado muy fino que lleva muchas horas de trabajo, a lo que se le tiene que sumar el proceso de tratado del vellón. Si bien se pueden vender en el exterior, asegura que los costos son muy altos y no se le ocurre de qué manera pueden llegar a competir con prendas confeccionadas con otros materiales y técnicas. Cuando tiene prendas para vender suele asistir a exposiciones pero no trabaja en cantidades, lo que hace que sus productos sean únicos.

Mientras que un tapiz es muy difícil de cotizar, una ruana de alpaca puede llegar a costar 15.000 pesos, pero “lo vale”, ya que se trata de “una fibra muy fina y liviana”. Por su lado, las bufandas están entre las prendas que se venden mejor.

Tal vez porque son poco vistas en los campos uruguayos, las llamas y alpacas se convierten en centro de atención en la recorrida por la Expo Prado. Además, la fibra ancestral de su lana siempre despierta esa sensación de abrigo que las hace ver aún más simpáticas.