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Liz Truss: la admiradora de Thatcher que asume en medio de una crisis y un luto nacional

A sus 96 años Elizabeth II muere, después de haber demostrado su apego a las tradiciones tanto como su capacidad de adaptarse a los cambios que el mundo impuso durante los 70 años de su reinado; deja a la Corona en manos de Charles IIi y al país bajo el liderazgo de una nueva primera ministra, Liz Truss, que promete mano firme

Robert Hazell, profesor de Gobierno y Constitución en la University College de Londres, ha dicho que el monarca tiene que ser escrupulosamente neutral en todas las cuestiones políticas, como lo ha sido la reina. En su audiencia semanal con la primera ministra, Liz Truss, Charles tendrá la oportunidad de expresar sus puntos de vista como lo indica la Constitución: “Ser consultado, incentivar y advertir”. De que no se salga de los límites dependerá su popularidad. Y aquí aparece la otra protagonista de estos nuevos tiempos. 

“That is a disgrace”. Esa frase fue la carta de presentación de Liz Truss en 2014. Fue durante un congreso del Partido Conservador, cuando ella estaba al frente de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente, Alimentación y Medio Rural del Reino Unido. Concretamente, se refería a que produciendo más tipos de queso que en Francia, dos terceras partes de ese producto presentes en las góndolas británicas era importado. No en vano, cuando el portal británico Vice anunció que el país tenía nueva primera ministra, la presentó como “la mujer que se enojó por el queso”.

El queso, una afición personal de Truss, nacida en Oxford el 26 de julio de 1975, y que a diferencia de muchos en su colectividad asistió a una escuela pública en Leeds, la transformó de desconocida a meme. Sus gustos culinarios van por el stinking bishop, blando, el binham blue, azul artesanal, y el montañés wells alpine. No solo tiene quesos favoritos sino también una papa preferida: la norfolk peer. En el aluvión de información que ha salido en los últimos días sobre la persona que empezó a dirigir los destinos del Reino Unido hay una linda ensalada de predilecciones: la película Dirty Dancing, el karaoke, Whitney Houston, ponerles moño a los gatos y Arya Stark en Game Of Thrones. Todo sirve para conocerla, porque para el gran público, incluyendo al electorado conservador, es prácticamente una desconocida.

Admiradora de Margaret Thatcher, al punto de haberla representado en una obra infantil siendo escolar, la tiene como referente política, así como al expresidente de Estados Unidos Ronald Reagan. Pragmática, pasó de oponerse a la salida de la Unión Europea a ser una defensora del Brexit, una vez este fue votado y aprobado. Muchos prefieren llamarla “camaleónica”; es un eufemismo: CNN recordó que en algún momento abogó por la abolición de la realeza y por la legalización de la marihuana. Alguna vez dijo que su familia estaba a la izquierda del laborismo; o sea, lo más a la izquierda posible en el arco político británico. En la casa paterna, incuestionablemente, Thatcher era una mala palabra. Hoy es una conservadora de libro.

“Boris: lograste el Brexit, derrotaste a Jeremy Corbyn, lanzaste la vacuna y te enfrentaste a Vladimir Putin. Sé que nuestras creencias resuenan en el pueblo británico”, dijo al tomar el cargo, incluyendo un homenaje a su antecesor. “Hice campaña como conservadora y gobernaré como conservadora”, terminó, como para no dejar dudas a nadie.

Y como lo hizo Thatcher, deberá demostrar firmeza a la hora de gobernar y de impulsar las políticas ultraliberales que defiende. No tiene más remedio: se volvió primera ministra luego de un complejo proceso interno en el que participaron menos de 150.000 afiliados al Partido Conservador, en cinco votaciones preliminares y una final, entre el 13 de julio y el 5 de setiembre de este año. La dimisión de Boris Johnson, luego de acusaciones de fiestas ocurridas durante la pandemia en Downing Street y el pésimo manejo del llamado “caso Pincher” —en el que el diputado conservador Chris Pincher fue acusado de acoso sexual— había puesto al partido gobernante al borde del precipicio. 

no le tiembla el pulso. Habrá que ver si esta mujer, casada y con dos hijos, contadora de profesión, y cuya carrera política comenzó el 2010 en la Cámara de los Comunes, puede reencauzar la situación. Ya dio su palabra de reducir impuestos y eliminar trámites burocráticos que ponen freno al impulso empresarial. La economía está a un paso de la recesión y la inflación ronda el 10% anual, con salarios casi congelados en más de 10 años. 

Entre sus primeras medidas, la nueva primera ministra ha querido demostrar que no le tiembla el pulso. Truss ha impuesto un límite a las facturas energéticas, una medida que muchos analistas ven que roza los límites constitucionales, pero se considera necesaria para no agravar la situación. En menos de una semana de gobierno —y una semana por demás atípica— ya rodaron las cabezas del secretario del Tesoro, Tom Scholar, y del asesor de Seguridad Nacional, Stephen Lovegrove. 

El viernes 9, en su comparecencia ante el Parlamento, Truss homenajeó a la reina fallecida, a quien había visto apenas tres días antes, en lo que sería el último acto de su reinado. Vestida de luto, alabó su liderazgo y su fuerza en los momentos más duros. Luego le dedicó unas palabras a Charles III. “Todos nosotros en esta Cámara lo apoyaremos mientras lleva a nuestro país hacia una nueva era de esperanza y progreso. La Corona perdura, nuestra nación perdura y‚ en ese espíritu, digo: ‘Dios salve al rey’”.

En medio de una crisis nacional de las grandes, con el principal factor de unidad todavía siendo velado por un complejo y prolongado protocolo funerario, hará falta otra que liderazgo. Y entre los dos flamantes faros guías, la mayoría mira con expectativa a Truss. God save the prime minister. 

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