Memorial en Carrasco a propósito del aniversario de Los Andes

En la rotonda de Costa Rica y Alejandro Schroeder, denominada Unión, Valor y Fe en Los Andes, se construyó un memorial por los 50 años del accidente de avión que transportaba a 45 pasajeros del equipo de rugby del Old Christians Club, familiares y amigos

En la rotonda de Costa Rica y Alejandro Schroeder, denominada Unión, Valor y Fe en Los Andes, se construyó un memorial por los 50 años del accidente de avión que transportaba a 45 pasajeros del equipo de rugby del Old Christians Club, familiares y amigos

La alcaldesa del Municipio E, Mercedes Ruiz, impulsó la idea de un concurso para convertir ese espacios en un sitio de reflexión en el barrio. El equipo de las paisajistas ganadoras, integrado por Lola Capurro, Jimena Pereyra y Maite Flores, diseñó una propuesta que se inaugura el mismo día del aniversario de la caída del avión, el jueves 13 de octubre.

Al tomar por la calle Costa Rica desde la rambla, sorprende la nueva fisonomía de la rotonda, originalmente diseñada por el paisajista y arquitecto francés Carlos Thays para la urbanización del balneario de Carrasco en 1912. Ahora, el lugar luce una escultura en espiral y vegetación de follaje verde, azul y flores amarillas.

Desafío doble. Cuando la paisajista Lola Capurro se enteró de la convocatoria, llamó a su colega Maite Flores por lo interesante de la propuesta y por los escasos días con que contaban para idear un proyecto. Las egresadas de la Escuela de Jardinería profesor Julio Enrique Muñoz decidieron incorporar a la estudiante Jimena Pereyra para conformar un equipo que se ensambló naturalmente.

El sitio a intervenir, única rotonda diseñada por Thays que mantiene sus dimensiones originales, fue un aditivo para presentarse. “Resultaba un desafío y un honor proyectar el paisajismo, puesto que Thays diseñó Carrasco con una propuesta impactante para la época incorporando las curvas como protagonistas”, cuenta Lola.

Cada una de las profesionales desde su perspectiva se puso a trabajar en ideas sobre cómo abordar un tema que para algunos fue una tragedia y para otros un milagro. Sin embargo, los pilares siempre estuvieron claros. Los tres conceptos que dan lugar al nombre del espacio: unión, valor y fe.

Como en toda lluvia de ideas, los primeros pensamientos fueron desechados. “En mi casa siempre se habló mucho del accidente por conocidos de la familia”, recuerda Maite, y pensábamos: los Andes, montañas, nieve, frío, blanco. Pero nos dimos cuenta de que el camino no era por ahí”. Fue un proceso de investigación a contrarreloj. Recoger información de libros, películas, podcast, videos y de una entrevista a uno de los pasajeros, Álvaro Mangino. Esos pasos las llevaron a determinar que el objetivo sería idear una propuesta que trascendiera en el tiempo y que los protagonistas se sintieran representados. “La entrevista con Mangino fue muy enriquecedora”, aclara Lola, “logramos generar simbolismos para que todos se sintieran contemplados pero siendo muy respetuosas con los que no volvieron”.

Dos de los sobrevivientes, Gustavo Zerbino y Roberto Canessa, estuvieron presentes cuando las autoridades del Municipio E anunciaron al ganador del concurso en el restaurante El Puesto. “No sabíamos si íbamos a ganar pero sentíamos que nuestro trabajo estaba redondo”, exclama Lola. Canessa y Zerbino confirmaron su presentimiento: “Su aprobación fue la felicidad más grande que vivimos”. El proceso creativo fluyó de tal manera que, según cuenta Jimena, lograron rescatar los sentimientos positivos de aquel acontecimiento a partir de la premisa de unión, valor y fe y transformarlos en una realidad.

Espiral de acero. La evolución del boceto determinó que el elemento principal sea una escultura de acero corten en forma de espiral que se asemeja a un segmento de cilindro que representa el fuselaje del avión, refugio de los sobrevivientes por tantos días. Ese espiral semienterrado recuerda a los que ya no están y si bien se ven como dos círculos separados, están unidos, al igual que ellos permanecieron juntos, apoyándose con gran “espíritu de compañerismo y servicio”. La decisión de elegir el acero corten se basó en sus características de resistencia y flexibilidad, que como explica Maite, representan “la fortaleza” y que ”el valor de los sobrevivientes difícilmente se quiebre”. En el período en la montaña, cada uno se esforzó para mantener su fortaleza “adaptándose a las circunstancias contradictorias y a las necesidades de los demás sin perder la fuerza interior”.

La fe se representa en el portal que genera el espiral en la rotonda, en ver más allá, que no todo está perdido y que siempre se puede más. “Para acentuar esta última idea propusimos una luminaria sobre el mismo espiral, la fe es también la luz que los guía”, detalla Lola. Las luces destacarán la forma del espiral y en puntos aislados de la rotonda simularán las estrellas.

La charla con Mangino resultó decisiva para determinar que el tono azul sería el preponderante entre el verde y el amarillo. El resultado es un juego con los colores, el follaje y la floración, a lo que se sumó una leve ondulación en el terreno. Se buscó vegetación de follaje verde para transmitir esperanza y Senecio crassiflorus por sus flores amarillas para representar la luz y la calidez del sol. El amarillo también aparece en la Grindelia orientalis o margarita oriental, mientras que el azul del cielo, refugio de la esperanza de los que  sobrevivieron al accidente, se representa con el Juniperus squamata “blue star” que se dispone como un río que cruza la rotonda atravesando el portal generado por el espiral.

La tendencia en paisajismo está marcada por especies nativas como la margarita oriental, que le da un toque local. Este proyecto, además, resulta motivador para reproducir esta misma estética en las otras seis rotondas diseñadas por Thays para generar una unidad paisajística en el barrio. 

Al tratarse de una rotonda no transitable, este espacio de contemplación está conformado por vegetación sin pavimentación ni mobiliario. Sin embargo, se colocó una placa en homenaje a los 45 pasajeros que el 12 de octubre salieron desde Montevideo rumbo a Santiago de Chile.

“Anhelamos que el barrio y la sociedad sientan como propia esta rotonda, que los vecinos se adueñen del lugar y que los familiares de los 45 pasajeros tengan finalmente un espacio de reflexión”, dice Lola. Y es un sueño compartido.