¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

Patricia Rodríguez: "Los policías no somos enemigos, estamos en la misma vereda"

Como presidenta del sindicato policial, Patricia Rodríguez se propone derribar la estigmatización hacia el rol del policía y mejorar las condiciones laborales

Como presidenta del sindicato policial, Patricia Rodríguez se propone derribar la estigmatización hacia el rol del policía y mejorar las condiciones laborales

Patricia Rodríguez no quería ser policía. A los 20 años estudiaba Enfermería, trabajaba voluntariamente como catequista para niños y adolescentes en situación de calle y como educadora en Madre Promis, una casa de salud para monjas. Estudió en la Escuela Nacional de Policía con el objetivo de trabajar de enfermera en el Hospital Policial y egresó como la alumna más destacada de su tanda. Ignoraba, sin embargo, que los destinos al terminar la formación nunca se eligen. Con cierto desgano aceptó su primer cargo como comandante de guardia de la escuela, pero no tardó mucho en sentirse policía. Y cuando eso pasa, dice, ya no hay marcha atrás. "Mucha gente entra por vocación, otra porque tiene familiares y anhelan llegar a eso y también entran quienes lo ven como una salida laboral. Pero los que quedan son los que realmente aprenden a amar la camiseta. Yo terminé amando lo que hacía y ya no pedí más para irme al hospital", reconoce. ¿Qué le gustó? Le cuesta explicarlo. Piensa, recuerda horarios "horribles", insultos en la calle y en el ómnibus. Hasta que encuentra la respuesta: "Venía de un mundo de trabajar de voluntariado, de servir, y la policía es servir".

Rodríguez no se imaginaba como policía, y mucho menos como sindicalista. Sin buscarlo, la invitaron a militar. Ante la duda, habló con un cura y llegó a la conclusión de que aquel era otro paso alineado a su afán de servir; esta vez, a sus colegas. Hoy, a sus 45 años, Rodríguez es la presidenta del sindicato que se creó en 2010, 180 años después de la creación de la Policía uruguaya. Es la voz de un gremio que navega en un mar turbulento. Se hizo un lugar dentro del PIT-CNT, pero la tensión en el relacionamiento con la central obrera es constante. En la interna, Rodríguez también timonea el sindicato frente al recelo de algunos policías -cada vez menos, según ella- que añoran un régimen vertical en el que el subalterno acataba órdenes improcedentes sin siquiera plantearse la posibilidad de cuestionarlas.

Asegura que su tarea es tan ingrata como reconfortante. Agarra la revista del sindicato y muestra a un hombre que a los 30 pasó a depender de una silla de ruedas, razón por la que sería dado de baja. El sindicato, sin embargo, logró cambiarlo de escalafón y ahora trabaja como administrativo en una seccional. En otra página señala las canastas de alimentos que repartieron a las familias de colegas golpeados por la pandemia, y los útiles escolares que recolectaron para sus hijos.

De niña Rodríguez solía decir que no quería tener hijos. Hoy está casada y tiene cinco, desde una maestra de 25 años hasta una niña de 4. Tampoco quería ir al colegio privado, pero su abuela pagaba la cuota para que estudiara en San José, un colegio de monjas. Allí sufrió bullying, pero la palabra ni existía y no quedaba otra que aguantarlo en silencio. A veces iba sin almuerzo y sus compañeros se encargaban de que creyera que no estaba a la altura. "La pasé pésimo", recuerda. Si tiene que elegir una palabra que titule una hipotética biografía de su vida, sería resiliencia. Oriunda de Las Piedras, Rodríguez fue hija única hasta los 12, padeció el abandono de su padre y la crianza de una madre enferma psiquiátrica que "hizo lo que pudo, y no pudo".

Cuando tenía 12 nació su hermano. Con él aprendió a cambiar pañales y se sintió victoriosa cuando dio sus primeros pasos. Su hermano se suicidó a los 19 años. Fue "el dolor más grande" de su vida. Había dos opciones: hundirse o salir adelante. Afortunadamente, pudo canalizar el dolor trabajando y ayudando para que historias como la suya y la de su familia de origen no se repitan. "Con todo lo que me pasó, lo más reconfortante en mi vida ha sido lo que pude hacer por el otro", resume.

"Qué rechazo me genera la policía" es una frase que se escucha comúnmente. ¿Por qué?
Hay que trabajar mucho con la juventud. Hace poco daba unas charlas a una ONG, me pidieron para hacerme unas preguntas, trabajaban con adolescentes en vulnerabilidad. Después quedaron sumamente agradecidos y pensé: es por ahí. Cuando necesiten, vamos y hablamos y charlamos. El policía no es el enemigo del joven, lo que pasa es que a veces te toca la tarea más difícil. ¿Quién tiene que ir a una fiesta clandestina y decirles a los que están bailando que se acabó? El policía es el que pone los límites, y cuando estás en la adolescencia tenés esa predisposición a estar en contra de todo lo que te ordenan. Y lo asociás con el policía. Es complejo también para el funcionario policial. No es agradable ni lindo, porque también salís apedreado de lugares, insultado de todas maneras. Es un trabajador que por estar haciendo su trabajo tiene que aguantar todo el tiempo que lo estén insultando, faltando el respeto, pegándole muchas veces. También del otro lado tiene que haber un mea culpa de cómo nos comportamos con el funcionario policial. La policía comunitaria antes estaba mucho más operativa y era buena, porque iba a los barrios, hablaba con los chiquilines que de repente pensaban que eras el enemigo y en realidad no lo sos, sos el que lo va a defender ante un hecho que pueda sucederle. Trabajar en las escuelas y sobre todo en los liceos. El Ministerio del Interior tendría que tener mucha más llegada a los jóvenes y demostrarles que no somos enemigos, que estamos en la misma vereda y queremos lo mismo.
Creo que sería bueno que vean que sos una persona atrás del uniforme. Que tenés otra función en la sociedad, que es velar por la seguridad pública. Ahí también tienen la culpa los grandes, porque muchos de esos prejuicios se los ponen los grandes.

¿De dónde le parece que viene esa estigmatización?
Cada tanto tenemos problemas en el PIT-CNT que nos quieren expulsar. Algunos de los gremios que nos quieren expulsar tienen que ver con la educación. Ahí te das cuenta que hay algo ideológico detrás de eso, que no pueden concebir a la policía como un trabajador. ¿Eso lo podrían fomentar en los jóvenes que educan? Creo que sí. Ahí está el problema de los mayores. Me gustaría que llegara también la otra mirada, la de la policía.
Tiene mucho que ver con lo ideológico, no toleran la figura del policía así seas la mejor persona del mundo. Capaz hice todo lo que hice, lo mismo que hicieron ellos por los niños en situación de calle, pero soy policía, no va a valer lo mismo. Hay que acercarse para romper esos estigmas. En otros países los sindicatos tienen más facilidad para llegar porque no pasaron por la dictadura. Y la dictadura es una mochila que seguimos acarreando los policías. Nos siguen achacando a nosotros mochilas que no son nuestras.

¿Se está trabajando para mejorar la imagen de la policía?
Sí, en la humanización de la policía por parte del sindicato. Cuando hablo en alguna nota trato de traspasar el uniforme. Cuando sale un policía a hablar ¿uno que espera? un varón, tosco, con un discurso medio fuerte y al choque. Empecé a salir yo, que era mujer, que hablaba tranquila, fue como un cambio también hasta en el aspecto de lo que uno puede interpretar del otro lado como policía. Eso favoreció. Creo que a la gente le causó más empatía la transmisión del sindicato cuando mataban a un compañero, cuando un compañero iba al juzgado y terminaba procesado, pero para nosotros era injusto porque estaba cumpliendo bien su función. No sé si se logró todavía, pero tratamos de buscarle la parte humana y que trascienda lo que es solo verlo desde el uniforme, porque si no parece que somos robots, nos ponemos el uniforme, salimos, hacemos la tarea y no sentimos, no tenemos familia e hijos que nos esperan, y esperan que ese día no nos pase nada para llegar a nuestras casas vivos. Las familias del policía viven también situaciones complejas, porque no es un trabajo normal.

¿Cuál es el mayor problema que tiene el trabajador policial?
Varios. Uno es el estigma de ser policía y la discriminación que sigue latente en una sociedad que cuando pasa algo recurre a la policía, pero después el policía automáticamente pasa a ser el malo de la película. Luego, las condiciones de trabajo y la parte de vivienda. Hay muchos compañeros viviendo en asentamientos que la pasan muy mal. Hay compañeros con puertas y ventanas tapiadas para que de noche no les tiren una molotov y les incendien su hogar, solo por el hecho de ser policías. Irte a trabajar ocho horas pensando que tu familia queda en esas condiciones en el barrio, que le pegan a los hijos o a las mujeres cuando van a hacer los mandados, enfermaría a cualquiera. Sabemos que estamos en pandemia, pero debe haber alguna señal, no puede haber solo apoyo de palabras, de moral. Después tenemos el sistema jubilatorio. Tenemos una especificidad en la tarea que hace que el policía se enferme psicológica y físicamente, porque es todo con su cuerpo, entonces llega a los 60 años bastante complicado, y los cambios que ha habido en torno a la jubilación han sido aumentar la edad y bajar los montos con los que se iba. Un policía que esté hasta los 65 para jubilarse con algo digno, está medio complicado. A si mismo sabemos que una vez que se jubila, el estrés y la adrenalina de la tarea es tanta que hay una baja abrupta, lo que hace que muchos vivan muy poco. Algunos se enferman más rápido por ese mismo cambio de la función tan movilizadora a la nada, y terminan sin siquiera disfrutar de ese período de jubilación porque fallecen pronto. Eso es una complejidad. Esperamos que puedan tener en cuenta a la policía, diferenciarla desde la función para que el compañero se jubile con menos edad y una jubilación acorde a que pueda realmente vivir de ella por todo lo que ha entregado en su vida al ministerio.

El policía cuando sale a trabajar entrega lo más preciado que tiene una persona, que es su vida. Está dispuesto a dar la vida por un desconocido. No es que la das por un amigo o familiar. Salís, no sabes a qué te vas a enfrentar y vas a proteger al otro inclusive a costa de tu propia vida. Es una entrega que está totalmente desvalorizada y que no se ve desde ahí. Cuando el otro entiende todo eso es cuando realmente vamos a poder cortar o empezar a disminuir los prejuicios que hay con la función.

Pasó de enfermera y catequista a policía. ¿Qué le gustó?
No sé bien lo que es. ¿Estaban buenos los horarios? No, eran horribles. Viajaba de Las Piedras a Montevideo cuando me tocaba los sábados venir a trabajar, que entraba a las 7 de la mañana, me comía las salidas de los bailes y era un insulto tras otro. En ese momento era flaquita, entonces me decían un montón de cosas que tenía que aguantarme. Estás en una tensión constante, todo el tiempo sos policía. Ya no te lo podés sacar de arriba. Creo que es eso, te acostumbrás y decís: 'No puedo hacer otra cosa que no sea ser policía', es una cosa que la adquirís, que está en vos, que empezás a ver la responsabilidad de tu tarea, sobre todo la de servicio que tiene ser policía, por más que no se lo reconozca, tiene muchísimas cosas buenas, y de ayuda a las personas, y quieras o no yo venía de un mundo de trabajar de voluntariado, de servir, y la policía es servir. Me parece que por ahí es que me empezó a gustar ser parte de eso. Cuando salió la posibilidad de ir para el INR (Instituto Nacional de Rehabilitación), que en ese tiempo era de varones de Colón, yo pedí para ir, porque me pareció que podía ayudar por la experiencia que había tenido en la vida como educadora. Me sorprendí al llegar porque muchos de los que estaban presos habían pasado por el oratorio (catequesis).

Hay quienes piensan que hay una vocación por ejercer la autoridad. ¿Qué tanto se elige ser policía por ese motivo?
Es un estigma dentro de la policía, y es algo que precisamente el sindicato ha tratado de derribar. Son relatos que no tienen que ver con la propia realidad del trabajador policial, que sale a ganarse el pan como cualquier otro trabajador y que lo menos que está pensando en ese día es a ver si tengo suerte de ir a pegarle a alguien. Lo que querés es tener un día laboral lo más tranquilo que se pueda y volver a tu casa sin tener que estar horas en un juzgado al otro día. No es la concepción real de un trabajador policial. Obviamente que puede haber gente que tenga ese perfil, como en todo trabajo. Obviamente son los menos, porque si no tendríamos abusos todo el tiempo y no tenemos. De hecho, hay muchas más situaciones que se denuncian en redes sociales, pero que después cuando vas a Fiscalía o lugares donde realmente tienen que estar las denuncias, no están, o sea que a veces son más relatos que realidad. No quiere decir que no pase como pasa en cualquier ambiente de cualquier trabajo, hay funcionarios que son muy bien y funcionarios que no lo son, pero no es la realidad que tenemos. Por eso nos parece muy importante la voz del sindicato.

La verticalidad está desapareciendo en casi todos los rubros de la mano de las nuevas generaciones. ¿Qué pasa en la Policía?
Las nuevas generaciones ya vienen con otra percepción. Por ejemplo, hoy la mujer tiene una oficina de género donde denunciar, y la posibilidad de no trabajar con su agresor. Antes era impensado, entonces las policías se terminaban enfermando psicológicamente. Algunas terminaban inclusive no volviendo a la Policía. Algunas se jubilaban y otras se quedaban sin trabajo. Era una gran complejidad. Hoy se trabaja en coordinación con la Secretaría de Género.

La verticalidad del mando está, porque vos sos un policía armado, que tenés otras características, tenés que tener una conducta y de alguna manera tener un control sobre vos y lo que hacés, porque vos representás una institución, y la gente te arma para que vos defiendas a la ciudadanía, entonces necesitás un control todo el tiempo. No está mal la verticalidad; sí está mal cuando es mal ejercida. Pero debe haber un control exhaustivo de cada funcionario. El policía es el más investigado de todos los trabajadores. Si yo hago algo hoy acá, en el momento me están tomando acta en mi lugar de trabajo, al otro día me están llamando de Fiscalía. No hay manera de que alguien pueda ejercer una función desmedida o contra alguien sin que eso le traiga consecuencias.

Hoy todo se filma y va a las redes sociales, incluidos los procedimientos policiales. ¿Qué opina sobre esto?
La filmación es una garantía para ambas partes. Porque muchas veces hay denuncias, como pasó hace años en Codicen, que supuestamente habían torturado a manifestantes, y las filmaciones mostraron que eso no fue así, que era una mentira; pero si eso no hubiese estado, los compañeros capaz terminaban procesados por una denuncia que era falsa. De esas hay muchas. Que a vos te filmen es algo muy beneficioso para ambas partes. Si estás trabajando bien, no te tiene que importar que te filmen. El problema es que a veces te están filmando, te están insultando, otro te está pegando y otros te quieren sacar el detenido. Así no se puede. No podés interferir, porque el policía está cumpliendo una función.

¿Cómo llegó a presidir el sindicato de la Policía?
Cuando me propusieron venir al sindicato, lo hablé con un sacerdote amigo. Yo estaba bien donde estaba, hacía poco horario, alguna actividad que me gustaba, estaba cerca de mi casa. En esa época iban al sindicato los que estaban "quemados", y no era el caso. Yo estaba bien laboralmente. Se dio medio espontáneo. Fui un día al sindicato porque empezó a haber problemas de todo el centro con un director y les dije a mis compañero que iba a averiguar cómo era, si hacían reuniones. No salí con ninguna solución. A la semana me citan y me ofrecen ir a militar. Lo pensé mucho, porque Francisco, mi hijo, tenía 2 años, yo estaba cómoda donde estaba, me gustaba la tarea, sabía que estaba estigmatizado ser sindicalista. Les dije que no tenía mucho tiempo. Ahí hablando con este sacerdote, amigo de añares, me dice que estaba bueno. Ahí pensé que iba a poder cobrar un sueldo para poder ayudar a las personas, hacer lo que me gusta, que es trabajar por el otro. Ni me imaginé lo político, nada. Idealicé. Pensé que era Alicia en el país de las maravillas.

¿Cómo ha vivido el ser mujer en un ambiente tan masculinizado?
Cuando llegué al sindicato eran todos varones, y era una pelea constante, algunos terminaban a los golpes, no era un ambiente que uno pensaba que podía prosperar. Algunos mandaban, otros se callaban. Yo no hablaba, observaba nomás. De a poco me fui abriendo, preparándome. Me designaron en una de esas reuniones para ir a Salud Laboral del PIT-CNT, que era una secretaría donde van sindicalistas, representantes de muchos sindicatos. Ahí aprendí los decretos, qué era insalubridad, cuándo podíamos denunciar tal cosa o tal otra. Empecé a participar de a poquito, estuve años haciendo seminarios, talleres, y eso me ayudó a ir a representar en la secretaría del Ministerio de Trabajo en los temas que tuvieran que ver con condiciones de trabajo, entonces ahí me fui apartando de los compañeros. Al formarte vos quedabas en otro escalón. Fui ganando terreno de a poco pero con trabajo de formación, de ver que si era una sindicalista tenía que saber lo que estaba representando.

¿Se sintió discriminada alguna vez?
Todo el tiempo, me iba llorando de las reuniones. Estuve a punto de renunciar una cantidad de veces. Si te iba bien en algo era "porque andás con fulano o mengano", nunca era por inteligencia, nada de lo que pudiera proponer era por ser una persona a la que se le pudiera ocurrir un proyecto. Todos varones y yo una mujer que venía del ámbito cristiano. Iba todo el camino llorando entre bronca e indignación de que te trataran así por ser mujer. Al final llegó un día en que en mi casa no querían que fuera más. Ahí dije: "O me pongo las pilas y me enfrento, o me voy". Y opté por enfrentarme. Ahí descubrí una personalidad que no sabía que tenía. Con todas las cosas que pasé, una infancia complicada y la resiliencia, pensé: "Un grupo de varones que me diga lo que quiera". Eran reuniones complejas pero yo ya no me callaba, los enfrentaba, fui armando grupos míos y llegué a la par de ellos, inclusive con alguna pelea.

Viven situaciones complejas a diario. ¿Cómo está la salud mental de los policías uruguayos?
Mal. Tendría que estar mejor. Siempre pedimos que se trate mucho más la prevención y no ya cuando el policía está enfermo. Imaginate que cuando el policía trabaja, en lo cotidiano le puede pasar ir a un accidente y sacar a un niño muerto, volver y tener tres rapiñas en el día, o todas condiciones de esa índole, situaciones violentas, más sumale al denunciante que viene siempre con crisis y que sos el primero con el que se encuentra, y el culpable por no darle la solución. Es una presión las 24 horas, porque no dejás de ser policía, tenemos la indivisibilidad de la tarea. Si no procedés en algún momento, podés entrar en omisión. Estás todo el tiempo presionado, mirando, viendo. Sos policía siempre.

Si vas a un accidente y sacás a un niño muerto, en ese momento para nosotros el policía tiene que ir al Hospital Policial y tener una charla con un psicólogo. No para que lo desarme, sino para el abordaje de la situación que viviste. No son situaciones normales para nadie, aunque las vivas más cotidianamente que cualquier otra persona. Te marcan, y un abordaje a tiempo evita que te enfermes tanto después.

¿Hoy cuál es la herramienta?
Si te ven muy mal, un jefe te puede mandar al hospital, pero ya te vio mal, pasaste por un proceso que no fue preventivo. Los policías por motus propio van poco a consultar al hospital porque algunos piensan que los van a desarmar y es un perjuicio económico, porque no van a poder hacer 222 ni trabajar en el turno normal. Los que van es porque ya están desbordados, o no van.

Como madre de cinco hijos, le habrán preguntado muchas veces cómo hace.
Con Paulina, la más chica, trabajé hasta el final del embarazo y cuando ella nació siguió trabajando conmigo. A las mujeres para militar se nos complica muchísimo. Cuando estás en reunión de directiva, estás además mandando mensaje con la que se olvidó de la merienda, o la maestra, estás en mil cosas a la vez y obvio que es más complejo. Con Paulina iba a todas las reuniones. En la última reunión con (Eduardo) Bonomi le cambié los pañales en el sillón. Me acuerdo de una vez en Fiscalía que le dio ataque de llanto y no había manera de consolarla. Recorrió todo el interior conmigo. Fue una militante más del sindicato. Fue la única manera de estar en su primera infancia, que es cuando más uno tiene que estar presente, y a su vez poder seguir desarrollando la actividad a la cual estoy encargada. Lo compaginé así, la sumé y la hice parte. En muchas reuniones de directiva vienen ellos, los hacés parte de tu tarea también. Me atienden el teléfono y saben qué decir. Ellos saben que a veces no voy a poder estar. El sindicato te consume el día. Pero quedo contenta porque fui parte de un cambio dentro de la Policía que va a quedar para siempre. Otra cosa que pasa es que el ser público tiene sus consecuencias también. No es fácil que tus hijos vean una nota tuya y abajo una chorrera de insultos, gente que no te conoce y se siente con la propiedad de decirte cualquier cosa. Creo que les duele como le dolería a cualquier hijo que digan eso de su padre. Yo les digo que algunos me va a putear, otros van a estar a favor y una parte se va a pelear entre ellos. Lo vamos desdramatizando.

"Larrañaga supo tener empatía con los policías"

Tras conocerse la noticia de la muerte del ministro del Interior Jorge Larrañaga, Patricia Rodríguez publicó un extenso mensaje en sus redes en el que reconoció el "espaldarazo" que dio a los policías desde marzo del 2020, cuando asumió como ministro. "Como sindicato no veníamos de una muy buena experiencia de diálogo y confianza", escribió en referencia a la relación con las anteriores autoridades del ministerio, encabezado por Eduardo Bonomi. "Supo tener empatía, supo llegarles (a los policías) con respaldo y fuerza en sus palabras. Quería dignificar la función y por eso coincidimos en muchos planteos", escribió el 23 de mayo. En conversación con Galería, la presidenta de Sifpom contó que si bien "los problemas de la policía no desaparecieron", estaban trabajando "muy bien" con Larrañaga. "Teníamos un ámbito donde poder resolver los problemas cotidianos y empezar a trabajar los macro". El 3 de junio el sindicato tuvo su primera reunión con el nuevo ministro del Interior, Luis Alberto Heber. "Parece que se mantendrán las mismas condiciones y esperamos seguir construyendo todo lo que falta, que es mucho", comentó.