Los motivos por los que será recordada la 94ª edición de los Oscar
Los motivos por los que será recordada la 94ª edición de los Oscar
Los motivos por los que será recordada la 94ª edición de los Oscar
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUn imprevisto es el motivo por el que será recordada esta 94ª edición de los Premios Oscar: el momento en que Will Smith dejó de reírse de los chistes de Chris Rock para acercarse intempestivamente al escenario y darle una cachetada en plena transmisión en vivo. Después, poca relevancia tuvo que Troy Kotsur, el actor sordo de CODA, se llevara el Oscar a Mejor actor secundario (convirtiéndose en el segundo actor sordo en recibir una estatuilla después de que Marlee Matlin, su compañera de reparto, lo ganara en 1987), ni que Jane Campion ganara su primer premio a Mejor dirección por El poder del perro.
El exabrupto fue una de las pocas sorpresas de la noche: las categorías más relevantes vieron triunfar a los favoritos: Jessica Chastain resultó elegida Mejor actriz por The Eyes of Tammy Faye y el propio Smith a Mejor actor por Rey Richard, biopic en la que interpretó al padre de las hermanas Venus y Serena Williams. Así que cuando le tocó subir al escenario para recibirlo, Smith expresó, llorando, que quería ser “un recipiente para el amor”. “Estoy llamado en mi vida a amar a la gente y proteger a la gente”, dijo. “El arte imita la vida. Parezco el padre loco como decían de Richard Williams. Pero el amor te hará hacer locuras”. Y después de que el mundo entero —o al menos la parte a la que le interesó sintonizar los Oscar— lo viera arremeter con violencia contra Rock (y su desafortunado y ofensivo chiste sobre la alopecia de Jada Pinkett, esposa de Smith), confesó que sus lágrimas no tenían que ver con ganar un premio: “Se trata de poder iluminar a todas las personas”. “Gracias. Espero que la Academia me invite de nuevo”, terminó diciendo.
La organización respondió con un tuit algo vago y con conceptos inconexos, pero condenando el hecho: “La Academia no aprueba la violencia de ninguna forma”, decía, y a continuación: “Esta noche estamos encantados de celebrar a nuestros ganadores de la 94ª edición de los Premios de la Academia, quienes merecen este momento de reconocimiento por parte de sus compañeros y cinéfilos de todo el mundo”. Que nadie arruine la fiesta, parecía leerse entre líneas.


Que siga el show. El plan de la Academia fue organizar una fiesta pensando en elevar el catastrófico rating de años anteriores (la edición pasada la vieron 10,4 millones de espectadores, contra los 55 millones de 1998). Su propuesta innovadora consistió en poner al frente de la conducción a tres mujeres comediantes, tal vez emulando a la dupla de Tina Fey y Amy Poehler en más de una gala de los Globos de Oro. “Contrataron a tres mujeres porque era más barato que pagarle a un solo hombre”, dijeron con sarcasmo Amy Schumer, Regina Hall y Wanda Sykes en el monólogo inicial, y siguieron con algunas intervenciones poco aggiornadas y hasta demodé. Schumer bromeó sobre su peso (y el de Jennifer Lawrence), su supuesta dependencia de los fármacos y el alcohol (“Estar en casa es lo mejor, ¿no? Ahí tengo mis pastillas”, “Mi plan es estar totalmente presente hasta que me desmaye”) y sobre la archiconocida diferencia de edad que suele guardar Leonardo DiCaprio con sus parejas (“Ha hecho tanto para luchar por el cambio climático para tener un planeta más limpio… para sus novias”). Mientras tanto, Hall declaró estar buscando pareja y llamó a los solteros más codiciados tras bambalinas con la excusa de hacerles test aleatorios de Covid. También cacheó a algunos de ellos en el escenario con una insistencia que llegó a incomodar.
Entre premio y premio, la Academia decidió amenizar el show con clips de aniversarios de películas como El padrino, que cumplió 50 años; Juno, que celebró los 15; y de las sagas de James Bond, que ya cumplieron los 60, presentados por actores o directores vinculados a los proyectos.



Latinos por doquier. Antes de que la gala se volviera sobre Will Smith, la presencia latina se hizo sentir en el Dolby Theatre, con uno de los primeros premios de la noche, el de Mejor actriz de reparto, entregado a Ariana DeBose, hija de puertorriqueños, “afrolatina”, según su propia definición, por su interpretación en Amor sin barreras. Al parecer, la Academia advirtió el error de olvidar invitar a la protagonista de esa película, Rachel Zegler, y decidió subsanar el papelón poniéndola también sobre el escenario para presentar el premio a los Mejores efectos visuales. “Hace seis días no habría creído que iba a estar aquí”, bromeó.

El triunfo de Encanto —y su oda a Colombia— como Mejor película animada; y los números musicales de dos temas de la película: Dos oruguitas, nominada a Mejor canción, con una cálida interpretación de Sebastián Yatra; y We Don’t Talk About Bruno, con voces de la película además de Megan Thee Stallion, Luis Fonsi y Becky G, llenaron el escenario y hasta los corredores entre las butacas de trajes coloridos y palabras en español.
Sin embargo, horas después, incluso días después, de lo único que se habla es de Will Smith. Pero no del premio, largamente esperado (esta es su tercera nominación como actor). No se habla de talento ni de conquistas históricas. Se habla del Team Will Smith y del Team Chris Rock, se toman bandos. “En tu momento más alto, ten cuidado. Ahí es cuando el diablo viene por ti”, le dijo Denzel Washington a Smith, según contó en su discurso de agradecimiento. Tal vez debería haberlo escuchado.
TENDENCIAS EN LA ALFOMBRA ROJA











