Preysler y Vargas Llosa: la vida después de la ruptura

El escritor volvió con su exmujer, Patricia Llosa, y la socialité presentó un reality show en Disney sobre sus Navidades

Son raras las ocasiones en que las separaciones amorosas se hacen en términos armoniosos o elegantes. A menudo sacan a relucir lo peor de las parejas, lo más vulgar y hasta lo más impensable. Cuando supimos de la ruptura entre el magistral escritor Mario Vargas Llosa y la socialite Isabel Preysler no sabíamos qué pensar. Tan triunfantes habían figurado en las revistas, en eventos culturales, tomados de la mano… Parecía que se amaban, que habían decidido luchar juntos contra la vejez y los prejuicios, contra el tiempo, ¡almas gemelas! Eso nos pasa por consumir fantasías: de golpe y porrazo nos enteramos de que la vida y la pandemia, con toda su realidad, habían arrasado con la pareja y la había conducido hacia el hastío y la apatía, la rutina, la irritabilidad y todo lo que les sucede lamentablemente a las parejas una vez pasado el tiempo de la irrealidad, que dura generalmente o tres meses o tres años.

En realidad, Vargas Llosa y Preysler se acompañaron durante poco más de siete años, lo cual es un disparate de tiempo teniendo en cuenta la edad que tenían (él 86, ella 71). Los últimos dos o tres años sufrieron la total decadencia tanto física como espiritual. Mario tuvo numerosos achaques de salud y se dio cuenta de la locura que había hecho al dejar a su familia y alejarse de sus tres hijos y de sus nietos, con quienes de todas formas había mantenido contacto. La soledad en una casa ajena, rodeado de un mundo ajeno, a merced de una mujer que se fue no tan progresivamente transformando en una extraña, no debe haber sido un despertar agradable.

A poco de empezar su relación, Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler asistieron juntos a la gala de recaudación de fondos de otoño del Madison Square Park Conservancy, en Nueva York, en 2015. AFP

A poco de empezar su relación, Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler asistieron juntos a la gala de recaudación de fondos de otoño del Madison Square Park Conservancy, en Nueva York, en 2015. AFP

Aparecieron —quién hubiera dicho—, los problemas de plata. La clásica historia de la mujer exigiendo el aporte monetario del hombre. Alguna vez, después de separados, Isabel dejó entrever lo contrario, que ella estaba poco menos que manteniendo al escritor. La periodista española y editora de Vanitatis Paloma Barrientos confirmó a Galería que en realidad don Mario aportaba 60.000 euros mensuales a la casa de Villa Meona, donde ambos residían. Pero quizás 60.000 euros, al ritmo de 2.000 euros la cartera o par de zapatos, en el mundo de Preysler no sea tanto. No olvidemos que la pareja se pasaba de viaje en viaje y de cóctel en cóctel. Podríamos pensar que 60.000 euros son como para un uruguayo 60.000 pesos, se van como el agua.

Por lo pronto, Villa Meona lleva ese nombre por la cantidad de baños que tiene —13— y es una gigantesca mansión de 44 ambientes, entre habitaciones y espacios comunes en el exclusivo barrio madrileño de la Puerta de Hierro. Hay que dimensionar el presupuesto mensual que lleva mantener una casa de esa envergadura. Se rompe un caño, hay que picar los mármoles y se desvanece el viaje bimensual de Isabel a Miami para visitar a Chábeli. Villa Meona es la casa de Isabel Preysler desde hace décadas, la heredó de su matrimonio con el execonomista ya fallecido Miguel Boyer. Es enorme y, según dicen, muy acogedora. Allí vivió con Boyer y con el escritor peruano.

Los primeros tiempos conviviendo, Mario viajaba mucho a dar conferencias. En invierno solía irse a Estados Unidos a dar charlas y clases y los primeros años Isabel lo acompañaba. “Luego Isabel lo acompañó menos, y después de unos días se iba a Miami a ver a Chábeli y a sus nietos o a Enrique, que también tiene hijos. A la inversa también, porque aunque siempre se movió en ambientes académicos e intelectuales, Vargas Llosa era igualmente vanidoso y le gustaba ir a las fiestas sociales, porque ahí todas las señoras y jovencitas estupendas querían hacerse fotografías con él”, contó Barrientos, autora del libro Reina de corazones, una biografía de Preysler.

“Pero en un momento Vargas Llosa se dio cuenta de que todo eso no era su mundo. Fue a raíz de tener Covid, que estuvo francamente mal y se dio cuenta de que se iba a morir en un hospital, solo. Ahí se dio cuenta de que lo importante era su familia, sus nietos y sus hijos”, dijo Barrientos. “Eran incompatibles. A él le interesaba la cultura y a ella el espectáculo. Él ya parecía sentirse incómodo viendo su imagen convertida en un adorno, en un reclame para fiestas, eventos y hasta para el documental de la hija de Isabel, Tamara Falcó”, quien en los últimos años se hizo un lugar en el mundo del espectáculo.

La pareja, en la alfombra roja de la 30a  edición de los Premios Goya en Madrid, en 2016. AFP

La pareja, en la alfombra roja de la 30a edición de los Premios Goya en Madrid, en 2016. AFP

“Vargas Llosa se cansó y se marchó”, contó Barrientos. “Y fue el primero de los hombres de Isabel que la dejó, porque anteriormente ella los había dejado a ellos”. Cuando le preguntaron por su relación con el Nobel, Isabel atinó a responder que “se rompió la ilusión del principio”, aunque después hizo correr el rumor de que no contribuía monetariamente.

A continuación, el autor de La ciudad y los perros­ volvió a viajar con su familia y está muy unido a sus nietos y sus hijos, sobre todo a Morgana­. Él mismo evitó hacer comentarios acerca de su ruptura con Isabel, pero habló con hechos, dedicándole su última novela, enteramente escrita durante su tiempo con Isabel, a Patricia Llosa. Le dedico mi silencio trata sobre los valses, marineras, polkas y huainos peruanos, y el folclore de su país.

Los primos y padres de tres hijos pasaron todo el verano juntos entre el sur de Italia, Marbella y Salzburgo y, tras la publicación de su última novela, hace poco más de un mes, se fueron a su casa familiar en República Dominicana. Su hijo Álvaro registró fotos y comentarios de sus padres y los compartió en tuits que fueron tomados como provocativos por algunos.

El escritor con Patricia Llosa, en su llegada a la cena del rey para los Premios Nobel en el Palacio Real de Estocolmo, en 2010. AFP

El escritor con Patricia Llosa, en su llegada a la cena del rey para los Premios Nobel en el Palacio Real de Estocolmo, en 2010. AFP

Preysler con su tercer marido, el fallecido exministro de Economía y Hacienda español Miguel Boyer. EFE

Preysler con su tercer marido, el fallecido exministro de Economía y Hacienda español Miguel Boyer. EFE

También publicó en sus redes sociales una fotografía del escritor trabajando en su despacho de toda la vida, con vistas al océano. Eso ocurrió poco después de que Vargas Llosa fuera ingresado el pasado febrero en la Academia Francesa, acto en el que su exmujer estuvo presente en un sitio preferencial; Isabel, brillando por su ausencia. Según se supo, pasarán la Navidad en compañía de sus tres hijos y sus nietos en la capital peruana.

¿E Isabel? Su plan mediático consistió en presentar el reality show Isabel Preysler: mi Navidad, un especial de dos capítulos en el que relata cómo pasa sus Navidades rodeada de sus hijos y nietos, y con glamour.

El programa fue estrenado hace un par de semanas en Disney Plus y en él menciona todo el tiempo a Miguel Boyer. Hay quien dice que su hija Tamara, muy televisiva y espontánea, fue quien le dio la idea de salir con esta nueva faceta. Pero los comentarios en general dicen que a Isabel se la nota acartonada y calculada en sus movimientos, y que su mirada luce apagada. ¿Qué otra cosa se podría esperar? Los finales no son sencillos para nadie.