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Renovada, la casona Lussich vuelve a abrir sus puertas

La remodelación de la Casa Grande, ubicada en el Arboretum de Punta Ballena, busca fomentar el turismo de la zona durante todo el año.

Rodeada de casi 500 especies de árboles, tanto autóctonas como foráneas, cuyas semillas viajaron en barco desde Asia, África y Europa en el siglo XIX, Casa Grande —popularmente conocida como Casona Lussich— reabre sus puertas luego de dos años de permanecer cerrada por la pandemia y después de una remodelación que le augura una nueva etapa. La casa de color rosa oscuro (originalmente rosada pastel), de grandes galerías y pisos de damero, volverá a recibir visitantes desde este viernes 4 de marzo. La iniciativa impulsada por Andrés Rapetti, alcalde de Maldonado, contó con una inversión de US$ 250.000 por parte del municipio y forma parte de un plan que busca poner en valor ciertos espacios patrimoniales del departamento. 

El Arboretum y Casa Grande representan un punto icónico de la historia de Punta Ballena, y se han convertido en referentes del ecoturismo y la cultura del país, gestionados por la Intendencia de Maldonado desde 1979. Con el objetivo de fomentar el turismo de la zona durante todo el año y no solamente durante los meses de verano, el Municipio de Maldonado trabajó con la Dirección de Obras de la Intendencia del mismo departamento en el reciclado de la estructura edilicia, su accesibilidad y el cuidado ambiental de su saneamiento. “Es una alegría poder seguir recuperando patrimonio, seguir mostrando que somos mucho más que sol y playa”, comenta Martín Laventure, director general de Turismo de la Intendencia de Maldonado. “Aquí hay un enorme contenido patrimonial de todo tipo. La casona, el Arboretum, que es un reservorio de especies naturales de todos los continentes, así como el nuevo espacio que se creó para emprendedores”. 

El ingreso y la recorrida de la casa es totalmente accesible, ya que el diseño de la remodelación prestó especial atención en ese punto. “Ya no podemos hacernos los desentendidos. Hoy, por suerte, es algo que se tiene en cuenta tanto al construir de cero como al remodelar”, señala Laventure. Las numerosas rampas en distintos puntos de la casa y el ascensor, que se ubicará en la parte trasera y habilitará la subida a una de las terrazas, permiten la recorrida en sillas de ruedas. 

Casa Grande seguirá funcionando como museo, como lo hacía antes de la reforma, algo a cargo de la empresa tercerizada Súbito Red. Sin embargo, ahora la tecnología se integra a la museología. En las salas se introdujeron cambios tanto a nivel se contenidos y organización de las exhibiciones, como del edificio, marcado en particular por pisos nuevos en ambas plantas. A su vez, se implementaron salas para exponer y vender productos de artesanos locales, y un café en la planta superior. 

Una tarea casi imposible. Debido a las condiciones del suelo y climáticas de Maldonado, de fuertes vientos y humedad, con mucha roca y arena, pocos apoyaron a Antonio Lussich en la idea de hacer un Arboretum en 1896. Sin embargo, su convicción fue más grande y al ver que el jardín de su esposa, Ángela Portillo, crecía a gran ritmo no dudó en comenzar a plantar árboles y traer a Punta Ballena semillas de todos los continentes. “En una conferencia de paisajismo en París, (el paisajista Carlos) Thays dijo que todos deberían ver el trabajo casi imposible que hizo Lussich en Maldonado”, comenta Martín Ferrario, coordinador de Bienes Culturales de la Dirección General de Cultura de Maldonado. “Su trabajo es superlativo, y poder conservar eso en el tiempo, seguir disfrutándolo, que el enclave de su casa sirva como una puerta para ver el pasado, su trabajo y todo lo que logró es algo que tenemos que valorar”, agregó.

Mientras que una sala de la planta baja está dedicada a mostrar la historia de Casa Grande mediante una proyección de fotografías antiguas y el mobiliario original, otras dos exponen vida y obra de Lussich en sus facetas de empresario naviero y escritor. Las tierras donde hoy se encuentra la casa y el bosque fueron adquiridas en 1896, año en el que se comenzó a construir Casa Grande, lugar que Lussich residió ocasionalmente hasta su muerte en 1928. Otras tres salas están dedicadas al Arboretum de 192 hectáreas, forestado por Lussich durante 30 años.

Por ejemplo, en esta exhibición se puede aprender sobre la dendrocronología, disciplina que extrae datos a partir de los anillos de crecimiento en el tronco de los árboles. También se observan incontables especies de hojas y troncos que se pueden tocar para diferenciar su procedencia según la rugosidad o forma. Las acompañan numerosos tarros con semillas de todos los continentes y una muestra sobre los animales que habitan el bosque. 

Laventure explica que la intención de Maldonado de recuperar o poner en valor ciertos lugares patrimoniales del departamento, entre los que también se incluye el Solar de Margarita Muniz en Aiguá, apunta, entre otros aspectos, al ecoturismo y la sustentabilidad. Por esta razón, el saneamiento de Casa Grande ahora cuenta con un sistema de reciclaje de agua.

A lo largo de la historia, la casa recibió a presidentes y destacadas personalidades y, según cuenta Martín Ferrario, Lussich caminaba y conversaba con ellos en las galerías y terrazas. En el archivo del museo se pueden encontrar fotografías del arboricultor, marinero y escritor, junto al presidente Baltasar Brum o Julio Argentino Roca, del país vecino. “Después de haber logrado lo imposible, lo fundamental de la casa son sus galerías y alrededores. Eso es su esencia”, comenta Ferrario. Con un gran estado de preservación, la casona remodelada intenta contribuir a la desestacionalización del destino, revalorizar su patrimonio y atraer tanto a uruguayos como extranjeros. 

Fotos: Lucía Durán.