Participación. Si uno pensaba que aquel período legislativo iniciado en 1943, con el mismo número de escaños que hay hoy en cada cámara, iba a ser el inicio de una paridad incontenible (que 80 años después se quiere, se debe, imponer por ley), se equivocó completamente.
Luego de la larga noche de la dictadura, el primer Parlamento democrático instalado en 1985 no tuvo una sola legisladora, ni diputada ni senadora. El de 1990 tuvo un pequeño 4,6% de presencia femenina en ambas cámaras. Los avances que vinieron después no fueron marcados ni constantes: para 1995 eran 6,9%; 2000, 11,5%; 2005, 10,8%; 2010, 14,6%; 2015, 19,4%; 2020, 19,2%.
Hoy, con cambios por temas ministeriales y suplencias varias, el 23% del Parlamento uruguayo es femenino, ubicando al país a febrero de este año en el puesto 96 del Índice de la Unión Interparlamentaria; menos de la cuarta parte. Según ONU Mujeres, a 2023 este porcentaje a escala regional es del 35,8%, algo igual considerado completamente insuficiente.
¿Y por qué se da una participación tan escasa, una subrepresentación tan notoria tomando en cuenta que las mujeres son el 52% de la población? Según la encuesta, el 44% simplemente piensa que el género femenino es “discriminado por el sistema político”, opinión que trepa al 48% si las consultadas son mujeres y baja al 38% si son hombres. Nada raro de entender.
El 27% piensa que es más difícil para ellas por “combinar la vida política y las responsabilidades familiares”. Esto, debido a que las tareas de cuidados suelen recaer en las mujeres, aplica a prácticamente todos los campos, no solo al político. Nuevamente, esa visión es reforzada si las consultadas son mujeres (30%) y reducida si son hombres (23%).
Vale traer a colación la reflexión, con bastante de mea culpa, que el presidente Luis Lacalle Pou realizara durante su presencia en los Desayunos Búsqueda el miércoles 6 de marzo: “Yo una vez dije, y me dijeron de todo, que era muy difícil para, a determinada edad, las mujeres dedicarse full time a la política, porque hay decisiones que se toman en la barra comiendo un asado, y por lo general esas reuniones son de hombres. En política no se toman decisiones a las ocho o nueve de la mañana, sobre todo para la conformación electoral”.
Entre otras argumentaciones que explican esta subrepresentación, un porcentaje de la población esgrime opiniones que ya parecerían vetustas cuando el plebiscito de Cerro Chato: el 17% sostiene que “a las mujeres les interesa menos la política que a los hombres” y un 3% directamente piensa que los hombres “son más adecuados” para la política que las mujeres; es una representación marginal, pero existente.
Sin embargo, el hate que se tira en las redes sociales a los dirigentes políticos no es percibido peor en mujeres que en hombres. El 59% de los consultados dijo que el tratamiento es igual a unas que a otros en Facebook, Instagram o el ex-Twitter. El 30% señala que el trato es peor hacia las mujeres, algo de lo que pueden dar fe diputadas, senadoras o ministras.
Más presencia. Hay una opinión constante y predominante en este tiempo: debería haber más mujeres legisladoras en el Parlamento. Eso es lo que señala el 64% de los consultados por Equipos; desglosado por sexo, eso sostiene el 69% de las mujeres y el 58% de los hombres. En total, en 2021 opinaba lo mismo el 71% y en 2018 un 66%.
Uno de los aspectos interesantes de esta encuesta es, como ya se ha visto, que los números varían según se consulte a hombres y a mujeres. En este último punto, sobre las mujeres legisladoras, la brecha aumenta a mayor nivel educativo y a menos edad. El 77% de las mujeres con estudios terciarios opinan que debería haber más diputadas y senadoras, contra el 58% de los hombres con igual formación; es una diferencia de 19 puntos porcentuales. Si los estudios de las personas consultadas son secundarios, lo mismo opinan el 67% de las mujeres y el 58% de los hombres; y si la educación alcanzada es primaria, se habla del 65% y el 57%, respectivamente. Aquí las diferencias son menores.
La mayor brecha está en la edad, entre los 18 y 29 años. Aquí el 80% de las mujeres piensa que debería haber más legisladoras contra el 51% de los hombres, apenas la mitad. ¿No habrán evolucionado las nuevas generaciones? En el otro extremo, en los mayores de 60 años, hay casi unanimidad en esto: 61% de los hombres y 62% de las mujeres están de acuerdo en que no es suficiente el número actual de parlamentarias.
La Ley 18.476 de 2009, también conocida como “ley de cuotas”, establece que los dos sexos tienen que estar representados en cada terna en las listas para órganos electivos nacionales y departamentales. En otras palabras, se establece por ley la presencia de mujeres en el Poder Legislativo y las juntas departamentales, así como se asegura su presencia en las listas de suplentes a intendencias o alcaldías, en al menos uno de cada tres lugares. Fue considerado un avance, aunque la presencia femenina en las cámaras, si bien ha crecido, dista mucho de ser un tercio.
Como sea, es una ley que por fuera del sistema político partidario lamenta un notorio desconocimiento: solo un 31% sabe que existe. Y lo que es más significativo, la desconocen más las mujeres (30%) que los hombres (33%). Los adultos más jóvenes, los de 18 a 29 años, apenas tienen idea de su existencia (14%) y no es que los más experimentados la conozcan a cal y canto (24% los de 30 a 44, 39% los de 45 a 59 y 46% los de 60 para arriba).
Es una ley tan poco conocida que parece que hay que tener que haber cursado estudios terciarios para manejarla. En este segmento de la población, el 49% (menos de la mitad, de todas formas) la ubica. Solo con secundaria es un 28% y primaria un 20%. El interior del país queda lejos, porque ahí solo fue señalada por el 28% de los encuestados contra un 37% de Montevideo.
El proyecto de ley de paridad de cargos electivos que promueve la senadora nacionalista Gloria Rodríguez descansa desde marzo de 2021 en la Comisión de Derechos Humanos y Equidad de Género de la Cámara Alta. Según publicó Búsqueda el 14 de marzo, la vicepresidenta Beatriz Argimón sostuvo que espera que este mes se vote afirmativamente para que luego pase al plenario, donde aún no se sabe si hace falta una mayoría simple o especial para su aprobación y luego pase a Diputados.
El estudio de ONU Mujeres señala que el 47% de los uruguayos piensa que se debe ir en esa dirección de la paridad, un 19% mantener las cuotas actuales y un 26% indica que no debería haber ninguna ley que contemple cupos de mujeres en la política. Entre las mujeres, esas posturas son el 51%, el 19% y el 23%, respectivamente; entre hombres, representan el 43%, el 20% y el 30%.
Lo que más se puede destacar de este último punto es que creció la idea de que es una ley necesaria y que bajó su rechazo. En 2016, un 35% consideraba que había que establecer la paridad, porcentaje que creció a 38% en 2021. En esos años, la postura que defendía la inexistencia de cuotas o paridad ascendía a 34% y 35%, sucesivamente.
“La resistencia (a la ley de paridad) no está en la calle ni en la ciudadanía, está en el Parlamento”, dijo este domingo a la prensa la senadora Rodríguez. Los números de esta encuesta avalan sus dichos.
Comprensión y emoción. El último punto del sondeo de Equipos, referido a los estilos de liderazgo, perfectamente podría ser extraído de principios del siglo XX: una mujer es más comprensiva, más emotiva y menos agresiva que un hombre.
Un liderazgo femenino sería más emocional para el 58% de los consultados, más comprensivo para un 53%, más honesto para un 30% y más racional para un 28%. En todos estos casos están por encima de los hombres, cuyo estilo respectivo es mayor para el 3%, 2%, 2% y 10%.
En cambio, no es cuestión de sexo la cualidad emotiva para el 39%, el ser comprensivo para el 44%, la honestidad para el 66% y la racionalidad para el 60%.
Donde predominan los hombres es en la agresividad (42% a 8%) y en ser pasibles de cometer actos de corrupción (38% a 1%).
Algo también muestra que los tiempos están cambiando. Los tres principales partidos políticos del país tienen al menos una precandidata mujer compitiendo en sus respectivas internas. Ninguna de ellas, según las encuestas, figura primera en sus carreras. Los cambios no son tan rápidos.