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    “A las murgas les cuesta pegarle al gobierno, pero si son la voz del pueblo, deberían hacerlo”

    Ignacio Álvarez dijo que “lo peor” que le puede pasar al Frente Amplio es que Mujica sea candidato; que Daniel Martínez corre con “más chance” de ser presidente, y que Lacalle Pou tiene “el lastre” de sus orígenes

    Ignacio Álvarez despierta amores u odios. Los que lo veneran ven en él a un periodista que investiga y descubre hechos de corrupción en el poder, primero con su programa Zona urbana —que marcó un estilo en la televisión uruguaya— y desde el 2012 con Santo y seña. Para ellos también es la voz que desde hace 18 años los acompaña todas las mañanas en radio Sarandí a través del programa Las cosas en su sitio —uno de los más escuchados del dial uruguayo—, donde mezcla entrevistas incisivas con informes sobre denuncias de temas puntuales, y un humor que en ocasiones roza lo chabacano.

    Pero hay otra gente, que también es muchísima, que objeta la forma en que trata los temas que elige para indagar, y es frecuente escucharlos o leerlos en redes sociales refiriéndose al periodista como Facho Álvarez, un apodo que en cada Carnaval se repite en varios cuplés de murgas.

    Cuando Álvarez habla —en televisión, en radio o en Twitter, donde tiene más de 65.000 seguidores— no deja dudas: tiene opiniones contundentes, da nombres al aire, y responde o bloquea a quienes lo insultan. En los últimos meses, además, protagonizó varios enfrentamientos con mujeres que integran colectivos feministas, por comentarios sobre el acoso callejero o la violencia de género que despertaron indignación. A eso se sumaron también informes televisivos sobre abuso infantil, que provocaron rechazo entre quienes sostienen que esa forma de denunciar la situación vulnera los derechos de esos niños. Él —y sus defensores— consideran que eso no es así, y entienden que la función del periodismo es exponer esas realidades, por más duras que puedan ser, incluso si implica mostrar a una niña con el rostro tapado contando con lujo de detalles el abuso al que fue sometida por alguien de su entorno.

    A los 46 años Álvarez es una de las figuras más reconocidas de la radio y de la televisión uruguaya.  Asegura que a su teléfono no paran de llegarle mensajes e información sobre denuncias y datos de posibles casos de corrupción, en algunos de los cuales está trabajando junto a su equipo para la nueva temporada de Santo y seña, que saldrá al aire en Canal 4 a partir de abril.

    Él tiene claro que despierta amores y odios y a su modo de ver, eso confirma algo que nota desde hace ya algún tiempo: “La sociedad uruguaya está bastante polarizada”, según contó a galería una tarde de febrero en que conversó sobre distintos temas de actualidad en su casa de Malvín.

    La murga La Bohemia lo critica en su actuación y se refiere a usted como Facho Álvarez. ¿Cómo lo tomó?

    Mal y como de quien viene. Más allá de que la murga tiene que criticar, reírse y ser irónica, y por supuesto que los personajes públicos estamos expuestos, hay formas de hacerlo. No solo no creo que sea muy gracioso sino que además me pareció insultante. Eso es bajar el nivel. El otro día estaba viendo la transmisión desde el Teatro de Verano y hay murgas con pasajes muy bien logrados, picantes y voces que emocionan. Pero dos por tres o caen en un discurso de izquierda rancia, perimido. Les cuesta pegarle al gobierno, pero si son la voz del pueblo, deberían hacerlo.

    Sobre las críticas de La Bohemia, usted escribió en Twitter: “Será que a su dueño, el Pato Torena, le dolió que destapáramos cómo hizo la guita para su complejo en Punta Colorada?”. ¿Cree que fue por eso?

    Más allá de que sé que puede haber gente que no me banque, gente que me odie y gente que me ame por el perfil que tengo y por las características de cada uno, me cerró más esa violencia y esa agresividad proviniendo de una murga cuyo director es alguien que ya había tenido problemas conmigo. Una vez le pregunté cómo había hecho la plata. Me dijo “trabajando”. ¿Trabajando como llegaste a cobrar un 3% de las exportaciones de Uruguay y Venezuela? Él me hablaba de que fue en el gobierno de (José) Mujica. Sí, pero llegaste a ese cargo por estar cerca del Pepe y a muchos uruguayos les gustaría cobrar el 3% de las exportaciones y no tienen ese privilegio. Eso es amiguismo. Y se lo dije en la cara. Pero al margen de eso es un delincuente consumado, fue condenado por la Justicia. Estuvo preso dos veces por estafa, y jodas con cheques entre otras cosas. Entonces no hay mucho más que agregar.

    Yendo a las críticas concretas de La Bohemia (ver recuadro), hablan de usted como el “alcahuete” que “destapa ollas” y lo acusan de exponer “miserias” de niños. ¿Qué responde?

    Que digan que destapás ollas siendo un periodista de investigación es una felicitación y algo que me enorgullece. Que te digan alcahuete es típico del delincuente o del corrupto al que no le gusta que se destapen las ollas. Que él me diga alcahuete a mí porque destapo ollas cierra perfecto. Y para mí es un honor. Lo de exponer miserias de niños es un latiguillo utilizado por algunos que demuestra la mala leche de ellos y una gran ignorancia. Si algo hicimos por ejemplo, en Santo y seña fue defender derechos de niños vulnerados después de que padres desesperados o una abuela que tenían cerca una situación de abuso sexual acudieran a nosotros porque habían agotado toda las vías, la Policía, la Justicia, el INAU, ONG. Y gracias a nuestras investigaciones esos abusos terminaron. En ese informe, como en todos los que hicimos sobre niños, los cuidamos de la mejor manera, preservando su identidad por supuesto, como dice la ley y como dicta el sentido común y la sensibilidad de cualquiera de nosotros. Se tomaron todos los recaudos para defender los derechos de ese niño.

    Sobre ese asunto no solo lo criticó La Bohemia, sino que fueron varios los cuestionamientos que recibió. Por ejemplo, la Asociación de la Prensa Uruguaya sacó un comunicado sobre el tema, donde decía: “Con la consigna de ‘romper el silencio’ el conductor presenta el tema de una manera inadecuada, lo que va contra lo recomendado en el artículo 20 del Código de Ética Periodística que recomienda evitar coberturas que impacten de manera emotiva al público por sobredimensionamiento de algunos factores (sensacionalismo) al informar sobre accidentes, desastres o hechos delictivos. El sensacionalismo se considera una forma inadecuada de tratar los hechos informativos”. Ahora, pasado un tiempo, ¿no cree que se podría haber presentado el tema de otra manera?

    Acá de ética podemos hablar todos. Para mí la ética es defender los derechos de los vulnerables de una forma leal, honesta, como hicimos nosotros, y cuidado. ¿Dónde estuvo el sensacionalismo en esos informes? ¿Qué es el sensacionalismo? A una de esas nenitas, cuando le preguntamos qué hacía el hombre, decía: “Me tira un agua en la panza”. Todos entendemos en el lenguaje de un niño lo que supone que diga que el novio de la madre le tira un agua en la panza. Algunos me decían que debíamos haber omitido esa parte. Yo lo que respondo es que de ninguna manera. Ese relato precisamente es el que le dio verosimilitud a la narración en un lenguaje absolutamente infantil, y es lo que a la postre permitió que el juez pudiera procesar a ese hombre. Porque si solo hubiéramos dejado una parte donde la nena decía “hace cosas que no me gustan”, puede ser que le tirara del pelo o puteara. Eso no es abuso infantil, entonces es pertinente. Una cosa es hacer periodismo de investigación y llamar a las cosas por su nombre con los cuidados que tuvimos y otra cosa es el sensacionalismo y la exposición de los niños. La gente habla porque tiene boca, pero muchos de los que hablan no hacen nada, para peor. Nosotros hacemos periodismo y no buscamos el morbo, sino que a veces las situaciones son morbosas o dramáticas. Y procuramos transmitirlas en su real dimensión, aunque siempre con los cuidados del caso.

    Lo de Facho Álvarez no es exclusivo de La Bohemia, sino que es algo que se repite muchas veces cuando se habla de usted. ¿De dónde cree que surge esa imagen?

    La sociedad uruguaya está bastante polarizada. De un bando y del otro al que opina distinto se lo estigmatiza y se lo etiqueta como facho o como foca. Seas supuestamente de derecha o seas supuestamente de izquierda. No pasa con Nacho Alvarez, pasa con todos. Esto habla de nuestra sociedad y del nivel en el que estamos cayendo, donde no se tolera a alguien que piense distinto. Cuando paradójicamente eso es lo más facho del mundo, es fascista no bancarse una opinión disidente y pretender acallarla y denigrarla. ¿Por qué a mí? Habría que preguntárselo a ellos. Está claro que en los últimos años con gobiernos del Frente Amplio yo —como todos los periodistas que nos preciamos de ser periodistas independientes— he sido crítico y he denunciado irregularidades y hasta hechos de corrupción. Entonces resulta, me imagino, en la cabeza de ellos que como vos estás criticando a un gobierno que es de izquierda entonces sos facho. 

    Sin embargo, en 2009 usted hizo una entrevista muy crítica a Luis Lacalle Herrera que fue difundida por muchos frenteamplistas.

    Claro, eso para muchos fue desconcertante. Para mí fue más de lo mismo. Como antes, cuando el Partido Colorado estaba en el gobierno y en Zona urbana le pegábamos a aquel gobierno y había gente que nos responsabilizaba de haberles hecho perder las elecciones. Eso va a pasar siempre que hagas bien tu laburo. El periodista tiene que cuestionar y destapar las ollas, sea del gobierno de un palo o del otro. Yo tengo la conciencia tranquila de que no tengo ningún partido, de que no me interesa y de que lo único que pretendo es decir lo que veo, denunciar las cosas que están mal, y que las cosas salgan de la mejor manera.

    Hace unos días entrevistó a la intendenta Adriana Peña por las contrataciones de familiares en Lavalleja. Y en Twitter, hablando del intendente de Artigas, Pablo Caram, por el mismo tema, dijo que se trataba de “otro intendente corrupto”. ¿Por qué cree que a pesar de que también cuestiona temas de la oposición se lo encasilla solo de un lado?

    Cualquier persona se da cuenta de que a través de los años he hecho entrevistas e informes sobre blancos y colorados. Esa pregunta se la tendrías que hacer a los que me califican de esa manera. Pero si me preguntás, me considero un liberal. Me considero el más demócrata de todos. Puede haber alguien igual de demócrata pero no más que yo. Yo defiendo los derechos humanos y no me importa si el presidente es un dictador de derecha o de izquierda. Si es Pacheco o Nicolás Maduro. No me tiembla el pulso, los derechos humanos son los derechos humanos, no tienen color político. Pero hay pruebas todos los días y el Frente Amplio es un ejemplo vivo de eso, de que miden con distinta vara las cosas en función del poder político. Eso a mí no me va. 

    Usted se define como periodista independiente. ¿Nota que falta periodismo independiente?

    (Piensa unos segundos) No sé. Siempre vendría bien tener más, pero también hay muchos periodistas que hacen su laburo de forma profesional. Acá se han destapado muchos chanchullos, con algunos hitos clave. La foto de (el exministro de Economía, Fernando Lorenzo en Lindolfo de El Observador, una investigación de El Espectador cuando estaba Emiliano Cotelo que terminó deschavando que el caballero de la derecha trabajaba para (Juan Carlos) López Mena en Buquebús, nosotros mismos que encontramos a uno de los accionistas de Cosmo que dijo “¿comprar aviones en Uruguay? Si no tenemos un peso”, cuando se estaba hablando de comprar aviones. Todos esos son ejemplos de cómo el periodismo independiente ayuda a construir una mejor sociedad.

    ¿Qué colegas suyos considera hoy referentes?

    Claudio Paolillo es un caso. Sentí su apoyo a nivel personal en varias ocasiones cuando le pedí asesoramiento. Una vez en Santo y seña denunciamos a un político semiñoqui, vamos a decir así, del Partido Nacional. Después nos enteramos de que nos quería presentar una denuncia por difamación. Llamé a Claudio para comentárselo porque estaba en la Sociedad Interamericana de Prensa y casualmente me dice “soy amigo de él”, creo que mandaban a los hijos al mismo colegio, tenían muy buena relación. Me dijo “dejame hablar con él”. Después me contó que le dijo “¿vos le estás haciendo un juicio a Nacho Alvarez?”. El otro le dijo que sí. “Vos estás mal de la cabeza. ¿Un juicio a un periodista?”, le dijo Claudio. “No, lo que pasa que dijo tal cosa”. Claudio le dijo “primero que lo que dijeron es verdad y segundo que si hacés el juicio voy a salirle de testigo a él”. El político le preguntó “¿qué decís que haga?”. “Retirá la denuncia ya”, le dijo. Después me llamó Claudio. Me dijo “tengo la obligación moral de llamarte porque me dijo esta persona si vos harías una retractación pública”. “Minga una retractación pública”, le dije. “Ta, perfecto”, me dijo. Y retiró la denuncia. Era un defensor del periodismo con todas las letras. Era muy crítico y tenía presente estas cosas evidentes que cada vez parecen más raras en este tiempo que vivimos. Pero te puedo nombrar también a varios colegas a los que respeto muchísimo, como Gabriel Pereyra, del que además soy amigo. O Nelson Fernández. 

    En 2009 usted le hizo esa entrevista tan polémica a Lacalle Herrera y en 2014 Gabriel Pereyra le hizo una a Luis Lacalle Pou que también fue muy comentada. Hay quienes opinan que en ocasiones en los medios se hacen entrevistas que ponen a blancos y colorados contra las cuerdas, pero no así a figuras del gobierno. ¿Qué responde?

    Puedo hablar por mí. Le pedí entrevista a Mujica y Tabaré Vázquez en campaña y no me la dieron. ¿Cómo vas a poner contra las cuerdas a alguien si no se sube al ring? Después le pude hacer una entrevista a Tabaré Vázquez siendo presidente para Santo y seña, y el que me haya visto que no diga si no fue punzante.

    ¿Pero en campaña electoral le dijeron que no?

    Directamente o indirectamente, o no te contestan nunca, o no te la dan. Con Mujica me pasó. Era el Pepe tal cual es, recorría todos los medios dando entrevistas. Lo último que me llegó, hablando con sus asesores, fue que él quería pero le dijeron que no se arriesgara. Porque estaba el antecedente de la entrevista a Lacalle y se dio eso de “cuidado que este te puede matar. No podemos arriesgarnos a que esto comprometa la posibilidad de ganar las elecciones, entonces no vayas a la entrevista con este tipo”. Patético, ¿no? Y él es el último responsable porque más allá de que tus asesores te digan algo, tenés tus añitos para decidir por vos. 

    ¿Qué opina de la posibilidad de que vuelva a ser candidato?

    Sería lo peor que le podría pasar al Frente Amplio, como lo acaba de decir Lucía Topolansky.

    Sigue siendo el político más popular del país.

    Una cosa es la popularidad que miden las encuestas y otra es a la hora de votar. Pienso que mucha gente que votó y confió en él en su momento ahora ni loca lo vota después de haber visto lo que pasó en su gobierno, los despilfarros de Ancap, etcétera.

    ¿Cómo observa al intendente de Montevideo, Daniel Martínez?

    En principio parece ser el candidato con más chance de ser el futuro presidente. La cosa está entre el Partido Nacional y el Frente Amplio. Y más allá de que pueda estar muy peleada la cosa —que es lo que dicen distintos analistas y politólogos— tiendo a creer que Daniel Martínez es más votable y genera menos resistencias que Luis Lacalle Pou.

    ¿En qué sentido?

    En lo que todo sabemos. A ver, desde la cuna de oro que le endilgan a Lacalle, a vivir en La Tahona, haber tenido el padre que tuvo. Más allá de todos los méritos que pueda tener, es un lastre muy grande. 

    Cuando él decidió incursionar en política sabía que eso podía pasar. 

    Sí, y la verdad casi sorprende a todo el mundo. Y quizá nos sorprenda en la próxima elección.

    En los últimos años, además de su presencia en radio y televisión, está muy activo en Twitter, donde discute con el que sea y también bloquea a muchos. ¿Por qué lo hace? A veces parece bastante agresivo en sus comentarios.

    Creo que ahora no tanto. Tuve momentos y capaz tengo peores, son rachas. Lo que pasa es que a mí hay cosas que me sacan. No es que yo tengo el traje de periodista, y que cuando estoy enfrente del micrófono soy de determinada manera. Si no fuera periodista, estaría puteando las mismas cosas, siendo médico o abogado. 

    Un tema sobre el que se mostró muy crítico fue sobre la decisión de la Intendencia de Montevideo de sustituir la elección de las reinas por las figuras del Carnaval. “Otra pelotudez seudoinclusiva: la IM resolvió que no haya reina del Carnaval para que no se  ‘fomente estereotipos de género y ejerza violencia simbólica contra las mujeres’”, dijo. Y también con respecto a temas de género ha tenido opiniones polémicas por las que lo han criticado mucho.

    Ahí tenés otro ejemplo clarísimo de cómo las cosas se encaran mal. La intención original puede ser muy buena y todos lo aplaudimos, como es la equidad entre el hombre y la mujer, el feminismo, que es algo obviamente aplaudible. En eso estamos todos de acuerdo, no hay discusión. Otra cosa es qué medidas instrumentás o hasta dónde llevás el alcance de esa lucha. Ahí es donde yo creo que se van de mambo, desde la boludez de prohibir el concurso de reina de la belleza por la violencia simbólica que representa para la mujer. No me jodas, es un concurso de belleza. Para nada significa —yo entiendo lo que hay atrás de esto, no soy bobo— que por premiar la belleza de una mujer en un concurso de Carnaval estés pensando o afirmando que lo único que vale en una mujer es la belleza. O que la belleza es más importante que la honestidad, o el trabajo, o la inteligencia de una mujer. No. Es un concurso de belleza y la más linda es la que va a ganar. Punto. Es como que se pasan de rosca en este intento por equiparar, llevando a ese tipo de medidas que son exageradas y que en otros casos terminan desequilibrando la balanza hacia otros lados.

    ¿En qué sentido?

    Pasa por ejemplo en la Justicia. ¿Quién puede decir que está mal condenar el asesinato de una mujer por parte del tipo que la siente una propiedad y no se bancó que ella lo dejara? El femicidio es eso y está bien que se condene. Hay mucho machismo, es verdad, y cultura patriarcal, por usar un término que les gusta, atrás de eso. Y eso tiene que cambiarse en esta sociedad. Pero ¿tiene sentido que un femicidio tenga una pena más alta que matar a un niño, por ejemplo? Para mí no, es una locura. No puede tener una pena más alta matar a una mujer que matar a un niño. Que tenga la misma, pero no más. No es más grave. Si embargo, con la ley de femicidio se consagra una pena más alta.  Ahí es donde yo digo que se pasan de rosca.

    ¿Quiénes se pasan de rosca?

    En última instancia los legisladores. Pero atrás de eso los movimientos feministas que llevan adelante este tipo de ideas. En la Justicia también pasa. 

    Tampoco se mata a tantos niños como a mujeres.

    Pero no importa. Yo estoy hablando de la pena que establece el Código. Después verán si van 51. Es otro tema. ¿Por qué la pena es más dura?

    ¿No le parece que es una forma de dar un mensaje?

    La ley no está para dar mensajes. Eso es una burrada. La ley aplica una pena en función de la gravedad del delito. ¿Te parece que un loco, que imaginate cómo estará, loco de celos porque en su enfermedad ve a la mujer como parte suya y se fue con otro, en un ataque de bronca va a pensar: “Momento. Votaron en el Parlamento el femicidio ¿que cuántos años tenía? 30 en vez de 20. Ah, no, no la mato”. ¿Qué mensaje va a dar? De hecho, siguieron ocurriendo femicidios y van a seguir ocurriendo femicidios, no pasa por ahí. Y pasa en la Justicia también que se desequilibra la balanza. Se acaba de votar una ley en el Parlamento, donde lo dicen expertos y expertas, porque aparte lo dicen mujeres, lo cual está bueno, que denuncian esta inequidad que plantean en relación con el hombre. Basta que una mujer denuncie a su pareja, marido o exmarido por violencia doméstica, para que ese tipo no vea a sus hijos quizá por años. Aunque sea mentira o un invento de la mujer, como a veces ocurre. Entonces está muy bien proteger a la mujer y legislar para protegerla, y sabemos que muchas veces ocurre esto. Pero cuidado, porque conozco casos también de tipos que nunca hicieron eso y fueron denunciados por la mujer o bien para vengarse de ellos o castigarlos con los hijos que son lo que más quieren y tomándolos de rehenes, o vaya a saber por qué otra razón. En muchos aspectos el objetivo inicial está bárbaro, pero la instrumentación termina siendo contraproducente y generando una inequidad, o una intolerancia. Todo eso también tiene que ver con la vida en sociedad. Que te pueden gustar o no, pero de ahí a considerarlos delito...

    ¿A qué se refiere?

    No quiero entrar en el tema, pero el acoso callejero. Definamos acoso callejero. Es verdad, de nuevo soy el primero en condenar el acoso callejero y me pongo en el lugar de esas mujeres y lo veo. A veces con una mirada un tipo puede ser mucho más ofensivo que con una palabra cuando desviste a una mina que está en la parada. Te la regalo si sos mujer, ni te digo si vas con una pollerita y si sos linda. Soy plenamente consciente. Ahora cuando dicen “nadie me puede hablar, porque si me habla por la calle tiene que ser delito porque me están acosando”. Pará (risas). Andá a vivir adentro de un tupper. De nuevo, la libertad. Hay que ser muy cuidadoso a la hora de prohibir o penar algo, porque se está cercenando la libertad.

    Ellas también son libres de caminar por la calle y que no les digan nada.

    Sí, está bien, pero la libertad es libre. Yo no puedo evitar que no me digan nada (risas).

    ¿Qué le dicen?

    Todo bien, vamos arriba, dónde tenés la cámara, joroban con la cámara oculta. En general son mensajes de apoyo.

    ¿Nota que hay una cierta tendencia a magnificar los temas de género?

    Sí, es lo que digo. Creo que hay como una militancia... Mirá Michelle Suárez, ahí tenés un ejemplo que me toca de cerca porque lo denunciamos en Santo y seña e hicimos punta con ese tema. Cuando empezamos a investigar mucha gente, hasta jueces, decían “esta ficha”. La tenían junada hace mucho tiempo. ¿Al Partido Comunista no le había llegado nunca, a nadie? A mí me cuesta creer eso. Es más, lo que tiendo a creer es que pensando en lo que una trans le podía sumar...

    ¿Le parece?

    ¿Cuántos hay LGBT y todas las iniciales que quieras meterle, cuántas personas hay detrás de eso? Ese colectivo tiene miles y miles de adherentes y por lo tanto de posibles votantes. Porque no me digas que Michelle Suárez llegó al Parlamento por sus méritos. Si no hubiera sido transexual no llegaba a senadora. Creo que se priorizó dar un mensaje determinado, probablemente con una intención de conseguir votos, de dar una idea de “mirá que amplios que somos”. Pero se olvidaron de ir a lo esencial. De nuevo, se invierten las cosas. Primero, defender los derechos del trans. No, primero hay otra cosa, si alguien va a representar a la ciudadanía tiene que ser una persona digna, recta. Y claramente Michelle Suárez no lo era.

    En televisión tiene un perfil muy enfocado a las investigaciones. En la radio, en cambio, el programa está cada vez más volcado al humor.

    No, de ninguna manera. No, no.

    Las investigaciones grandes en general las hace en televisión y no en radio.

    No está cada vez más volcado al humor, tengo el mismo humor de siempre. Antes fue Darwin Desbocatti, después fue Gustaf, después Marcel (Keoroglian). 

    Desde el arranque el programa es humorístico.

    Siempre fue así. Tengo dos informes periodísticos por semana, aparte de las entrevistas de coyuntura. Hay periodismo y hay humor, a mucha honra. Yo también lo preciso para divertirme y estoy seguro de que la gente también, y así los muestran los números de rating. Tres horas de programa de masa no se lo fuma nadie, ni yo.

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