Hace tres años, Armando Bo (Jr.) subió al escenario del Dolby Theater junto a Alejandro González Iñárritu, Alexander Dinelaris y Nicolás Giacobone a recibir un Oscar. Los cuatro habían escrito el guion de Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia), la película de Iñárritu nominada a nueve premios de la Academia. Por ese entonces, Bo y Giacobone —que son primos—, ya habían empezado a escribir un nuevo guion que dirigiría el primero. El resultado, que se titula Animal y ya está en cartel en Montevideo, tiene a Guillermo Francella —algo alejado de la comedia e inevitablemente asociado a los personajes dramáticos— como protagonista y se filmó en Argentina.
Con el horizonte de Mar del Plata de fondo, el filme cuenta cómo Antonio Decoud (Francella) lleva una vida apacible y sin sobresaltos, con un trabajo previsible que le permite vivir holgadamente en una casa que parece sacada de un cuento, con una esposa dedicada (Carla Peterson) y sus tres hijos. Pero la película se llama Animal, y no es solo porque el título le permite al director (nieto de Armando Bo, quien dirigía a Isabel Sarli en las películas eróticas de los 60) ilusionarse con que al traducirse a otros idiomas no se alterará demasiado. También porque el protagonista empieza a obedecer sus instintos más primarios cuando su problema renal hace que tenga que hacerse diálisis con demasiada frecuencia y la posibilidad de un trasplante parece disminuir en proporción a lo que aumenta su miedo a morir. Si el sistema no puede encontrarle un donante, él se propone encontrarlo por su cuenta. Así es que da con Elías (Federico Salles), un joven marginal que le ofrece un riñón a cambio de una casa. El resto es consecuencia de estos dos universos —e intereses— puestos a interactuar.
“Ir al cine para ver a un superhéroe que le gana al malo, la verdad que a mí no me interesa”, dice Bo, que pasó por Montevideo para promocionar Animal, su segunda película como realizador después de su ópera prima, El último Elvis (2012).
Mientras dirige publicidades con su productora Rebolución y recibe premios que —según dice— no le cambian la vida, Bo se permite elegir sus proyectos, volver a filmar a su país y hasta ganarle a Avengers: Infinity War en la taquilla argentina, con 320.000 espectadores en menos de 15 días. Puede decirse que Bo les ganó a los superhéroes.
Ese fue el puntapié inicial, hace ya cinco años. Para mí fue algo muy original y al mismo tiempo dramático, en cuanto a que me pareció que hablaba de a lo que está llegando el mundo, de cómo todo tiene un precio, de cómo todo se convirtió de alguna manera en un mercado donde lo más importante son las cosas materiales. Empezamos a buscar cómo llevar eso a una historia que pudiera mantener la originalidad que tenía el tema, pero al mismo tiempo que no fuera una bajada de línea, que la película no te dijera lo que tenías que sentir. Las actuaciones, el guion, los colores, cómo está contada, todo está llevado al extremo para hablar del dinero, el egoísmo, las relaciones humanas.
La película plantea el dilema de un hombre que tiene una vida perfecta y puede comprarse todas las comodidades, menos la salud. Empieza con la diálisis y al ver que no le sale el trasplante él empieza a sentir que va a morir. ¿La muerte para él es una percepción?
Opuesto a lo que hicimos en Biutiful, con (Javier) Bardem e Iñárritu, que creamos una película más médica sobre un tipo que se estaba muriendo, Animal busca correrse de la película médica e irse a una película más sensorial, a una película donde la sensación de este tipo es lo que importa. Lo que siente él, que siente que se va a morir. No importa si se va a morir o no. Esa sensación hace que él empiece a cuestionar todo lo que aprendió en su vida, las reglas que siempre respetó, y empieza a decir: si sigo haciendo esto me puedo llegar a morir. Ese es el momento en que la película explota. De un mundo en el que tenía todo bajo control va a un mundo en el que no controla nada y todo alrededor de él termina de alguna manera chocando. La película cuenta este viaje en el que no hay buenos ni malos, ni solución: son todos buenos, son todos malos, son todos personajes grises.
Animal es una película incómoda y logra que el espectador vaya cambiando de lugar, de opinión. ¿Cómo se logra eso?
Sin duda es una película que habla sobre un choque generacional. Está este tipo (Francella), que hizo todo lo que tenía que hacer y que lo educaron así, y está esta pareja que no tuvo esa educación y son los representantes de las generaciones nuevas que quieren todo ya, donde no hay reglas, donde todo se puede, nadie piensa en el futuro. ¿Cómo esas dos generaciones se van a poner de acuerdo? Es imposible. Ahí es que funciona la película, porque nunca sabés para dónde va a salir. Por eso también estás tan tensionado, porque a la gente lo que más le gusta es saber lo que va a pasar. Buscamos mezclar los géneros para que no sea una sola película, sino que tenga un poco de género thriller, de drama, de comedia negra y un poquito de película de terror. Creo que lo que logra eso es una película que no es fácil de etiquetar. Y eso está bueno.
Animal busca correrse de la película médica e irse a una película más sensorial (...).
Cuenta este viaje en el que no hay buenos ni malos, ni solución: son todos buenos, son todos malos, son todos personajes grises.
¿Le parece tan evidente ese quiebre entre generaciones?
Creo que es muy claro. Este tipo (el protagonista) se pone en manos de estos dos personajes y tiene que empezar a cambiar él. Él piensa que está tratando de sobrevivir, pero en realidad está empezando a vivir. Es sacarse la careta para tener que luchar y transformarse en otra persona. Tiene que ir explotando, porque en una zona de confort, y claramente cuando se está ante una situación límite, nadie sabe cómo va a reaccionar. El tipo se da cuenta de que está solo en ese mundo y tiene que tomar decisiones. Eso lo va cambiando, lo va curtiendo, y lo va poniendo en un lugar en el que se encuentra con su verdadero yo.
Pasaron seis años desde El último Elvis, y Animal es una película muy diferente. ¿Siente que su cine tomó otra dirección?
Yo siento que se va a ir adaptando a cada historia. Trato de que mi estilo desaparezca y aparezca el que necesite cada película o cada historia o cada situación. Sería muy egocéntrico ponerme yo por encima de la película, yo tengo que ir haciendo lo que necesita cada guion para que la película funcione mejor y logre lo que uno quiere, que es que sea potente, que a la gente le genere cosas, aunque le guste o no le guste. Estoy al servicio de la película. Mi ojo, mi instinto, todo está basado en qué está pasando y por qué. Dirigiendo, uno tiene que tomar decisiones constantemente; sin duda está el instinto, que fue creciendo mucho con respecto a todo lo que fui viviendo, con el mundo del Oscar y al trabajar en Estados Unidos. Yo voy creciendo como persona, como director, voy madurando, y me imagino que lo que hago tiene que ir en sincro con todo eso que me está pasando.
Ha dicho que los actores se tienen que lucir y que si se les abruma con indicaciones se pueden frustrar. ¿Cuál es su estrategia para dirigirlos?
Hay una magia que tienen los grandes actores que la cámara los ama, y ellos son los que están ahí adelante. Trabajo para guiarlos, como director de orquesta, pero los que están expuestos son ellos. Yo trabajo para que ellos estén cómodos con lo que están haciendo. Trato de desaparecer para que los actores brillen, que más allá de si la película es linda, fea, real o fuerte, si el actor no funciona, no funciona la película.
¿Ya tenía en mente a Guillermo Francella para interpretar a Antonio cuando escribió el guion?
No, hubo un momento en que la película iba a suceder en Estados Unidos y no encontré la libertad que necesitaba. El estudio quería opinar sobre el final, y los productores también, y todos querían que fuera en equipo. Y la verdad es que el cine es en equipo, pero al mismo tiempo si no tiene punto de vista se transforma en una película de superhéroes: no tiene corazón. No me sentí cómodo en esa situación y ese fue el momento en el que me encontré con Guillermo. Estábamos haciendo una publicidad de cerveza, que filmamos juntos, y le di el guion. Lo leyó de un día para el otro, me llamó supermotivado, y empezamos espalda con espalda a luchar por esta película. Es increíble que la estemos estrenando.
¿Cambió en algo su vida después de ganar el Oscar por el guion de Birdman?
El Oscar me abrió un montón de puertas, pero ninguna fue tan interesante. Tengo suerte de tener como una doble vida con el mundo de la publicidad, entonces no hago esto porque tengo que hacerlo, sino porque quiero, y soy muy consciente de que cada película es como una marca. Voy eligiendo lo que quiero hacer y no lo que tengo que hacer. Elegí hacer Animal en este momento y elegí hacerlo acá porque era donde mejor la podía hacer. No importa dónde sino cómo se hacen las cosas, y estoy muy contento del resultado de la película.
El Oscar me abrió un montón de puertas, pero ninguna fue tan interesante. Tengo suerte de tener como una doble vida con el mundo de la publicidad, entonces no hago esto porque tengo que hacerlo, sino porque quiero, y soy muy consciente de que cada película es como
una marca.
¿Cómo vive, ya como insider de la industria, el movimiento #MeToo?
Creo que no es algo de Hollywood, es algo que culturalmente está pasando en el mundo.
Pero allá está explotando, aparecen nombres y acusaciones nuevas casi todas las semanas.
Es difícil porque hay generaciones y generaciones que fueron educadas de una manera, entonces no es fácil ese choque. Pero al mismo tiempo el hombre tiene que luchar para adaptarse a lo que está pasando y entender que es un cambio cultural y que hay que acompañarlo. En Hollywood se puede ver muy reflejado porque son los famosos, pero creo que es un cambio cultural que está pasando en el mundo.
Después de tantos años de trabajar juntos, ¿qué influencia tuvo Iñárritu en sus películas?
Yo aprendí mucho con él jugando en ese equipo, es un lugar donde tengo la suerte de foguearme y de aprender de un montón de situaciones. Después está en mí cómo aplico las cosas que aprendí para hacer mis propias películas. Sería muy tonto tratar de copiar o acercarme a películas de él porque él tiene su sello, y yo tengo que ir encontrando de a poco el mío.
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Hoy, a la distancia y con su propia carrera consolidada, ¿cómo ve la carrera y el legado de su abuelo Armando Bo?
Creo que era un tipo que hacía lo que sentía, y que cuando las cosas van creciendo con el tiempo quiere decir que fueron bien hechas. Él en su momento era censurado, le decían que hacía un cine popular. Fue un precursor y no le importaba nada lo que decían los demás. De alguna manera, aunque en otro contexto, me llegó un poco ese ADN de hacer lo que sentís y no lo que tenés que hacer.
¿Su vocación es también consecuencia del entorno en el que se crio?
Desde chico iba mucho a sets y se hablaba de películas, o sea que un poco eso seguro está. Mi carrera empezó como cadete a los 17 años y fui haciéndome, encontrando mi ritmo, mi lugar. No es algo que te podés sentar a estudiar solamente. Así que me convertí en un profesional de esto.
Pero también estudió cine…
Hice algunos cursos, pero no una carrera. Soy muy hijo del laburo, de la calle, del trabajar. Ahí me encuentro cómodo.
Este año se cumplen 50 años de Carne, una de las películas más recordadas de su abuelo, protagonizada por la Coca Sarli.
No sabía. Voy a hacer un asado para festejar.
¿El hecho de que el protagónico de Animal trabaje en un frigorífico es un guiño a Carne?
La película no es la realidad, sino que está jugando con un montón de cosas, y en este caso igual era muy irónico que un tipo que necesita un riñón trabaje en un frigorífico. Pero sin duda estuvo un poco en mi cabeza a la hora de filmar decir: “Qué loco que estemos en un frigorífico”. Pero son historias tan diferentes que no tienen nada que ver entre sí. Pero bueno, se ve que nos gusta la carne.
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2018-06-14T00:00:00
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