¿Le simplificó componer un retrato de la alta sociedad española siendo usted misma parte de ella, o todo lo contrario? Alguien que viene de afuera tiene la ventaja de que lo que ve siempre le llama más la atención que a una persona que está metida en esta sociedad y que posiblemente no se fije en detalles. Siempre un viajero retrata mejor un país que el propio autóctono. Yo he tenido la suerte de tener esa mirada de outsider de España y, por otro lado, estoy viviendo en España, así que tengo las dos miradas.
¿Y respecto a la alta sociedad en particular? La conozco muy bien. Lo más difícil era contar las historias y que nadie se sintiera ofendido, porque yo lo que quería era hacer un retrato lo más certero posible, entonces eso siempre es resbaloso. Pero creo que con el humor y con una cierta mirada benévola sobre los personajes… Yo no juzgo, dejo que el lector sea quien tome sus propias posiciones.
¿Qué diferencias encuentra entre la clase alta española y la uruguaya? Más o menos se parecen en todos los países. También he vivido en Inglaterra, y esa clase siempre se parece. Incluso se copian unos a otros, o sea que hay muchos rasgos en común. Luego hay particularidades; los ingleses son mucho más exclusivistas, no te dejan entrar; los franceses parece que son muy abiertos, pero al final tampoco lo son tanto; los españoles se abren mucho, pero también tienen sus códigos. Lo que es interesante es conocer los requisitos de cada sociedad para que ellos te acepten.
¿Cómo hizo usted, una persona reconocida, para mantenerse al margen de la prensa rosa y las revistas del corazón? Me costó bastante. Es algo que no va con mi carácter en absoluto, yo odio estar en el escaparate. Entonces, cuando murió mi marido hice un esfuerzo muy grande por desaparecer. En realidad, cuando uno no alimenta a los paparazzi ellos se olvidan de ti, porque hay tanta gente que quiere figurar que si hay alguien que voluntariamente, como dicen en España, da un cuarto al pregonero, al final se ocupan de esa persona.
Como gran defensora del idioma español y ganadora del Premio Iberoamericano de Periodismo Rey de España por una columna justamente sobre este tema, ¿qué opina del lenguaje inclusivo? Me parece agotador. Porque con eso de que estamos todos contentos y contentas, somos guapas y guapos, tardas muchísimo en dar un mensaje. Es verdad que hay palabras que se pueden utilizar y que son neutras, por ejemplo en vez de decir ciudadanas y ciudadanos puedes decir ciudadanía, pero llevar el lenguaje inclusivo al absurdo yo creo que va en contra de nosotros. Hace poco aquí en España una universidad decidió que había que cambiarles los nombres a los meses, para que enero se llamara enera, febrero febrera, y marzo marza. Cuando el argumento es tan delirante al final se vuelve contra la propia causa.
Para muchos uruguayos, la monarquía es algo impensado, y cuesta creer que pueda tener una función o una utilidad. ¿Cómo la ve usted? En eso sigo siendo muy uruguaya. La monarquía para mí sigue siendo una cosa como de la Edad Media, de dragones y princesas y cosas así. Yo no hago reverencia a nadie. Pero es verdad que aquí en España ha cumplido una función de cohesión social. España es un país que tenía muchas dificultades para hermanar las dos Españas, y el rey Juan Carlos tuvo la virtud de conseguir consenso en ese sentido. Y es cierto también que muchos de los países más avanzados del mundo, desde Inglaterra hasta Holanda y Dinamarca, tienen monarquías constitucionales y funcionan muy bien. No es mi forma de gobierno, yo no la elegiría nunca, pero cumple su función.
¿El escándalo de Iñaki Urdangarin y ahora los supuestos problemas conyugales del rey Felipe y Letizia afectaron la imagen de la realeza española? Lo de Iñaki Urdangarin ha hecho mucho daño porque a partir de ahí empezaron a surgir otros temas de corrupción que incluso salpicaron al rey Juan Carlos, con lo de Corinna (Larsen, la empresaria alemana con quien habría tenido un vínculo amoroso), y comisiones ilegales, etcétera. Eso es especialmente peligroso en España porque tiene una monarquía mucho más débil, menos arraigada de lo que puede ser la inglesa, la danesa o la holandesa. O sea que los españoles no son exactamente monárquicos. Eran juancarlistas, en su momento. Ahora el rey Felipe creo que lo está haciendo muy bien, hace grandes esfuerzos por cumplir su función, pero tendrá que ganarse también ese reconocimiento que tenía su padre, y le está costando. Aquí nadie regala nada.
Sobre varios temas tiene una visión políticamente incorrecta. ¿Alguna vez se metió en problemas por alguna de las columnas que publica en diferentes medios (incluyendo galería)? Sobre todo me pasó con las feministas. Hubo un artículo, que no sé si se publicó en galería, que se llamaba Zavalita y las feministas, en el que yo decía que pertenezco a una generación que empezó con la liberación sexual y la igualdad de la mujer, y que hoy hay una especie de involución, con mujeres que están proponiendo amamantar a los niños hasta los dos años y medio. Entonces yo decía que eso, primero, es una cosa muy elitista, porque, ¿quién puede hacerlo? Desde luego una persona que está fregando escaleras, no; tiene que ser gente muy ociosa. Y después, que no es necesario, que el niño es perfectamente sano si lo amamantas tres meses, seis meses. Bueno, casi me matan. Me dijeron que mis hijas seguramente estarían enfermas porque yo no las había amamantado lo suficiente, y no sé qué otros disparates, cosas delirantes.
Respondieron con agresividad. Sobre todo tienen eso del fundamentalismo. A mí me parece muy bien que quien pueda y quiera amamante a sus hijos dos años y medio, pero que no te hagan creer que eso es lo bueno para el niño, porque todas las madres que tienen la mala suerte de tener que trabajar y no pueden hacerlo se van a sentir culpables. Es absurdo.
“Los niños ahora deciden qué se come en casa, a dónde va uno de vacaciones, si vamos a ir al zoológico o al cine. (…), y yo creo que los más perjudicados son ellos, porque si te hacen creer que eres el centro del universo, un buen día te van a decir que no es así, y el golpe con la realidad va a ser mucho más duro que lo que era con nosotros”.
Como abuela de cinco nietos, ¿qué le preocupa de los niños actuales, de los adultos que serán? Me preocupan más mis nietos que mis nietas. Yo creo que el siglo XXI va a ser el siglo de las mujeres, y lo van a tener mucho más fácil. Va a ser más fácil para las mujeres salir adelante que para los hombres. Y después me preocupa que estamos todos cayendo en una especie de complacencia general con los niños que me parece excesiva. Los niños deciden qué se come en casa, a dónde va uno de vacaciones, si vamos a ir al zoológico o al cine. Están estimulados y muy consentidos, y yo creo que los más perjudicados son ellos, porque si te hacen creer que eres el centro del universo, un buen día te van a decir que no es así, y el golpe con la realidad va a ser mucho más duro que lo que era con nosotros. Nosotros sabíamos que teníamos que ganarnos nuestro lugar en la familia y en la sociedad; ahora parece que todo se lo regalan.
Cuénteme más. ¿Por qué le preocupan sus nietos varones? Igual que nosotras las mujeres durante años y años hemos tenido una cantidad de hándicaps y hemos tenido que luchar contra ellos, ahora en temas de divorcio, por ejemplo, casi siempre el que sale perdiendo es el hombre. Ahora, por primera vez aquí en España, han pasado una ley por la cual cuando un matrimonio se separa, que normalmente es la mujer la que se queda en la casa con los hijos, en esa casa, que es de los dos, obviamente, no puede vivir una segunda pareja de la mujer. Estaba pasando una situación a mi modo de ver muy injusta, en la cual ese hombre seguía pagando una hipoteca de una casa en la que no vivía, y en la que vivía otro señor. Ese tipo de cosas, que nosotras como mujeres hemos enfrentado en otros aspectos a lo largo de la historia, ahora la están teniendo los hombres. Esto es muy resbaloso, me doy cuenta de que me van a matar por decir esto.
También ha escrito sobre el poco valor que se le da hoy a la experiencia, a los adultos, en un momento en que la juventud parece ser lo único que vale. ¿Lo ha experimentado de cerca? Es un poco malgastar el talento de las personas, porque estamos hablando de que están prejubilando a personas de apenas 50 años. Incluso en la vida laboral, si tienes más de 40 y pierdes tu trabajo, ya es muy difícil volver a encontrar uno nuevo. Entonces, es una especie de sociedad Kleenex en la que vivimos. Ellos prefieren pagar menos dinero a un junior que pagarle un poquito más a una persona que tiene experiencia, con lo cual también la calidad del trabajo es mucho menor y están malgastando una cantidad de talento que podría utilizar con ventaja la empresa.
Ha comparado a Beatriz Calanda, la protagonista de su novela, que vende su vida a la prensa y hace testigo al mundo de su intimidad, con la exposición que se ve hoy en las redes. ¿Cómo ve esa realidad de las selfies y los influencers? Me parece una locura. Empezó todo con las revistas del corazón, esta gente que contaba su vida y sus milagros, y cómo se casaba y cómo se descasaba, y cómo siempre encontraba al hombre de su vida, y cómo años más tarde había encontrado otro hombre de su vida, y cosas por el estilo. Eso era bastante pintoresco, porque era un número limitado de personas. Pero ahora todo el mundo quiere convertir su vida en una especie de escaparate, y contar día a día y minuto a minuto qué desayuna, con quién se acuesta, cómo va la compra; las cosas más banales y absurdas. No solamente intimidades, también estupideces. El otro día estaba en la página de un bloguero famosísimo, que tiene algo así como cuatro millones de seguidores, y explicó largamente cómo preparar un café con leche.
Cosas tan cotidianas que sorprende que puedan interesar a otras personas. Sí, yo creo que el ser humano tiene un aspecto voyeur, le encanta ver cómo actúa el resto de la humanidad. Pero supongo que tendrá un límite, porque yo no sé a quién le puede interesar esto. Estamos llegando a un nivel de idiotez preocupante.
Esa cultura de que todo es visual, inmediato y se consume rápido, ¿incide en el nivel de compromiso y de atención que el lector le pone a una novela? ¿Se ve influida por esto al escribir? Claro que influye. Todo es tan inmediato que hoy en día, novelas que no pegan instantáneamente quedan para siempre en el limbo. Por eso nadie arriesga ni innova. Mejor apostar a seguro.
¿Qué escritor joven hispano sigue de cerca? Hace unas semanas coincidí con Carlos Liscano en Francia y ahora estoy leyendo su obra. Me parece un gran escritor. Muy profundo y con un discurso diferente a lo que uno está acostumbrado.
¿Cuál es el mejor libro que ha leído en el último tiempo? Aparte de los clásicos que siempre releo (este año, Proust), me han encantado dos autores de no ficción: Yuval Noah Harari y Karen Armstrong.