¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
stopper description + stopper description

Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

Suscribite a Búsqueda
DESDE

UYU

299

/mes*

* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

“Estoy en la mitad de la vida, y creo que a esa edad tenés que ver de qué manera querés seguir viviendo”

Leonardo Sbaraglia protagoniza “Era el cielo”, la película uruguaya coproducida con Brasil y con guion de Sergio Bizzio y Lucía Puenzo, que ya está en cartel

Desde que sigue una dieta macrobiótica, Leonardo Sbaraglia viaja con su propio café: uno que no tiene café. Está hecho a base de arroz y lo tiene que cocinar durante 20 minutos. A veces le agrega un poquito de café de algarroba, algo que brevemente puede definirse como “una vaina azucarada y comestible de color castaño”. Él asegura que es “riquísimo”, que se parece a los cafés americanos, que tiene gusto a vainilla y que es ligerito. Si toma café-café, dice, no duerme.

Sbaraglia se psicoanaliza desde chico, se identifica con Ben Stiller, aunque no haga tanta comedia, y su madre siempre le dijo que si quería ser como Al Pacino, sería como Al Pacino. Desde hace dos años vive intermitentemente en Montevideo. Primero filmando la serie de HBO “El hipnotizador”, después, rodando una película coproducida entre Uruguay y Brasil, y por último, la segunda temporada de “El hipnotizador”. “Es lo mismo que con los personajes, a veces las ciudades también te modifican y te hacen reflexionar y tener una versión de uno mismo diferente. Me pasó mucho cuando estaba trabajando en España, me hicieron muy bien esos ocho años allí, porque tuve contacto con un tipo de sociedad de la que aprendí muchísimo, tuve que empezar de nuevo en muchos aspectos, como reinventarme en algún punto. Y después volví a Argentina y se me completó todo adentro”, contó. Con Uruguay le pasa algo similar: “aunque somos muy parecidos, es francamente una sociedad diferente”, dice.

Hace unos días estuvo aquí promocionando la coproducción “Era el cielo”, que acaba de estrenarse. Dirigida por el brasileño Marco Dutra, con guion de los argentinos Sergio Bizzio y Lucía Puenzo, la película empieza con la violación de una mujer (Carolina Dieckmann) una mañana en su propia casa. Su marido (Sbaraglia) vuelve en un horario en que nunca lo hace y siente los ruidos, vislumbra la escena por la rendija de una puerta, piensa qué hacer. Duda, busca objetos contundentes, duda más y termina por no hacer nada. Simplemente sale como una estampida, persiguiendo a los hombres cuando estos se van, una vez terminado el horror. Su mujer no sabe que él estuvo ahí, y por algún motivo decide no contarle. Él tampoco dice nada, pero empieza a tramar una venganza. Así comienza la historia, en la que también participan con papeles secundarios el argentino Chino Darín y los uruguayos Mirella Pascual y Álvaro Armand Ugon.

“Mirá qué rico. ¿Querés?”, dice Leonardo Sbaraglia en la entrevista, y convida con las masitas que le acercan poco después de que él pidiera algo dulce. Entonces empieza la charla. En el último piso de la productora Oriental Films, con el sol de las cinco de la tarde y sin ninguna urgencia perceptible, el actor argentino habla sobre este personaje tan lleno de miedos y de los temores propios, reflexiona sobre el vínculo de pareja, sus ganas de hacer comedia aunque su historial sea más bien dramático, y los pro y los contra de las coproducciones.

¿Qué implica interpretar un papel como este, en el que el protagonista empieza poniendo prácticamente al espectador en contra?

Era complicado. Era de mis máximas preocupaciones. La película está basada en una novela, que también empieza de esa manera, pero después se va desplegando de infinitas maneras. Además, en la novela tenés el recurso de que vas entendiendo perfectamente cuál es la cabeza de ese personaje. Con las diferentes versiones de montaje que se hicieron de esta película —porque en determinado momento hubo otras versiones—, se llegó a una en la que se agregó la voz en off, y de alguna manera eso ayuda a que entiendas a ese personaje, entiendas que es un tipo que sufre, que tiene fobias, que no puede actuar; y eso lo va acercando al espectador. Pero hubo otras versiones —que había visto y me gustaban mucho también—, que hacían una película todavía menos complaciente, más alejada del espectador, más hanekiana, y me gustaba cómo funcionaba. Pero aparentemente, todos los pases que se habían hecho eran desfavorables, nadie quería al protagonista, y como actor, uno mucho más no puede hacer; tenés un personaje y por más humanidad que le des, tampoco podés hacer lo que la película no está contando. Los personajes también son sus hechos, y contás con esa caja de herramientas.

¿Qué requirió construir este personaje tan lleno de miedos? ¿Cómo armó su lenguaje corporal?

Me sirvió mucho hablar con Sergio Bizzio, el autor de la novela, para entender; él coescribió el guion con Lucía (Puenzo), que además es su mujer. Hablando con él me di cuenta de muchas cosas que él me explicó y me las hizo más corpóreas, y después, trabajar internamente. Es una película que está contada a través de los ojos, la mirada. La idea era ir captando esos detalles y tratar de ir agregándole psicológicamente esta idea de que él va haciendo un tratamiento a través de la venganza, contra las fobias, como si pudiera resolver sus problemas solo a través de la ficción, o que pudiese resolver la venganza a través de la ficción; como si eso no lo estuviera haciendo él sino un personaje.

¿Cómo trabajó los silencios en este vínculo de pareja en el que hay tantas cosas no dichas?

Creo que en ese sentido la película retrata los miedos y algunas verdades que están en la pareja y que uno a veces no puede blanquear; ese miedo a perder al otro, a perderse uno, si se dice la verdad. En la película se cuenta que esta pareja está tratando de volver a estar unida, a construir ese cascarón, ese lugar confortable y contenido, y a veces por el miedo a perder eso uno termina perdiéndolo todo. ¿A qué precio uno oculta cosas? Acá hay cosas que pertenecen a la intimidad de la pareja, y otras que pertenecen a la intimidad de cada quien; esa intimidad no debería atentar contra la sanidad, no debería convertirse en algo tóxico y enfermo.

¿Cómo fueron las primeras charlas con el director, Marco Dutra?

Vi sus dos películas anteriores —“Trabajar cansa”, la primera; “Cuando estaba vivo”— y son dos películas divinas; la primera me gustó más todavía. Y Marco me pareció inmediatamente un tipo adorable, adorable. De hecho, ahora estamos trabajando otra vez en “El hipnotizador”, él está haciendo algunos capítulos de la serie cuando viene, porque al mismo tiempo está montando su cuarta película. Me encantaría volver a hacer otra película con él. Es muy inteligente, entiende muy bien los entreveros y la naturaleza humana, y sobre todo es un tipo muy sensible.

Dijo que con cada papel aprende algo. ¿Qué le dejó “Era el cielo”?

Creo que perteneció a una etapa. Yo tuve una etapa, de 2010 en adelante, en la que hice películas (y series) de problemática de pareja (risas): “El campo”, “En terapia”, “Aire libre”, “Era el cielo”. Pertenecen a un bloque de reflexión sobre lo que es el mundo de la pareja, cómo entenderse con el otro, cómo formar un vínculo. Me parece que son temas muy interesantes y muy valiosos. No hay respuestas de cómo es la felicidad, ni personal ni compartida; o la felicidad que te puede dar otra persona, o la felicidad que le puede dar uno a otra persona, y ese me parece que es un tema increíble. El amor, el compartir, el compromiso, la responsabilidad sobre una familia, sobre otro, sobre uno, sobre un proyecto; hasta dónde se puede seguir, hasta dónde no. Son todos temas complejísimos e interesantísimos y de los cuales seguimos aprendiendo. Además, estoy en la mitad de la vida, y creo que a los 40, 45 años, tenés que ver de qué manera querés seguir viviendo: si querés seguir en ese camino que tiene que ver con protegerse, con vivir confortable y contenido pero un poco muerto, que es de lo que habla la película, o si querés vivir desprotegido. Si hay una manera de construir una desprotección dentro de la protección, cómo estar vivo dentro de una pareja y cuál es la manera. A mí me encanta el amor; estar enamorado me parece un estado maravilloso, y reflexionar sobre cómo eso se alimenta y se construye, cómo se sigue fortaleciendo, cómo uno más uno es menos que dos, o es dos, o es tres y cuáles son las alternativas, tiene que ver para mí con ser honesto con el otro y con uno mismo y con atravesar lo que uno tenga que atravesar.

¿Componiendo esos personajes, o trabajando esa temática de la pareja, confronta sus propios miedos?

Y sí, porque es como convivir con un amigo que está pasando por eso, entonces durante cuatro, cinco, seis semanas estás viviendo con esa voz que te está hablando de algo, y que te obliga a reflexionar inevitablemente y a revisar tus propios asuntos.

La película tiene elementos de thriller. A nivel actoral, este género, con el que está tan familiarizado, ¿plantea determinados retos?

Sí, eso en realidad no va tanto por cuenta de uno, sino del director y de la puesta de cámara y de luces. Ahí Marco habló mucho con Pedro Luque, que es el director de fotografía, porque quería una cosa bien hitchcockiana. Entonces eso ya está marcado desde los claroscuros que tiene la fotografía y la puesta de cámara; toda una puesta muy elegante, muy clásica, como de cine casi negro. Y desde la actuación tenés que hacer algunas escenas de acción y tenés que estar un poco en contacto con la cámara, eso es algo que estoy aprendiendo recién ahora, más de grande; saber exactamente cuál es el tamaño de plano, aprender a estar más en comunicación con la cámara.

Su carrera está marcada por roles dramáticos. ¿Se ve haciendo comedia?

No es lo que más he hecho, pero me gusta mucho. Hay una película, “Días de vinilo”, en la que hacía de mí mismo, una parodia, y ni siquiera estaba escrito para mí el personaje, estaba escrito como para una celebrity. Fue muy gracioso hacerlo y era en clave de comedia total. Me encantaría hacer una linda comedia romántica. A mí las películas de Ben Stiller me encantan, me encantaría hacer una película así. Me siento muy identificado con él (risas).

¿Y le han llegan propuestas de ese tipo?

Me llegó ahora un guion precioso de una comedia, pero llegan menos, ese es el tema. En general, la comedia está mucho más asociada al cine comercial a ultranza, y suelen ser muy chabacanas. Justamente, las películas de más calidad que me llegan son dramáticas. Es más difícil en estos países que haya un director que sea de comedia: está en Argentina (Ariel) Winograd o (Damián) Szifrón, que tienen como esa cosa perfecta entre la comedia y el drama.

Daniel Burman, también.

Burman, pero es cierto que son menos. Porque aun con esos directores, la mayoría de las películas que hacen tienen también otro lenguaje. Es difícil encontrarlo, pero sí, estaría bueno.

Con las coproducciones cada vez son más frecuentes los elencos multinacionales. En “Era el cielo”, la coprotagonista es la brasileña Carolina Dieckmann. ¿Qué ventajas y desventajas ve en eso?

Siempre es un tema. Participé en muchísimas coproducciones en las que justamente uno de los temas era qué actor completaba la coproducción; o sea, qué actor español, brasileño, y es un quilombo. En “Plata quemada” obviamente hubiese sido mejor que un actor argentino interpretara el personaje de (Eduardo) Noriega, pero finalmente termina organizándose y termina saliendo bien. Con “Las viudas de los jueves” lo mismo, se convocó tanto a Ernesto Alterio, que hablaba argentino, y yo también aportaba como argentino trabajando en España. En “Sin retorno” mi mujer era una española, pero hacía de argentina; en “El final del túnel” lo mismo. Entonces, si está la posibilidad de que el actor haga eso, buenísimo, porque se mete de una manera orgánica. En este caso también fue muy orgánico y quizás la idea del lenguaje… Muchas veces hay parejas de diferentes nacionalidades que vos decís ¿cómo están juntos estos dos? ¿cómo esta no se da cuenta de lo salame que es este? Y creo que en algún punto no se dan cuenta porque hablan otro idioma (risas). Hay algo del código intrínseco del otro que nunca van a entender.

Algo que se pierde en la traducción siempre.

El lost in translation. En ese sentido le puede aportar también a la película esa diferencia de lenguaje.

En cuanto a la distribución, las coproducciones abren muchas más puertas.

Sí, volviendo al tema de los beneficios, ojalá se hicieran más coproducciones todavía, aunque se pierda un poco de autenticidad. Me parece que a veces, entre que algo sea posible y que algo sea más auténtico pero imposible, prefiero lo posible. “Plata quemada” fue posible gracias a eso, “El secreto de sus ojos”, también, “Caballos salvajes” gracias a la coproducción con España. En este caso (“Era el cielo”) gracias a la coproducción entre Uruguay y Brasil, ni siquiera entra Argentina, pero perfectamente podría haber entrado y eso te eleva el tamaño de la producción. Hay películas que efectivamente dicen “no quiero llamar a tal actor porque no quiero que la película sea más grande”. Prefieren ser para un público menor o hechas con un presupuesto menor; entonces son otro tipo de filmes y muy válidos también. “Whisky” fue una coproducción y aun así es una película auténtica, divina; son coproducciones como “Sangre en la boca” (la película erótica que terminó justo antes de “Era el cielo”), que es una coproducción, pero Italia solo aportó al montador, el trabajo de posproducción y nada más, entonces el presupuesto de la película siguió siendo de 400.000 dólares.

Con tanto proyecto aquí en Uruguay y en otros países, ¿cómo lleva su vida familiar y la relación con su hija?

Ella trata de venir. Este fin de semana estuvo. Cada vez que puedo, los fines de semana trato de volver. Tiene 10 años, es una edad difícil porque está empezando la adolescencia, a tope, está empezando a convertirse en una mujer.

Y quiere estar cerca.

Sí, pero no tanto, por lo que uno se podría tomar a broma, sino porque efectivamente está en un proceso psíquico de gran revolución, en el que se están sentando un montón de bases que la van a determinar para toda su vida. Es importante estar cerca. El año que viene sé que me tengo que ir como cinco meses a España y voy a tener que organizarme, porque ahora estoy cerquita, pero ahí va a ser más difícil. Hay que calcular que no pasemos más de 20 días sin vernos, y que pueda hacer dos o tres viajes hacia allá. Yo no voy a poder viajar porque voy a estar todo el tiempo ocupado y va a ser difícil.

Hace unos días subió a Instagram una foto con su madre en el Teatro Colón, en la obra “An Evening With Al Pacino”. ¿Qué significó verlo en vivo, en su país? ¿Es un referente como actor?

Tengo una anécdota con mi vieja, justamente. Cuando era muy chiquito estaba yendo al psicoanalista, porque me atendí desde muy chico. Estaba muy angustiado, y le dije a mi vieja: “Mamá, quiero ser como Al Pacino. Quiero actuar como Al Pacino”. Y ella me dio la mejor respuesta del mundo que puede dar una madre. En lugar de decirme “no, mirá, estamos en Argentina, eso es muy difícil, no sé si tenés el talento suficiente”, me dijo “bueno, si querés ser como Al Pacino vas a ser como Al Pacino”. Muy emocionante. Entonces, el otro día a los dos se nos caían las lágrimas. Fue muy lindo verlo juntos.

GALERIA
2016-12-01T00:00:00

// Leer el objeto desde localStorage