Dice que va al supermercado sin maquillaje y que hay ocasiones en que lleva a sus hijos al colegio en pijama. Pero cada día, antes de ir al canal, se maquilla y se peina en su casa. “Soy maniática, muchas veces me da la sensación de que estoy perdiendo el tiempo. Me arreglo yo misma para tratar de ganar tiempo”, dijo una lluviosa mañana a galería.
Frente a un café doble con un chorrito de leche, Victoria Rodríguez habló de sus inicios, su carrera, y su trabajo en Perfectos desconocidos, la obra de teatro producida por Diego Sorondo que dirige Álvaro Aunchain en el Teatro Movie (ver recuadro).
¿Qué le atrajo de esta obra, que tiene que ver con la vida de las personas y los teléfonos celulares?
La actualidad del tema. Lo que antes llamábamos intimidad y lo que es tu vida secreta. A veces la fachada se condice con todo el resto; en otros casos, no. Mi personaje habla de cómo el celular se convirtió en la caja negra de nuestras vidas y de cuántos vínculos se disolverían si uno tuviera acceso a esa caja negra de otros. Es todo un tema, lo hemos conversado con amigas, ¿hasta dónde querés saber?
Es una obra con muchas figuras mediáticas, que no vienen del teatro. ¿Cuáles son las principales dificultades en ese sentido?
Es la clave de Diego Sorondo. Se han roto un montón de mitos, que muchas veces redunda en algo positivo para el hecho escénico. Tanto en el teatro como en otras disciplinas, son pases de personas que tienen un denominador común que es la sensibilidad artística. Yo tuve mucha pared, me tocó arrancar contra viento y marea.
¿El Florencio la legitimó?
A mí y a los que vienen atrás. Eso no significa que no haya que estudiar; lo que a mí me costó diez a alguien con técnica, estudio y oficio le costó tres.
¿Este tipo de obras permiten acercar al teatro a un público menos asociado a él?
Absolutamente. Y eso no tiene por qué dejar de ser válido. Estás acercando una disciplina que antes fue para una elite más culturosa. Hay que tener mucho cuidado en preservar la calidad de los espectáculos y no masificarlos a cualquier precio.
¿Siente que logró vencer los prejuicios del mundo del teatro?
Después de las obras que hice y papeles que se me han ofrecido, sí. Seguro siempre va a haber un núcleo más duro de puristas, pero no trabajo para ellos ni por ellos.
El padre de Victoria Rodríguez es abogado y su madre trabajó como secretaria. Ella es la mayor de tres hermanos: el que la sigue es abogado y el otro escribano. En su casa siempre se les inculcó la idea de que había que ser profesional, algo que ella no cumplió. “Yo soy la mayor, divorciada, la oveja negra”, dice entre risas.
Fuera del canal y del teatro, la vida de Victoria Rodríguez gira alrededor de sus hijos. Dice que se encarga de llevarlos y retirarlos del colegio; también de ayudarlos con los deberes y de prepararles la cena.
Asegura que hizo “muchos menos” años de terapia que los que hubiera necesitado. Acudió a ella cuando se separó, pero después la dejó de lado. En alguna ocasión le sucedió que el psicólogo la veía a ella como el personaje de la tele. “Cuando la cosa es grave y amerita, por supuesto. Pero a mi edad hay un montón de situaciones que a los ponchazos las vas llevando. Llega un punto en el que aprendés a convivir con un montón de bemoles. Y también hay una realidad, que es el tiempo disponible, los recursos disponibles, es terapia o tratamiento de la celulitis, todo no se puede”, dice, y otra vez ríe con fuerza.
Algunas de sus intervenciones en televisión despertaron polémica y es frecuente que se hable de usted en las redes sociales. ¿A qué lo atribuye?
Hace rato que dejé de darle vueltas al asunto. Fui la primera víctima; hoy le pasa a todo el mundo. Cualquier persona con exposición pública está sometida al pensamiento, a la crítica constructiva y al vómito. Porque así funciona, se necesitan catalizadores para las rabias y los duelos en la sociedad. Y hay que saber las reglas de juego. Pero todo eso es aprendizaje. Tengo mi espalda bien desarrollada, no me presto para determinados juegos.
En verano la robaron estando en Cabo Polonio y en los portales de noticias los comentarios eran insultantes hacia usted. ¿Confronta con la gente?
No, ni me enteré. Estaba sin celular porque me lo habían robado. Que tomara dimensión pública me dio vergüenza ajena. Con las cosas que están pasando, ¿me voy a quejar por un celular y ocho mil pesos? Justo hacía poco, a Pancho Dotto le habían robado el Rolex y los titulares eran “indignado”. Yo pensaba “qué vergüenza indignarte por eso”. Me enteré porque una amiga llamó al celular de mi pareja. Fue la propia policía del Cabo que informó del robo.
Si mira para atrás, ¿qué grandes errores cree que cometió en su carrera?
Grandes... He tenido desaciertos en programas, ponele. Cuando uno mira para atrás no es que tengas que agradecer por todo pero hay que abrazar todo. A la gente no le gusta hablar de los fracasos. Error. Los fracasos te generan la capacidad de seguir buscando la vuelta, peleando, es lo que te da la medida más justa y objetiva de tus defectos y de tu potencial. Arranqué en la tele siendo muy joven, desde mi propia perspectiva o experiencia vital, muy cuidada, sin conciencia real de todos los bemoles de una sociedad, de todas las zonas grises, de todas las dificultades que hay y siempre estuvieron. Una vez que vas entrando en contacto con la vida real todo eso va cambiando. Yo tengo un bache largo entre que me costó salirme del glamour de los viajes, de Punta del Este, que ya no tenía nada que ver con mi manera de sentir la vida, y poder sentir a lo que tengo hoy. Hubo un bache en el medio donde se configuraron muchos errores, pero hubo mucho ensayo. Hasta que culmina en este formato de hoy en el que me siento muy cómoda. Por supuesto que siempre va a haber gente que te critica, pero la credibilidad la ganás basándote en esa experiencia.
Es una mujer linda, formada, y con buen pasar económico...
Me da gracia lo del buen pasar económico porque no sé qué se piensa la gente. Vivo bien y no me falta nada. Pero trabajo por cada peso.
Esas tres cosas son mal vistas por mucha gente.
Me tatuaría un “gracias”, porque soy consciente de que en el país donde vivo he tenido oportunidades desde el día que nací hasta hoy que me hacen sentir muy bendecida, muy privilegiada. Eso me hace generar un sentido de responsabilidad que siempre me quedo corta, pero por el que intento responder en mi esfera privada.
Ahora se habla mucho de tema de género, y cuando se critica a mujeres de los medios parecería que existe más contención entre ellas. ¿Usted se sintió respaldada por colegas?
Sí, tengo buen vínculo con personas de todos los canales. También con el tiempo empezás a ver que dependés mucho de vos y que las palmadas te las podrán dar las personas un día sí, un día no, pero te tenés que armar vos y tener tranquilidad de conciencia y ver si este aplauso lo merezco, este palo lo merezco. Al final no hay que tomarse nada tan a pecho.
Desde hace años es una de las caras visibles de la Teletón. Hay quienes critican a los conductores porque dicen que cobran, otros cuestionan las donaciones de las empresas. Por ese tema usted polemizó con el diputado del MPP Alejandro Sánchez. ¿Qué lectura hace de ese episodio?
Eso tiene que ver con algo que me preocupa del país. No me preocupa tanto ahora que estamos en plena época electoral, donde abundan los silogismos de falsas oposiciones. No estamos viviendo ningún apocalipsis, hay una economía desacelerada, pero hay un montón de otros indicadores que no son tan malos y que también remiten si mirás para atrás las gráficas de la historia, que van y vienen. Por supuesto que hay cosas que duelen, y es la persistencia de historia de gente tirada al costado del camino. Pero no es el fin del mundo, como algunas personas pretenden. Por favor. Antes, cuando llegó el gobierno del FA el gran cuco era qué va a pasar y nadie salió a desalambrar. Ahora el gran cuco es si viene la derecha reaccionaria. ¿Qué va a pasar? No joroben. El Uruguay históricamente siempre fue por el camino del medio. No va a haber grandes cambios para ningún lado. Nadie dice querer el socialismo puro, o muy pocos, y nadie dice querer el neolberalismo a cara descubierta. Vamos por el medio. Lo que me provoca cansancio es asistir a algo que es mucho más intanglible, que es la profundización, el abono que se ha venido haciendo año tras año de la lucha de clases. Cómo se ha manipulado lo peor de nosotros. Quiero que pueda volver a haber un Uruguay en donde al menos existan ciertos valores universales. Pocos, porque hay cosas que cambian con el tiempo, pero recuperemos el valor de creer en el esfuerzo, en el mérito, en la honestidad, en querer educarte, en creer en la educación como un agente de cambio. Recuperemos esas cosas mínimas que hacen a la convivencia en paz. Se han encargado de promocionar la pobreza y la riqueza como virtudes en sí mismas. Gran error. Se ha fomentado la construcción del estereotipo para los dos lados. Todo el mundo se declara de centro y es verdad, pero de alguna manera siempre termina primando la mano invisible de Adam Smith, aunque hay que guiarla un poquito para llegar el bienestar general.
¿Por qué dice eso?
Fijate nada más cuáles han sido las políticas económicas de estos últimos 14 años. ¿Cuándo te ibas a imaginar que un gobierno de izquierda iba a tener los acuerdos que tiene internacionalmente? La prueba está que el mundo, nuestro país, transita por ese camino del medio.
¿Nunca la tentó la política?
No, no, jamás. No tengo cuero para eso. Me basta con ser interlocutor.
“Esto de que solo podés ser feminista si sos de izquierda, es un disparate. Vamos a dejarnos de jorobar”
¿Fue a la marcha del 8 de marzo por el Día de la Mujer?
No. Hay muchas trincheras desde las cuales se puede trabajar de la mano de la lucha feminista. En mi caso tuve la oportunidad de llevar a Durazno la vida de Juana de Ibarbourou junto con Diego Fischer. Una mujer que a la perfección ilustra lo que es una vida sometida a la opresión patriarcal, tanto por colegas del mundo literario como en el seno de su hogar por la violencia de género de su marido y su hijo. Creo que viví el 8 de marzo desde el mejor lugar que podía. Se ha complejizado bastante lo de la lucha feminista, cada vez más se incorporan reivindicaciones que no siempre es fácil seguir o entender.
Como la ley de riego o la forestación, por ejemplo.
Sí. Nadie va a poner en duda la necesidad del movimiento en su esencia, en su lucha contra el patriarcado, contra la violencia doméstica, contra la desigualdad. Pero después también pasamos ahora a que se apropian de banderas que tienen que ver mucho más con lo político-partidario que con la naturaleza misma del movimiento feminista. Resulta que ahora escuchás voces que no son representativas de todo el movimiento, pero la lucha se convirtió en una lucha anticapitalista y antiimperialista. ¿Se olvidaron cómo se financian estos movimientos? ¿De qué están hablando? Y ahora también la menstruación resulta que es un factor de desigualdad y me vulnera mis derechos sexuales y reproductivos. Déjense de joder. Hay demasiados feminismos como para saber por dónde va la cosa. Hay una lucha que es absolutamente vigente que es por la igualdad de oportunidades, de equidad.
Hay quienes sostienen que por ese tipo de reclamos más radicales esas cosas importantes quedan desdibujadas.
No me gusta cuando ocurre, y empaña el movimiento más genuino, y aparecen radicalismos. A mí que me disculpen, pero la violencia es una. Violencia siempre es violencia y combatirla con violencia no. Esto de que solo podés ser feminista si sos de izquierda, es un disparate. Vamos a dejarnos de jorobar. La violencia es una, los autoritarismos de izquierda o de derecha tienen un único punto en común. Es la teoría de la herradura, la extrema derecha y la extrema izquierda se juntan en la forma en que se maneja el poder. Y cuando la cosa se vuelve un poco fundamentalista no me gusta. No me gusta que me adoctrinen. Y no me gusta que me hagan sentir oveja. No es de reaccionaria, ¿eh? Pero pará un poquito, no me avasalles con tu discurso de lo que es políticamente correcto porque está lleno de discursos que son compartimientos estancos. Porque tenemos leyes muy de avanzada pero vacías, porque no hay presupuesto.