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    “La vida es más fácil en una casa ordenada”

    La organizadora profesional argentina Brenda Haines dará un taller el martes 19 de febrero en el Hotel Cottage Carrasco

     

    Que el orden mejora nuestra vida e influye en nuestro estado de ánimo ya es una cuestión sabida. Desde que la japonesa Marie Kondo publicó su libro La magia del orden en 2014, la idea de encontrar a cada cosa su lugar en el hogar y procurar que se mantenga allí el mayor tiempo posible es un fantasma que flota continuamente en los hogares. 

    Fanática del orden desde chica —y con cero apego a las cosas materiales—, la argentina Brenda Haines ha decidido dedicarse a poner orden en casas ajenas y comenzó por escribir Tu espacio organizado. Enamorate de tu casa, enamorate de tu vida (Ed. Planeta, 2018). En el libro, con humor y en forma muy gráfica y didáctica, explica y da consejos sobre cómo encontrarles lugar a las cosas, de qué manera es más práctico ordenar y cuáles son las claves para mantener las cosas en su sitio, hasta llegar a mínimos detalles que hacen la diferencia, y sentir así placer y felicidad al contemplar desde la puerta nuestro hogar. Aunque parezca una tontería, no es tarea sencilla.

    De vacaciones en Punta del Este, Haines recibió —en un apartamento impecablemente ordenado— a galería para conversar sobre esa obsesión que ha convertido en profesión.

    ¿Qué tan importante es el orden en la vida de una persona?

    Yo creo que muy importante, pero no nos damos cuenta hasta que empezamos a ordenar. Creo que ordenar nuestra casa, nuestro espacio, nos cambia la vida, porque nos ordena la cabeza, las ideas, nos pone cada cosa en su lugar. Y encontrarle su lugar a cada cosa también hace que encontremos el nuestro, porque siempre le echamos la culpa a todo lo que nos rodea. Si dejamos de poner excusas y ordenamos nuestro espacio, sin darnos cuenta ordenamos mucho más que eso.

    En el libro hace mucho paralelismo entre lo interior y lo exterior. ¿Qué es primero, el orden interno o el orden externo? Parece que ordenar es hacer un poco de terapia.

    Cien por ciento. Cuando uno empieza a sacar todo lo que tiene en el placar ni uno se acuerda de las cosas que guarda. Y cada cosa que vas sacando al cliente le hace acordar a algo, “esto me los regaló Fulano”, o “lo guardo desde que nació mi hijo”. Uno se pone como medio nostálgico, eso ya está, ya pasó, vos no sos la misma persona, tu vida cambió. Yo creo que descartar, de alguna manera es crecer, es dejar el pasado atrás. Me pasa mucho de gente que no puede desprenderse de las cosas de una persona que ya no está. Pero eso no lo representa; sí una linda foto, pero un buzo o una remera, no. Y tu casa se va transformando en un bajón y no te das cuenta. Se transforma en un cementerio de cosas que ya nadie quiere usar, guardadas simplemente por culpa.

    Dicen que hay que hacer espacio para que vengan cosas nuevas.

    Yo creo 100% en eso. Cuando uno hace espacio uno empieza a proyectar otras cosas, empieza a decir: “¿Acá qué podría poner?”, te dan ganas de renovar.

    ¿Cuál es su consejo número uno para empezar a ordenar?

    No dejar cosas en tránsito. Eso de que llegás a tu casa y tenés la bolsita para llevar a arreglar, la otra para la tintorería, la otra que la van a venir a buscar. El piso tiene que estar vacío; el objeto en tránsito agota. Cada cosa tiene que estar en su lugar, pero para eso le tenemos que dar un lugar a cada cosa. Abrir un placar y meter todo sin un criterio tampoco nos alivia porque es un autoengaño.

    ¿Cómo es eso de guardar con un criterio? 

    Guardo algo donde lo uso, porque queda práctico que esté ahí. Y agrupo, que no esté lo mismo guardado en cinco lugares distintos, para eso tenemos que clasificar. Generalmente, me dicen: “No sé dónde guardar esto”. ¿Y vos dónde lo usás? Ahí tiene que estar guardado. Y el gran secreto es, una vez que lo usás, volver a guardarlo donde corresponde, que es obvio, pero nos cuesta. 

    Es madre de tres varones. ¿Cómo hace para mantener su casa ordenada?

    Ellos nacieron en una casa ordenada, entonces les hace ruido cuando algo está tirado. Obvio que dejan la mochila tirada, pero quizás los zapatos se los sacan y los dejan en el lavadero, no me los tiran en el medio del camino. Tienen ciertos hábitos incorporados. Creo que cuando un chico nace en una casa ordenada, le simplifica la vida; encontrar las cosas fácilmente y no estar “¡mamá!, ¿dónde está la remera? Ellos son independientes desde más chiquitos, se visten solos, se preparan solos el desayuno porque encuentran las cosas fácilmente, todo está accesible, ordenado, no tienen que estar revolviendo nada. La vida es más fácil en una casa ordenada. 

    Si a una persona ya le resulta difícil poner orden entre sus cosas, ¿cómo hace usted para llegar a una casa ajena y ordenar cosas que no conoce?

    Cuando llego al espacio que voy a organizar lo miro un rato y lo primero que hago siempre es sacar lo que no corresponde a ese espacio, y a partir de ahí voy de lo más importante a lo menos. Por ejemplo, en un placar: abro y me empiezo a encontrar con bolsas de discos, la vajilla de la abuela, el arbolito de Navidad, cosas que van en el baño, fotos. Todo eso es lo primero que vuelo, y ahí ya empiezo a vislumbrar mejor ese placar. Después sigo por el barral, luego los estantes y por último los cajones, que es lo que no se ve. 

    No debe ser fácil convencer a otros de tirar sus cosas.

    Hay clientes de todo tipo; está el que te dice “hacé lo que quieras”, y el que no se mueve de al lado tuyo; el que está superexcitado cuando llegás y quiere tirar todo, y el que te dice “yo no voy a tirar nada, simplemente quiero ordenar lo que tengo”. También está el cliente que te dice “mirá que no voy a tirar nada porque yo ya descarté”, y después se embala porque empieza a ver todo tanto más lindo, más prolijo; él mismo empieza a ver ruido en ciertas cosas que en el desorden no se veían.

    ¿Qué parte de la casa puede ser la más complicada?

    Creo que entre el lavadero y el placar hay una gran conexión, porque la ropa va de un lado al otro, y siempre digo que como está tu lavadero, está tu placar. El lavadero es como la parte más caótica de una casa, uno la tiende a tomar como un depósito, y podría ser un lavadero y nada más. Es como una especie de casa paralela donde va a parar todo aquello que no queremos ver pero que no queremos tirar. Es una especie de pensamiento negativo: si de última no me puedo comprar más nada o me va mal en la vida tengo toda la porquería esta guardada acá, al cuete, porque no te va a salvar de nada. La gente cree que lo necesita y no necesita nada de lo que hay ahí adentro.

    ¿A la gente le cuesta descartar?

    Creo que está mezclado un poco con el egoísmo, esa cosa de que no lo uso yo y no lo usa nadie. Nos cuesta tanto descartar. Empezamos a seleccionar y decimos: “Bueno, ¿para qué podría usar esto?” Ya si tengo que pensar para qué podría usar esto es porque no lo necesito.

    ¿Qué pasa en las casas de pocos metros cuadrados?

    Uno se tiene que adecuar al espacio que tiene. No puedo tener más de lo que entra, es obvio que nunca va a quedar bien. En segundo lugar, el espacio lo hacés ordenando. El mayor lujo que podés darle a tu casa es hacer lugar, no los metros que tengas o los cuadros. 

    ¿Hay algún consejo específico para ordenar esas casas?

    Yo creo que los organizadores ayudan a clasificar, a dividir, a organizar. No es lo mismo una pila hacia arriba que una pila horizontal, donde uno aprovecha la profundidad de los espacios para guardar. Es más fácil ver todo a la vez, como en un fichero, que en una torre que sacás uno y se te cae todo. Por otro lado, muchas veces las casas pequeñas son una especie de mueblería. No hacen falta tantos muebles. 

    ¿Hay algún objeto recurrente y complicado? Discos, libros, papeles, carpetas, cuadernos de la escuela de los niños. 

    Los papeles como genérico, de cursos que hiciste, de las cuentas de tu casa, si tuviste un negocio y tenés que guardar todo por 10 años, los dibujos o cuadernos de los chicos, las fotos, que son un gran tema. Las fotos se pueden organizar por año, por evento; cuesta tirar fotos pero nadie es malo por eso, ser malo es otra cosa. Y todo lo que son cuentas y facturas se pueden organizar en carpetas foliadas, clasificadas, con lo que está pagado, con lo que no. Tendemos a guardar de más por miedo a que nos caiga un policía en nuestra casa, tenemos esa fantasía, pero yo consulto con mi contadora y me dice que todas las facturas de tu casa se guardan máximo un año, más hoy que está todo digitalizado. Hay muchas madres a las que les resulta imposible tirar todo lo de los niños, yo lo respeto también, son decisiones personales. Yo no soy apegada a las cosas, no me generan nada. 

    El camino de una emprendedora 

    Brenda Haines (Buenos Aires, 1975) se dedicaba a armar vidrieras y al visual merchandising en tiendas de ropa cuando en 2014 abrió su propio negocio, una franquicia de La Mercería (una tienda de Palermo) en el shopping Paseo Alcorta. Ella creía que era el sueño de su vida, pero se convirtió en su peor pesadilla. Después de un año y tres meses lo vendió. “Era diciembre, yo cumplía 40, y dije: “¿Ahora qué hago de mi vida?”. No quería volver a las vidrieras porque me parecía que ya era una etapa cumplida. Yo creo que cada 10 años uno tiene que reinventarse porque uno va cambiando, va teniendo techos en lo que hace, entonces, si no te reinventás, te quedás, te bajoneás”. Después de cinco meses pensando, se le ocurrió hacer lo que hacía en los negocios pero en la casa de la gente. En junio de 2016 empezó a escribir, con la fantasía de hacer un libro sobre el orden de la casa. “Había leído a Marie Kondo. Si bien me había gustado, sentía que hablaba mucho del descarte, de la importancia de vivir con lo necesario, pero no te enseñaba a ordenar”. Sin embargo, escribir (con la posibilidad incierta de publicar) no le iba a dar ingresos a corto plazo. Llamó a un amigo diseñador para que le hiciera una página web con el fin de que la gente la conociera y pudiera contratarla. 

    Empezó a organizar casas de amigas, se abrió una cuenta de Instagram (que hoy tiene más de 170.000 seguidores) y una página en Facebook. “Empezó a correr el boca a boca, y después comenzaron a surtir efecto las redes sociales, que es la vidriera de mi negocio. Antes teníamos que levantar la persiana y abrir el local; ahora tenés que abrir el Instagram”. También creó una tienda online donde vende todos los productos que utiliza, como organizadores, perchas, cajas de zapatos, contenedores para todos los ambientes de la casa.

    En Buenos Aires da un taller por mes (durante el 2018 estuvo recorriendo el interior de Argentina) y desde hace dos años imparte un curso de Organizador Profesional de Viviendas, Oficinas y Locales Comerciales en la Escuela Argentina de Negocios. “Tiene salida laboral, la gente se dio cuenta de que lo necesitaba, pero no sabía hasta que se lo ofrecieron. Y a mucha gente no le gusta ordenar, no tiene tiempo o no sabe y contrata a un organizador. En Buenos Aires esto está creciendo un montón”. Además, este año empieza un proyecto nuevo que se llama Tu Mudanza Organizada, en el que ella y su equipo se encargan de la mudanza de casas o negocios, desde el descarte previo y el embalado hasta colocar el papel higiénico en el baño del espacio nuevo. “Te mudás con la casa lista para ir a hacerte un café a la cocina”.

     

    Primer workshop de Brenda Haines en Uruguay. Martes 19 de febrero, de 18 a 21 horas, en el Hotel Cottage Carrasco (Miraflores 1360). Costo: 2.000 pesos. Por más información: 098 551 378.