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“Las primeras películas son un derecho de piso que te permiten hacer una como esta con autoridad”

Fede Álvarez dirige La chica en la telaraña, el thriller basado en la saga Millennium, de Stieg Larsson, que ya está en cartel

Esta vez, las luces están sobre él, que sale del lugar discreto de director de cine para responder las interrogantes de los periodistas, que rotan cada 15 minutos mientras él permanece en el mismo sillón. Las circunstancias no son las ideales para lograr una entrevista fresca o una contestación reveladora, pero Fede Álvarez se esmera, y le agrega al profesionalismo que lo ha hecho parte de la industria más grande del cine, el entusiasmo de un director novel, aunque ya no lo sea.

Lo que lo trajo a Montevideo es el estreno de su tercera película (en la que vuelve a trabajar con el director de fotografía Pedro Luque, también uruguayo), La chica en la telaraña, un thriller que combina algo del cine negro con espionaje y algo del cine de superhéroes pero sin rastros del terror que marcó sus dos primeras películas. La protagonista es Lisbeth Salander, la leal e incorruptible hacker que fascinó a los lectores desde que se publicó Los hombres que no amaban a las mujeres, el libro del sueco Stieg Larsson que dio comienzo a la trilogía Millennium y que se publicó poco después de morir su autor, que nunca llegó a ver el éxito de su obra. La chica en la telaraña retoma su historia para narrar los acontecimientos que tuvieron lugar en el cuarto libro de la saga, Lo que no te mata te hace más fuerte, escrito por David Lagercrantz.

El león de la Metro ruge y la actriz británica Claire Foy (ganadora del Globo de Oro por interpretar a una joven reina Isabel II en la serie The Crown) se convierte en esta heroína feminista, esta justiciera que “lastima a los hombres que lastiman a las mujeres”. Su personificación de Salander impacta, y hasta el acento sueco sobre su inglés británico original —un recurso para que la película hablada en inglés funcione en escenarios nórdicos—, resulta perfecto para esta mujer valiente e inquebrantable. Empieza la película, con sus 117 minutos que pasan como una exhalación.

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La película aparece en un momento en que el empoderamiento de la mujer está constantemente sobre la mesa y en discusión. ¿Cree queel filme es fruto de eso o fue circunstancial? ¿Cree que el momento incidirá en cómo lo reciba el público? Fue circunstancial, pero al mismo tiempo que eso no existe. Naturalmente, las cosas se dan porque la sociedad se mueve hacia ciertos lugares al mismo tiempo. Nosotros estábamos terminando el guion o en preproducción cuando todo el Me Too empezó, pero no solo eso. Los hackers eran hasta ahí personajes de película y ahora de golpe es algo de lo que se lee todo el tiempo, con los rusos que hackearon las elecciones y ese tipo de cosas. Entonces hubo dos elementos que parecían de película que de golpe se volvieron algo superrealista. Cómo lo va a recibir la gente nunca se sabe, pero sí creo que el mundo está cambiando, claramente, y espero que estén abiertos a ver un personaje femenino como ella, que no pasa por que esté espléndida y tenga el pelo espectacular, y el cuerpo y la ropa apretada, que es lo que Hollywood hace todo el tiempo. Nosotros no queríamos hacer eso, queríamos tener un personaje femenino que fuera indicado no desde la subjetividad y la fantasía masculina, como pasa muchas veces, sino desde la sensibilidad del actor en sí mismo, de la actriz en este caso, de Claire Foy; dejarla que creara su personaje en función de cómo ella quería ser representada. Eso hace que sea muy diferente de a lo que uno está acostumbrado a ver en películas de este estilo, y es algo que me pone muy orgulloso, porque se hace muy poco y se debería hacer más.

Lisbeth Salander es un personaje imponente. Eso es lo que más me fascinaba y por lo que quería hacer una película. Las otras que se hicieron nunca eran de ella, ella era un personaje más, y para un icono feminista tan importante como ella me parecía injusto y hasta perverso que no hubiera una película donde realmente fuera Lisbeth Salander la protagonista. Que empezara con ella y terminara con ella.

Claire Foy es una opción poco obvia para ese personaje, por los papeles que interpretó anteriormente. Cuando uno hace casting no mira lo superficial, sino que lo que termina haciendo es poner actores que hayan hecho algo parecido en el pasado, y nada más. Cuando uno castinea a alguien que dirías: “Ah, bueno, sí, es una opción obvia”, es porque simplemente ya hizo de héroe de acción, o ya hizo de alguien medio rebelde. Ella no hizo ninguna de esas cosas, pero tiene el don que muy pocos actores tienen, solo los brillantes, que es la capacidad de dejarte saber a vos, como audiencia, qué le está sucediendo adentro, en su mente y en su alma. Puede estar enojada y seria y no queriendo que sepas nada de ella, pero te lo deja saber al mismo tiempo. Esa dualidad es lo que todos somos, siempre tenemos una actitud que queremos presentarle a la gente, pero hay una realidad adentro nuestro que no es necesariamente la misma.

¿Cómo es hacer casting para personajes como este, que tienen sus fans, que se los imaginan en su cabeza y que ya han sido representados en cine con anterioridad? ¿Fue una presión extra? Yo intento no pensar mucho en esas cosas. Lo que sí tengo que hacer es ser fiel al personaje como está en las páginas; si uno es fiel al espíritu del personaje y a lo que se escribió originalmente, generalmente los fans van a encontrar el personaje representado de la manera que ellos lo imaginan, o cerca de lo que ellos imaginan. Eso siempre es lo más importante, y en este caso creo que con el trabajo de Claire el personaje es superfiel a Lisbeth Salander como está en el libro.

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En su segunda película, No respires, había mantenido un presupuesto acotado, porque eso le garantizaba más libertad creativa. ¿Cómo fue con La chica en la telaraña? Ahora tengo dos películas hechas, ninguna de las dos se hizo con grandes presupuestos pero tuvieron un éxito brutal de taquilla a escala mundial. En los estudios eso es algo muy importante y en cuanto a tener poder de decisión y poder creativo cuando uno empieza a hacer películas más grandes, el tener eso en tu haber cambia todo. De golpe te da una autoridad y un poder de decisión que nunca vas a tener en la primera película. Las primeras son un derecho de piso que te permite hacer películas como esta con autoridad y con poder creativo total.

¿Ya pagó el derecho de piso entonces? Al menos para esta película sí.

En los últimos cinco años el cine de terror triplicó sus ingresos en taquilla en Estados Unidos. ¿A qué cree que se deba el fenómeno? Creo que es porque hay ciertos géneros que funcionan muy bien en el cine, en la pantalla grande. Hay otros géneros que siempre es lindo ver en el cine, pero que también podés ver en tu casa. Y hoy en día, con Netflix, el streaming y todo esto, hay películas que mucha gente prefiere ver en su casa, y no necesariamente ir y pagar un montón de plata en el cine; las teles son cada vez más grandes y se ven cada vez mejor. Todo eso ha hecho una gran migración de gente que termina pensando qué es lo que va a ir al cine a ver. Creo que el terror, sin duda, es uno de esos géneros que se disfrutan muchísimo en la pantalla grande porque da más miedo, y la experiencia comunitaria de estar sentado en una sala de cine con extraños y asustándose, así como con las comedias, es genial. Y esta película que hicimos también, es una experiencia para tener en el cine. Las películas de este estilo, thriller y de acción, están hechas para verse en la pantalla grande y te dan una experiencia mucho mejor. Hoy en día, lamentablemente se van reduciendo los géneros que la gente se vuelca más a ver en el cine.

Así como hay películas que hoy no podrían escribirse por cómo ha ido cambiando el mundo, esta historia hubiera sido imposible de escribir hace unos años. La historia se apoya mucho en avances tecnológicos. ¿Hubo una investigación en ese aspecto? Sí, teníamos expertos en tecnología y un hacker, de guante blanco, que trabajó con nosotros en la película, que te ayudaba a asegurarte de que lo que estuvieras poniendo en la pantalla no fuera descabellado, que fuera basado en tecnologías reales y en cosas que existen hoy en día. Dan miedo porque uno piensa que la password que tiene en su mail, con el nombre de su mascota y un número es segura, y no lo es (risas). La película te demuestra que un hacker, alguien capacitado, puede tomar control de esas cosas en dos segundos.

O sea que lo que se ve en la película es todo real, puede suceder en la vida real. Lamentablemente, sí. Todo lo que aparece en la película está basado en tecnologías reales.

Es coguionista de la obra con Jay Basu y Steven Knight. ¿Cómo se escribe una película así, en la que todo el tiempo hay que generar un obstáculo, un problema, y luego la solución para sortearlo?Es un oficio y hay técnicas. En este caso empezamos con Rodo (Sayagués), que fue también mi coguionista en las otras películas, escribiendo como en cinco páginas el puzle, cómo íbamos a contar esa historia. Después de eso trabajé con el inglés Jay Basu para convertir ese puzle, letra por letra, en lo que fue el guion. Teníamos también un guion original que adaptamos, que era de un tercer guionista, Steven Knight, que es uno de los mejores guionistas ingleses. Es un oficio como cualquier otro, se aprende haciendo, vas a ensayo y error, y con mucho trabajo. Los guiones no son algo que cuando uno está inspirado va a la computadora y escribe, la única manera de hacer un guion es dedicándote diez horas por día a trabajar, desde que te levantás hasta que te vas a dormir, de lunes a viernes y tomándolo como que es tu trabajo; no tomándolo, es tu trabajo, y tenés que hacerlo y tenés que entregarlo en fecha. Ese proceso se aprende mucho profesionalizando el oficio.

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2018-11-15T00:00:00

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