La madrugada del 11 de junio, los productores rurales en Salto no pudieron dormir. Una intensa granizada, acompañada por varias turbonadas, provocó importantes daños y destrozos en algunas casas y plantaciones del departamento. Los invernaderos amanecieron perforados y grandes piedras quedaron atrapadas dentro de los espacios de trabajo. También se arruinaron los micro y macrotúneles en los que se planta la frutilla y se volaron algunos techos en varios barrios de la ciudad.
En la noche anterior, el Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) había emitido una advertencia amarilla solo para dos localidades, y no actualizó la alerta para todo el departamento hasta la madrugada. El intendente salteño, Andrés Lima, criticó al instituto por no avisar al Centro Coordinador de Emergencias Departamentales antes de que el temporal dañara las edificaciones del departamento. “Distinta hubiese sido la intervención y la respuesta si contáramos con una información de previsiones”, dijo entonces. La queja molestó a la presidenta de Inumet, Madeleine Renom, quien asegura que en Uruguay faltan equipos para mejorar la predictibilidad de los fenómenos: “No tenemos una alerta de granizo específica”, respondió en ese momento.
Desde que asumió a fines de 2016 —luego de la renuncia de Gabriel Pisciottano—, Renom empezó un proceso de reestructura para modernizar los servicios de un instituto que es juzgado cada vez que un fenómeno meteorológico sorprende al país. Pero el camino no es fácil. La presidenta es doctora en Ciencias de la Atmósfera y trabajó como investigadora, además de ser profesora de la Universidad de la República. Vinculada a la academia, es desde ese lugar que quiere cambiar la organización del Inumet para transformarlo en un centro de referencia. También busca profesionalizar a los trabajadores de un gremio que siempre tuvo una tensa relación con las autoridades. “Estamos preparándonos porque necesitamos una capacitación continua para empezar a poner nuevas tecnologías y nuevas herramientas para ver qué información se puede utilizar”, aseguró Renom.
Todavía seguimos con la idea de mostrar la importancia de la metodología del clima en el ámbito del gobierno. Las grandes fuentes económicas, que en Uruguay son el agro y el turismo, son altamente dependientes del clima. Si hay una sequía se generan pérdidas millonarias, y si tenemos un verano muy lluvioso también es un problema para el turismo. Estamos reestructurando el centro pero todavía tenemos que formar, con algunos cursos y otras becas, a los trabajadores. Somos un servicio para la población uruguaya y tenemos que trabajar en eso porque es lo que nos diferencia de los servicios de las aplicaciones.
Hoy, la mayoría de la gente tiene aplicaciones en el teléfono para saber cómo estará el tiempo. ¿No es igual de preciso?
No, por varias razones. Esas son grandes empresas internacionales que tienen servicios que no se chequean todo el tiempo. Por lo general, utilizan modelos que no están pensados para ver fenómenos a menor escala y que, muchas veces, son los que afectan a los ciudadanos. Incluso, los servicios como Accuweather o Weather Underground siguen un modelo global que se llama Global Forecast System, que cada tres horas manda información, pero no es exacta. La idea es que ese diferencial lo tenga nuestro servicio, por eso estamos intentando mejorar. Queremos generar una reestructura del Inumet porque tiene una organización de otra época. Tenemos el mismo estilo desde la década de los 70 y no podemos quedarnos en el tiempo. Estamos fomentando el trabajo en grupo porque queremos que todos participen en equipo para tener un servicio más preciso y moderno.
Las aplicaciones usan un sistema que se actualiza cada tres horas. ¿Cómo son los pronósticos que hace el Inumet?
Por lo general, hacemos un pronóstico tres veces al día que se separa en mañana, tarde y noche, para que los ciudadanos puedan organizarse. Antes veíamos que si teníamos un solo pronóstico diario teníamos que poner lluvia y podía no haber en todo el día. A partir de enero del año pasado empezamos a sacar las perspectivas a diez días. Se realiza todos los miércoles y también tiene fines turísticos. Estas perspectivas a 10 días nos están dando que el invierno llegó con días frescos, pero que después iría aumentando la temperatura. Después están las tendencias climáticas, que son trimestrales, que nos dicen que el invierno será más caluroso de lo normal.
Cuando Meteorología fue criticada por no avisar del temporal en Salto dijo que en el país faltan equipos, como un radar que vale 12 millones de euros. ¿Son instrumentos inalcanzables para el presupuesto uruguayo?
La realidad es que el instrumental no solo es caro para comprarlo. Si queremos generar series que brinden más información a la población tenemos que gastar no solo para adquirirlo sino también para mantenerlo. Lo tenemos que proyectar a futuro para ver cómo organizamos el presupuesto (175 millones de pesos) en función de la capacidad que tenemos para incorporar el equipo. Este año estamos tratando de cambiar la red pluviométrica; de hecho, firmamos un convenio para comprar 60 tele- pluviómetros que van a funcionar de manera más automatizada. Esto nos va a dar la precipitación a escalas temporales más chicas. Para que se entienda más claro: no es lo mismo reportar 50 milímetros que cayeron en un día que decir cuántos cayeron en una hora. Y esto nos permite el nuevo servicio.
“Queremos generar una reestructura del Inumet porque tiene una organización de otra época. Tenemos el mismo estilo desde la década de los 70 y no podemos quedarnos en el tiempo. Estamos fomentando el trabajo en grupo porque queremos que todos participen en equipo para tener un servicio más preciso y moderno”.
Los temporales suelen ocasionar daños en las casas y en las zonas de cultivo. ¿El país está preparado para soportar fenómenos climáticos fuertes?
Es un tema complejo. Para saber cómo prevenir y enseñar a la población qué se debe hacer tendríamos que hacer varios cálculos que ahora no son posibles. Cada fenómeno tiene su predictibilidad y no es lo mismo decir cuándo viene un tornado o un huracán porque tienen distintos tiempos. El país no tiene las estructuras como en Estados Unidos, por ejemplo, donde hay zonas pensadas y estructuradas para los fenómenos que pueden ocurrir. En algunas localidades las casas tienen refugios en el subsuelo para protegerse de los tornados. En otras zonas hay prevención para los huracanes, pero a veces llegan algunos, como el Katrina, que superan todo lo que hay. La población estadounidense está educada y sabe a qué está expuesta. Puede que acá falte eso.
Hasta el año pasado, el Instituto Uruguayo de Meteorología no tenía otra opción que emitir alertas por departamento. Aun sabiendo que un fenómeno solo iba a perjudicar una zona, tenían que advertir a todos los ciudadanos, no podían diferenciar las localidades. En el sitio web se publicaba un mapa pintado con el color de la alerta —amarillo, naranja o rojo— y se decían cuáles eran los fenómenos que se esperaban.
Ahora el instituto cambió el mecanismo por un nuevo sistema de visualización para ofrecer a la ciudadanía “una mayor precisión desde un punto de vista espacial”. En noviembre de 2017 las advertencias comenzaron a estar señaladas con polígonos que se ajustan a la extensión del fenómeno en el espacio. Además de marcar la zona, en el sitio web del instituto se indican las grandes ciudades y localidades que están incluidas en el área de la alerta.
¿Cómo se adaptó la población al nuevo sistema por polígonos?
El nuevo sistema mejoró mucho el servicio para la ciudadanía. Antes nos pasaba que en departamentos grandes como Tacuarembó teníamos que poner una alerta naranja pero era solo para una parte. Y no se podía. Muchas veces se detenían las actividades, pero los que no estaban afectados se quejaban porque no pasaba nada. Era algo que nos funcionaba en contra porque también generaba desconfianza en la gente. Ahora podemos determinar cómo va avanzando un fenómeno para ver si amerita poner una alerta. Lo único que parece que todavía no se comprendió es que nosotros no podemos especificar cuáles son todas las localidades comprendidas, tenemos que tomar un criterio. Hay veces que nos preguntan por una localidad de pocos habitantes y no la podemos nombrar. Es muy difícil de transmitir y que la gente entienda, aunque es un sistema más efectivo.
En noviembre de 2017 las advertencias comenzaron a estar señaladas con polígonos que se ajustan a la extensión del fenómeno en el espacio. Además de marcar la zona, en el sitio web del instituto se indican las grandes ciudades y localidades que están incluidas en el área de la alerta.
Ustedes emiten una alerta, pero no son los que recomiendan qué protocolo seguir.
Claro, cada organismo es el que define el mecanismo que va a seguir frente a una advertencia. En Primera o Secundaria, por ejemplo, son ellos los que definen si van a pasar lista, no es algo que definamos nosotros. La única situación en que la actuación ante una advertencia es impuesta por orden presidencial es cuando aparece una alerta roja. Ahí es la Secretaría de Presidencia la encargada de emitir un comunicado para informar que se paraliza y nosotros solo lo comunicamos. Somos los encargados de decir cuál es el fenómeno, no cuáles son los riesgos o el impacto que puede tener. Yo te puedo sacar una alerta naranja por vientos fuertes pero no sé dónde están los árboles ni en qué estado están.
¿La ciudadanía sabe cómo actuar frente a las alertas?
Se tiene respeto al clima, pero se tiende a pensar que una alerta de un color es más peligrosa que de otro y no siempre es el caso. No es lo mismo cómo te vas a preparar para una alerta naranja por vientos o por lluvias intensas. No solo hay que prestarle atención al color sino también al fenómeno: por eso tenemos que tratar de mejorar y ajustar umbrales. A escala internacional se está intentando sacar alertas por fenómenos y por impacto, pero nosotros no podemos porque necesitamos un relevamiento a escala nacional de infraestructuras, de edificios. Necesitamos un montón de información que no tenemos para estar al nivel internacional. Lo que sí debemos tener en cuenta es que estamos en una zona de tornados y frente a un tornado no vas a parar el país, pero también tenemos que tener claro cuál es el protocolo a seguir. Si la gente se desespera se vuelve más caótico.
Un invierno menos frío
A pesar de que el invierno comenzó con días fríos, las proyecciones para el trimestre indican que será una temporada más calurosa de lo usual. “Las temperaturas están dando por arriba de lo normal para todo el país y el sesgo se ve más fuerte al sur del río Negro”, dijo Madeleine Renom antes de asegurar que “al noreste del país se esperan precipitaciones más bajas”.
La presidenta de Inumet explicó que los océanos son la principal fuente de predictibilidad climática y, como estuvieron más cálidos en los últimos meses, el invierno no será tan frío como de costumbre. “Esto no quita que haya días con olas de frío”, dijo también.
La meteoróloga aseguró que el aumento en las temperaturas se debe, en parte, al cambio climático que se ve en los últimos 40 años. “Los otoños tienen una tendencia a más calor y la primavera también. Las estaciones intermedias son las que te dan un vuelco muy grande, pero también estamos viendo que hay heladas tardías, que son buenas para el agro”, concluyó.